La vuelta de la música a treinta y tres revoluciones


La compraventa de discos de vinilo mantiene una pequeña tienda de Chamberí en la que «enamorados» del disco negro encuentran sus tesoros

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Hace unos ocho años que el vinilo se ha puesto de moda, que «se ha vuelto a rescatar». Nari Motwani, dueño de una pequeña tienda de compraventa de discos del barrio Chamberí, explica que la base de sus ventas siempre había sido el compact disc (CD). Sin embargo hace ya años que la tendencia cambió; ahora el porcentaje de venta es de «un 80% para el vinilo y un 20% para el CD».

Motwani nació en la década de los 70 en Ajmer (India), pero el trabajo de su padre le trasladó junto a toda su familia a España. Con su español casi nativo, Nari cuenta que comenzó hace ya 25 años en el sector musical. «Estuve 18 años al frente de una tienda de discos en Ceuta que iba mejor que bien», comenta. A pesar de ello, Nari se mudó a Madrid hace dos años, donde abrió su tienda llamada Nakasha. «Quería introducirme en el mercado online y en Ceuta este es prácticamente inexistente», dice. En su maleta viajaban siempre discos de David Bowie, Crowded House, los Rolling Stones o los Beatles.

Lo que deja margen de beneficio, según Nari, es «el vinilo de segunda mano», ya que el CD «casi todo el mundo se lo baja» y también hay otros soportes para escuchar música digital de forma gratuita, como la aplicación Spotify –aunque también tiene versión de pago– o el reproductor online Youtube.

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Nari Motwani asegura que el rock de los 80 es el género que más se vende en vinilo. Foto: Facebook

La piratería, «por supuesto», afectó al sector musical, explica Motwani. Habla en pasado, porque fue hace 15 años cuando tuvo que «malvender» miles de discos compactos. «O los liquidaba o me los comía», comenta. En cambio, el dueño de Nakasha cree que «hoy en día» el consumidor de música en formato físico sigue adquiriéndola, «más o menos», pero lo hace. El que ya no, añade, es el que no era realmente comprador de CD: «El que pedía prestado, el que bajaba de internet…».

El negocio de Motwani en Ceuta era «un éxito absoluto». Vendía para todo un país miles de discos al mes, incluso en una tarde agotó «hasta 5.000» primeras copias (de CD) de un nuevo álbum de Alejandro Sanz, recuerda Nari. Ahora, en Madrid, sigue «viviendo» de lo que más le gusta, aunque advierte de que la tienda no es su único ingreso. «Me muevo por ferias de toda España y vendo también a través de mi página web. Al final, de 365 días pocos son los que no trabajo, por no decir que ninguno».

Tradición cultural

«El enamorado», como llama Nari al que compra y escucha vinilos, responde en su opinión a un determinado perfil: tiene trabajo fijo (en su día no podía comprarlos y ahora sí) y una tradición cultural del vinilo. Esto es, explica el vendedor, que consume música en este formato porque tiene algún vínculo con él: «por los padres o por los hermanos». Es «más fácil» que siga consumiendo vinilos el que lo ha visto en casa que alguien que no lo ha tenido y no sabe lo que es, ni el proceso de ponerlo, mimarlo, cuidarlo…», argumenta, aunque también reconoce que hay algunos que «se han incorporado» a la «moda» porque se han enamorado del soporte. En este sentido, el gerente de Nakasha opina que las discográficas «se equivocan» al grabar vinilos de artistas como Pablo Alborán o Estopa –ambos se han sumado recientemente a este formato–. «El vinilo vuelve pero no para este público», asegura.

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La pasión por el tocadiscos es una tradición transmitida de generación en generación. Foto: AP

Para el comerciante, el disco compacto cuenta con un problema; al CD se le ha «desprestigiado» porque su precio es bajo, y «se ha extendido que la producción es barata». Nari aclara que la producción del CD no es «tan barata» como parece, sino que hay un trabajo de producción y distribución, de pago a artistas, etc. Además, añade, «te lo puedes bajar de internet, en la calle lo encuentras a precios ridículos, cualquiera lo puede copiar…».

El IVA cultural y la venta de música

«Si el IVA cultural baja, no un 2 o un 3% sino considerablemente, incrementan las ventas seguro». La principal ventaja de esta disminución es, según Nari, que el sector musical «puede competir con otros países en la venta a través de internet». Por ejemplo, en países como Reino Unido o Alemania, los precios de los CD o de los reproductores de música están más bajos pese a tener un impuesto aplicado similar al español (un 20% en Reino Unido y un 19% en Alemania según un informe elaborado por la Comisión Europea en 2014). Con un impuesto menor en España, «los precios pueden competir y aumentar las ventas». Como está sucediendo, explica éste, con las ventas en Estados Unidos; el dólar «se ha equiparado al euro» (ahora mismo un euro es igual a 1’06 dólares) y permite aumentar las exportaciones españolas.

Con la llegada de Navidad, el vendedor de la calle Andrés Mellado espera que aumente el consumo de CD porque la gente, asegura, «los compra para regalar». Sin embargo Nari admite que «el CD lleva el camino del vinilo»: a largo plazo «casi seguro que se convierte en un producto de coleccionista como el vinilo».

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Los vinilos de segunda mano son el motor de esta tienda de compraventa musical. Foto: AP

En el almacén, situado justo en el sótano de Nakasha, Nari Motwani reúne «más de 60.000» discos que se suman a los 30.000 que ofrece arriba. Todos fruto de la compraventa iniciada hace 25 años. En aquel entonces, el comerciante compraba vinilos «tirados de precio» e incluso muchos se los regalaban porque el formato ya «quedaba obsoleto» y la música se escuchaba en CD (los primeros compact disc de audio fueron distribuidos en España en 1984). «Había quienes heredaban una casa y querían deshacerse de los vinilos, sobre todo de los de música clásica», comenta Nari. En cambio –explica–, esos no los coge. Dice que directamente los envía al contenedor: «No los vendería. Los fanáticos de la música clásica prefieren el CD porque el sonido es mejor. El disco compacto fue inventado para ellos».

Mientras Nari vuelve a su ordenador desde el que se escucha la música ambiente de la tienda, Ismael –un chico de 35 años– acaba de descubrir Nakasha. «Bucea» entre vinilos del rock alternativo de los 80; cambia al de los 90. «Me gusta sentir cómo la música del tocadiscos envuelve mi habitación», confiesa. Sale de la tienda con dos vinilos bajo el brazo, uno de Nirvana y otro de Wilco.

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