Cuando el negocio de los libros no es negocio


En el último año, 12 librerías han cerrado solo en Chamberí. Esta tendencia refleja la caída de las ventas de libros en España desde el 2009

Un cartel de «liquidación» por cierre destaca en el escaparate del número 69 de la calle Fernando el Católico. Multilibro es una librería de segunda mano, y su dueño, el madrileño Ángel Jarne, bajará la persiana para siempre en febrero. El contrato de alquiler del local termina, y el propietario lo ha vendido. «El negocio no va tan bien como para montar otra nueva, para irme a otro sitio y arrancar de nuevo».

Durante el último año y tres meses, en el barrio madrileño de Chamberí han cerrado 12 librerías. El último informe realizado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (MECD) destaca que, desde el 2009, las ventas de libros en España han disminuido alrededor del 35%. El vendedor reconoce que él no es «capaz de arrancar otra librería» por esa bajada del consumo de libros. «A mí me dicen que los libros de segunda mano funcionan, que lo dicen los periódicos… Pero vamos a ver, mis cuentas –que son las que me valen– y las cuentas de algún otro compañero reflejan que hemos perdido un 45% de ventas. Y los gastos son los mismos», señala. El librero, desde su mostrador y rodeado de títulos, mantiene fija la mirada tras sus pequeñas gafas.

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Jarne lleva seis meses liquidando sus libros desde que supo que tenía que cerrar. Foto AP

 

Ángel Jarne tiene 60 años, lleva nueve al frente de su librería y está a punto de jubilarse. Está convencido de que, aunque tuviera la oportunidad de montar su negocio en otro barrio, «lo normal es que no pudiera funcionar». Para una librería de segunda mano, «la clientela y los proveedores» son muy importantes, y él ya los tiene ahí. «Me surto de lo que la gente me vende. Me conocen, son amigos muchos de ellos, los propios clientes me traen… Me costó arrancar cuatro años la librería en una época en la que los libros iban bien. O sea que hoy en día no sería capaz de levantarla en otro barrio, incluso dudo que en este mismo».

Entre pilas de libros desordenados y estanterías medio vacías, dos señores que se dan la espalda hojean páginas de varios títulos; de la sección «Segunda Guerra Mundial» uno, de «best sellers» el otro. El olor a libro antiguo se hace presente hasta lo más profundo del estrecho local, que alberga desde enciclopedias, guías turísticas, manuales de jardinería o de cocina hasta novelas negras y eróticas. Libros de portadas desgastadas, con anotaciones a lápiz o nombres escritos en la primera página. Algunos incluso conservan el que un día fuera su precio en pesetas.

Otras dos librerías acaban de cerrar cerca del negocio de Jarne; una situada en la calle Alberto Aguilera, y la otra, la Librería Argentina, en Andrés Mellado. Chamberí es un barrio que, por su cercanía a Ciudad Universitaria, tiene muchas. «Lo que hace que, si están cerrando en todas partes, aquí se note más», comenta el vendedor.

Precios de segunda mano

En Multilibro los libros cuestan entre un euro y tres. Y hay gente que no solo le vende libros a Jarne, sino que también se los regala. «Tengo clientes asiduos o amigos a los que, si les sobra una bolsa de libros, saben los precios a los que yo vendo y me los traen». El madrileño lleva liquidando existencias unos cinco o seis meses desde que le dijeron que debía abandonar el local antes de fin de año. Sin embargo, ahora le han ampliado un par de meses. «No sé si es bueno o malo. Porque, una vez que liquidas, estás vendiendo a bajo precio y no solo no sacas beneficio, sino que no puedes reponer para vender a ese precio».

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Librería Argentina es uno de los últimos negocios que ha desaparecido en el barrio de Chamberí. AP

 

Andrés, un vecino del barrio, se entretiene en la estantería de «Narrativa Universal». En su mano izquierda sujeta Carta al Padre de Kafka, mientras con la derecha descarta los que no le interesan. «Es una pena que cierre la librería después de tantos años. Además, como ahora Ángel está liquidando, ya no quedan demasiados libros que me interesen y que quiera comprar, hay muchos que son muy antiguos y desconocidos».

A partir de febrero, Jarne se mantendrá con internet. Tiene su página web en la que vende «menos que en la librería» pero a mayor precio. Las dos son «complementarias» y, aunque tenga más libros en su tienda de barrio, los que ofrece en su web son más especializados. «Un cliente no va a venir buscando Acústica de estudios para grabación sonora. Mientras que en internet es este tipo de obras las que se buscan y se venden. No tiene sentido meter el Código Da Vinci en mi web». A partir de ahora, el comerciante cree que no llegará «ni a mileurista».

La crisis del arte

La caída de las ventas y el cierre de librerías es algo «triste» que también «sufrió la música hace años». Jarne recuerda que el sector musical sufrió primero las consecuencias de la piratería. «Los soportes en los que podíamos oírla y piratearla eran más fáciles. Hacer factible que una obra de música suene en Youtube hoy en día no lleva nada. La coges, la subes y ya está». En cambio, el propietario de Multilibro apunta que piratear el libro es más difícil, aunque ya hay máquinas que lo hagan. «Ese proceso es más lento, más complicado. Por eso hemos aguantado».

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A partir de febrero, Jarne seguirá vendiendo en internet y haciendo música para sobrevivir. AP

 

Hace unos años, el ebook comenzó a comercializarse en España. Según el informe del MECD, la facturación del libro digital crece de forma «lenta pero continuada» cada año, alcanzando en 2014 el 5% del total. Sin embargo, el dueño de Multilibro explica que no le «preocupa demasiado» este soporte. «A veces me dicen que quién va a hacer libros si nadie los compra, cuando nunca nadie ha vivido de ello». Además de regentar la librería, Jarne es músico. «Hago música clásica contemporánea –de la que no escucha nadie, de la que a nadie le interesa– en el autobús y he ganado 300 euros por ello en mi vida. Y sigo haciendo música, tengo la necesidad de hacerla. Por eso este arte no va a morir, porque no tenemos más remedio».

«Tiene narices. Un hijo mío me pidió el año pasado un lector de libros electrónicos. Se lo regalé y el tío está encantado. Vive en Suecia, allí no tienen acceso a libros en castellano, y de esa manera los tiene. Dice que se ve estupendo, y es uno de 100 euros». Para el comerciante, el libro físico «no puede competir» con el electrónico ahora mismo. «No está perfeccionado», cree. «Cuando el libro que busquemos esté en una nube y se pueda acceder directamente a él, sin tener que descargarlo ni llevarlo encima, todos lo utilizaremos», afirma Jarne.

Una señora entra a Multilibro y saluda al librero deseándole «feliz año nuevo», y preguntándole que cuándo cerrará finalmente, porque tiene libros que se los podría traer. «Tranquila, ya no me harán falta».

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