La gran ciudad absorbe a Hispanoamérica


El Bernabéu y el Mercado de Chamartín siempre han atraído un ambiente abierto a los intercambios culturales y culinarios. Pero este nuevo siglo ha dejado un barrio nostálgico de la tranquilidad pasada, sin espacio para la soledad

Entre las calles de este barrio del distrito de Chamartín, la vida transcurre, y el tiempo conlleva siempre cambios. Aunque se diga a menudo que la mayoría de las veces nuestros pensamientos solo se pasean por el pasado o el futuro, cuando llega la hora de recordar algo que ha dejado de ser lo que era, se plantean enormes dificultades. Cuesta ver más allá de lo que tenemos ante nuestras narices.

El barrio de Hispanoamérica hace años era una zona periférica de la capital, aislada de grandes tumultos, ajena a los agobios y la congestión del centro y protegida de tantos ruidos y coches, exceptuando las tardes de fútbol y los encuentros en el Estadio de Chamartín (Estadio Santiago Bernabéu actualmente).

Los colegios y centros de estudios rejuvenecen el aire que se respira. En relación a los residentes tampoco es un núcleo especialmente envejecido. Con 31.302 habitantes, las edades que más se repiten ocupan la franja entre los 30 y los 60 años. Los que más posibilidades tienen de cruzarse con alguien de su misma edad son aquéllos que tienen 42 años (con un total de 510 habitantes) y quienes tendrían mucha suerte si vieran a alguien de su edad son los ancianos de 99 años (con una orgullosa cifra de 15 en el barrio).

Progresivamente, se ha convertido en un barrio de oficinas, comercios, despachos profesionales, hoteles, embajadas, iglesias, facultades privadas… Mezcla la vida de los residentes con la de miles de personas que se unen a él por diferentes lazos afectivos. Ahora es un lugar de búsqueda de oportunidades, de paso, del día a día de muchas personas. Hispanoamérica ya no es solo un barrio residencial.

A esta evolución ha contribuido desde hace ya muchos años la estación de metro de Colombia con las líneas 9 y 8, ésta última con dirección al aeropuerto. También el túnel del nudo de Costa Rica es una zona importante de circulación y canalización del tráfico. Se ganó cierta fama como punto conflictivo por el temido radar instalado en el túnel,  que fue el origen de la mitad de pérdida de puntos y multas de los conductores de Madrid durante un largo periodo de tiempo.

Local italiano en el Mercado de Chamartin (Bolivia, 9). Foto: Belén Díaz.

Local italiano en el Mercado de Chamartin (Bolivia, 9). Foto: Belén Díaz.

Desde 1962, el Mercado de Chamartín es la fuente de calidad de la capital y un orgullo para los vecinos. Grandes personalidades y políticos han visitado sus instalaciones. Mantiene una condición selecta habiendo sido elegido como el mejor mercado de Madrid en diferentes encuestas y la mayoría de sus expertos conservan su puesto de generación en generación. Se suele decir que en este mercado no se encuentran módicos precios, pero sí justos por su calidad. Los dueños de los más destacados locales de restauración y hostelería acuden para seleccionar sus productos, muchos de los cuales no son fáciles de encontrar en otros sitios. Es el hogar de carnicerías, pescaderías o tiendas de frutas, verduras y quesos. Pero también alberga los ya escasísimos comercios de mercería, confección, reparación de calzado o afilador de cuchillos, los cuales despiertan curiosidad hoy en día y mantienen clientes de toda la vida. Lo poco que queda de un pasado lejano se evidencia simplemente al hacer la compra en el mercado.

Un aspecto traumático es la relación que ha tenido el barrio de Hispanoamérica con el terrorismo de ETA. En 1986  ETA colocó un artefacto explosivo en la Plaza de la República Dominicana, el cual estalló en el momento en el que pasaba un autobús de la Guardia Civil, matando a varios de los jóvenes agentes. Cuando fue excarcelado De Juana Chaos (autor del atentado), de manera espontánea cientos de vecinos comenzaron a colocar velas en la citada plaza en memoria de las víctimas. En 2008, se inauguró un monumento a las víctimas del terrorismo. De reciente creación es también el parque dedicado a Miguel Ángel Blanco, junto a la Plaza de José María Soler. Para muchos, el recuerdo del atentado sigue presente cuando salen a la calle, y el hecho de que ambos monumentos se hayan dedicado a las víctimas, tiene mucho que ver con el dolor que aún provoca ese suceso entre los que residen en el barrio desde hace tiempo. El interés por honrar a los que perdieron la vida por defender su libertad de expresión se ve reflejado también en la acogida de manifestaciones y concentraciones en favor y recuerdo de las víctimas y sus familias.

MADRID, 17/05/08.- monumento-homenaje a las víctimas del terrorismo en la Plaza de la República Dominicana de Madrid. Foto: Ernesto Agudo.

MADRID, 17/05/08.- monumento-homenaje a las víctimas del terrorismo en
la Plaza de la República Dominicana de
Madrid. Foto: Ernesto
Agudo.

Una gran repercusión tiene el Estadio Santiago Bernabéu que se inauguró en 1947 y es la gran atracción de la zona. O mejor dicho es un icono de la ciudad. Siempre se encuentra rodeado de turistas y curiosos que se dirigen hacia allí con deseos de comprar productos del equipo madridista o para adquirir cualquier capricho especial de alguna de las muchas tiendas. El estadio también congrega a su alrededor restaurantes, bares y pubs, aglutinando a todo tipo de personas y generando muchísimo ambiente tanto de día como de noche. Los días en los que hay partido el barrio es diferente. Se impregna de vida, se llena de personas y coches (a pesar de la zona de estacionamiento regulado), de agobios y tensión, pero también de ilusión y energía, de cánticos y bufandas, de derrotas y sobre todo de victorias.

Sin embargo, se echa de menos a los pequeños comercios familiares, la tranquilidad de las calles, la cercanía de sus vecinos, los saludos, las personas que nunca negaban un «buenos días». Falta la creatividad y sobra el dinero para salir del aburrimiento, falta luchar por lo que ahora nos da la tecnología, faltan los juegos sin pantallas y los niños en las calles. Sólo queda ya el recuerdo de las tardes de cine que ahora han desaparecido del barrio, del ambiente castizo, de las verbenas y pasodobles de sus fiestas. Todo ello absorbido por la magnitud de cosas superfluas y la modernidad que no siempre es tan buena. Su gran evolución ha dejado pocas y débiles huellas de su antigua esencia. Las prisas y los trayectos sin pausa limitan los momentos de calma. El barrio de antes convertía a los vecinos en lo que eran, les dejaba un espacio para mostrar su esencia. El barrio de ahora esconde a todos con sus prisas, apenas les diferencia.

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Texto por: María González Rodríguez

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