Versos a bocados en Madrid


El bar Los Diablos Azules cerrará a finales del mes de febrero, pero más cafés y rincones de la capital continuarán dando espacio a la poesía y a la literatura en general

 Elena Calvo/Cristina Veganzones

La fugitiva. Fotos: E.C.

La fugitiva. Fotos: E.C.

Poemas con sabor a pimientos rojos asados con anchoas, a foie con manzana y crujiente de jamón serrano o a bacalao confitado con alioli. ¿Se trata de una nueva forma de crear versos? Más bien una manera de entender la poesía. En El dinosaurio todavía estaba allí… no hay carta con primeros platos, segundos, o tostas, sino con relatos, poemas y novela negra. Su propietaria, Marisol Torres, que también es escritora, quiere homenajear así a autores y obras que le han marcado. De esta manera, uno no puede pedir una tostada de tomate natural con bonito, sino que debe preguntar por Campo de Amapolas, de Roberto Menéndez.

Este «gastrobar», como le gusta definirlo a su propietaria, nació hace tres años en la calle Lavapiés. La idea la tomó de Dinamarca, porque en ese momento en Madrid era muy complicado –o imposible– encontrar un local de estas características. Aunque le gustaba la cocina, el hecho de montar un restaurante le parecía aburrido, y el de abrir una librería –algo que le apasiona– ruinoso, por lo que al final decidió utilizar esta combinación y apostar por «El dino», como abrevia ella el nombre de su local.

Los domingos por la noche no se sirve nada de comida. La cocina se cierra y cualquier ruido que pueda distraer la atención está mal visto porque hay algo por encima de todo, algo «sagrado»: la poesía. En estas sesiones hay un poeta invitado y después un micrófono abierto para que quien quiera recite sus poemas. Lo que viene a ser una jam de poesía. «Hay un enorme número de personas muy interesadas en las jam. Hay unas 400 o 500 poetas en Madrid que ahora están participando muy activamente en esto», asegura la propietaria del «gastrobar».

Desde el pasado 16 de diciembre, «El dino» tiene un hermano. Marisol Torres abrió un nuevo local en la calle Ave María, a pocos metros del veterano. En las próximas semanas, la librería que hay en el antiguo bar –en la que se encuentran novelas negras, relatos y poemas disponibles para su venta o simplemente para echar un ojo– se trasladará al nuevo lugar, y este se quedará como un espacio de intercambio de libros «que nos gustan, pero no tanto como para tenerlos en casa», afirma la propietaria.

El interés por la poesía ha aumentado en los últimos años, según su visión. La incorporación de gente muy joven al mundo de la escritura, explica, está motivando este auge, de manera que actualmente «la poesía está moviendo masas, cosa que antes no ocurría». Este acercamiento se debe sobre todo, considera esta escritora, a la pérdida de de rigidez y formalismo que ha experimentado este género literario. «Ahora se tocan temas de la calle, del día a día. Se puede hacer un poema hermosísimo sobre el hecho de pelar un cacahuete, y eso a le gente le está tocando», asegura.

Silencio y libros, La Fugitiva

A pocos metros de El dinosaurio todavía estaba allí… se encuentra un lugar similar, aunque muy distinto a la vez. La Fugitiva comparte la esencia, pero modifica la forma. Aquí no es posible encontrar una carta con poemas comestibles, pero uno sí que puede pedir un café o un trozo de tarta y disfrutar de la lectura en medio de un silencio sepulcral y rodeado de libros. Desde 2011, año en el que nació esta librería, se han llevado a cabo actos relacionados con la poesía.

Clea Moreno se encarga, junto a Jacobo Paniagua y Enrique Sanz, de que todos los clientes estén atendidos, ya sea buscando los últimos títulos literarios disponibles para comprar, o disfrutando de una bebida caliente. Esta empleada, que también destaca el aumento del interés por la poesía en los últimos años, habla de «La noche de los poetas muertos» –una competición entre las obras de dos poetas fallecidos– como uno de los actos más exitosos del local llevado a cabo el año pasado.

Además de la sección específica de obras de poesía, lo que sí se continúa organizando en La Fugitiva son presentaciones de poemarios. El próximo 20 de febrero, por ejemplo, la autora Rocío Arana presentará su nuevo trabajo, La noche que no existe, y el 28 del mismo mes, Juan Vicente Piqueras hará lo mismo con La ola tatuada.

Marisol Torres, dueña del Dinosaurio todavía estaba allí...

Marisol Torres, dueña del Dinosaurio todavía estaba allí…

Pero la eterna pregunta sigue ahí: ¿qué es poesía? Para Marisol Torres, la poesía son muchas cosas. «Me conmueve, me parece que me eleva. Se acaba de descubrir que leer poesía no solo relaja más, sino que establece nuevas conexiones neuronales, y que alivia el estrés, porque esa combinación de palabras es mágica. Todas las metáforas que se usan en la poesía elevan el espíritu, te hacen ir a otro lugar. La adoro», reflexiona.

Estas emociones también las sienten quienes acuden a escuchar los poemas de los autores. Muchos de los espectadores se animan a subir al escenario y compartir sus creaciones, pero hay quienes prefieren quedarse escuchando lo que otros tienen que contar acerca de la vida. Marisol Torres asegura que, en general, el público se va muy contento, algunos emocionados con una lágrima que el autor ha conseguido sacar de su interior, pero también otros que abandonan el local con una sonrisa provocada por los versos.

Poesía acompañada de vinos

También de vinos se puede acompañar la poesía. Tipos infames, librería que cuenta con un espacio dedicado al mundo de la enología, posee una pequeña sección de este género. Aquí se encuentran las obras que han llamado la atención a los propietarios del local, tal como afirma uno de ellos, Gonzalo Queipo.

Además de las frecuentes presentaciones de libros, hay un evento especial que ya se realizó el año pasado, y que se repetirá entre los próximos meses de abril y mayo. Se trata de «Tres poetas al cuadrado», en el que tres poetas diferentes durante una noche cada uno leerán sus obras y las de otros dos líricos que les gusten.

Otro de los lugares dedicados a la poesía es Vergüenza Ajena, situado en la calle Galileo, en pleno barrio Chamberí. Cada jueves a las nueve de la noche ofrecen una jam session de poesía. Desde que abrieron en octubre de 2013, los tres socios de esta librería-bar –Álvaro Vargas, María Andiano y Manuel Osuna– han combinado literatura y gastronomía. «Hay mucho interés, aunque depende del día viene mucha gente o menos», asegura Vargas. Aunque muy centrado en poesía, además de recitales y presentaciones de libros, también ofrecen charlas de todo tipo, y a partir de marzo habrá cada martes una sesión de microrelatos.

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