El Balón de Oro de Ronaldo solo cuesta seis euros


Todos los domingos por la mañana, Quintana se llena de niños que buscan los cromos que les faltan y abuelos que disfrutan con el ajetreo de la plaza

Todos los niños preguntan por él. Es el más codiciado. No es la réplica del trofeo que corona cada año al mejor jugador de fútbol del planeta, sino la pieza estrella de la última colección de cromos de la Liga BBVA. Hacerse con él es fácil. Solo hay que acercarse cualquier domingo por la mañana a la Plaza de Quintana y estar dispuesto a desembolsar seis euros.

Situado en pleno centro del distrito de Ciudad Lineal, en este lugar es tradición que «siles» y «noles» sean lo más escuchado del fin de semana. «Si le tiene, lo quiere cambiar; si no le tiene, o lo consigue de algún otro niño, o me toca comprárselo en los puestos», dice Marcelo, que cada dos semanas viene con su hijo a buscar los cromos que le faltan.

La plaza de Quintana casi vacía a las diez de la mañana Foto: José Luis Espinosa

A las diez de la mañana se abren las puertas de este peculiar mercado. Juan Carlos monta su mesa y coloca con mimo los álbumes que previamente ha ordenado en casa. «Colocar los cromos es el trabajo más duro y puede llevarme unas diez horas, pero luego es mucho más fácil encontrar lo que busca la gente». De derecha a izquierda de la mesa pueden verse los futbolistas de todos los equipos, un espacio especial reservado para los «cracks» de la liga –estos cromos son más caros–, y al final del mostrador, la lucha libre: la otra colección estrella de la temporada.

Juan Carlos tiene 18 años y desde hace dos regenta uno de los puestos donde los coleccionistas pueden hacerse con las últimas novedades del mercado a un módico precio. Cuenta que él iba de pequeño a Quintana a cambiar cromos para completar sus álbumes. Ahora los vende. Según se hizo mayor se dio cuenta de que sentándose al otro lado de la mesa podía ganar algo de dinero: «Un día bueno puedo sacar unos doscientos euros porque cada vez viene más gente solo a comprar, ya no hay tantos niños cambiando cromos como cuando yo era pequeño».

A veinte pasos de distancia, Ramón espera en la mesa donde ofrece sus artículos. Este madrileño de cincuenta y seis años también vende avatares de los personajes de la última película de Star Wars. Lleva quince años viniendo a Quintana todos los sábados y domingos, y cuenta que la tradición se está perdiendo: «Antes venía mucha más gente y la plaza estaba siempre llena». Son las once y media y apenas hay cuarenta personas en la plaza. «Ahora, los que vienen lo hacen un poco más tarde».

Los cromos dan vida a Quintana

Aunque los más veteranos del lugar recuerden tiempos mejores, según avanza la mañana aumenta el número de curiosos y compradores en la plaza. En las mesas situadas en la esquina noroeste una veintena de jubilados juegan al tute y al mus. Alfredo y Manuel son hermanos. Llevan toda la vida viviendo en el barrio y sus compañeros de naipes les conocen como «Zipi y Zape». Cuentan que bajan a la plaza los domingos porque «hay más vida» que el resto de la semana. Además, sus nietos les mandan con la lista de la compra. «Hoy nos hemos gastado casi quince euros en cromos, pero ya tenemos a Cristiano con la pelotita de oro».

Según avanza el día Quintana se llena de vida Foto: José Luis Espinosa

Uno de los sitios donde ven con mejores ojos el mercadeo de cromos en Quintana es el quiosco de la plaza. Verónica y Montse se encargan del negocio de su tía los fines de semana. Reconocen que los domingos, además de vender más prensa, venden muchos más sobres de cromos que cualquier otro día. «Los niños siempre sacan un par de sobres para ver si consiguen un cromo que no tengan». Como sale más barato comprarlos en el quiosco –un sobre de seis cuesta un euro– que en los puestos, al final del día todos salen ganando.

A las dos de la tarde empiezan a retirarse los tenderetes y los abuelos abandonan las mesitas donde jugaban a las cartas. El gentío de la plaza se moviliza. Un agradable aroma a comida atrae a los presentes hacia el local del que emana. El chorizo criollo y la oreja sustituyen a los cromos en las conversaciones. Pero sin duda, la estrella a esas horas son las bravas del Docamar: las mejores de Madrid según los vecinos de Quintana.

Tags: , , , ,

Texto por: José Luis Espinosa

Ver los artículos de José Luis Espinosa

Una respuesta to “El Balón de Oro de Ronaldo solo cuesta seis euros” Subscribe

  1. Jouma 9 febrero, 2016 en 11:49 #

    Qué de recuerdos me trae este artículo!!

    Antes se cambiaba de todo en esa plazo, desde GOGOS Y Tazos hasta cromos de cualquier colección.

    Desde mi punto de vista es muy fácil llegar y comprar el cromo que te falta, lo que era divertido era buscarse la vida para poder conseguir tu soñado cromo a través del trueque.

    Buen artículo!!

Deja un comentario

San Cemento: el mayor macrobotellón universitario de Madrid

Miles de jóvenes y toneladas de residuos han vuelto a ser los protagonistas de la ya tradicional fiesta celebrada en Ciudad Universitaria

Cómo ser vegano fuera de Madrid y no llevar «una dieta de mierda»

Los restaurantes y bares que ofrecen este tipo de platos han crecido al igual que los potenciales consumidores. En la capital han pasado de ser 10 a 40 en tres años

Sandra Ibarra: «Hay vida durante el cáncer»

Ha superado esta enfermedad en dos ocasiones. Ahora, ha puesto en marcha la primera unidad para supervivientes en colaboración con el Hospital Universitario de Fuenlabrada

Las Carrozas de Azuqueca empiezan a fabricarse

El desfile que realizan las peñas públicas el tercer domingo del mes de septiembre ha sido declarado de interés turístico regional

Los asesores de Carmena y sus salarios al máximo: 81 eventuales y 4,71 millones en retribuciones anuales brutas

Desde 2015, el gasto total anual en este tipo de personal ha aumentado un 35%, habiendo meses con el mismo número de eventuales pero con incrementos salariales bimensuales y trimestrales

Miguel ya no dibuja papel moneda

Si quieres hablar con él, búscale en la biblioteca Miguel Hernández de Collado Villalba. Ahora solo lee allí, pero antes pintaba minuciosamente a mano y «boli» billetes de todo país y época