«No quiero abortorios en mi barrio»


La organización pro-vida HazteOir permanece en pie de guerra contra la clínica privada que más abortos practica en España, ubicada en el barrio de Tetuán
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Un manifestante sostiene una pancarta frente a la clínica Dator / Foto: HazteOir

Por Bernardo Álvarez-Villar y Patricia García

Es el primer jueves de febrero y poco antes de las siete de la tarde, frente a la clínica Dator  —el primer centro privado autorizado para practicar abortos, en 1986— varias personas instalan un micrófono para leer reivindicaciones y dos cámaras para grabar la protesta que está a punto de empezar. Son miembros de HazteOir, una asociación civil que cuenta con 7.500 socios y cuyos valores se resumen en tres palabras según Teresa García Noblejas, jefa de prensa de la organización: «libertad, vida y familia». Las concentraciones por el cierre del abortorio tienen ya una larga historia, y no es el único frente de batalla abierto por HazteOir contra la clínica: han repartido más de 160.000 folletos informativos y una autocaravana de la organización hace rondas por el barrio alertando de lo que sucede «en el interior del siniestro edificio».

HazteOir vio la luz por primera vez en 2001, cuando un pequeño grupo de personas decidió constituir una asociación para «la defensa de la vida humana, la libertad de educación, la familia como célula básica de la sociedad y la libertad religiosa». En 2013 entraron a formar parte de CitizenGO, una plataforma ciudadana de presión pública con presencia en los cinco continentes. Aunque los miembros de HazteOir niegan ser una organización de filiación cristiana, diversos medios les califican de «ultra-católicos» por sus controvertidas posiciones «pro-vida», su apoyo al movimiento objetor contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía y sus polémicos actos con terapeutas que afirman poder «sanar» la homosexualidad. Hace apenas dos semanas, también un conocido programa de televisión —Equipo de Investigación de la Sexta— hizo un reportaje sobre una sociedad secreta llamada «El Yunque» que presuntamente estaría detrás de HazteOir. Una atribución que la organización asegura ser «completamente falsa».

El presidente de HazteOir, Ignacio Arsuaga, interviene durante la protesta

El presidente de HazteOir, Ignacio Arsuaga, interviene durante la protesta / Foto: HazteOir

«Un rosario por los niños no nacidos»

En la última concentración, unas 30 personas acuden a la llamada de la asociación. Portan una vela cada uno y carteles en los que se leen lemas como «No a la pena de muerte» o «No quiero abortorios en mi barrio». No se aplauden ni se corean consignas. Entre UIP y policías locales, en total nueve agentes custodian la puerta de la clínica. «Sois un poco coñazo ya con tanto pro-vida», dice el cliente de un bar frente a la Dator casi al tiempo que toma la palabra Ignacio Arsuaga, presidente de HazteOir. «Denunciamos que en la Dator se acaba con la vida de cientos de niños y estamos aquí para que se cierre definitivamente», sentencia Arsuaga. «El aborto no es un derecho, sino un asesinato», continúa. Después, otros miembros de la asociación leen textos en los que se describe minuciosamente el proceso que se sigue para practicar un aborto sin ahorrar en detalles escabrosos. Exponen la evolución del feto durante la gestación, su tamaño, los órganos que van surgiendo.

Entre los testimonios, el del médico estadounidense Bernard Nathanson, conocido como «rey del aborto» por haber dirigido 75.000 intervenciones antes de convertirse en activista por el derecho a la vida y por las mujeres arrepentidas de haber abortado. Textos plagados de referencias al «perdón de Dios», el «pecado»… Al acabar, los asistentes rezan un rosario  por «los niños no nacidos, sus madres y familias».

Un grupo de miembros de HazteOir se manifiesta contra la clínica Dator / Foto: HazteOir

Un grupo de miembros de HazteOir se manifiesta contra la clínica Dator / Foto: HazteOir

Las clínicas se defienden

La clínica Dator, en concurso de acreedores desde mayo de 2015, no ha querido hacer declaraciones sobre la campaña que HazteOir ha iniciado en su contra. No obstante, existen otros centros abortivos agrupados en la Asociación de Clínicas de Interrupción Voluntaria del Embarazo (ACAI), que también han sufrido presiones por parte de la organización. «La clínica que más ataques sufre es Dator», según fuentes de ACAI, que aseguran que «en Madrid el panorama ahora está bastante estable». No sucede lo mismo en otras ciudades españolas como Valencia, Almería o Málaga, donde este año, miembros de la organización pro-vida han llegado a asaltar a empleados de las clínicas «incluso en un supermercado y en presencia de menores».

Otras fuentes de la misma asociación de clínicas han explicado a este medio que las denuncias presentadas contra HazteOir «no han servido de nada hasta el momento», ya que las manifestaciones están permitidas porque se llevan a cabo en lugares públicos y «conocen las artimañas para bordear la ley». ACAI denuncia que pintadas, cristales rotos e insultos de «asesinos» a los trabajadores —también contra las mujeres que salen y entran de las clínicas— son las consecuencias de la guerra declarada por HazteOir a los centros de interrupción del embarazo.

19.000 abortos menos

Los datos del Ministerio de Sanidad arrojan una tendencia a la baja del número de abortos en España: desde 2010, año en que entró en vigor la ley del aborto con el gobierno socialista de Zapatero, hasta el año 2015 —según los últimos datos registrados—, han abortado en España 19.000 mujeres menos. En las clínicas privadas se practican el 88% de las interrupciones del embarazo. Estos centros han de presentar una acreditación y trabajar en constante coordinación con los servicios públicos que garantizan el buen ejercicio de la prestación.

El amparo de la ley y el descenso del número de abortos no han hecho cesar a las organizaciones pro-vida en su protesta. Desde ACAI tratan ahora de hacer frente a esta situación de desprotección poniéndose «en contacto con otras organizaciones de mujeres» con las que planean poner en marcha contramanifestaciones: «El ataque no va a parar nunca, pero no podemos callarnos».

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