Los ladridos de Callao


Animales de compañía sin hogar pasean por el centro de la capital a la espera de encontrar una familia

Lupo y Max muy contentos durante su paseo por Callao. Foto: E.Calvo

Un sábado cualquiera en Callao. Grupos de personas que bajan por la calle Preciados y por los laterales de Gran Vía hasta llegar a la plaza. Pero esta vez hay algo distinto. Mucha gente que se queda quieta y observa lo que ocurre. Otras personas sonríen extrañados y se acercan. Todos quieren jugar con unos perritos que corren por la plaza.

Son perros que tienen una historia complicada, pero ahora no están solos. Les acompañan voluntarios que cuidan de ellos a diario e intentan encontrarles una familia para recuperar ese hogar que algún día perdieron, o que nunca llegaron a tener. Max es uno de ellos, que pasó los primeros años de su vida entre cuatro paredes, sin nada más que lo necesario para sobrevivir. Por fortuna, una protectora llegó a su vida y volvió a hacer de él un perro feliz.

La protectora en cuestión se llama El Campito: Salvando Peludos. Su presidente y fundador, Fernando Sánchez Ocaña, decidió ponerla en marcha hace un par de años, tras perder su empleo. Comenzó como un refugio para perros y gatos en Móstoles, pero las crecientes cifras de animales abandonados han hecho aumentar el proyecto y apostar por la actual casa de acogida de Collado Mediano, donde también hay espacio para ratas, conejos o reptiles.

Empezar un proyecto como este no es nada fácil. Al problema de asumir los costes de un lugar en el que puedan vivir los animales se le suma el de afrontar los gastos de mantenimiento que tienen, que van desde alimentos hasta tratamientos veterinarios. En este aspecto, Sánchez Ocaña matiza que la acogida de animales se puede asumir «siempre que haya espacio, recursos materiales y recursos humanos». Para ello, explica, la financiación es cien por cien privada, pues hay socios que aportan cantidades monetarias para que el proyecto siga adelante. También se organizan eventos, en los que además de concienciar a la gente sobre el abandono de animales, se intenta conseguir algo de dinero.

Además, otra manera de conseguir ayuda económica es a través de la figura conocida como «el padrino». Sánchez Ocaña explica que se trata de personas que se centran en un caso concreto. Proporcionan ayuda económica para los gastos de un animal en particular y hacen un seguimiento sobre su evolución. «Es gente que se sensibiliza con alguno de ellos», asegura.

Max ha tenido mucha suerte, y ya vive en su nuevo hogar. Nuria, una madre de familia, adoptó en junio a Paulita, una perra que llegó a su casa con muchos traumas y miedos, y a la que Max, el nuevo integrante de la casa, está ayudando mucho. «Es un auténtico amor, y nos está ayudando a que Paulita siga su ejemplo y nos obedezca en cosas que nos han costado más, como ponerse el collar o dejarse acariciar», cuenta Nuria.

Max en su nuevo hogar junto a Paulita

Max en su nuevo hogar junto a Paulita

Uno de los aspectos más gratificantes a la hora de adoptar, asegura Nuria, es el hecho de proporcionarles un buen futuro a perros que aparentemente no lo tienen. «Arriesgarse y ver que sale bien es una gran sensación», afirma.

«Todo un amor»

Pero la suerte de Max no la tienen todos sus compañeros. Aunque en la protectora les cuidan con todos los medios necesarios y les dan mucho cariño, todos podrían ser más felices en un hogar en el que se les trate de manera especial. Lupo es uno de estos perritos que aún está a la espera de encontrar una familia que quiera hacerse cargo de él. Tiene nueve años, y apareció en El Campito después de que unos estudiantes de veterinaria cuidaran un tiempo de él. El temor de la protectora es que, a causa de su edad, ninguna familia quiera acogerlo, aunque aseguran que es bueno, cariñoso y «todo un amor».

Pero la adopción no es algo que pueda tomarse a la ligera. Los voluntarios que se encargan de los animales deben estar muy seguros de que el adoptante está capacitado para que la mascota entre en su hogar. Por ello, Fernando Sánchez asegura que se sigue un proceso muy cuidado que consta de cuestionarios, llamadas telefónicas y visitas al domicilio para comprobar que todo está en orden. Además, una vez llevada a cabo la adopción, desde El Campito se sigue manteniendo el contacto con la familia en cuestión, que debe estar comprometida a informar periódicamente sobre el estado del animal.

El hecho de ver a los perritos por el centro de Madrid es fundamental para la concienciación de la sociedad. La experiencia hasta ahora de estos paseos es, según Sánchez Ocaña, muy buena, ya que la gente se acerca a ellos y se preocupa por sus historias. El próximo día 21 de noviembre, se llevará a cabo otro de estos «paseos solidarios» por el centro de la capital. En esta ocasión, a los perritos los acompañarán un grupo de veinte niños «scouts», que recibirán previamente una charla de concienciación sobre el abandono de animales y colaborarán vendiendo manualidades para conseguir donativos.

El principal objetivo de este tipo de iniciativas no es solo lograr estabilidad y felicidad para estas mascotas. Lo que preocupa también es reducir las cifras de abandono de animales de compañía, que superan los cien mil por año, y alcanzar una concienciación social que posibilite esta convivencia entre animales y personas.

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