«El doblaje es una profesión anónima»


Lorenzo Beteta, director de la Escuela de Doblaje de Madrid, nos explica los entresijos de su profesión y el funcionamiento del centro que fundó hace tres años
Lorenzo Beteta, actor de doblaje y director de la Escuela de Doblaje de Madrid

Lorenzo Beteta, actor de doblaje y director de la Escuela de Doblaje de Madrid. Foto: J.A.

El mundo del doblaje. La interpretación a través de la voz. Pero no sólo basta con ella. El doblaje engloba muchas cosas: sincronización con la pantalla, interpretación, la respiración, buena voz etc. No todo es ponerse a hablar delante de un micrófono. En Chamberí se encuentra desde hace casi tres años la Escuela de Doblaje de Madrid, dirigida por Lorenzo Beteta. Actor de doblaje desde 1982, ha interpretado con su voz a actores de renombre como Robert Downey Jr., Owen Wilson o Mathew Fox. Lorenzo nos recibe en la misma sede de la escuela. Nos explica su funcionamiento y su pensamiento actual sobre la industria del doblaje.

La escuela surgió con la idea de promocionar nuevas voces de la manera «más profesional posible». Beteta incide en esta idea porque piensa que «es importante la experiencia para poder enseñar a los alumnos». Es por ello que entre el profesorado de la escuela hay un abanico extenso de profesionales del mundo del doblaje. Varias aulas componen el centro, con cabinas de grabación y equipamiento técnico porque «para conocer el mundo del doblaje también queremos enseñar la parte de producción», afirma Beteta.

En Madrid hay otras escuelas de doblaje, pero no todas están dirigidas por profesionales. «Sólo conozco a dos de unas 10-14 que hay. Hay muchas escuelas, no todas, donde el profesorado ha realizado un curso de doblaje y poco más. No han pisado siquiera un estudio. Tengo una opinión muy personal en ese sentido. Hay gente que da clase cuando sólo lleva seis meses doblando. No tengo nada en contra de eso, pero creo que la experiencia hace mucho», explica Beteta. De hecho, su confirmación para sacar adelante el proyecto de la escuela también tuvo su base en la cantidad de gente que le pedía una prueba de doblaje siendo director: «recibía a alumnos de muchas escuelas que me pedían una prueba. Me pasaba muchas veces que era gente que sincronizaba muy bien, pero a la hora de pedirle matices se quedaban muy fríos. No había un trabajo de interpretación».

La escuela se divide en tres niveles: iniciación, intermedio y avanzado. Cada alumno pasa a uno u otro dependiendo de su nivel, y desde el centro tratan de conseguir los resultados más óptimos posibles. Y pueden presumir de que alumnos suyos ya se dediquen profesionalmente al doblaje, como es el caso de Sandra Villa, que dio voz al personaje de «Rey», la protagonista del VII episodio de Star Wars.

Desde la escuela  también han empezado un proyecto radiofónico, Unicornio FM: un programa de radio donde sólo hablan de doblaje. Por sus micrófonos pasan profesionales que explican su experiencia, anécdotas, su visión de la profesión etc. Dan a conocer la profesión y desmitifican algunos prejuicios vertidos desde algunos sectores para defender que «el doblaje es una profesión tan digna como cualquier otra».

-Buena voz, dicción, interpretación… ¿cuántas cosas hacen falta para ser actor de doblaje?

Una básica: sensibilidad para aprender a captar las intenciones. Nosotros estamos en una profesión donde no creamos un personaje, sino que lo recreamos. Lo más importante es saber captar esas intenciones y reproducirlas. Todas las voces sirven siempre y cuando sepas reproducir las intenciones. Si sabes sincronizar de maravilla y no sabes transmitir, no sirve de nada.

-¿Puede facilitar haber estudiado arte dramático previamente?

-Facilita bastante más, porque esta profesión es 80% interpretación y 20% técnica. Con los grupos básicos hacemos mucho trabajo de interpretación antes de hacer trabajo delante de un atril. Se analizan personajes, textos para que sepan cuándo hay que dar una intención determinada según el caso.

-¿Y qué puede pensar un actor de doblaje cuando una persona dice que prefiere ver una película en Versión Original?

-Pues me parece bien. Afortunadamente la tecnología hoy en día nos permite elegir. Es tan sencillo como darle a un botón en el mando a distancia. Aumenta el abanico de opciones. Yo mismo he visto películas en versión original. Pero aun así entiendo que haya muchísima gente que no entienda el idioma en el que está hecha la película. Y no sólo lo digo por el inglés, también por las películas vietnamitas, rusas, coreanas etc. Hay quien dice: «no, es que quiero escuchar el matiz del coreano». Pero entonces no se sabe lo que están diciendo. Los subtítulos pueden ayudar, pero en un arte audiovisual como es el cine o lees subtítulos o ves la película. Te pierdes la esencia de la fotografía, detalles del momento.

Me parece que es una manera de tapar ciertos prejuicios que hay hacia el doblaje. Sobre todo esa tendencia modernista de que “hay que acabar con el doblaje”. Otros ataques vienen en referencia con el cine español. Dicen que si no hubiera doblaje la gente iría a verlo más. Pienso que el cine español se ve cuando es bueno, al igual que el americano. A nadie le ponen una pistola en la cabeza para ver una película.

