Arelis R. Hernández: «Estados Unidos no es tan diferente ahora de como era antes de Trump»


Ella es reportera del Washington Post, pero si le preguntas te responderá que sólo es hija de David y Alin
La periodista del Washington Post, Arelis R. Hernández - Foto: Congreso de Periodismo Digital de Huesca

La periodista del Washington Post, Arelis R. Hernández – Foto: @congresodigital

Lo que quedaba de las viviendas de aquellas gentes era el único e improvisado refugio que tenían por si el mal remitía, allí dentro, en eso que un día habían sido sus hogares, la oscuridad no dejaba a las familias verse las caras: penumbra. María había convertido a Puerto Rico en un país sin luz. Arelis R. Hernández (Puerto Rico) lloró dos veces; la primera fue de alivio al poder escuchar a su prima al otro lado del teléfono; la segunda fue entre ruinas, entrevistando a sus paisanos sobre todo lo que el huracán les había arrebatado. De aquella experiencia publicó «Sin luz: life without power», un proyecto digital que narra los desoladores días siguientes de los puertorriqueños tras el desastre. Ella es reportera del Washington Post, pero si le preguntas te responderá que sólo es hija de David y Alin.

Nos encontramos con Arelis a las puertas del Congreso de Periodismo Digital de Huesca. Allí, en el único rincón en el que la conversación está exenta de interrupciones, ella responde con la humildad y la pasión que se exige en cada uno de sus reportajes.

¿Cómo fue ver su tierra destrozada por el huracán María?

Cuando me enteré de la catástrofe quise volar a Puerto Rico lo antes posible, pero pasaron varias semanas del huracán hasta que llegué allí. Lo peor fue no poder comunicarme con mi familia, lo pasé fatal porque no sabía nada de ellos. Una de mis tías vive cerca del Yunque, el bosque tropical de mi país, y yo estaba muy asustada porque no es fácil acceder hasta esa zona. El no poder saber nada de nadie… ¿Te imaginas? Al final logré comunicarme con mi prima cuatro o cinco días después del huracán. Lloré de una forma que no puedo describirte… Luego, cuando aterricé, fue terrible, no reconocía mi propio país, los árboles no tenían ni hojas…

Y en aquel momento que lo vio todo destrozado, ¿cómo se sabe dónde acaba la persona y empieza la periodista?

Yo fui allí a ver a mi familia, pero también a hacer mi trabajo, si yo le cuento a Estados Unidos lo que está pasando allí eso puede servir para que los congresistas o los ciudadanos americanos se movilicen para hacer obras de caridad o mandar agua, alimento y ropa. No me encontré con una situación en la que sintiera que tenía que intervenir inmediatamente, si algún se diera estoy segura que sería más humana que periodista. Te contaré algo: cuando fui a cubrir el huracán Harvey, en Houston, había una comunidad de mexicanos-americanos que no tenían agua y tampoco tenían gasolina para desplazarse a algún supermercado porque son familias con pocos recursos. Entonces, una vez que acabé mi trabajo allí y mi reportaje se publicó, decidí comprarles agua y comida. No sé si tomé la decisión adecuada, pero era lo que sentía que tenía que hacer… También, durante las semanas que estuve en mi tierra preparando el reportaje traté de ayudar en la medida de lo que podía.

¿Ha encontrado diferencias entre la prensa de Estados Unidos y la española?

No conozco muy bien lo que ocurre en los medios de España, pero lo que he aprendido esta semana es que aquí hay mucha desigualdad de género dentro de la redacción. En Estados Unidos también, aunque no es algo tan notorio como en este país, donde los hombres parece que mandan en todo. Creo entender que aquí solo hay una mujer que está al frente de un periódico, lo que me parece sorprendente.

¿Cómo es ser una mujer latina y periodista en un país gobernado por Donald Trump?

Pocas cosas han cambiado en relación al antes y el después de la llegada de Trump al poder (se ríe). En relación con mi trabajo, a la gente no le importa de donde soy, he sido bendecida ya que nunca tuve problemas para ejercer mi profesión. Sin embargo, es cierto que en la universidad sí que sentí discriminación, tenía compañeros llenos de prejuicios. Decían que yo provenía de áreas de pocos recursos y no formaba parte de la clase privilegiada donde se enseña cómo hablar o escribir, para ellos yo no tenía esas herramientas y mi sitio no estaba allí. La única vez que viví una experiencia racista fue en la universidad.

¿Qué ocurrió?

