«Adiós, Diablos. Adiós»


Los diez años de Los Diablos Azules a través de los ojos de Lena Demartini, una de las socias del bar literario de Malasaña

L a decisión de cerrar el bar no es nuestra. Creo que no lo íbamos a tener mucho más, pero no poder decidirlo nosotras … Teníamos un contrato de diez años con opción a una renovación e íbamos con la intención de negociar el precio del alquiler, ampliar la duración… cuando los dueños nos dijeron que querían vender. El tiempo en el que nos juntamos cuatro amigas para forjar la idea acabaría en Los Diablos Azules, aunque solo tres pudimos llevarla finalmente. Jimena Coronado y yo ya sabíamos lo que era tener un local, tuvimos un jazz bar en Lima; Pero, Pilar Martínez quería que fuera algo más literario, un lugar donde escuchar poesía y ¿por qué no?

Tanto Jimena como yo seguiríamos trabajando de lo nuestro, pero podíamos aprovecharnos de los amigos que tenemos; y Pilar, que acababa de terminar su contrato, podía encargarse del bar. Cuando lo hablamos con Joaquín Sabina, nos dijo que podría ser un lugar donde reunirse con Ángel González, Almudena Grandes… Comenzamos con tertulias literarias y poéticas, al principio no con la asiduidad que hubiéramos querido, pero fue tomando forma. En ese momento solo estaba el Bukowski Club, al que teníamos como el referente –sobre todo Pilar. Aunque Lena era más de narrativa, Ángel González fue el encargado de acercarla a la poesía–.

El primer año hicimos de todo para saber que podíamos brindar en el barrio. Hasta servimos comida. Queríamos sacarle provecho a todas las zonas del bar. Al final nos dimos cuenta de que no, que es un sitio bonito de noche y que durante el día no había mucha gente para tomarse una caña, ya que todo el mundo prefiere irse por la Calle Fuencarral. Además, cuando abrimos tuvimos la mala suerte de que hubo un cambio en el barrio. Se prohibieron dar más licencias en la zona y comenzó a venir mucho la policía. Al principio, éramos unas kamikazes. Si venía un cantautor que quería hacer algo más que recitar, nosotras no teníamos problema… Hasta que un día vino la policía y nos dijo: «no, bonitas, no. No podéis hacer esto. No tenéis licencia de espectáculo» Estuvo a punto de caernos una buena, pero Pilar se lo cameló… Teníamos que ceñirnos a las lecturas, las presentaciones y las jams de poesía, ya está.

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Por ahí como el 2008, empezó a pasar Leo Zelada por el bar, un poeta que organizaba tertulias literarias en el Café Central, además de trabajar en una editorial. Creo que alguien le habló de nuestro bar, ya no me acuerdo. Cuando habló con Pili, ella nos contó que había «un poeta peruano que dice que si podríamos hacer unas tertulias literarias en nuestro local». Cada mes o mes y algo, venía y nos preguntaba que si le dejabamos el espacio. Así llegó también Carlos Salem, el encargado de las jams de poesía. Al principio nos preocupó por si influenciaba a la actividad normal del local. Imaginaos si lo quería hacer un fin de semana, cuando la caja es más fuerte, ¡nos mata! Pero no, fueron los martes. Él venía de hacerlas en el Bukowski los miércoles, sabía que funcionaba de sobra.

Hay noches y noches, pero ya sabes que podías venir a Los Diablos Azules donde van a estar tus amigos o alguien que le interesa lo que a ti. Más de una vez ha venido alguien al bar que te dice «es mi primera vez», pero como conozco a todos pues lo presentas en el grupo. Me acuerdo de cada personaje y de cómo han evolucionado. Se juntan aquí, en Aleatorio, en Vergüenza Ajena… ¡en un millón de sitios! Hay un circuito literario. Todos se conocen y ¡es fantástico!

Todos hemos evolucionado un montón. Ahora las jams de los martes y los sábados no tienen nada que ver con el principio, son otras personas. Carlos trajo a la gente del Bukowski. La mayoría ha editado y publicado ya, y vienen poco, pero vienen. Olaia Pazos, Paty de Frutos… gente maravillosa a la que se ha sumado nuevos miembros. Es una alegría ver que hay jóvenes preparados que no solo están preocupados por hacer botellón en la calle.

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Las presentaciones también han dado mucha vida al bar. Vinieron Leo y Marcus por la editorial y pronto se fue pasando la voz. Y así fue llegando gente que ni somos capaces de imaginar. Siempre fuimos bastante flexibles, nunca nos ha importado el día porque a fin de cuestas suele ser temprano. También hemos tenido alguna primicia, como la que Almudena Grandes nos hizo de un pedacito de un capitulo de su novela, de Los besos en el pan.

Hace dos años ya nos planteamos si tirar para adelante o echar el cierre cuando Pili nos dijo que se iba a Sevilla, que quería ser mamá. Pero no era el momento de dejarlo. Jimena me dijo «ya que hemos trabajado tantos años y nos hemos hecho un nombrecito pequeñito dentro de un mundo literario…», así que tiramos para adelante. Tuve que cumplir con mis dos obligaciones, haciendo malabares durante siete largos meses hasta que encontré a Leo para echarme una mano. Aunque es un esfuerzo que compensa. El bar nos ha dado mucha diversión, muchas risas, muchos amigos, mucha cercanía con gente de literatura, con muchos con sensibilidad de poesía.

Pero ya ha llegado el momento de despedirse y va a tener que ser doble. Este fin de semana estará Jimena y el siguiente viene Pilar… ¡una pena no poder hacerlo juntas! El viernes tenemos la última jam y la despedida de Luis García Montero, Benjamin Prado y Almudena Grandes. Con ellos cierro un ciclo de las «Noches Azules» y el fin de semana siguiente lo he dejado todavía en blanco…

Sabemos que, de alguna manera, nuestra energía se transforma. Las jams de Marcelo Luján «El tamaño sí que importa», sucesor de Carlos, se mudan a Vergüenza ajena. Y no será la única actividad que lo haga. También hemos «conseguido» tener la revista de libros y literatura que intentamos editar hace años, pero se quedó en el número cero. Y es que dos amigos nuestros del bar Luis y Jesús Maraña, querían hacer una revista cultural en Infolibre y acercarse a los libros y me llamaron para decirme que «como está cerrando el bar y por hacerle homenaje, que os parece si le ponemos Diablos Azules». Me parece bonita la idea de que dure…

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Texto por: Lorena López Antón

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