Juan Valbuena: «Me obsesiona hacer fotografías que no caduquen»


El fotoperiodista reflexiona sobre el arte de capturar y retratar la realidad desde otro punto de vista, a través de una cámara

 

Juan Valbuena durante el encuentro con alumnos del Máster ABC-UCM. Foto: Lys Arango

Juan Valbuena durante el encuentro con alumnos del Máster ABC-UCM. Foto: Lys Arango

Lo primero que llama la atención de Juan Valbuena (Madrid, 1973) es su naturaleza inquieta. Su cercanía, su carisma y su visión perspicaz para cambiar el mundo a través del objetivo contagian rápidamente el ánimo de los jóvenes periodistas.

Es fotógrafo, fundador de la agencia Nophoto e imparte clase en el Máster de Fotografía EFTI. Labores que compagina con la de director de la editorial Phree. El País Semanal o la Casa Encendida son algunos de los espacios en los que ha mostrado su talento.

Estudió Física en la Universidad Autónoma de Madrid. Sin embargo, decidió dedicar su vida a su verdadera pasión: la fotografía. Más adelante, desarrolló una nueva faceta como editor, tarea que actualmente ejerce en Phree. Esta editorial está especializada en tres líneas: la documental, la de los diarios de viaje y la de los álbumes familiares.

Dentro del mundo de la fotografía, Valbuena se decanta por el fotoperiodismo o la fotografía documental más gamberra, más atrevida y alejada de lo convencional. No obstante, reconoce que es una apuesta que no siempre obtiene los frutos esperados.

Uno de los obstáculos con los que se enfrenta su planteamiento es el tipo de imágenes que seleccionan los periódicos. A su juicio, muchas de las fotos que se publican son irrelevantes. «Toman pocos riesgos. La urgencia mata el interés gráfico de los periódicos», lamenta. Por el contrario, resalta el nivel creativo de los rotativos en otros países europeos y anglosajones.

Además, considera que los medios de comunicación convencionales «han superado» el pánico inicial del cambio de lo analógico a lo digital. Remarca que «el presente es híbrido». En la actualidad, son conscientes de la importancia y la necesidad de funcionar con éxito tanto en papel como en internet. «Los medios tradicionales quieren ocupar las pantallas» mientras que «los de la red quieren ir a papel», asevera.

Valbuena destaca cinco valores para entender la profesión: «visibilidad, tiempo, espacio, euros y libertad», expone. Cinco principios interrelacionados que «están en continúa revisión» y son aplicables al periodismo.

Obra prolífica

El fotoperiodista describe sus obras como si fueran sus propios hijos. Hace un recorrido por los proyectos más atractivos y rompedores que atesora Phree. Empieza con una obra de Eduardo Nave, A la hora, en el lugar. Una publicación puramente documental cuya particularidad es que su autor hizo fotos durante cinco años en los lugares concretos en los que ETA atentó. «Hacía una sólo foto a la misma hora, en el mismo lugar y en el mismo día», explica. El libro es resultado de esa experiencia, donde llama la atención el espacio en blanco reservado para el 10 de noviembre, único día del año en que la banda terrorista no mató.

Valbuena continúa su presentación con una de sus obras más vendidas: The Pigs, de Carlos Spottorno. El título utiliza el juego de palabras que The Economist empleó con el nombre de Portugal, Italia, Grecia y España (pigs, que significa cerdos en inglés). Esta revista nació con el propósito de parodiar al semanario británico y la visión que algunos economistas tienen de estos cuatro países. «Es porno duro para alemanes», bromea. El proyecto nació en papel y, posteriormente, obtuvo una gran repercusión en la web.

2013 es otro trabajo híbrido a cargo de Jonás Bel y Rafael Trapiello. Estos profesionales abordaron aquel año «de una manera radical», en palabras de Valbuena. «Querían hacer una foto al día a un residente de España junto a una encuesta en la que respondían cómo se imaginaban el año» expone.

Jaime Narváez en su Experimento con fotografía impresa pone el foco donde nadie lo hace y se pregunta qué pasaría si una imagen que ya hemos visto cientos de veces volvemos a contemplarla desde diferentes enfoques.

Por otra parte, Salitre, dirigido por el propio Valbuena. Salitre es el nombre de una calle de Lavapiés donde accedió por primera vez a un piso patera. «Vivían doce senegaleses en 50 metros cuadrados en una situación humana y fotográfica excepcional», apunta. Les dieron un libro en blanco de 16 páginas donde cada uno contó lo que quería sobre su vida. Les brindó «un espacio personal. Algunos pusieron sus fotos, otros texto y otros dibujos hechos por ellos mismos», afirma.

Finalmente, la publicación que más se asemeja a los intereses de Phree es Dúo, un periódico que define como «monotemático y de aparición imprevisible». Está hecho entero entre un fotógrafo y un escritor. Es el único coleccionable que hacen y cuenta con una salida de 500 ejemplares.

Obsesión por el producto perdurable

El reputado fotoperiodista persigue las narraciones abiertas, en las que el espectador participe de la escena. Asimismo, confiesa que le obsesiona «hacer fotografías o prácticas documentales que no caduquen». En este sentido, incide en la importancia de hacer trabajos que perduren en el tiempo.

En su opinión, el éxito o el fracaso de sus publicaciones está en la temática de las mismas y en la decisión sobre qué soporte es el más conveniente para cada proyecto. «Siempre rondan las mismas preguntas sobre los soportes, los contenidos, la difusión, la caducidad o los puntos de vista», señala el veterano fotógrafo.

«Intentamos hacer libros no sólo para fotógrafos. Muchas veces el retorno del trabajo invertido se recibe en visibilidad, prestigio o en nuevos clientes», añade. En este sentido, considera que el estado natural del fotógrafo es el de mercenario. «Le llaman autónomo, pero es un mercenario. Bueno, realmente lo llaman emprendedor», comenta entre risas.

Un oficio exigente a la par que enriquecedor

Un ambiente íntimo invade la charla. Valbuena se sincera con los alumnos al contar que hace algunos años se planteó si continuar con su faceta de fotógrafo por el altísimo nivel de exigencia que reclama la profesión. «Estás expuesto al fracaso en todo momento. Un fotógrafo no es las fotos que hace, es las que enseña» sostiene. Pese a todo, asegura que le maravilla hacer fotografías a su familia, a quien regala por Reyes álbumes con los mejores momentos de cada año. «Disfruto como un enano», dice con una sonrisa.

Reconoce que la parte más difícil de su trabajo es encontrar a alguien que garantice la visibilidad y financie los proyectos. Muchas veces estos dos aspectos se logran por separado. Para concluir, muestra su admiración por la figura del paparazzi, a quien describe como «un cazador, un verdadero deportista». 

 

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Texto por: Cristian Quimbiulco Carrión

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Periodista 24/7. Todo se lo debo a mi profesión. Más, en Twitter: @QuimCarrion

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