Yo estaba trabajando en el periódico de la Universidad de Maryland, era mi primer año allí. ¡Y es gracioso, porque me encargaba de hacer reportajes sobre la diversidad! El caso es que estaba escribiendo en la redacción mientras escuchaba salsa. Me encanta trabajar mientras escucho música. Supongo que se oía un poco más alto de lo normal… De pronto vino una chica y me arrancó los auriculares diciéndome que en ese periódico no escuchaban ese tipo de música. No regresé mas a esa sala, hice todos los artículos desde mi habitación. Lo bueno es que no es todo el mundo así, sólo personas concretas… De todas formas intento que estas cosas no sean obstáculos para mí, trabajo fuerte, con humildad y pasión, para que gente así no frene mis objetivos. En fin, ahora tengo mejor que trabajo que ella (se ríe).

No todo el mundo trabaja en el Washington Post… ¿Les pagan más a los hombres que a las mujeres allí?

Me imagino que el Washington Post no es tan distinto a los otros medios, pero no te lo podría decir con certeza porque no he visto el sueldo de otras personas. Pero sí hay algo cierto: cuantos más años lleves, más te pagan y los más veteranos son casi todos hombres… Eso es parte de la situación. Por otro lado, lo que sí que existen son diferencias de salario entre los periodistas negros y los periodistas anglosajones, y este problema es mucho más visible que el de género.

¿Y hay techos de cristal en su medio?

Digamos que hay techos blanditos… De todas formas, es un diario que está en una ciudad muy progresista y la mayoría de las personas que dirigen el periódico son conscientes de la desigualdad que existe en la sociedad. Tenemos muchos ejemplos de redactoras jefe, aunque hacen falta muchas más mujeres en situaciones de poder que elijan qué portadas y qué temas tienen que publicarse.

Estos días en España se ha enterado del secuestro judicial del libro Fariña, del periodista Nacho Carretero, ¿podría ocurrir esto en Estados Unidos?

¡No, para nada! Allí, la prensa tiene todo el derecho de publicar lo que quieran siempre que sea información veraz. Otra cosa es que publiques contenidos falsos, entonces si que te denunciarán, pero si haces buen periodismo no te pueden prohibir un libro. No voy a decir que nunca pasa, pero es una cultura sumamente abierta y que protege los derechos de los periodistas. Por ejemplo, cuando se publicó el libro Fire and Fury, del periodista Michael Wolff, que critica duramente a Trump, los abogados del presidente le amenazaron con denunciarle. ¡Al final el libro se publicó de todas formas!

¿Y el Washington Post censura a sus redactores?

Esa no ha sido mi experiencia…

¿Se ha censurado a sí misma alguna vez?

Si dejé de poner algo es porque creí que no era importante o relevante, pero nunca lo hice por miedo o presiones… ¡Soy muy brava como para hacer eso!

Le dedica mucho tiempo a sus trabajos, ¿qué proyectos tiene en mente? ¿Hay algo que esté preparando?

Me gustaría hacer un proyecto sobre la identidad de los puertorriqueños, porque están en una situación bastante complicada, ya que son una colonia de los Estados Unidos y, probablemente, sea la última que queda en el mundo. Es curioso, porque Norte América presume de ser un país democrático y defensor de los derechos individuales, pero que tenga una colonia en este siglo me parece… ¿Cómo lo digo?

¿Anacrónico?

Sí, exacto, por eso yo querría entrar en ese tema profundamente y sacar un reportaje sobre cómo se sienten los puertorriqueños después de este huracán y de la recesión económica. Es más, en 2015 la Corte Suprema de los Estados Unidos declaró que Puerto Rico no es una nación soberana y que su destino está en las manos del Congreso de Estados Unidos, donde tienen voz, pero no voto. Además, los estadounidenses tiene una regulación llamada «Ley promesa» que dicta que ellos tienen la última palabra en cuanto a las finanzas de Puerto Rico. ¡Es una situación interesantísima y quiero profundizar en el tema de su identidad política! De hecho, hay gente que ya se está movilizando para que sean proclamados como un estado, aunque los puertorriqueños con los que yo he podido hablar de este tema no tengan mucha esperanza de que eso pueda ocurrir. El país lleva así 100 años y me gustaría trabajar en ello, es una situación en la que los de allí no sabe que queremos y los otros no se sabe si nos quieren a nosotros. Y luego, otro de mis proyectos es convertirme en directora de un periódico (se ríe).

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Texto por: Gregoria Caro

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