Madrilánea

San Bernardo Topless

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Un jugador de baloncesto americano dijo una vez que Madrid era la ciudad más parecida a Nueva York en el mundo. Tal vez exageraba

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Los peligros del periodismo acechan hasta en la antigua puerta del Conde Duque de Madrid, por Malasaña: uno saca el boli para tomar notas, empieza a jugar con él y cuando se lo quiere guardar se dibuja una raya negra en el bolsillo del único pantalón claro que tiene en el armario. Es difícil distinguir el beige del marrón cuando tienes la habilidad cromática de un hombre, pero es muy fácil darse cuenta de la estupidez de esa raya.

Superando el traspiés, tres tipos con traje que luchan por su verticalidad interrogan por la calle de La Palma. “¿Pero el Moloko está por el otro lado, no?”, debaten. Cuando preguntan por el fútbol y les digo que el Madrid ha ganado 0-4 en Múnich, me pasa como cuando alguien me pide tabaco y respondo que no tengo: no se creen mi respuesta. Parecía que lo empezaban a asimilar y entonces mi indiferencia les hacía preguntarme que cuál es mi equipo si no es el Madrid, a lo que yo respondí que el Sporting de Gijón y uno de ellos, vestido con una corbata roja, sonrió y me estrechó la mano. Hay gente que tiene borracheras muy raras y le da por cantarle a equipos ajenos.

Resultó que este no era el caso del hombre de la corbata roja. A los cinco segundos, se empezó a reír y le contó a sus amigos que el Sporting B le había ganado 1-4 al Oviedo el sábado pasado, un dato que solo alguien implicado por la rivalidad Gijón-Oviedo podría conocer. Su acento, etílico, podría pasar por asturiano.

No averigüé si el tipo era de Cabueñes o de Chamartín, pero esa es parte de la grandeza de Madrid. Como lo es que en San Bernardo haya una cafetería que ahora se llama Padrón y que antes juraría que era un bar irlandés. O como que un poco más abajo en una pared se pueda leer consecutivamente, de arriba a abajo, lo siguiente:

«SANIDAD 100% PÚBLICA»
«PÉREZ LENCERÍA. Fábrica de Mantillas y Mantelerías»
«赤裸上身 TOPLESS»

A esa altura ya casi está la Gran Vía. Lo que pasa con esta calle es curioso, porque es a la vez una postal de Madrid y un sitio de fuera, aunque esto quizá solo sea la naturaleza de los tiempos modernos. Allí nadie celebraba ni preguntaba por el Madrid, aparte de un (1) coche que pasó dándole a la bocina y un (1) hombre perfectamente equipado con la camiseta oficial de la temporada 2011-12, con una bandera madridista perfectamente reglamentaria, y la voz perfectamente quebrada por lo que perfectamente podría ser el uso abusivo de drogas duras. Le preguntó a otros dos hombres trajeados por cómo llegar a Cibeles y ellos le desearon suerte.

En este punto es necesario volver a los topless: no hay un día que haya pasado por la Gran Vía, ya arriba en Callao, y no me hayan ofrecido entrar a un topless. Me han invitado de noche, de madrugada, a las cinco de la tarde, solo, con amigos, con amigas, con novia, con mujeres, sobrio, borracho, de vuelta de un viaje con una maleta, cargado con bolsas de la compra y en pantalones de hacer deporte. La fe de los repartidores es tan conmovedora que dan ganas de acercarse cualquier mediodía y comprobar si los vampiros existen.

Más abajo, a punto de Sol, dos lusos podrían estar hablando de los goles de Cristiano Ronaldo pero mis nociones de portugués me hacen sospechar que no. En dirección contraria pasan grupitos de jóvenes dispuestos a disfrutar de una emocionante noche de martes. Una vez oí que a un baloncestista neoyorquino firmado por un club madrileño le gustó mucho la ciudad porque decía que era lo más parecido a Nueva York que había conocido. Yo, que nunca he salido de Europa, creo que Madrid es lo mejor que tiene Madrid.

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