El parque Felipe VI, un tesoro por descubrir en Madrid


El segundo «pulmón» más grande de la capital está ubicado en Valdebebas. Tiene un tamaño cuatro veces mayor que El Retiro y pocos son los madrileños que lo conocen
Madrilanea PARQUE FELIPE VI FACHADA FINAL

Puerta de acceso suroeste del Parque Felipe VI                             Foto: Álvaro G. Colmenero

 

El segundo espacio verde más grande de la capital, solo superado por la Casa de Campo, está ubicado en Valdebebas, en el distrito de Hortaleza. Con una longitud de 470 hectáreas con vistas a la sempiterna Sierra de Guadarrama, se proyectó sobre una antigua escombrera para ser el «pulmón» del noreste de Madrid. Inaugurado en marzo de 2015, el Parque Felipe VI sigue siendo un gran desconocido. Antes de rebasar la puerta del inmenso parque forestal, un hombre de pelo canoso se ofrece a hacer la labor de anfitrión. «¡Si no te lo conoces te vas a perder!», comenta amablemente Hugo Campos.

Entrar al parque es la primera decisión que hay que tomar. Y no será la última. Hasta siete entradas te adentran en una experiencia que será diferente según el camino que escojas. A medida que avanzas se dibuja un ecosistema distinto. Junto a la geometría simbólica y funcional del Felipe VI que le otorga la forma de un árbol, el diseño es representativo de los paisajes vegetales naturales del interior de la Península Ibérica. Se compone de una serie de zonas, en gran parte de carácter forestal, pero también con superficies de jardinería urbana.

Es difícil imaginar cómo en un espacio vallado puede encontrarse un pequeño reducto de los Montes de León, del Sistema Central, de La Alcarria, de La Mancha o incluso del Sistema Ibérico. Todos con su vegetación autóctona plantada años atrás, y rodeado de paisajes típicamente agrícolas y bosques. «Al tener una flora tan variada, cada parte del parque necesita un cuidado especial. ¡Aquí no se descansa nunca!», cuenta Alfredo, un fornido jardinero mientras remueve la tierra para plantar un arbusto.

Puente y Laguna Madrilanea

Un puente de madera cruza el humedal Foto: Álvaro G.Colmenero

El parque está formado por numerosos caminos de tierra que se combinan con puentes de madera. El desnivel de unos 30 metros es palpable y lo sufren las piernas de los corredores que utilizan este paraje para ponerse en forma. El agua también es importante, puesto que dispone de un pequeño río, un humedal, un embalse y un manantial. Todos ellos administrados con el agua de la lluvia. De repente Hugo Campos, que lleva cinco años jubilado y se dedicaba al comercio de hortalizas, se frena mientras señala una cuenca fluvial seca con el dedo índice de su mano izquierda: «¿Ves? Este es el único problema, en épocas de pocas precipitaciones esto se queda hecho un secarral».

Continuando el camino llama la atención que en todo el paseo no hay más que un matrimonio acompañado por sus dos perros, un anciano y una joven pareja. También se divisa al fondo un coche de la seguridad privada del parque sobre una de las lomas más altas. La soledad que se siente es abrumadora, pero la tranquilidad también. Tan solo se escucha el ruido de los pájaros o el sonido de los conejos que levantan la arena cuando cruzan los senderos.

Unos metros más adelante emerge uno de los iconos del parque y desde donde mejor se observa, el mirador de madera en forma de laberinto que está rodeado de pasarelas del mismo material. Con un aforo para 150 personas, es el más imponente de los tres que reinan el parque. Aquí, compiten una panorámica de la Sierra de Guadarrama, las cuatro torres del Paseo de la Castellana y los aterrizajes y despegues del aeropuerto de Barajas. Entre el paisaje natural se esconde un vestigio del pasado, como comenta Hugo Campos, entre los restos que se conservan en la parte central del parque se encuentra lo que fue «un búnker durante la Guerra Civil española».

Vista desde el mirador

Vista panorámica desde el mirador principal del parque Foto: Álvaro G. Colmenero

ACTIVIDADES PARA TODOS LOS PÚBLICOS

El parque se ha diseñado para que puedan disfrutarlo tanto niños como adultos. Hay seis áreas infantiles con todo tipo de infraestructuras para que puedan jugar los más pequeños. Además, una característica que lo hace único en comparación con las grandes zonas verdes de la capital es el llamado «Bosque de los Ciudadanos», ideada para que los vecinos puedan plantar un árbol y crear un cultivo comunal propio donde poder combinar los fines lúdicos y didácticos.

Aunque es un parque poco transitado, los ciclistas y los corredores son los visitantes más habituales. Debido a que la forma del terreno, y la numerosa vegetación, anima a deportistas venidos de todo Hortaleza a poner su cuerpo a prueba. Todos los días estos atletas utilizan los 32 kilómetros de senderos y los cinco kilómetros de carril-bici que atraviesan el parque.

El horario para visitar el Felipe VI varía en función de la estación del año: en primavera es de 08:00  a 20:30h, en verano de 08:00 a 22:00h y en invierno, se reduce por las horas de sol, de 09:00 a 18:30h. Un aliciente para dejarse caer por el Parque son las visitas guiadas que proporciona el Ayuntamiento de Madrid, de forma gratuita todos los sábados de 11:30 a 13:30. En ellas se explican durante el recorrido los beneficios de este espacio verde.

La contaminación es una asignatura pendiente en la capital. Sin embargo, en  el noreste de Madrid se respira un poco mejor desde que se inauguró el Parque Felipe VI.

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Texto por: Álvaro G. Colmenero

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