Derecho en la Complutense: eco de otro tiempo


En la plaza Menéndez Pelayo, con una estatua de Camilo José Cela pensativo y frente a la Facultad de Filosofía se encuentra la guardiana de las esencias conservadoras de la Universidad Complutense: la Facultad de Derecho.

Es el año 1996: un joven con varios pendientes, pelo largo lacio y un aspecto alternativo sube las escaleras que dan acceso al recibidor de la Facultad de Derecho donde acaba de matricularse. Allí se encuentra con chavales de aspecto pijo, chicas con perlas como puños, y pancartas con proclamas de nuestros años de hierro. Existía, por entonces, una proporción de asociaciones de estudiantes ultra conservadoras muy abultada, donde coexistían viejos falangistas, cristianos de base y neo nazis de nueva era.

Dos años más tarde, en marzo, descubrió una pancarta mucho más polémica: «GRACIAS AGUSTO PINOCHET POR 25 AÑOS DE JUSTICIA». El citado letrero, que estaba sin firmar (lo que era ilegal), fue retirada por este joven y sus colegas ya que la consideraban  «anti democrática». Esto inició la lucha: dos asociaciones conservadoras tenidas por fascistas (Alianza por la Unidad Nacional y Tornasol) asaltaron el local de estos jóvenes y proporcionaron una paliza a tres de sus miembros. Todo esto se muestra en los vídeos que grabó la televisión local respecto a esta agresión, y en el sumario de la posterior denuncia.

¿Quién es este joven capaz de tener valor en un Campus hostil a las ideas de izquierda alternativa? No es otro que Pablo Iglesias Turrión, posterior líder de Podemos y aquí todavía un joven imberbe que demuestra su valor y visibilidad como puntal de la lucha «antifascista».  El grupo que dominaba por aquel entonces se llamaba UEP-EI.

Iglesias definió de este modo, en un comunicado televisado, la acción como portavoz de la asociación: «mientras nosotros exigíamos mediante carteles y charlas el procesamiento en España de los responsables de torturas, asesinatos y desapariciones; mientras nosotros manteníamos nuestro rechazo a la toma de posesión como senador vitalicio de Pinochet, ellos colocaban carteles [a favor] (…) Y además sin firmar, como los cobardes».

Y, si en Somosaguas él creó los sistemas de control de izquierdas, fue en Derecho de la Complutense donde vio como las facciones conservadoras controlaban, dirigían y articulaban la vida social de la facultad. ¿Su respuesta? Traer a cientos de jóvenes activistas y ocupar el recibidor de la Facultad.

Esta efímera victoria, presagio de muchas suyas, no sería la de una guerra: el decano de derecho, el conservador José Iturmendi, obtuvo el 82% de los votos en las elecciones de la UCM en esta Facultad para el año 2011. Estas elecciones las ganó José Carrillo, catedrático de matemática aplicada e hijo de Santiago Carrillo, con un 58.74% de los votos frente al 41.25% de Iturmendi en total.

Planes antiguos, ideas viejas

Hasta la implantación del plan Bolonia, en 2010, la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid estaba regida por el viejo plan del año 53. Más de medio siglo de unos estudios en gran parte obsoletos, alejados de las nuevas tecnologías, y que tenían como troncales asignaturas como Derecho canónico. El rector Iturmendi fue el que se negó en su tiempo a renovar este plan, dejando a la Facultad fuera de juego respecto sus rivales.

El plan antiguo para Teodoro González Ballesteros, catedrático de derecho de la información en la UCM, tenía sus ventajas: «Derecho Canónico se sigue dando en el nuevo plan, se llama Derecho Religioso del Estado. Los planes de estudio en inicio eran similares a todas las Facultades: como los planes de derecho, de historia o de filosofía. Con la Ley universitaria del 83 se mantuvieron unas materias que llamamos troncales que eran necesarias dentro de las facultades y otras que podían ofrecerse o no por la universidad. Eso era bueno y era malo: uno que empezaba Derecho en Granada debía tener el mismo plan de estudios en Madrid, y con ese cambio no tenía posibilidad de convalidar».

