Asistente sexual: el clímax en la discapacidad


Los trabajadores cobran hasta 100 euros por darle placer a personas con diversidad funcional, intelectual o mental que encuentran estos servicios a través de una web
Personas con discapacidad disfrutan de una actividad al aire libre. FOTO ABC

Personas con discapacidad disfrutan de una actividad al aire libre. Foto: ABC

Estaba nervioso. Unos días antes una chica contactó con él por Whatsapp para tener un primer encuentro y tratar de romper el hielo. «Nes», sobrenombre que utiliza el joven para anunciarse como asistente sexual en la página web de la Organización de Asistencia Sexual (OAS), llegaba tarde esa mañana al piso de la joven en el Distrito de Salamanca. Raquel, de 37 años y cuerpo menudo, lo había citado para que la ayudara a explorar su propio cuerpo después de una larga temporada sin despertar la libido.

«Un trágico accidente de moto le quitó uno de sus brazos y le dejó el otro con movilidad reducida», narra Ernesto Borregón después de la hora y media que pasó con Raquel en privado. Ella, como otros miles de personas, convive diariamente con una discapacidad funcional y necesita obligatoriamente la ayuda de alguien para realizar todo lo que no puede por sí misma. «Comencé por un masaje en su cuerpo, después le hice caricias para que se fuera calentando. La ayudé a masturbarse porque ella no puede hacerlo», cuenta.

Perfil de "Nes" en asistenciasexual.org

Perfil de “Nes” en asistenciasexual.org

Borregón, de 28 años, vive en Fuenlabrada, una localidad al sur de Madrid. Trabaja por la tarde en un gimnasio como personal de mantenimiento; la otra parte del tiempo la dedica a asistir de forma íntima a personas con alguna discapacidad. Cobra 50 euros por cada sesión a la que asiste. «Yo pongo un precio para que, por lo menos, me cubra el gasto del traslado. No me parece bien que se cobre 100 euros la hora cuando esto no es un lujo», comenta el joven. De esta forma se gana la vida para pagar sus deudas a fin de mes.

No obstante, Cristina Rey, terapeuta psicocorporal y también miembro de esta comunidad digital, discrepa de Borregón con respecto al cobro del servicio. Para ella, los asistentes ejercen un trabajo y eso cuesta dinero. «Le estoy dedicando una energía y mi tiempo. Hay personas que lo quieren realizar como voluntariado, pero se tiene que ver desde otra perspectiva», explica. Rey contactó directamente al sitio web cuando observó una gran cantidad de anuncios que mostraban fotos sugerentes enfatizando el cuerpo del asistente. «A mí me resultaba extraño que no hubiera ningún criterio con respecto a las imágenes que se subían en la plataforma. No quería tener malentendidos», asegura.

Perfiles de los asistentes sexuales en la web

Perfiles de los asistentes sexuales en la web

Los interesados contactan con los asistentes por medio de la web de la OAS. Dentro de la descripción que se les ofrece a las personas que buscas estos servicios, «Nes» revela sus datos personales y especifica que atiende únicamente a mujeres. En sus sesiones se limita a utilizar sus manos, no mantiene sexo con la persona asistida, ni realiza «cunnilingus», una práctica que consiste en hacer sexo oral en los genitales femeninos. Este resulta ser su principal argumento para no considerar el oficio como «una forma de prostitución». En cambio, Rey se muestra como experta en «comunicación táctil y renacedora espiritual» y le es indiferente asistir tanto a hombres como a mujeres que quieren sentir placer.

El sitio digital recoge 108 perfiles que se pueden discriminar por género o geolocalización para facilitar la búsqueda. En cualquier caso, es una cifra llamativa que el 65% de los asistentes sexuales sean hombres. En Madrid solo existen 36 personas registradas, de ellas 25 son hombres y 11 mujeres.

Una web sin supervisión

El próximo 14 de febrero la plataforma digital, fundada por Antonio Centeno, cumple su primer aniversario. Centeno también es codirector de «Yes We Fuck», una organización destinada a abordar la sexualidad en personas con diversidad funcional. Él no cuenta con movilidad en sus extremidades inferiores y es manco del brazo izquierdo. De ahí radica su disposición por luchar por los derechos sexuales de las personas que como él necesitan asistencia para todas sus actividades del día a día.

Sobre los criterios que se siguen para admitir un determinado perfil explica que no existe ningún filtro porque el objetivo es «convertirlo en un movimiento» y darle mayor visibilidad a la figura. Afirma que desde hace un tiempo se han vuelto más exigentes con el tema de las fotos. «Se pide que suban fotos de las manos o del rostro. No del cuerpo», agrega. Centeno asegura que tratándose de un proyecto que llevan dos personas (el programador y él) no tiene la intención, ni los recursos económicos, para comprobar los datos que la gente proporciona. «Lo más importante era crear un espacio de comunicación entre los asistentes sexuales y los asistidos sin que interfiriera ningún intermediario», dice.

Todo lo que se anuncia en la página es responsabilidad del anunciante y no de la plataforma. Incluso, la web despliega una ventana que notifica su intención de crear una comunidad basada en la confianza mutua y que no dispone de los medios para comprobar la veracidad de la información que proporcionan las personas. «Se recomienda prudencia, cualquier dato podría ser inexacto, falso o incluso malicioso», previene el cartel a los usuarios.

«Es cierto que se han presentado problemas con respecto a la accesibilidad de los datos personales de los asistentes. Por eso pedimos que si alguien detecta un uso incorrecto lo comunique», explica el fundador. Cristina Rey apunta que entre las situaciones incómodas más frecuentes están las llamadas de todo tipo de personas que quieren contratar servicios sexuales o de aquellos que sí tienen diversidad funcional, pero quieren traspasar los límites. «Sé que ha habido faltas de respeto por parte de hombres que se molestan porque quieren ir más allá», afirma la mujer.

En España no existe legislación que regule el trabajo de los asistentes sexuales. Por esa razón, se mueven en una especie de alegalidad. El oficio cuenta con un código de buenas prácticas profesionales en sexualidad y diversidad funcional desarrollado por la Asociación Nacional de Salud Sexual y Discapacidad (ANSSYD). A pesar de que existe un vacío legal, uno de los mayores logros que se ha conseguido es la Ley Orgánica 2/2010 que reconoce la salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, promulgada durante el mandato del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

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Texto por: Gabriela Ponte

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