Madrilánea

Parla, ciudad de llegada para 119 países

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Uno de cada cuatro vecinos es extranjero, un cóctel de convivencia de más de cien nacionalidades al sur de Madrid

18/11/2012. Parla. Madrid. España. Avenidad de las estrellas 14. Torre1. 11A. Asesinato de una joven de 19 años a manos de su novio. Foto: De San Bernardo. archdc De San Bernardo

Avenida de las estrellas 14, en el barrio de Parla Este, zona de viviendas de protección oficial. Foto: De San Bernardo.

Autores: Fernando Muñoz / Regina R. Webb

España siempre ha sido un pueblo de migrantes. El éxodo rural del siglo pasado cambió al país: las ciudades crecieron y mutaron, al igual que sus vecinos. Las vías del tren eran las venas que alimentaban unas urbes a las que les salieron apéndices. Crecieron los barrios obreros y los municipios periféricos se llenaron de gente de otros lugares en busca de futuro. En cada estación, hombres y mujeres cargados de maletas comenzaban su nueva vida. Donde parase el tren, allí se bajaban. Y en 1970, el sur de Madrid era parada obligatoria.

Tan obligatorio que las paradas dejaron de ser temporales para convertirse en un hogar. Aquellas vías de migración dejaron paso a las de integración del tranvía. Parla es una ciudad donde el reto de la convivencia se antoja difícil: 119 nacionalidades conforman el cóctel de una localidad donde uno de cada cuatro vecinos son inmigrantes. Pero todos son, y se sienten, ciudadanos de Parla. Según Doug Saunders, autor del libro «Ciudad de llegada» —donde recorre 29 urbes de todo el mundo para entender los procesos migratorios—, el tren (cercanías y tranvía) ha sido uno de los factores clave para la buena integración de los inmigrantes.

El autor del libro llegó a España en 2008, cuando vino a informar de las elecciones para un medio británico. Ese año descubrió que «Parla era excepcional. Encarnaba la tensión de la inmigración y alguna de las políticas que alivian las tiranteces y que la convierten en algo beneficioso», explica para Madrilánea.

Para Octavio Uña, catedrático de Sociología de la Universidad Rey Juan Carlos, las altas tasas de inmigración en Madrid a lo largo de la última década se entienden como una consecuencia lógica de la historia de España. Y es que, según el sociólogo, España siempre ha sido «un pueblo de inmigración». En los años 70 y 80, la población no solo salió del país en busca de una vida mejor: el viaje hacia la capital fue otra alternativa para los trabajadores.

tranvia-parla

En esas dos décadas, la población total de Parla se disparó de 10.000 a 70.000 habitantes. «Los pueblos del sur eran ciudades dormitorio para los que venían a trabajar a Madrid», explica Uña. Llegaban los trenes desde Andalucía, Extremadura, Talavera… muchos acabaron estableciendo residencia fija allí. Atraídos por los precios de las viviendas, notablemente más asequibles que en la capital, en la periferia madrileña fueron creciendo comunidades de inmigrantes dentro de sus propias fronteras. Un colectivo que creció con el recuerdo de abandonar su hogar en busca de mejores oportunidades.

Una década más tarde, a Parla seguían llegando nuevos vecinos, pero las tornas habían cambiado. Esta vez no hablaban el mismo idioma, no compartían religión ni costumbres. Por suerte, la vivencia cercana de sentirse forastero en una nueva tierra sacó una «naturaleza ecuménica» de sus habitantes. En apenas diez años Parla creció en más 50.000 habitantes, hasta llegar a los 130.000. Pero todos «parleños», como los define Concha Jimeno, Coordinadora de Convivencia Intercultural en el Ayuntamiento. Allí manejan sondeos que afirman que la población extranjera «identifican su ciudad como un buen lugar para vivir».

Para Uña, la capital es un ejemplo a seguir; una sociedad que ha sabido transmitir un espíritu abierto, «sin agobios hacia nadie». No ha sido una cuestión política sino un «reflejo de lo que Madrid es siempre». Él aclara que «tanto los pueblos de izquierdas como de los derechas» han puesto de su parte para que la integración sea posible.

Hablar de aceptación cuando hay pan para todos es fácil. Pero cuando el hambre aprieta, los ánimos cambian. «La crisis ha desbaratado todo», lamenta Uña. Sin embargo, sostiene que el afán de integración es lo que ha hecho que el país haya superado esa «crisis de valores» que surge en tiempo difíciles. Como recalca Uña, en España no se han desatado oleadas notorias de xenofobia como ocurren en países como Holanda o Suecia. «En Madrid, por ejemplo, no ha habido brotes contra la cultura islámica», argumenta.

España no es Francia ni Estados Unidos, para lo bueno y para lo malo. Aquí no se formaron guetos ni hubo conflictos étnicos importantes. «La clave es gestionar la diversidad, fomentar la convivencia y prevenir la discriminación», asegura Concha Jimeno.

Doug Sounders también cree que la actitud de los españoles ante la inmigración ha rebajado las tensiones que sí han ocurrido en países de mayor tradición migratoria. El rápido crecimiento de extranjeros en la Península no ha desembocado «en el desarrollo de leyes anti-inmigración». Algo sorprendente para el escritor: «¡En 1992 la gente en Madrid me describía como un extranjero exótico simplemente porque tenía los ojos azules!».

Crecer con sentido

Para el autor de «Ciudad de llegada», el éxito de la ciudad madrileña es haber sabido reconocerse como lo que es: un municipio humilde. En plena época de vacas gordas, Parla «no creó bonitos pero inútiles parques y pabellones en las afueras, sino una popular línea de tranvía y un tren (de Cercanías) que la conecta con el centro de Madrid», explica Saunders. Una conexión imprescindible cuando el 80 por ciento de los parleños trabaja fuera del municipio.

La construcción del tranvía —a iniciativa del exalcalde socialista Tomás Gómez— fue polémica. El presupuesto inicial de 93,5 millones de euros se convirtió en una factura final de 256 millones de euros. Más allá del debate, el tren une a los vecinos de los diferentes barrios de Parla.

Héctor Pérez ha hecho toda su vida en Parla-Norte. A sus 25 años, reconoce no haber tenido jamás un problema de convivencia ni en el instituto público ni en las pistas deportivas de su barrio. Él también ha vivido el incremento de población inmigrante: «A mi clase venían tres o cuatro; a la de mis hermanos pequeños (17 y 20 años), sí que iban más, pero tampoco han tenido problemas».

Vivir en Parla-Norte es diferente a hacerlo en Parla-Este, el lugar donde se concentra la mayoría de los marroquíes, el grupo étnico mayoritario en el municipio. Pero a diferencia de lo que pudiera parecer, el este no es un barrio marginal. La Avenida Sistema Solar es un amplio paseo flanqueado por edificios de nueva construcción para la vivienda de protección oficial.

Bulevares con locales comerciales donde las carnicerías especializadas para musulmanes conviven con tiendas de ropa china o locutorios para móviles. Las diferencias entre las distintas nacionalidades se diluyen en el día a día, cuando en la calle todos conviven como parleños. Ese es el único secreto de la integración en Parla. «Aquí todos son ciudadanos por igual».

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