La lotería, el negocio de la ilusión en Navidad


Ni el frío ni las colas impiden que miles de personas busquen en la capital la suerte del sorteo del 22 de diciembre
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Muchos españoles han aprovechado el puente de diciembre para comprar lotería de la capital. Foto: AP

Bajo los siete grados que marca el termómetro a las 6.30 de la mañana en la calle del Carmen, los más madrugadores empiezan a amontonarse en la puerta de Doña Manolita, que no abre hasta horas más tarde. Son muchos los que han aprovechado la festividad del 8 de diciembre para viajar a la capital y hacerse con un décimo de lotería de la administración más famosa de Madrid.

A escasos 300 metros, la foto de la señora Manolita se expone en cada uno de los tenderetes de lotería de la Puerta del Sol. «¡La suerte de Doña Manolita, la llevo!», grita Mónica, una mujer que revende billetes del sorteo del 22 de diciembre. Sin embargo, no todos los números son de la administración que corea. Vende décimos de «Usera, Alicante, y hasta de Terrasa», pero el título de la señora Manolita (que fundó la administración en 1904) les sirve como reclamo para los que ojean con interés los números sobre las mesas.

Mónica lleva más de 20 años regentando su puesto y compartiendo espacio junto al de su prima Marisol en esta plaza, «de 9.30 de la mañana a 21.30 de la noche». Festivos incluidos y sin cierre a mediodía. Frente a ellas, cientos de turistas y madrileños pasean estos días por delante del reloj de la Casa de Correos, el que marcará las campanadas de Fin de Año.

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Mónica y Marisol revenden décimos a cientos de personas que cada día pasean por la Puerta del Sol. Foto: AP

El negocio de la reventa comenzó hace más de 100 años, cuando el Estado legalizó la comercialización de billetes de lotería de particulares. Desde entonces, las administraciones ceden los números –si quieren– a vendedores autorizados por la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado (SELAE). Aunque hace dos años la normativa no contemplaba la reventa con sobrecoste, en 2013 Loterías añadió la excepción: estos décimos pueden tener un recargo, pero no puede superar el 20% del precio original.

La opción más rápida

Gracias a la reventa, los que quieran ahorrarse las colas de la Administración número 67 (la de la señora Manolita), pueden comprar sus números por un par de euros más en casi todos los puestos de los alrededores. «El Gordo de Navidad, señores, va a tocar aquí», exclama un vendedor con ímpetu matutino. También luce a la señora «de la buena suerte» en la esquina de su tablón ambulante. Incluso, en la misma puerta de Doña Manolita, una madre y sus dos hijos tienen montado su establecimiento, en el que no faltan un par de sillas para descansar en cualquier momento. La hija se ausenta para volver con café caliente, son las 20.30 y la temperatura es de diez grados. El hijo, de unos 20 años, observa a los viandantes que pasean: «¡Hasta las cenizas de la señora Manolita tengo!».

Al margen del negocio de la lotería de estas fechas, también hay participaciones solidarias, como las que vende Juan justo en frente de la centenaria administración. «Por una buena causa», explica este. Parte de los tres euros que vale la participación del sorteo de Navidad se destina a la investigación en oncología del Hospital del Niño Jesús. Juan observa el flujo diario de gente que entra y sale del comercio cada día. «Los extranjeros preguntan qué es toda esta cola, creen que es el paro. Pero la gente, como Rajoy dice que no hay paro, se lanza a comprar».

Desde las seis de la tarde hace cola una familia andaluza que está a punto de entrar. «Hemos aprovechado el puente para venir a Madrid y comprar lotería de aquí, de Doña Manolita», explica la madre. En apenas 15 minutos la administración cerrará, y dos guardias de seguridad se colocan en la puerta para controlar la fila. Uno de ellos indica el corte, y más de cinco metros de cola queda tras él. El grupo de señoras que sale en ese momento celebra que ha podido comprar los números de lotería, y estas se despiden con un gran «¡suerte!». Una pareja de chicas valencianas cruzan la puerta sin los números que buscaban, aunque se llevan «los de Manolita, al menos», le comenta una a otra. Se marchan de allí después de hacerse un selfie con el cartel de la administración asomándose tras ellas.

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El guardia calma a los que, después de horas de cola, no consiguen entrar en la administración. Foto: AP

«Ya no pasa nadie más», asegura el guardia cuando son las 20.54. Su compañero, que hasta entonces permanecía dentro, se le suma para contener a la gente que, nerviosa, empuja para entrar. «Tres horas esperando. No, no. Mañana no volvemos, cariño», le dice una chica a su novio después de preguntar a qué hora abren de nuevo.

Momentos previos al cierre

Hay quienes intentan colarse, y lo consiguen. «Una hora estoy chupándome yo, ¡para que ahora venga aquel y se me cuele!», le grita enfadada una señora al guardia. Este ha dejado entrar a un señor que, según él, era abonado. «Los abonados pagan todo el año lotería, por eso tienen privilegio y se les deja pasar vengan a la hora que vengan». La señora no desiste, «¡hay que decir la verdad!», le espeta. Los rumores en la cola cuentan que «han dejado pasar a quienes han querido». La fila que durante el día se mantenía en línea es ahora un cúmulo de personas frente al local.

Concha, la mujer que regenta la administración de Doña Manolita, comenta desde el otro lado del cristal que tienen que cerrar. Aún hay muchos que siguen en cola, indignados porque «no han avisado» de que no iban a entrar. El agente, que afirma que se ha advertido, comenta que «aunque se corte la cola, la gente sigue poniéndose». Los recién llegados al local advierten que está cerrado y lo asumen. En cambio los que llevan dos horas de cola no se resignan tan fácilmente. «Un día es un día, ¿no?», dice un joven, que mantiene la esperanza de que vuelvan a abrir.

La lotería de Navidad se comenzó a vender en julio, y también puede comprarse por internet. «Tiempo se tiene», explica el guardia. «¿Usted quiere lotería de Sort? ¿A que llama y la pide, no se va a Lérida a por ella? Pues aquí igual», insiste. «Cada uno compra cuando puede», le contesta una voz de entre la gente.

Al cabo de diez minutos, pasadas las nueve, todos asumen el cierre. Caen las persianas y se reorganiza el tránsito de la calle peatonal. Algunos se van refunfuñando, dando una patada a la puerta. Las calles vuelven a la atípica calma en la noche madrileña. A la tranquilidad.

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El árbol de Navidad, patrocinado por Loterías y Apuestas del Estado, luce estos días en Sol. Foto: AP

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