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Sed del alma

Sesión de Alcohólicos Anónimos
Sesión de Alcohólicos Anónimos

Cuando Andreas, el protagonista del relato La Leyenda del santo bebedor de Joseph Roth, acampaba a orillas del Sena, lo hacía para beber. Bebía con «sed del alma, que es la sed de los alcohólicos». La misma sed que tenía Andreas, es aquella que tienen todas las personas que han caído en esta enfermedad olvidada y estigmatizada.

Un problema contra el que luchan los miembros de Alcohólicos Anónimos, señalando que es una enfermedad reconocida como tal por la Organización Mundial de la Salud. El catedrático de psiquiatría, López-Ibor Aliño subraya «que esta enfermedad es descrita en todas las clasificaciones psiquiátricas modernas».

Este arrinconamiento social y emocional que sufre el alcohólico es el que le conduce hacia su peor miedo, la soledad. La soledad del bebedor, que es una soledad circular. A veces deseada para poder beber. El alcohólico lo es para soportar la realidad, la vida. A medida que se hace más dependiente del alcohol, crece el rechazo de quienes le rodean y aumenta el aislamiento. En no pocas ocasiones, es alguna de estas quiebras emocionales la que le conduce a recurrir a estos grupos de ayuda para poder dejar la bebida.

Alcohólicos Anónimos surgió de un encuentro entre un hombre de negocios y un médico. Descubrieron que su capacidad para permanecer sobrios aumentaba cuando encontraban a otros con su misma enfermedad.

Ese encontrarse con otros alcohólicos, es lo que da al bebedor su sentido y lugar en el mundo. En una sociedad dominada por el individualismo y que ha roto los lazos sociales y comunitarios, son los individuos quienes se enfrentan, y están obligados a hacerlo así, a sus problemas, caídas y miedos en soledad. Quien se refugia en el alcohol solo puede alcanzar comprensión en otros hombres y mujeres que han sufrido el mismo proceso de adicción, destrucción personal, afrontamiento, recuperación…

Los miembros de un grupo de Alcohólicos Anónimos en un popular barrio del sur de Madrid, señalan que «solo un alcohólico puede entender verdaderamente a otro alcohólico». Una comprensión verdadera que les lleva a construir fuertes lazos entre los miembros del grupo. A conformar una familia paralela a la propia familia.

Mientras que muchos cuentan cómo sus familias de sangre terminan por abandonarlos o amenazan con hacerlo, son los otros bebedores quienes les entienden y quienes refuerzan su sentido de pertenencia. Los recuerdos de esos momentos son evocaciones amargas de vidas que se hunden y familias destruidas. Los familiares no soportan las continuas mentiras que el bebedor necesita contar para encubrir su sentimiento de vergüenza y sus tragos a escondidas. Pero el alcohólico siente el peso de una culpa que le atormenta, consciente de su problema pero incapaz de afrontar la enfermedad.

La culpabilidad es una de las primeras cosas que el bebedor necesita tratar para poder sanar su problema. Liberarse del sentimiento de culpa es esencial para poder afrontar una vida renacida y alejada del licor. Perdonarse para reconciliarse consigo mismos y con la gente que forma parte de su vida.

El mentir por vergüenza delata la consciencia latente de una enfermedad que supera la fuerza de voluntad de quien bebe como combustible vital. Uno de los alcohólicos recuerda que el bebedor enfermo no es el que se emborracha, si no aquel que no puede dejar de emborracharse.

«Yo tomaba una copa por la mañana porque tenía que ir a trabajar. Si tenía una reunión por la tarde tomaba otra para poder ir. Necesitaba alcohol para poder hacer cualquier cosa». Así se expresaba la persona que se encargaba del contacto con los medios.

Insisten en su total independencia, en su negativa a aceptar cualquier tipo de subvención, en no participar en ninguna causa. Cuentan que «el objetivo es poder mantenernos sobrios». Motivo por el cual la confluencia de dipsómanos no admite ni familiares ni profesionales, es una forma de mantenerse a flote apoyados en sus propias fuerzas.

La recuperación

Para ello insisten en la importancia de un poder superior que les rescate de sus circunstancias personales. Ese poder superior puede ser Dios para un creyente; una energía, o credo vital que les ayude a permanecer dentro de una vida ordenada.

Ese credo y esa necesidad espiritual es transversal a los diferentes perfiles del grupo. En la sesión había personas de diferentes estratos sociales y culturales, de diversas edades y orígenes…

El ideario impide que se hagan campañas, ni se participe en ellas. Así como tampoco participan en programas de asistencia social.

Una de las claves del proceso, se materializa en doce pasos sobre los que comienza a levantarse el edificio de una existencia nueva. Entre ellos estarían admitir el alcoholismo, afirmarse en el poder superior para devolverse al sano juicio y a la salud, poner sus voluntades al cuidado de ese poder superior, realizar un inventario moral de sí mismos, admitir los propios defectos, reparar el daño causado, obtener un despertar espiritual…

Un elemento fundamental en la recuperación de los bebedores, en especial para aquellos que son conscientes de su situación de enfermos,es establecer una relación con un padrino que sirva de guía al recién llegado en su proceso de sanación.

Al llegar a Sainte Marie des Batignolles, Andreas perdía de forma sistemática el camino a la salvación. Volvía a caer y recorría de nuevo el camino para volver a emerger. Ese es el espíritu de quienes han sufrido adicciones o han visto de alguna forma truncada la propia vida. Como la vio varias veces el creador del personaje, el emocionante y profético escritor austrohúngaro Joseph Roth. Caer y levantarse, porque la vida es caer para levantarse.

2 comentarios en «Sed del alma»

  • Como Alcohólico en proceso de recuperación, me perece muy acertado la descripción que se hace en este artículo. Gracias a quién corresponda.

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  • El alcohólico lo es para soportar la realidad, la vida, esta pequeña frase no la entiende mucha gente a no ser que la hayas vivido en persona. gracias por ponerla en un papel

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