«Mujeres al borde de un ataque de medios»: la ponencia más reivindicativa


Javier Gallego, presentador de «Carne Cruda», convierte el XVIII Congreso de Periodismo Digital de Huesca en un programa radiofónico que reclama la igualdad de género

mujeres

Por Patricia García y Marcelino Abad

Si eres mujer tienes que hablar el doble de alto que los hombres para que te escuchen la mitad. Si eres mujer estás condenada a realizar el mismo trabajo que los hombres para cobrar menos. Si eres mujer tienes que soportar que antepongan tu físico a tu valía. Si eres mujer sabrás lo que todo esto significa. Y si eres hombre también, porque la complicidad te hace responsable.

Con este mensaje Javier Gallego, director del programa radiofónico Carne Cruda, cerró la ponencia Mujeres al borde de un ataque de medios en el XVIII Congreso de Periodismo Digital de Huesca. Siete voces femeninas ilustraron sobre el escenario del auditorio municipal la odisea que vive una mujer a pie de calle, solo por el hecho de ser mujer: Ana Pardo de Vera, directora del diario Público; Luna de Miguel, periodista de PlayGround; Marcela Ospina, responsable de Oxfam Intermón; Ana Requena, redactora de eldiario.es; Magda Bandera, directora de La Marea; Catalina Ruiz Navarro, artista, filósofa y escritora; y Luciana Peker, escritora.

«Espero que no esté muy ocupada odiando a hombres», espeta Gallego nada más descolgarle el teléfono a Barbijaputa, «una feminazi consagrada». El locutor se rinde a la ironía para pedirle a la columnista de eldiario.es algunos consejos que le despojen de las costumbres propias de un «machirulo». Las demás ponentes no tardaron en tomarle el testigo y abrir el debate.

Cuál es la situación de la mujer en Latinoamérica

La periodista argentina Luciana Peker explicó el origen de «Ni una menos», uno de los lemas contra la violencia de género que superó las fronteras del país andino y «se extendió como un terremoto por todo el mundo». El grito en Argentina es un movimiento organizado, una respuesta que estuvo invisibilizada en los medios de comunicación hasta 2015. «No todas las mujeres somos iguales, ni pensamos lo mismo, ni sufrimos igual. Pero a todas nos matan por ser mujeres», dice la periodista. Catalina Ruiz Navarro comparte el discurso de su compatriota: «La revolución de las mujeres no es solo una píldora».

Ruiz Navarro fundó su programa radiofónico sobre la base de la cultura pop, «un lenguaje que a nuestra generación le es natural». A través de la música y la tertulia combate la discriminación y la violencia contra la mujer. «Se trata de coger a esos machos que nos producen tanto miedo y desarmarlos con humor». El espacio sirve a muchas de sus oyentes para empoderarse y  desmontar los argumentos machistas que imperan en la sociedad.

Luciana Peker lamenta que cuando se habla de feminismo «hay que ir pisando huevos» para no herir sensibilidades. Por eso reclama que se recurra a términos como feminicidio «para hablar de los asesinatos machistas», hasta hace poco llamados crímenes pasionales. «La muerte y la pasión no tienen nada que ver», sentencia.

Visibilizar lo invisible

«A las mujeres las asesinan, las matan, pero no mueren», puntualiza Magda Bandera, directora de La Marea, al explicar las deficiencias en las que incurren los periodistas al informar sobre las noticias relacionadas con la violencia de género. Atribuye estas carencias a la falta de expertos en los medios de comunicación.

Pardo de Vera cuenta el difícil camino que tuvo que recorrer hasta llegar a dirigir el diario digital Público, así como el trato vejatorio que ha sufrido en numerosas ocasiones a lo largo de su carrera profesional. «Desde que me dijeran qué ropa tenía que ponerme para hacer una entrevista hasta que me sugiriesen que me ligara a determinados políticos para que me concedieran determinadas informaciones», explica.

Pero no sólo ella, Ana Requena, Marcela Ospina y Luna de Miguel respaldaron su testimonio. Todas pusieron de manifiesto la cosificación de la mujer, no sólo como objeto de deseo sexual, sino también como la eterna relegada a los últimos peldaños del escalafón laboral. «En esta sociedad lo mejor a lo que podemos aspirar es a ser adjuntas o vicepresidentas. En definitiva, puestos de segundo nivel».

En nuestro país, la violencia de género ha acabado con la vida de casi 900 mujeres desde el año 2003 -el primero en que se comenzaron a computar estos crímenes-. Tan solo en el primer trimestre de 2017 el número de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas asciende a 16. Estos datos, recogidos por el Ministerio de Sanidad, invitan a la reflexión:

«La revolución feminista no es solo una píldora…»

 

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