«Rápidas y discretas», así son las nuevas máquinas expendedoras de objetos sexuales


El sexo vende. El autoservicio se ha ramificado y el mundo de la sensualidad no es la excepción. Juguetes y lencería al alcance de la mano en estructuras portátiles

Autores: Francisco Valente y Gabriela Ponte

La gasolinera Repsol, situada en la calle Arturo Soria con José del Hierro, permanece abierta las 24 horas. Parece ser un lugar idóneo para instalar en un rincón una máquina expendedoras de objetos sexuales. La estructura es una caja de dos metros cuadrados de color negra y en uno de sus laterales se puede leer Private Shop 24. Una cortina oscura en la puerta impide la visión hacia la parte interna de la cabina de los curiosos que rellenan los depósitos de sus coches.

Álvaro Serrano aparca unos metros antes del expendedor. «Solo serán unos minutos», le dice a su mujer que espera en el auto. Serrano lleva en mano su DNI y la tarjeta de crédito. El cristal opaco de la máquina se aclara una vez que el lector identifica la mayoría de edad en el documento de identidad. En su interior, cuatro estantes sostienen una gran cantidad de objetos sexuales, mientras la pantalla indica los juguetes que están agotados, incluso muestra fotos y vídeos de cómo usarlos.

Private shop en la gasolinera Repsol. Foto: GP

Private shop en la gasolinera Repsol. Foto: GP

«Rápido y discreto. ¡No pido más!», comenta el hombre de 32 años sobre la compra de un masturbador mini-súperpotente. 63,25 euros y quedó agotado. Sus clientes señalan que se puede encontrar lo mismo que en un sex shop tradicional. Sin embargo, la variedad de los productos sigue siendo un potencial diferenciador entre ambos negocios.

Ana C., que trabaja en la tienda de comida y bebidas de la estación de servicio, explica que «hombres y mujeres utilizan la máquina expendedora por igual y que el tabú de comprar objetos sexuales ya no existe». Entre risas, asegura que adquirir condones de sabores o lubricantes de frío o calor es «exactamente lo mismo que comprar una chocolatina o un refresco».

Otro caso similar es el del Sex machine de la calle Fundadores en Fuente del Berro. Su posición estratégica responde a su cercanía con la discoteca Jetset Night Club, situada justo enfrente. En redes sociales los usuarios califican el lugar de «inseguro» y «nada recomendable». El dispensador de los labios rojos ofrece objetos sexuales desde 12 euros, como lubricantes, cápsulas para aumentar la lívido o vigorizantes sexuales, hasta vibradores de orgasmos múltiples o juguetes de vagina por 80 y 90 euros, respectivamente.

Sex machine en el barrio Fuente del Berro. Foto: GP

Sex machine en el barrio Fuente del Berro. Foto: GP

Belén Gutiérrez, de 25 años, vive en la zona. Un día, mientras caminaba a casa, decidió entrar al autoservicio del placer. Para su sorpresa, los objetos más costosos eran los que estaban agotados y recuerda con fascinación las bolsas blancas sin logotipo que le permiten al cliente ocultar su compra del resto de las personas en la calle. El negocio premia la fidelidad de los consumidores con una tarjeta que se adquiere por 7 euros y ofrece un 10% de descuento en las próximas operaciones. También se ofrece la posibilidad de devolver el producto durante las 48 horas siguientes. La manera en que los usuarios consiguen la devolución es por medio de una clave suministrada por teléfono, que sirve para abrir la caja fuerte que se encuentra dentro del lugar. En ella se debe depositar el objeto y en un plazo de 24 horas se reintegra el dinero a la cuenta bancaria.

Hace seis meses que aparecieron este tipo de máquinas. En Internet se localizan en apenas tres lugares en toda la capital, los dos referidas anteriormente y otro en el barrio de Malasaña, llamada Dirty Luxury Shop.

Sexo automático

El sexo vende. Y las modalidades de venta están a la orden del día cualquiera sea el sector. El vending o sistema de comercial por máquinas expendedoras surgió a finales del siglo XIX y se ha ido desarrollando acorde a los cambios sociales en las formas de consumo y a la evolución tecnológica. En principio fueron postales y chicles; después, tabaco, refrescos, alimentos y preservativos; hoy se pueden encontrar productos eróticos como juguetes, aceites, lencería, o vibradores, en Sex shops automáticos de última generación en el espacio público.

El autoservicio se ha ramificado y los objetos sexuales no son la excepción. Las nuevas máquinas expendedoras son casetas corporativas diseñados con los últimos avances tecnológicos sobre todo en materia de seguridad. Las empresas que ofrecen las estructuras para montar los sex shops automáticos se centran en destacar cuestiones como los cristales de seguridad, los sistemas de pago antivandálico, cierres codificados blindados, iluminación con LED de bajo consumo y cierres de seguridad motorizados antirrobo, entre otras cosas. Sin embargo, se han dado casos de robos.

Por un lado, el mundo del vending sexual apela a los emprendedores haciendo hincapié en la posibilidad de crecimiento rápido y a la ampliación de los puntos de venta. Pueden ser instalados en cualquier lugar, al aire libre, en terreno público, estaciones de servicio, quioscos, campings, complejos turísticos, aeropuertos. Por otro, se presenta ante los consumidores de artículos sexuales como una manera ágil, práctica y reservada para adquirir el producto.

Juguetes sexuales en maquinas expendedoras. Foto GP

Juguetes sexuales en máquinas expendedoras. Foto GP

Stella Maris Díaz, trabajadora de una tienda tradicional de sexo desde hace 15 años, opina que la mayoría de las veces los clientes se acercan con dudas y hacen consultas. «Tengo muchos años de experiencia, por eso con mucho tacto indago un poco para saber si la persona se está llevando el producto adecuado y, en ocasiones, resulta que el usuario no sabe muy bien lo que está comprando. Es importante la presencia de una persona que, sin entrometerse en la privacidad del otro, esté bien informada y asesore al cliente», manifiesta.

Según la encargada de Íntimo sexshop, a veces la gente busca un determinado juguete sexual que vio en una película, y a simple vista no lo encuentra. Asegura que cuando se le consulta al cliente la función del objeto que desea y no está disponible, se puede recomendar otras cosas que cumplan la misma función y así satisfacer su necesidad o fantasía. Pero en el caso del autoservicio se iría con las manos vacías. «Hay clientes pudorosos, a esos se les da su espacio; hay otros que cuentan todo. Muchas veces hablan sobre prácticas sexuales con objetos peligrosos, en esos casos se les dice cómo realizar prácticas seguras y se les advierte sobre lo inadecuado», señala Díaz.

En la misma línea, la directora y presentadora del programa radial Contigo adentro en Cadena Ser, Celia Blanco, se inclina hacia la atención y asesoramiento personalizado que brindan las tiendas convencionales. «Uno puede creer que un consolador le va a ir bien viendo su forma fálica, pero hablando con alguien que sabe puede descubrir que además le vendría mucho mejor que  fuera vibrador y curvo. Es decir, la persona que atiende el local conoce qué debe preguntar para poder asesorar convenientemente», dice la periodista.

Blanco, también colaboradora en El País con el blog Mordiscos y tacones, explica que las máquinas sexuales están bien para comprar preservativos o cosas que uno ya conoce, pero asegura que si se compran artículos más sofisticados es muy probable que se terminen utilizando de manera equivocada. «Para mí es mejor el sex shop. Creo que escucharte a tí misma hablando de sexo ayuda a conocerte mejor», expresa la comunicadora.

Objetos sexuales en sex shop. Foto: FV

Objetos sexuales en sex shop. Foto: FV

 

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