Soledad Gallego-Díaz: «Los periodistas no estamos para arreglar la desigualdad sino para contarla»


Periodismo de largo aliento, el consejo de Soledad Gallego-Díaz, Enric González y Carlos Dada contra la desigualdad o pobreza

Beatriz F. Rebolledo y Lucía M. Cabanelas

El periodismo nació para informar,  pero con el paso del tiempo se ha convertido en una herramienta valiosa para combatir las injusticias y dar voz a los que no la tienen.

Los periodistas españoles Enric González y Soledad Gallego-Díaz, y Carlos Dada, fundador del primer diario digital de América Latina, han ofrecido en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca su punto de vista sobre los motivos que causan la pobreza y desigualdad y cuál debería ser el rol del periodista ante ellos.

A lo largo de toda la intervención, los tres periodistas han reflexionado en torno a una pregunta: ¿Por qué interesa la desigualdad y no la pobreza?

Lucila Rodríguez-Alarcón —directora de comunicación de Oxfam Intermón—, muy participativa como moderadora durante toda la ponencia, ha asegurado que superar este problema, que muchos creen lejano pero que se encuentra en todas partes, sería imposible sin un «periodismo independiente, de calidad». De este modo, los periodistas no «son solamente un soporte de información», son «aliados y catalizadores del cambio», valora Rodríguez-Alarcón.

Porque, como sugiere Soledad Gallego-Díaz, «los periodistas no estamos para arreglar la desigualdad sino para contarla». Trasciende de la conversación entre estos profesionales que el discurso sobre la igualdad «parecía una idea caduca», y terminó retirándose del lenguaje político: «De pobreza habla Cáritas, de desigualdad lo hace Harvard». Para la que fuera Defensora del Lector en el periódico El País, «la pobreza es una cosa que afecta a los demás. Pero la desigualdad ya me afecta a mí».

Lucila Rodríguez-Alarcón, Enric González, Soledad Gallego-Díaz y Carlos Dada. Foto: N. Mira

Lucila Rodríguez-Alarcón, Enric González, Soledad Gallego-Díaz y Carlos Dada. Foto: M. Nieves Mira

Evitar la sumisión de la prensa ha hecho que Carlos Dada sufriese en carne propia las consecuencias de «hablar de cosas de las que no se puede hablar», llegando a utilizar un coche blindado. Pero al fundador de El Faro, le concierne, por eso no solo informa, denuncia: «Afecta a la sociedad en la que vivo». Y, tomándose un respiro, entre risas, comenta: «La gente que ha salido de la pobreza es menor que la cantidad de gente que ha salido de El Salvador».

A raíz de la crisis de 2007, una desigualdad siempre latente comenzó a hacerse oír. Y González y Gallego Díaz, conocedores de esta realidad que asuela a su país, se han aventurado a reflexionar sobre ella, abordando el fenómeno de los desahucios, cuyo auge el periodista de Jot Down sitúa en las redes sociales.

E, inevitablemente, la nueva política, con diferentes caras, vuelve a seguir pautas similares. Causa o consecuencia. Unos «provocan» la crisis y otros recogen el descontento ciudadano derivado de la misma para usarlo a su favor. «¿Y los que la provocaron, dónde están?», se pregunta la periodista. «Pensarás que son especialmente inteligentes. Ni son especialmente inteligentes ni son realmente tontos. Simplemente no tienen escrúpulos».

Y para diferenciarse de los políticos, estos periodistas reclaman para su oficio un «periodismo de largo aliento que hable de los problemas que afectan a toda la sociedad». Es importante «hacer historias largas y bien trabajadas que busquen el porqué de las cosas», comenta Enric González. Para ello necesitan tiempo; tiempo que el presente modelo de negocio no les proporciona: «No es rentable». Y por ello, asegura Dada: «Este trabajo, a veces, es frustrante».

Antaño, los grandes medios tradicionales apuntaban en una dirección, y los ciudadanos miraban hacia ella. Recordando tiempos pasados, la periodista se pregunta porque ya no se hace esto, y es incapaz de hallar respuestas al dilema. Por último Enric González declara: «que los grandes medios ya no son grandes. Hay ciertas cosas que se plantean como inmutables y eternas, entre ellas la desigualdad».

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