Chamartín: riqueza en estupefacientes


Chamartín es uno de los distritos madrileños donde más abunda el tráfico y el consumo de drogas

 

Joven fumando un porro de hachís. Foto: Mario López

Joven fumando un porro de hachís. Foto: Mario López

Cuando la gente escucha la palabra «droga» automáticamente piensa en barrios pobres y marginales. Pero nada más lejos de la realidad. Chamartín, uno de los distritos con mayor renta per cápita de la capital según el Ayuntamiento de Madrid, es una de las mejores zonas donde comprar todo tipo de estupefacientes.

Así lo confirma Javier, un joven de 22 años del barrio de Pinar de Chamartín que consume hachís con regularidad. Tiene un vendedor o «camello» habitual de la zona al que le suele comprar ocho gramos de hachís a la semana, unos 40 euros. Javier compra hachís o «polen» en lugar de marihuana porque es mucho más barato y hay más abundancia. Aunque también sabe quién vende marihuana. En caso de que no pueda quedar con su habitual camello, conoce a más personas del barrio a los que puede acudir para comprar hachís. También reconoce que sabe de más gente a los que comprar en la zona de Chamartín, sobre todo en Manoteras. Javier afirma que allí los que venden el hachís son personas de etnia gitana que aparcan sus furgonetas en determinadas calles y a los que se puede ir a comprar a cualquier hora del día.

Javier haciéndose un porro. Autor: Mario López

Javier quemando una china de hachís. Foto: Mario López

Dejando a un lado el tema del hachís, le preguntamos a Javier si conoce a gente que venda drogas como cocaína. Él no consume cocaína y su camello no vende ese tipo de sustancias, pero sí sabe a quien podría comprársela. Sobre todo los viernes y los sábados por la noche, cuando la gente hace botellón antes de ir a la discoteca Macumba, abierta de nuevo recientemente tras permanecer cerrada varios años. El parking de esta discoteca de la estación de Chamartín se ha convertido de nuevo en un punto caliente para los vendedores de droga. A pesar de la fuerte presencia policial, los camellos saben apañárselas para vender los estupefacientes sin ser detectados. El bullicio de la gente haciendo botellón y la oscuridad de la noche hacen que el menudeo de droga pase desapercibido.

EN MANOTERAS, LOS QUE VENDEN EL HACHÍS SON PERSONAS DE ETNIA GITANA

Tras nuestro encuentro con Javier, conseguimos contactar con Carlos. Tiene 30 años y vende hachís y marihuana en el parque de Duque de Pastrana, a dos pasos del colegio Nuestra Señora del Recuerdo. También vende a gente en su casa, algo que considera más seguro debido a las constantes apariciones de la policía en el parque que frecuenta. Vive únicamente de la venta de estos estupefacientes. No trabaja pero gana mucho dinero. Afirma que semanalmente suele ganar unos 300 euros y que en alguna semana «productiva» ha llegado a conseguir 1.000 euros. Los días de más actividad son los viernes, ya que los fines de semana es cuando la gente tiene más tiempo para el ocio. Vende a gente de todas las edades, desde chavales de 15 años a personas de 40 años. Tiene dos teléfonos, uno personal y otro únicamente para atender las llamadas de sus compradores.

Carlos consigue su mercancía a través de una persona que vive fuera del distrito de Chamartín. Un marroquí con el que se ve aproximadamente cada dos meses, cuando vende todo lo que tiene, y que le da nuevo material para distribuir. En cambio, la marihuana la consigue mediante otro español que vive en la Sierra de Madrid. Carlos no vende cocaína, pero sabe perfectamente cómo conseguirla porque además afirma que consume algunos fines de semana con sus amigos. No hay tantos vendedores de cocaína como de cannabis, pero eso no es ningún impedimento para comprarla. Carlos opina que cualquier persona que vende porros sabe perfectamente quien vende otras drogas como la cocaína. En el mundo de las drogas está todo relacionado, concluye.

Placa de hachís. Autor: Mario López

Placa de hachís. Foto: Mario López

La policía le ha pillado en un par de ocasiones con hachís encima, pero al requisarle poca cantidad le han denunciado únicamente por tenencia y no por tráfico, por lo que la multa es mucho menor y no consta como antecedente penal. Carlos sale de casa con varias fichas de 10 y 20 euros de hachís a la calle y raro es el día que no venda todo. Al llegar al parque esconde el hachís en lugares donde a la policía no se le ocurre mirar. En cambio, la marihuana la vende únicamente en su apartamento debido al fuerte olor que desprende y que es menos consumida que el hachís.

CARLOS HA LLEGADO A GANAR 1.000 EUROS EN UNA SEMANA «PRODUCTIVA»

En la otra cara de la moneda, las personas que más sufren con el tráfico de estupefacientes son los vecinos de Chamartín. Carmen es madre de dos hijos y vecina del barrio de Manoteras. Está cansada de pasear con sus hijos por los parques de su vecindario y sólo ver a gente fumando porros. No entiende cómo la policía sabiendo la cantidad de gente que hay drogándose por la zona no hacen redadas todos los días. Por otro lado, comprende que haya gente que se dedique a la venta de drogas por el gran dinero que genera y por la falta de trabajo. Carmen sabe que es muy difícil que el tráfico de drogas tenga solución porque mientras haya mucha gente que lo demande siempre habrá alguien que lo venda.

Según el Informe Europeo sobre Drogas de 2017, la cocaína y el cannabis son las drogas estimulantes más consumidas en Europa. España es el segundo país europeo con mayor consumo de cocaína y el cuarto en cannabis y sus derivados, principalmente el hachís. Según este estudio, más de 15 millones de europeos de entre 15 y 64 años han consumido algún estupefaciente en algún momento de su vida. España sirve como puerto de entrada a Europa de estos dos tipos de drogas. Por el oeste de la Península entra la cocaína, proveniente de países como Colombia y República Dominicana. Mientras que el hachís, procedente de Marruecos, accede por las costas de Andalucía. Teniendo en cuenta estos datos, es lógico que nuestro país se encuentre entre los principales consumidores de droga de Europa.

Con el fin de proteger la identidad de las personas que aparecen en este reportaje, se han utilizado nombres ficticios.

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Texto por: Mario López

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