El folclore andaluz se pasea por el Madrid más castizo


Como cada año, la Hermandad del Rocío de Madrid se prepara para acudir a una cita ineludible: el 15 de mayo, en Almonte, con la Blanca Paloma
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Interior del museo de la Hermandad del Rocío de Madrid / M.J.

Solo quien lleva años fuera de su tierra puede comprender a los protagonistas de esta historia: andaluces residentes en Madrid que extrañaban el alma y el folclore de su región y que, para tener un pedazo de ella a su alcance, crearon su propia peña rociera. Corría el año 1958.

Tuvieron que esperar a 1960 para recibir el visto bueno de la agrupación matriz de Almonte y transformarse en una hermandad. Se convertía así en la filial número 33, la primera nacida más allá de las fronteras andaluzas. Ahora son 117 las que cuentan con el beneplácito de Almonte. En el 61, comenzaron a peregrinar como fraternidad en vez de como peña, siempre de la mano de la Hermandad de Huelva, su madrina, su guía.

María José Cerrejón ha sido testigo de todos estos cambios y puede contar de primera mano la historia de la agrupación. Desde que tiene uso de razón su vida está ligada a ella. Sus padres, hermanos fundadores naturales de Huelva, fueron quienes le metieron el gusanillo. Como ella misma reconoce, «cada uno tira hacia sus orígenes». Ahora es la presidenta de la hermandad.

Casi listos para el gran día

Desde hace más de un mes, la congregación se prepara para el gran momento del año: la romería que los conducirá hasta la «Reina de la Marismas». La sede se encuentra en el número 48 de la calle Nápoles, en pleno barrio de Hortaleza. En el bar de la hermandad, alrededor de una larga mesa, se congregan decenas de miembros para organizar la peregrinación. La algarabía del bar contrasta con la quietud del gran salón comedor que está justo al lado, en el que suenan sevillanas de fondo y el murmullo que proviene del bar.

Ya queda menos para un momento que se espera con ganas durante todo el año. Más de 500 hermanos de la fraternidad acudirán a Almonte y se repartirán entre las dos casas propiedad de la hermandad. Otros irán a viviendas particulares. Casi 30 tractores están listos para conducir las carretas repletas de peregrinos. A la presidenta le llama la atención que «Madrid, a tantos kilómetros de Almonte, lleve tanta gente en el camino».

Manuel Amores es el vicepresidente de la hermandad. Forma parte de ella desde el 64. Sus orígenes andaluces -su madre es sevillana de nacimiento y su padre, de adopción- han dejado una profunda huella en él. Procura acudir todos los años a Almonte, siempre acompañando a su hermandad. Esta vez la salida oficial se hará el sábado 30 de abril por la mañana, dos semanas antes de la romería. Desde la sede parroquial de la asociación, en la Iglesia San Millán y Cayetano de la calle Embajadores, parte la carreta rumbo a la Casa de Campo. Cerrejón asegura que «la salida que se hace es digna de ver. La carreta tirada por bueyes recorre el Madrid castizo, dando lugar a un espectáculo muy significativo y vistoso». Aunque, sin duda, su momento favorito de la ruta se produce cuando la carreta pasa por la colegiata de San Isisdro, donde se le hace una petalada (lluvia de pétalos). «Es digno de ver», concluye la presidenta.

Altar que hay en la sede de la Hermandad del Rocío de Madrid / M.J.

Altar que hay en la sede de la Hermandad del Rocío de Madrid / M.J.

Si embargo, la hermandad siempre está viva, sea o no época de romería. Actos sociales y religiosos se mezclan con actividades musicales. Tiene su propio coro rociero. Nacido en 1980 cuenta con 23 voces que, tras un periodo de prueba de tres meses, cantan en los actos de la asociación. Además, también hay una escuela de tamborileros con «niños de seis, ocho, diez años, que vienen a aprender a tocar el tambor y la flauta. Son los futuros rocieros», afirma Cerrejón.

Pero esta no es la única hermandad del Rocío, aunque sí la primera, que tiene su origen fuera de Andalucía. El fenómeno se va extendiendo, va calando poco a poco. En la Comunidad de Madrid, reconocidas por la Hermandad matriz de Almonte, están Pozuelo de Alarcón, Alcalá de Henares y Torrejón de Ardoz (estas dos últimas amadrinadas por la de Madrid). También hay más aunque aún no están reconocidas de manera oficial.

Más allá de Andalucía

Al contrario de lo que se pueda pensar en un principio, la devoción a la Virgen del Rocío también juega un papel importante en el extranjero. La hermandad de Bruselas, amadrinada por la madrileña, es ya una  filial más que cada año emprende su camino hacía la provincia de Huelva para rendirle culto a la Blanca Paloma. «Hay asociaciones en Australia, Brasil, dos en Argentina… pero ninguna de ellas han pasado aún el visto bueno de Almonte», añade Amores.

La mezcla de culturas también ha llegado a la Hermandad de Madrid. Hay 1400 hermanos y, aunque el 80% sea de la Comunidad de Madrid, hay gente que procede de otras zonas de España o de lugares aún más lejanos. «Tenemos un matrimonio que viene año tras año desde Francia. Conocieron la hermandad cuando estuvieron en Madrid, captó su atención e internet hizo el resto. Ya llevan diez años metidos de lleno en todo esto. Siempre se toman sus 15 días de vacaciones para poder asistir», afirma el vicepresidente de la asociación. Y esta pareja francesa no es la única que se ha dejado atrapar por el fervor rociero. En los primeros años había un escocés entre los peregrinos madrileños. Más tarde, llegó un holandés… Y es que hay tradiciones capaces de conquistar a cualquiera.

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Texto por: María Jesús Guzmán García

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