La Moraleja intentó antes lo que no ha conseguido Cataluña


La urbanización madrileña comenzó un movimiento segregacionista en busca de la independencia del Ayuntamiento de Alcobendas
Entrada a la urbanización La Moraleja. Foto: José Ramón Landra

Entrada a la urbanización La Moraleja. Foto: José Ramón Landra

El último equipo de gobierno calificó de injusta e insolidaria la pretensión de ser independientes. Las inquietudes secesionistas no encontraron un eco positivo entre las autoridades del territorio al que todavía pertenecen. Estos titulares no aluden al conflicto catalán que actualmente colma los medios de comunicación, sino al particular levantamiento independentista que vivió Madrid a finales de los 80.

En 1989, la urbanización madrileña de La Moraleja, junto a El Soto y El Encinar de los Reyes, vio nacer un movimiento segregacionista con la intención de independizarse de Alcobendas, municipio al que pertenecía. Fundamentado en que el elevado pago de impuestos que asumía la comunidad no correspondía con los servicios recibidos, comenzó un proceso de independencia. Finalmente resultó fallido, pero tuvo un consolidado apoyo y recorrido.

El caso en el que una región con mayor poder monetario busque la separación de otra más pobre no es aislado. La alemana Baviera, Flandes en Bélgica o la histórica independencia truncada de la región de Padania en Italia son ejemplos de intentos similares al vivido en la urbanización de la capital. Gabriel del Valle, que asumió el mando de la gestora pro segregación, comentó en enero de 1989 al diario ABC que lo que unía a los vecinos de La Moraleja no era un sentimiento de tradición. «Aquí nadie se ha instalado por las raíces que años atrás echaron sus antepasados, nos movió un intento de rodearnos de un entorno eminentemente verde y por ello queremos ser nosotros mismos los que velemos por su protección». Por aquel entonces las urbanizaciones apenas tenían 30 años.

Doble página de la edición de ABC del 9/7/89, con testimonios de vecinos de La Moraleja a favor de la segregación

Doble página de la edición de ABC del 9/7/89, con testimonios de vecinos de La Moraleja a favor de la segregación

El descontento de los ciudadanos con el Ayuntamiento de Alcobendas era general. Los residentes de La Moraleja pagaban unos impuestos más elevados que los de los habitantes del centro de la ciudad y argumentaban que no veían que estos se tradujeran en servicios para su entorno. Gabriel Gil Álvarez, residente de la urbanización a finales de los años 80, explicaba en ABC que debían asumir ciertas prestaciones por su cuenta. «Estamos pagando dos veces los servicios, una al Ayuntamiento de Alcobendas y otra a través de la entidad de conservación, para mantener zonas verdes, alcantarillado, luz y absolutamente todo».

Otro de los determinantes que fomentaron este movimiento era la falta de un servicio de transporte público que permitiera una buena comunicación con el centro. «Un ejemplo claro es el de los autobuses – explicaba Francisco Simoes, vecino de la urbanización –. Los horarios del servicio de la línea entre Alcobendas y La Moraleja son vergonzosos, escasos y absurdos, pues a partir de las once de la mañana ya es difícil coger uno».

Un alcalde segregacionista

Para alcanzar la independencia se creó una gestora que elaboró un detallado informe sobre el coste económico y las características que tendría la nueva población independiente en caso de que el proyecto llegara a buen puerto. Para hacer efectiva la separación, la gestora debía reunir al menos 5.500 firmas de los residentes de La Moraleja. La administración segregacionista proyectó recoger al menos 8.000 firmas, pero finalmente solo reunió 4.380, de las cuales el Ayuntamiento validó 3.226.

La curiosidad reside en que incluida en esas firmas se encuentra la de Ignacio García de Vinuesa, actual alcalde de Alcobendas y residente de La Moraleja. Rebeca Arroyo, escritora del capítulo dedicado al movimiento independentista de La Moraleja en el libro Micronacionalismos, explicó en una entrevista que el alcalde le quitó importancia al movimiento, argumentando que nunca pensó que fuese a prosperar y que el objetivo era dar una llamada de atención al gobierno local.

«Se atienden todas las calles de La Moraleja a tope»

La situación hoy en día es radicalmente distinta. «Hay una colaboración muy intensa con el ayuntamiento, se asfalta, se alumbra y se proporciona agua de riego», comenta José Miguel Fernández, gerente de la entidad de conservación El Soto de la Moraleja. «La palabra abandono ya está fuera del tablero, ese sentimiento ha desaparecido», apunta.

Mapa del municipio de Alcobendas, con la zona de La Moraleja indicada

Mapa del municipio de Alcobendas, con la zona de La Moraleja indicada

Mari Paz, vecina del Soto de la Moraleja, opina que el Ayuntamiento no tiene la zona olvidada y explica que las personas que eligen mudarse allí son conscientes de que viven en una urbanización y no en el centro de la ciudad. Esta es la razón por la que carecen de algunos servicios y de un abultado entramado de comercios. En paralelo, la residente destaca la mejora de los servicios de transporte dentro de la urbanización. Actualmente siete líneas urbanas y siete interurbanas trazan un recorrido que incluye el territorio de las urbanizaciones. También, desde el año 2007 cuentan con una parada de metro.

Por su parte, Fernández insiste en la colaboración del Ayuntamiento con las urbanizaciones. «Se atienden todas las calles de La Moraleja a tope. El incremento de las ayudas y la colaboración se da de forma paulatina» indica. Asimismo, Mari Paz explica que las quejas que puedan tener los vecinos de las urbanizaciones no son graves. «Hay días que a las 11 de la mañana no han pasado todavía los cubos de basura, pero esto también puede pasar en el centro de Alcobendas», concluye.

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Texto por: María Alcaraz

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