Una alumna confirma este juicio, al considerar que el plan del 53: «no intenta abarcar demasiado, a lo -aprendiz de todo, oficial de nada- que tienen muchos planes actuales, está bien estructurado, abarca lo básico muy en profundidad y de forma extensa, en bloques». Otro alumno comenta que probablemente «si no se cambió antes seguramente fue por temas ajenos a la voluntad de la universidad, temas económicos, adaptación lenta del cuerpo docente, falta de material lectivo…»

En contrapartida, algunos alumnos dicen que el plan educa para ser «un mejor jurista», pero «poco preparado» para trabajar en el ámbito profesional. Una disparidad de opiniones que quizá hizo a la Complutense una opción poco atractiva a muchos. De hecho, campus como los de la Universidad Rey Juan Carlos o la Universidad Carlos III florecieron con sus estudios de derecho aplicado, ofreciendo además esta licenciatura con opciones dobles como económicas o políticas.

El Espacio de Integración Europeo, el citado plan Bolonia, vio la carrera convertida en grado, y ahora ofrece un cuarto curso donde existe especialización en derecho privado y público. Además, desde 2006 se ofrece como proyecto piloto cursar el grado en Internet. Pero el hecho más importante, sin duda, es la sustitución de José Iturmendi por Raúl Leopoldo Canosa en el decanato para 2008. Con un perfil menos ideologizado, se enfrentará a una Facultad muy distinta a la que conoció Iglesias en los 90.

Luces progresistas

El pasado tres de mayo de 2014 la asociación UEP-EI obtenía dos representantes a Claustro y uno a Junta. Esta asociación consolida así una presencia que no era posible anteriormente. La Facultad de Derecho, con su recibidor blanco y vida ordenada, dista todavía por completo de la politización completa de la Facultad de Políticas.

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El recibidor de la Facultad de Derecho. FOTO: ABC / Ángel Navarrete

Es una Universidad, con todo, de juristas, tal como afirma Teodoro: «más que la Facultad lo que tiene un rasgo conservador son los estudios de derecho. El derecho es una profesión fundamentalmente conservadora, y hay pocas innovaciones en los estudios. Es cierto que caben muchas posibilidades de abrirse a otros temas, ideologizarlos de otro modo, pero la judicatura es casi siempre conservadora: las personas que estudian son hijos de abogados, que estudian. Crean un linaje: sucede igual con la medicina».

Las viejas asociaciones conservadoras de Derecho ahora dividen sus consignas con la citada UEP-EI, la Asociación solidaridad en derecho, y asociaciones sin partido como el Club de Derecho o la pintoresca Tuna. Los grupos que atacaron a Iglesias, con vínculos fuertes con la ultra derecha, carecen del protagonismo de otros tiempos o han desaparecido.

Una alumna confirma este cambio de tendencia, y afirma: «no, la Facultad no tiene ya un especial sesgo conservador, lo tuvo en otros momentos, pero en la actualidad es cada vez más aséptica, más “académica” y menos política. (…) Depende también de lo que se entienda por sesgo conservador, habrá quién vea la facultad conservadora por no ser anti sistema, pero es algo lógico al ser una facultad de Derecho, cuyo objeto de trabajo es precisamente el sistema».

Con el sistema en crisis, con el éxito de las asociaciones progresistas y sus pancartas, algunas muy combativas e impensables en años pasados, es difícil hablar ya de la Facultad como un puntal de ideas neo conservadoras. El éxito aquí de la huelga de estudiantes del pasado 27 de marzo, sus manifestaciones continuas ante la subida de tasas y el activismo demuestran este cambio social.

Podemos dar por cierto, entonces, este párrafo en la web de UEP-EI: «…ahora es distinto. No estamos solos. Tras muchas dificultades, elegimos seguir, le pese a quien le pese».

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