Una rotonda sin salida


El gasto público en glorietas ha dejado numerosos casos muy comentados, pero también hay historias de las que nadie habla porque ni tan siquiera llegaron a conocerse. La rotonda situada al final de la calle Condesa de Chinchón es una de ellas

En Boadilla del Monte, todas las glorietas situadas en las calles avenida Siglo XXI y la calle de la Alberca fueron modificadas con la llegada del Metro Ligero. Hasta seis de ellas fueron partidas por la mitad y reconstruidas con la colocación de los raíles que conectaron el municipio con la parada de metro de Colonia Jardín.

Las Rotondas son un tema candente desde hace años. Las inversiones, los gastos, las obras. El Objetivo, el programa de Ana Pastor, dedicó el pasado domingo 15 de febrero a una iniciativa de dos jóvenes ingenieros: analizar rotondas y problemas de corrupción.

Glorietas con grandes monumentos calificados como artísticos podrían haber servido para ‘distraer’ dinero público a través de dudosas facturas. Los casos que presenta la web de los dos jóvenes muestran un panorama desolador. Las fotografías que aportan nos enseñan desde grotescas esculturas de precios desorbitados a paisajes completamente cambiados por la construcción.

Obras

Entre las calles Condesa de Chinchón y Paseo Saint Cloud pasa la M-50 que recorre el municipio. Desde dentro de esta gran autovía no se pueden ver las calles. Desde fuera puede verse cómo la carretera parte en dos el municipio. Pero solo desde al aire puede comprenderse qué sucedió para que una rotonda no tuviese más que una salida.

«Las obras fueron faraónicas». Un vecino se refiere a las que se hicieron con la urbanización de todo el terreno que hoy es el Residencial Siglo XXI y a la posterior modificación y adaptación de los espacios a las vías.

En Boadilla hubo muchos cambios. Algunos fueron más evidentes, otros simplemente perceptibles y los menos quedaron directamente en el olvido. Después de muchos años no son tantos los que recuerdan que la calle Condesa de Chinchón conectaba directamente con la M-501/M-511 y con la carretera de Villaviciosa.

Ahora, sin embargo, solamente ha quedado una glorieta con una salida, que podría ser perfectamente una calle terminada en curva. «Es una rotonda que no tiene sentido» dice un vecino cercano a la zona. «Ahí iba a ir un puente», comenta otro. «Esas dos calles nunca han estado conectadas», explica un antiguo cliente del gimnasio situado unos metros más arriba.

Rotonda y escultura de la calle Condesa de Chinchón

Rotonda y escultura de la calle Condesa de Chinchón Foto: J.R.

Lo único cierto para todos ellos es que la rotonda está decorada con una curiosa obra de arte que representa varios cochecitos de colores subidos unos encima de otros. Quizá una resonancia cognitiva que pueda hacer referencia a una gasolinera.

La polémica escultura forma parte de un conjunto de obras adquiridas por el Ayuntamiento. Sin encontrarse entre las más feas de España (las horrotondas, las rotondas más horrorosas, de las que se hicieron hasta rankings), según varias encuestas de Internet. La escultura de los cochecitos es obra del artista Eladio de Mora, también conocido como dEmo. Su osito verde de 7 metros –paradójicamente– con algo similar al escudo de Boadilla del Monte en el pecho es una de sus obras de referencia.

Más allá de los colorines de los coches, lo que todo el mundo comprende es que la rotonda no tiene utilidad y por ello la gente se pregunta por qué no la modificaron. «Quizá sea por mantener la entrada a la gasolinera, o a lo mejor por no gastar más dinero», explica una mujer mientras reposta. Sin embargo, en otro momento sí que las tuvo pero desaparecieron con la construcción de la M-50. Son pocos los que se acuerdan.

Otra rotonda ‘sin salida’

También la calle Isabel de Farnesio quedó privada de su conexión con la Carretera de los pantanos, la M-501/M511 en dirección a Villaviciosa de Odón, por lo que igualmente carece de sentido. Todavía un cartel señala la dirección hacia Brunete y Villaviciosa, aunque hace más de 10 años que esa carretera dejó de existir.

Sin embargo, en la planificación urbanística que realizó el arquitecto José María Gómez-Santander Zataraín la glorieta conectaba la M-511 con el anillo de circunvalación más grande de la Comunidad de Madrid que todavía no se ha cerrado. Ahora el enlace entre ambas vías está un par de kilómetros más adelante.

Concretamente el arquitecto había planeado la «creación de dos ejes» que unieran las dos partes del municipio separadas por la M-50 y estableciendo un acceso entre las carreteras que bordean el municipio, como explicó en un artículo sobre el «ensanche de Boadilla del Monte»

En la esquina inferior derecha, la rotonda que hoy no tiene salida. Foto: Urban

En el año 2002 se terminó de construir una gasolinera que daría servicio a ambas autopistas por lo que el volumen de clientes iba a ser considerable. No obstante, las obras de la M-50 terminaron y el puente previsto había desaparecido. Los tres puentes que cruzan por encima de la carretera quedan lejos del lugar y lo que iba a ser una zona comercial, según el proyecto de Gómez-Santander Zataraín, se convirtió un descampado junto a un parque.

Otros negocios también se vieron afectados. Un espacio deportivo, los supermercados Mercadona y Día vieron limitados sus clientes a los vecinos de Boadilla. Aunque la mayor afectada es la gasolinera. Isabel, la encargada, trabaja allí desde que abrió. Esa salida nos iba a conectar con la M-50», explica y añade que la parcela que queda justo al lado de la estación «pertenece a un particular y de hecho se ha puesto hace poco a la venta».

Hace unos meses se descubrieron además en las inmediaciones los restos de la Ermita de San Babilés, por lo que ahora sí que «parece imposible que vayan a hacer nada», acaba por decir Isabel.

Imagen histórica de Google Earth

Imagen histórica de Google Earth

Pero están acostumbrados a sus clientes habitules. La encargada no sabe que una vez hubo una calle en esa rotonda. De hecho casi nadie lo recuerda. Solo alguna foto de satélite, las imágenes de un artículo de una revista de arquitectura o algún recuerdo infantil pueden dar cuenta de que los puentes sobre la M-50 a su paso por Boadilla no siempre estuvieron distribuidos de esa forma. En cualquier caso la gran autovía tiene garantizado el suministro. Hay dos gasolineras Repsol a menos de 10 kilómetros.

El gasto público en glorietas ha dejado numerosos casos muy comentados, pero también hay historias de las que nadie habla porque ni tan siquiera llegaron a conocerse. La rotonda situada al final de la calle Condesa de Chinchón es una de ellas.

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Texto por: Jaime Recarte

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Licenciado en Filosofía y embarcado en la aventura del periodismo. Sígueme en Twitter @jrrecarte

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