Gabriel Albiac: «La realidad no es inocente»


El filósofo valenciano es una firma reconocida en los diarios y un superviviente de una generación tan reconocible como 1968

Todos los héroes de los mágicos años 60 quizá han muerto, pero todavía quedan sus testamentarios. Ellos, cansados de metáforas, se presentan con la vieja retórica del tiempo, para luego esbozar unas carcajadas quizá conscientes de que esa filosofía fue un esfuerzo inútil. A pesar de esto, el filósofo y columnista Gabriel Albiac (Utiel, 1950) se muestra animado, especialmente ahora que ha recibido una oferta para conservar su biblioteca por parte del Seminario de Madrid a raíz, precisamente, de la columna publicada hace unos días en ABC. Albiac es otro de esos epígonos que todavía se resiste a «vivir fácilmente con los ojos cerrados», como cantaba John Lennon en Strawberry Fields Forever para 1967.  Por eso, consciente de que no es «más que una máquina de hacer libros»  (como citaba Chateaubriand), ha emplazado a los periodistas del Máster ABC 2014–2015 a que reflexionaran sobre lo que significa la escritura, sobre lo que comporta la tarea de escribir. Por eso, según Albiac, la única forma de salvarse es seguir la máxima que citaba el pensador griego Heráclito sobre el Oráculo de Delfos:  «ni dice, ni oculta, sino da señales».

Albiac argumentando sobre la escritura - LYS ARANGO

Albiac argumentando sobre la escritura – Foto: L.A.

Esta es su verdadera divisa, la que intenta transmitir mientras acaricia con suavidad la tapa de sus amados libros: «la realidad no es inocente». La tarea tanto del periodista que quiera salvarse del tiempo como del filósofo es indagar en los signos que conforman el lenguaje. Descomponerlos, reconstruirlos y darles sentido aunque al principio «siempre sobrarán piezas». Por eso él, con las limitaciones del formato de diario, intenta ir más allá de sus propias palabras y escribir desde más allá del tiempo. «Sub especie aeternitatis», dice citando al filósofo Baruch de Spinoza.  Albiac intenta convertir la sintaxis de sus frases cortas en su «campo de batalla».

Las letras como soldados

El filósofo ha recordado cómo la  palabra sintaxis significa, en su origen helénico, «la orden de la tropa para entrar en el combate» y ha reivindicado a Corneille y su divisa de «respetar los subjuntivos». En castellano, sin embargo, cita las primeras páginas de las obras completas de Azorín —que buscó durante mucho tiempo en librerías de viejo—, en las que todavía se planteaba qué interés podrían tener sus piezas, en un estilo poco ampuloso que contrastaba con Echegaray, afirma Albiac.

La pulcritud en el estilo, marca de Albiac, es el motor para develar los fantasmas de la realidad. «La escritura es una batalla con el universo de fantasmas de la mente del que escribe», ha explicado. La lengua, siguiendo a Lacan, es una construcción de signos que encierra en sí misma un tipo de servidumbre. Menciona a Étienne de La Boétie y su texto sobre «La servidumbre voluntaria». Consciente de la lengua como esclavitud, todavía ironiza con la frase clásica del periodismo: «Chico, recuerda que tu crónica será lo que envuelva el pescado mañana». Sin embargo, el filósofo formado en Francia ha explicado que todo aquuello que es criatura del tiempo es efímero. Quizá la mejor reflexión sea la que Platón presenta hacia el final del Fedro al explicar el mito de la invención de la escritura y es que «la escritura es un juego: buena o mala, pero un juego».

El filósofo Gabriel Albiac con los alumnos del Máster ABC - LYS ARANGO

Gabriel Albiac durante el encuentro con los alumnos del Máster. Foto: L.A.

El periodismo, entonces, debe tener el compromiso de buscar la eternidad del día a día. ¿Cómo hacer esto?, se ha preguntado, en el siglo XX («el siglo del miedo», parafraseando a Albert Camus). 1989 supone para la generación de Albiac el fin de la posibilidad de utopía y toda la mecánica maniquea que habían construido entre ellos y los otros. Sólo queda para el filósofo «habitar en el nombre» (Saint-John Perse), aunque eso suponga un tipo de esclavitud. La más odiosa, el yo, que diría Blaise Pascal.

Preguntas sin respuesta

El columnista de ABC piensa sobre el pasado y cuenta que este tiempo ya no es el suyo. Entre el país en el que se formó y en el que ahora escribe, explica que quizá fuera un error volver de Francia en 1973, pero las presiones familiares y morales eran muy fuertes. Por otra parte, como profesor que todavía imparte clases –Albiac es catedrático emérito– cree, además, que el gran drama de España es que se legó la educación a los pedagogos, destruyendo el viejo hábito de lectura que construía el pensamiento. En ese sentido ha reivindicado la meritocracia francesa, que ha permitido construir un funcionariado cultural de prestigio internacional a través del bachillerato y las escuelas superiores. No tiene, eso sí, respuesta a qué le parece el siglo XXI y cree que sería iluso hacer cábalas, «ya que no pertenece a este momento».

En cuanto a cuestiones políticas de actualidad, como Podemos, con cuyos dirigentes llegó a tener algunos problemas en la Facultad de Filosofía de la Complutense, ha preferido dejar correr el asunto. Cree que en el fondo él inculcó ese sentimiento de insurgencia en su juventud como profesor allí. Sin embargo, en su caso fue su maestro Althusser, precisamente, quien le llevó a salir del «marxismo» para ir más allá, leer directamente a Marx y acabar por especializarse en Spinoza. Hablando sobre Guy Debord y su «Sociedad del Espectáculo» ha recordado a Pierre Nicole, un filósofo jansenista coetáneo de Pascal, que fue el primero en enunciar la política como un «gran sistema de apariencias».

En términos más pragmáticos, para Albiac hay un problema con el periodismo actual ya que dice «aquello que complace al lector». Esto lleva a una pérdida de rigor y a un lenguaje poco cuidado. Por eso, para él, el gran legado del ABC es «la primacía que tiene respecto a otros periódicos en la escritura». Poco antes de finalizar su conversación, Albiac ha recordado cómo encontró una camarera vietnamita en París mientras ejercía de corresponsal de ABC tras los atentados de París. En el mismo restaurante en que comía cuando vivía allí. Ella le preguntó sobre el dilema de Charlie Hebdo y él lo reconoció como un drama para «toda su generación». La vietnamita, que llegó a París poco antes del 68, le dijo: «Fue la mía también». Tras una conversación que duró varias horas, le contó cómo ella decidió ponerse minifalda en oposición a la tradición de sus padres, lo que contrasta ahora con a las mujeres musulmanas enlutadas en negro en el metro de París. Quizá eso fue el 68: la liberación.

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Una respuesta to “Gabriel Albiac: «La realidad no es inocente»” Subscribe

  1. Eliecer Levi 10 mayo, 2015 en 9:44 #

    Pequeños filósofos locales que pasaron de apoyar a ETA a defender a Israel y al ABC por un plato de lentejas mediáticas para su ego bulimico.

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