Un hogar para madres adolescentes y sin recursos


La Casa de la Almudena es una experiencia en la que tres familias comparten vivienda unidas por el ideal de la acogida
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Vista de la Casa de la Almudena. Foto: M. J.

Todo el que pasa junto al número 92 de la calle Suecia, en el barrio de San Blas, puede caer en la tentación de mirar con envidia la casa gigante que se levanta en una parcela con piscina y campo de fútbol. Sin embargo, la fortuna que habita en ella no es la de un pelotazo urbanístico, sino la vida en común de tres familias unidas para acoger a mujeres en riesgo de exclusión y madres solteras. Es la Casa de la Almudena.

El edificio consta de tres viviendas que forman las llamadas «Casas de acogida familiar»; a estas se añaden la «Casa materno-infantil», para jóvenes embarazadas y madres solteras con problemas y un «Centro de apoyo infantil y juvenil» para chavales del barrio en riesgo de exclusión social.

«Es un modo de acogida distinto. Hay una necesidad muy grande de las madres adolescentes, que cuidan a hijos que no ven por pasar el día en el trabajo», afirma Estrella Ferrón, madre de una de las familias promotoras de la Casa de la Almudena.

La experiencia se inició en octubre de 2012. Su origen está en tres matrimonios amigos pertenecientes a la Asociación de Familias para la Acogida, quienes conocieron en Italia una experiencia similar. Tras varios años madurando la idea, oyeron hablar de un terreno del obispado perfecto para sus intereses, que se lo ha cedido por 50 años.

Las chicas que llegan a la casa, derivadas desde los servicios sociales de la Comunidad de Madrid, suelen ser inmigrantes con situaciones muy complicadas. Junto a la compañía, se les procura una formación mínima para que adquieran autonomía. Por ello, con la ayuda de una modista, tienen en marcha un taller de costura. Pantalones vaqueros, blusas, arreglos de chaquetas y hasta un traje de primera comunión han sido sus primeros pedidos.

Desde que está abierta, por la Casa han pasado más de siete chicas acogidas y sus respectivos hijos. Con la convivencia entre familias, se busca crear un vínculo más allá del mero trato asistencial. Se comparten fines de semana, vacaciones… Incluso el otro día se vinieron a bailar al ritmo del Just dance de Wii. Hemos estado de vacaciones las tres familias en Benidorm y Cádiz. Todo esto, siempre respetando de la libertad de las chicas», añade Estrella.

Este acompañamiento sin fórmulas preconcebidas es lo más singular de esta comuna de tres familias unidas por el acogimiento.

A esto se añade la labor de acogimiento que, desde antes de irse a vivir juntos, realizan estas tres familias. En concreto, el matrimonio de Estrella Ferrón y Eduardo García tienen acogido a Juan, un niño con síndrome de down : «Al adoptarlo, nos abrimos al mundo. Ha sido una bendición», afirma Estrella, quien junto a Juan y a sus cinco hijos biológicos también tiene otro niño en acogida «al que se le quiere como un hijo más».

 INTEGRACIÓN EN EL BARRIO

Junto a las casas de acogida y la materno-infantil, la Casa de la Almudena cuenta con un centro de apoyo infantil y juvenil para chicos del barrio. En él, por las tardes, hay sesiones de estudio en las cuatro aulas con que cuenta, además de talleres de matemáticas y lengua en los que participan 49 niños de 6 a 16 años. Todo este trabajo se puede llevar adelante gracias a la colaboración de más de 20 voluntarios que acompañan en el estudio a los chicos y chicas del barrio.

Además, fruto de un acuerdo con la Fundación Real Madrid, un entrenador del equipo pasa dos tardes a la semana enseñando algo que más fútbol a los chicos del barrio: «Mediante el deporte, se educa a los chavales y se les acompaña, que es lo que en el fondo buscamos», comenta Marina García Pérez-Chao, una de las trabajadoras sociales que se encargan del centro.

Así mismo, se acaba de inaugurar una Escuela de Padres con el objetivo de ayudar a las familias con problemas. Se busca «cambiar la mirada sobre los hijos. Muchos padres vienen aquí porque ‘el niño no obedece’. Le dan una orden sin preguntarle cómo está o cómo le ha ido el día. No se trata de dar recetas, sino de acompañar en un camino educativo», recalca Marina.

Este acompañamiento sin fórmulas preconcebidas es lo más singular de esta comuna de tres familias unidas por el ideal de la acogida.

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Texto por: Miguel Jorquera Garcilópez

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