¿Qué hace ahí esa valla?


Desde hace dos meses un obstáculo es el principal temor de peatones y conductores en el barrio de Hispanoamérica

Las personas que residen entre las calles de Guatemala, Paraguay, Alfonso XIII y Puerto Rico ya saben que toda obra supone siempre un trastorno para los vecinos de su alrededor. Sin embargo, están indignados por un asunto que consideran abusivo. El personal de dicha obra ha colocado una valla metálica alrededor de toda la manzana que imposibilita el estacionamiento a cientos de vecinos y se lleva por delante varios tramos de acera.

Mari Carmen, desde un undécimo piso, tiene la suerte de poder ver la acera que no pueden pisar los viandantes de la calle Guatemala. Nos abre las puertas de su casa -desde donde hemos tomado unas fotografías- para enseñarnos la acera secuestrada a lo largo de toda la calle. «Llamé al 010 hace tiempo -contacto telefónico del Ayuntamiento de Madrid-, me parece muy peligroso que se hayan invadido incluso trozos de acera que dan a un paso de cebra. Cuando voy a la parada del autobús no me siento segura porque no puedo cruzar adecuadamente», afirma esta simpática vecina. Ángeles, otra vecina que nos encontramos conversando con la primera, añade que tiene pensado ir al Ayuntamiento a denunciar el caso.

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Dos pasos de cebra inutilizados por la valla Foto: María González

En esa misma urbanización de la calle Guatemala vive Ana, una de las primeras en llamar al 010 y denunciar el problema. «Cuando llamé me atendieron de manera muy correcta, tengo mi número de denuncia y me dijeron que me contestaban en un mes pero aún no he obtenido respuesta». Le preguntamos si realmente es un problema que afecte a su vida cotidiana y nos responde que considera que deberían planificar mejor la obra. «Si necesitan cerrar tramos de vía pública que lo hagan de manera paulatina y no nos dejen sin aceras y sin aparcamiento en toda la manzana. Me imagino que tendrán autorización para hacerlo pero yo también pago la zona verde de estacionamiento para poder aparcar». Al seguir hablando con ella descubrimos que ha contactado con el programa de «España Directo» para que se conozca el conflicto y que se han interesado por el tema y solicitado fotos.

Hace dos años comenzaron viviendo -o sufriendo- la demolición de la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid como parte inseparable de sus salidas y llegadas a casa, y como una asumible e inevitable incomodidad incluso dentro de sus hogares. Los vecinos de la zona sabían que ese era el punto de partida de varios meses de ruidos y molestias –los desagradables compañeros de los equipos de demolición y de las máquinas excavadoras, de las grúas y camiones.

Enseguida comenzó el proceso de construcción de las 228 viviendas que sustituirían al inmueble municipal derruido. Con ello apareció la valla y el verdadero problema.

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La valla oculta la acera y la zona de estacionamiento de toda la calle Foto: María González

Nos cruzamos con Carlos, licenciado en Derecho y estudiante de oposición actualmente. «Es una vía pública y la valla molesta a los vecinos y a los demás usuarios de la misma. A mí particularmente me resulta muy incómodo a la hora de sacar el coche del garaje. Es un obstáculo salvable pero no sé hasta qué punto es necesario». Nos comenta que ha investigado sobre el tema en la Ley de Patrimonio de las Administraciones Públicas y que se requiere la solicitud y otorgamiento de una concesión administrativa por ser un bien sujeto a un interés general.

Los porteros de la finca de enfrente nos cuentan cómo han recibido las quejas de la mayoría de vecinos. Bromean al contar una anécdota: «Una vecina tuvo que meter un coche para el que no tiene plaza en el garaje, y lo dejó en una zona de carga y descarga toda la noche. Se lo encontró manchado de mostaza». David, vigilante nocturno, comenta que sobre todo le cuesta encontrar sitio los viernes y sábados, cuando la gente acude a bares cercanos. «A veces he pensado en que viniera algún familiar a recoger el coche porque yo tengo hora de entrada al trabajo. La mayoría de las noches lo aparco en zona azul pero los vecinos tienen que dejarlo en zona verde porque al día siguiente empiezan a poner multas a las nueve de la mañana».

Nos acercamos caminando por los alrededores de los colegios de la zona. Arancha tiene escolarizado a su hijo en el Sagrado Corazón. «Yo vengo a buscarle a pie y tardo menos que cogiendo el coche. La zona está complicada y prefiero dar un paseo», afirma riéndose. Además, nos enteramos de que hace años se realizaron unas tediosas obras para ensanchar las aceras, las mismas que ahora mismo han desaparecido tras la valla.

Al dar la vuelta a la manzana calculamos que la valla ha podido restar cien plazas de estacionamiento de una sola vez. Si ya la salida de los colegios es una tarea complicada a las cinco de la tarde de lunes a viernes, los padres de los alumnos del Santa Catalina de Sena y del Sagrado Corazón tienen otra razón para desear con ganas que llegue el fin de semana. Además, resulta curioso que la única oferta para invertir en los terrenos de las viviendas tuvo su origen entre los padres de los alumnos de ambos colegios, que formaron una cooperativa. Después de lograr adquirirlo por 65 millones de euros, es a los propios compradores a los que está molestando la construcción de sus viviendas –entre otros.

De esta manera, una idea que tuvo lugar en el barrio -y que con un valor muy atractivo por metro cuadrado se quedó con más de cien personas en lista de espera para poder acceder a ellas-, se ha convertido en un proyecto que hace crecer la apatía cada vez entre más personas. La zona colapsa la calle pero también las vidas de sus usuarios, retrasa la vuelta del cole y la llegada a casa. Construye viviendas pero destruye trocitos del tiempo de la gente. Trocitos que sumados ocuparían más espacio que la extensa valla. Y sí se pueden sumar el tiempo y el espacio -sobre todo sumar tiempo y restar espacio- porque hemos comprobado cómo estar dando vueltas con el coche supone no poder estar en casa, en el bar, comprando o trabajando –como David.

Existe una teoría que se llama “la teoría de la plaza de aparcamiento libre de la vida”, formulada por Katherine Faust en Harvard. Ella enseña a sus alumnos que no hay que darse por satisfecho demasiado rápido y que hay que ir a donde realmente se desea estar. «No aparques a un kilómetro de tu destino solo porque pienses que no vas a encontrar una plaza libre más cerca» dijo en una de sus clases. Pues bien, de momento es un problema que se solucionará con la finalización de la propia obra pero los vecinos de esta zona muchas veces no pueden aparcar cerca de sus casas. Han desmoronado incluso la teoría de la profesora Faust por unos meses. ¡Vaya con la valla!

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Texto por: María González Rodríguez

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