La unión Madrid-Almendralejo a través de Carolina Coronado


Pese a haber más de 300km de distancia, estas dos ciudades parecen estar más cerca que nunca. ¿Las culpables? Una poetisa del siglo XIX y una joven periodista

coronado

Seguramente ni un solo día de su vida, Carolina Coronado, una poetisa romántica del siglo XIX, pensó que podría haber una unión entre su ciudad natal, Almendralejo, y la ciudad donde creció personal y profesionalmente. Ni siquiera yo algún día lo pensé, al menos hasta que no vi que el nombre de la calle donde iba a vivir en Madrid llevaba su nombre, en el barrio de Quintana. Era como estar en casa, aun habiendo más de trescientos kilómetros de por medio. Me sentía en Extremadura y eso me gustaba.

Como una persona ilusionada, llegué a Madrid para crecer y aprender. El destino, la casualidad o algún fenómeno bajo otro nombre, ha querido que la tenga presente a diario. Pocos habrán oído hablar de ella, pero yo sé que cada año acoge a miles de personas en el teatro que lleva su nombre en Almendralejo. Incluso a mí me acogió cuando era pequeña o cuando me gradué. También sé que escucha historias y anécdotas de la gente que elige la fuente, que lleva su imagen, para sentarse. Ella, Carolina Coronado, está presente en pleno centro de la ciudad, sin saber que aquí en Madrid, ella es mi centro y mi hogar.

 

Fachada e interior del teatro Carolina Coronado (Almendralejo)

Carolina Coronado fue una poetisa de ideario romántico, que impulsaba la libertad individual en cada uno de sus escritos. Con una formación autodidacta, leía a escondidas, ya que a su madre no le gustaba su inclinación por la literatura. Cuando tan solo era una niña, ya había escritores como José de Espronceda que escribieron sobre ella. Incluso muchos autores la denominaron como “el Bécquer femenino”.

Coronado contaba con un fuerte empeño personal que contrastaba con una debilitada fortaleza física, debido a ataques de catalepsia. Esto hizo que se la diera por muerta y decidió trasladarse a Madrid para demostrar que estaba más viva que nunca. A esta ciudad decía deberle más de lo que podría haberle dado.

Madrid aguarda tu triunfal salida
para cubrir de flores tu carrera
como si el pueblo por la vez primera
celebrara en España tu venida;
la fiesta a que gozoso te convida,
cual si de nuevo a coronarte fuera,
tiene un placer que hoy halla repetido
la Reina que dos veces ha nacido.

Carlos quinto inmortal cuando ceñía
a sus sienes la fúlgida corona
del pueblo que adoraba a su persona
oyó el supremo canto de alegría;
mas para Ti, Isabel, es doble día
el de esta aclamación que el Pueblo entona.
Porque tú, cuando el seno te han herido,
para España dos veces has nacido.

Tú apareces al Pueblo castellano
con tu Niña tan dulce y tan hermosa,
como la luna de color de rosa
que ilumina las noches del verano;
y dejas luego de alumbrar el llano,
quedamos en tiniebla pavorosa,
pero ya con reflejo más lucido
luna nueva en el Cielo has renacido.

Ya la Virgen te aguarda en los altares,
y a la niña cubriendo con su manto
desde el Cielo confirma el nombre santo
que el Serafín celebra en sus cantares;
¡vive, Madre feliz libre de azares,
que al triunfar de la muerte, por encanto,
doble vida del Cielo ha merecido
la Reina que dos veces ha nacido!

Arrastró fuertes tensiones con las que tuvo que vivir siempre. Llevaba encima unos amuletos que hacían evidenciar lo supersticiosa que era. Encontró el amor de la mano de un americano, Horacio J. Perry, pero su vida fue un drama constante. La literatura fue para ella un oasis donde refugiarse de algunas depresiones de carácter nervioso, agravadas por la triste pérdida de dos de sus hijos.

Pese a ello, Carolina escribió constantemente, hasta en los últimos días de vida, en su casa de Lisboa. Tuvo contacto con muchos escritores de la época y publicó numerosos textos tanto en periódicos como revistas. Ya por aquella época, mediados del siglo XIX, comenzaban a verse grupos anónimos de mujeres que destacaban en la prensa escrita, entre ellas Coronado.

Sin contar con una vida ejemplar, Carolina Coronado aún permanece en la memoria de muchas personas que, como yo, puede ver como Almendralejo le sigue agradeciendo tanto a esta poetisa.

A diario cruzo los pasillos de ABC, sin saber que hasta ahí estamos unidas. Ni siquiera este periódico se olvidó de ella el día de su muerte, publicando una pieza con todo lo que había vivido, lo que dejó escrito y dejará para siempre.

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Fuente de Carolina Coronado, situada en el centro de Almendralejo. Foto: Raquel Pérez

Como alguna descripción contemporánea decía de ella, «y es que la Coronado reunía a su talento, a su discreción, la gracia de las extremeñas, que como las hijas de Almendralejo, parecen que guardan aún los encantos de las matronas romanas que seguían a los capitanes de las legiones».

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Texto por: Alejandra González

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