Madrid se mueve al ritmo de la música electrónica


Conoce los locales más míticos de la noche madrileña en el pasado, y su presente de la mano del dj José Nández

Nandez Kapitalll

Autores: Álvaro Gª Colmenero / José Luis Espinosa

Muchos son los jóvenes que sueñan con ser disc jockeys profesionales. Quieren experimentar la adrenalina que supone ver al público completamente entregado a su trabajo. Esto es el sueño de los que quieren llegar a lo más alto, y la realidad de los djs consagrados a los que pretenden emular. Y es que desde finales de los años 80, la banda sonora de las fiestas madrileñas está compuesta por los sonidos más eléctricos del espectro musical.

Un ejemplo de éxito en este sector es José Nández, dj profesional desde los 17 años, que lleva más de una década haciendo bailar con sus manos a miles de personas tanto en Madrid como fuera de la capital. Un fabricante de diversión y sonrisas al compás de la música. Nández es el pinchadiscos residente de una de las salas más conocidas de España: Kapital. Pero llegar hasta ahí no es un camino fácil. «He tenido que sacrificar muchas horas de estar con mi familia y mis amigos. Son muchos viajes, muchas horas perdidas en aeropuertos, pero cuando ves bailar a la gente ahí abajo todos estos momentos quedan más que recompensados».

El mundo de la noche siempre ha sido muy controvertido, y en esta profesión ni todos llegan ni muchos de los que llegan se mantienen. «El mundo de la música electrónica es muy bonito, pero es muy fácil perderse. Te puedes contagiar de muchas cosas, como la fama, y puedes “morir de gloria”». Nández imparte clases en su estudio a los chicos que viven con pasión este mundo, les enseña a «pinchar» y a «moverse en el mundo de la noche». Si algún consejo tiene Nández para las nuevas generaciones es «que sean honestos y legales con ellos mismos, que trabajen muy duro y sean constantes» porque «esto no es una moda, es un modo de vida». Las redes sociales tienen mucho impacto a la hora de cazar nuevos talentos mezclando sonidos, «son un altavoz muy grande para que los chavales hagan públicos sus trabajos».

Según este dj madrileño, el panorama musical en Madrid «goza de buena salud». Pese a que años atrás «tuvo un bajón», la música electrónica cada vez tiene más adeptos, aunque según Nández «falta ayuda del Estado para poder hacer cosas más grandes», y pone como referencia a Berlín, que «es la ciudad por excelencia de la música electrónica». En cuanto a los estilos sonoros que más éxito tienen están «el techno», una fusión sonidos de distintas corrientes de música basada en el uso del sintetizador; «el deep house» y «el tech house», ambos son variantes del house, un género puramente electrónico que recibe influencias de la música disco, el soul y el funk. La noche madrileña está bien repartida. Las sesiones que más personas reciben son las del jueves, viernes y sábado. Fabrik, Kapital, Maxim o Cocó son algunas de las salas que más afluencia de «bailadores» reciben.

Aunque Madrid esté viviendo «una segunda juventud» en cuanto a la vida nocturna relacionada con la música electrónica, desde los años 80 miles de jóvenes salen a «quemar» las suelas de sus zapatillas y a «partir» la noche madrileña.

La catedral donde empezó todo

Aunque la música electrónica como tal se escuchase en la capital algunos años antes y en estilos diferentes, es en 1987 cuando empezó a sonar con fuerza un estilo musical que procedía del Levante español y que, popularmente, se conoce como «La ruta del bakalao». Ese año abrió sus puertas Attica, más conocida como «La catedral». Un edificio blanco de dos plantas situado en el kilómetro 15 de la carretera de Barcelona (a 500 metros del término municipal de Coslada). Dentro de sus muros se empezó a gestar el mito de la electrónica en Madrid. Los vertiginosos láseres y un incipiente «megatrón» –ese humo que sale por los cañones que tienen las discotecas en el techo cuando el llega el momento de más «tralla»– fueron testigos de las fiestas más brutales que vivió Madrid hasta que echó el cierre en 1995.

María del Carmen tenía diecisiete años cuando la «Ruta Destroy», la versión madrileña de «La ruta del Bakalao», alcanzaba su máximo esplendor. Fue un 11 de febrero de 1994 cuando abriría sus puertas The Omen (Fernández de los Ríos, 59), otro de los clásicos que con sólo pronunciar su nombre eriza el vello de quienes allí estuvieron. Fueron los dj´s Oscar Mulero e Ike los encargados de hacer saltar a los fieles de la noche madrileña con un proyecto musical a la altura de los mejores clubs de Europa. «La música era muy agresiva, pero había muy buen ambiente. Aunque sólo estuviera abierto un año, The Omen marcó una época. Además, el láser era brutal, a veces parecía que dibujaba siluetas de personas…era como estar en otro mundo», reconoce María del Carmen.

Muchas son las discotecas que fueron lugares de culto a la música electrónica en la última década del siglo pasado en Madrid. Aunque algunas abrieron sus puertas a decenas de kilómetros de la capital, la distancia no evitó el cartel de «aforo completo» noche tras noche. Entre las más míticas se encuentran Radikal, que tuvo una primera época en Alcalá de Henares durante los 90; Vanvas, en Villalba, donde Dj Pepo –uno de los más famosos del panorama nacional–, conseguía «petar una sala muy pequeña y con la música tan alta que cuando salíamos estábamos horas hablando a gritos» cuenta María del Carmen; también triunfó durante mucho tiempo la sala Paranoia, que aunque estaba en el Tiemblo, Ávila, se llenaba de madrileños porque «estaba abierto día y noche, allí la fiesta nunca paraba».

El motivo de que muchas discotecas estuvieran poco tiempo abiertas, fue el consumo de drogas: el estigma del que no consigue librarse el ambiente que rodea a la música electrónica. En este sentido, María del Carmen cuenta que es verdad que se consumía mucho, pero explica que «el ambiente era muy diferente al de ahora. Antes no se veía tanto mal rollo ni tantas peleas, si la gente te empujaba porque estaban bailando, le pedías perdón y seguías a lo tuyo». Comenzaron a usarse drogas de diseño como la mezcalina sintética, unas píldoras verdes que a la postre fueron la imagen de otro de los «garitos más míticos de Madrid»: el Speka.

Estas son algunas de las mejores discotecas de aquella primera etapa de la electrónica más dura en Madrid, aunque en la «Ruta Destroy» también despuntaron locales como Overdrive, Saratoga, OhMadrid, Voltereta, Bachata o Epsilon; los sitios donde los mejores Dj´s como Óscar Mulero, Pepo, Cristian Varela o Abel Ramos animaron la noche madrileña con los mejores temas de la época. Muchos de los que vivieron aquellas jornadas de fiesta frenética no podrán olvidar nunca canciones como Kubiko, Smile, Poem Without Words, No hagas el indio haz el Cherooke o Streamline; ni los años en los que este estilo musical –conocido como «makina»–, daba sus últimos coletazos. Éxitos como la versión –de Ororo– del tema de los Cramberries Zombie o el archiconocido y bailado Flying Free, himno del séptimo aniversario de la que es considerada una de las mejores discotecas de España: el Pont Aeri.

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