-¿Puede ser una moda esta crítica hacia el doblaje?

Sí, desde hace unos años veo determinadas opiniones en los medios por parte de algunos sectores del cine español que dicen que habría que acabar con el doblaje porque es una reminiscencia franquista. Si se leyeran la historia sabrían que el doblaje empezó en la segunda República. ¿Que fue una herramienta del franquismo? Sí, como también lo fue la prensa y nadie dice que haya que acabar con ella. Tampoco ningún actor dice que haya que acabar con las traducciones de libro y que la gente sepa leer inglés o indio. En vez de querer buscar el problema que hay dentro y fuera del cine español, le echan la culpa a otro.

-Imagino que captar la sensibilidad a la que se refería antes deberá ser al momento y un hecho muy exigente.

 -Sí, claro. Es una cuestión de reflejos, tener el oído educado, saber entender las intenciones en otros idiomas. No es lo mismo decir «te quiero» en inglés que en español. Hay que tener educado el oído para saber la intención del personaje y después tener la capacidad de reproducirlo en nuestro idioma. Decir la intención tal y como la dirías en tu idioma: ese es el secreto.

-¿Qué es más exigente: ser director de doblaje o actor?

-No sabría qué decirte. Exigente es todo. Son cosas distintas y a mí me gustan las dos (se ríe). La exigencia es relativa porque me gusta lo que hago. Reconozco que soy primero actor porque me gusta más interpretar, pero también la parte de dirección me gusta mucho.

-¿Quita mucho tiempo de su vida?

-Si te van bien las cosas, sí. Es una profesión absorbente. El horario de grabación es de trece horas en total. Si coges grabaciones y llenas todos los días de la semana, acabas hecho polvo. Si diriges, es incluso más cansado porque la edición la haces fuera de ese horario. O te organizas un poco o te conviertes en un gusano de esto (se ríe). También estamos en un examen diario: si gustas, te llaman. Cada uno tiene que poner el límite y coger lo que puede; si no, es que no vives.

-Hay cierta fama de que al final todo es un coto cerrado y que siempre doblan los mismos.

-El proyecto de la escuela es algo que anula esa teoría, porque tratamos que salgan voces nuevas. Es cierto que es una profesión difícil. Es complicado hacer una interpretación natural. No es sencillo llegar a esto y a los dos meses hacer el papel de un protagonista. El doblaje es una carrera de fondo con la que poco a poco se va creciendo. El acceso es un poco una selección natural: los que entran y gustan, se quedan. Ahora cada vez hay más canales de televisión y se necesitan más voces».

-El boom de las series, que cada vez salen nuevas con mayor frecuencia, ¿cómo repercute en la industria?

Por un lado positivamente porque hay más trabajo. Pero por otro lado es negativo porque las cadenas cada vez te piden que el trabajo salga lo antes posible con el fin de evitar pirateos y que la fecha de estreno en España con en la del país de origen sea cercana. Con lo cual todo son prisas. El doblaje tiene componentes artesanales. Si tú, por ejemplo, haces una escultura bonita y tardas quince días para ello y luego te piden que la hagas en menos días pues a lo mejor no te queda tan bonita. Aquí es lo mismo».

-Por eso se necesitan más voces

Sí, porque hay más productos. Y es verdad que a veces sonamos las mismas voces en muchos productos. Hoy día el director propone un reparto pero luego es el cliente el que elige. En muchos casos consigues un papel porque te elige el cliente. Pero ahora mismo hay un volumen de trabajo suficiente como para que haya voces nuevas.

-¿Lo mejor que le puede pasar a un actor es ser protagonista de una serie?

-No. Lo mejor que le puede pasar es pasar desapercibido, que no le reconozcan (se ríe). El doblaje es una profesión anónima, y en cierto modo debe de serlo, porque al final de lo que se trata es que cuando tú vas a ver una película no estés pendiente del doblaje.

Para el orgullo personal doblar a un protagonista está muy bien, pero hay muchos actores y actrices que viven de hacer personajes secundarios o voces de reparto. Realizan muchos personajes distintos en muchas cosas distintas. Lo prefieren porque económicamente no es negativo porque cobras de varios trabajos. Como protagonista sólo cobras por ese papel.

-¿Y a un actor famoso? Imagino que al interpretar a una estrella estás deseando que salga en una película nueva para doblarle

-Sí, pero, por ejemplo, cuando Robert Downey Jr. sale en una nueva película y ésta se dobla en Barcelona, allí hay otro compañero que lo ha doblado. Depende del cliente me llaman a mí o a él. Yo no tengo actores en propiedad; si veo que otro compañero lo hace no pasa nada. El producto al final es del cliente, es él quien decide. Tenemos que ser más humilde en ese sentido.

¿Hay falta de humildad en el gremio?

Sí, sí que la hay. No te lo digo en el sentido negativo, porque un actor no puede ser humilde. El primer impulso de un actor es el elogio, el aplauso etc. Pero luego hay que tener un nivel de humildad para poner los pies en el suelo y eso se contrapone con la búsqueda del reconocimiento. Hay que ser inteligente para darse uno cuenta que no es Dios, ni el mejor, sino que hay mucha más gente. Unas veces las cosas pueden ir a mejor y otras a peor. Pero no pasa nada, hay que estar para todo.

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Texto por: Jorge Aguilar

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