Farmacias de guardia: noches eternas para vender preservativos


Los empresarios farmacéuticos solicitan que se revise la regulación de estos servicios que desde hace unos años están dejando de ser rentables

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Mercedes, su marido y su hija llegan de viaje. David saldrá en un par de horas del trabajo y recordará que no tiene hilo dental en casa. A Sheila le pican los ojos y su amiga Lucía le comenta, mientras tomando algo en un bar del centro de Madrid, que lleva mucho tiempo con las lentillas. Son las 11 de la noche y ninguno sabe que a las tres de la mañana todos ellos estarán en una farmacia de guardia para comprar lo que necesitan. Eso sí, no se llevarán medicamentos.

«El turno de noche es aburrido, pero la parte buena es que estás más tranquila», dice Jéssica Hernández mientras atiende a los clientes de madrugada a través de una reja de seguridad. Una señora ha pulsado el timbre que indica que alguien ha llegado para comprar. Ella despacha sonriente –incluso aliviada– por que aparezca una cliente que le ayude a que sus diez horas de trabajo nocturno se le hagan más llevaderas. Hernández asiente, coge un chupete y lo mete en un cajón seguridad, gira una manivela y el artículo aparece al otro lado del panel blindado que la protege del exterior. La madre suelta de la mano a su hija y hace el mismo proceso para pagar. Luego, la joven farmacéutica revisa si alguien más la solicita: la vía está vacía. Coge su móvil y retoma una llamada que había dejado en espera. Todo para mantenerse despierta entre cliente y cliente.

Por cada 200.000 habitantes que tiene un distrito de Madrid capital es obligatorio que exista una farmacia de guardia o con horario ampliado de 24 horas. Según explica Luis de Marcos, responsable de las farmacias de guardia del Colegio de Farmacéuticos de Madrid (COFM), la organización de éstas se regula a través de la Ley de Ordenación Farmacéutica y mediante el Decreto 259/2001 que organiza los servicios. También está consensuada por el COFM y la Consejería de Sanidad de la Comunidad. «Todas las farmacias tienen la obligación de hacer las guardias que se les asigne, pero hay barrios donde no hace falta porque algunas no cierran y asumen esa función», explica de Marcos. Los contratos de empleados de farmacia están regulados por el convenio colectivo en el que se indica cuáles son los salarios según su función, así como la remuneración por horas extra y el plus por nocturnidad.

«La guardia se hace dura y es un esfuerzo que no se ve recompensado en lo económico, hay un plus de nocturnidad aunque no supone casi nada. Lo hago porque me toca, pero no porque se gane más», comenta Guillermo Martínez mientras acerca su boca a la rendija de seguridad y se estira el batín blanco arrugado que revela haber estado un rato largo sentado. Según el convenio colectivo para oficinas de farmacia recogido por el BOE, en 2007 el plus de nocturnidad por hora para farmacéuticos era de 2,16 euros y para técnicos de farmacia de 1,47. Alguien suelta un bostezo que, en cuestión de segundos, viaja a través del cristal e invade a Martínez, él menea la cabeza para despejarse, sonríe y opina que «hay varias farmacias en la zona por lo que no es necesario que todas tengan servicios nocturnos».

Jéssica Hernández en el mostrador de la farmacia. FOTO: Gregoria Caro

Jéssica Hernández en el mostrador de la farmacia. FOTO: Gregoria Caro

Son las tres de la mañana y David ya ha salido de trabajar, se acerca a una farmacia a comprar hilo dental antes de irse a casa porque, según asegura, lo necesita. Detrás de él, Lucía está esperando con Sheila que pestañea molesta por el escozor de ojos.

–Llevo 15 horas con las lentillas. ¡Ya no puedo más! Necesito un poco de suero, dice.

–Hemos pensado comprar el líquido y meter las lentillas en dos vasos de chupito, de estos de plástico, para que le descansen los ojos y luego seguir tomando algo, se ríe Lucía.

Las dos amigas bromean pensando en que Ana de la Puente, la facultativo, seguro que piensa que a esas horas van a comprar «condones».

–¿Tienes dos vasitos pequeños?, pregunta Sheila

–No, lo siento, responde Ana.

Las chicas no están tan equivocadas, tanto de la Puente como Guillermo Martínez y Jessica Hernández, a pesar de trabajar en zonas diferentes, reconocen que lo que más se vende de noche son preservativos y píldoras abortivas. Los tres también admiten que se hace poca caja.

«Las farmacias de guardia, salvo casos puntuales, pierden dinero», espeta Cristóbal López de la Manzanara, presidente de Adefarma (Asociación de Farmacéuticos de Madrid). «Un paciente va de noche a urgencias y ahora le dan medicamentos en el hospital para un día o dos, esto hace que las guardias se hagan innecesarias», añade.

Clientes hacen cola en una farmacia del centro de Madrid. FOTO: Gregoria Caro

Clientes hacen cola en una farmacia del centro de Madrid. FOTO: Gregoria Caro

Según asegura López de Manzanara, desde la asociación están peleando para que, pese a que estos turnos de noche deben hacerse por ley, las farmacias no pierdan dinero. A modo de ejemplo, explica que las personas que acuden a un hospital o ambulatorio los fines de semana suelen salir del centro con medicamentos suficientes para llegar al lunes y acudir al médico donde les hagan una receta que les continúe el tratamiento, pero en la mayoría de los casos mejoran y no requieren de más medicinas. Las farmacias de guardia quedan relegadas, en su mayoría, a vender productos no estrictamente urgentes. Por ello, los empresarios farmacéuticos solicitan que se «revise» la regulación de estos servicios que desde hace unos años están dejando de ser rentables.

«En una guardia de un día normal puedes hacer 240 euros de caja y el empleado te cuesta  casi 300 euros. Yo hago cuentas y no me salen. Antes tenías colas de gente con recetas y ahora te vienen a comprar tetinas porque la medicación te la da el Samur», protesta el presidente de Adefarma. «Es un problema que también preocupa al COFM y yo se lo he dicho a todos los consejeros de sanidad de la Comunidad de Madrid, pero ninguno hace caso», añade.

Cuando Gran Vía se vuelve fluorescente, Jessica Hernández, Guillermo Martínez y Ana de la Puente se sientan a ver pasar a los que deambulan por las calles a través de la vidriera, seguros, tranquilos de que, a pesar de los delirantes espectáculos que se ven a altas horas de la madrugada, pueden presionar el botón que informa directamente a la comisaría de Policía de Centro si algo malo ocurriera. Alguna serie, un buen libro, llamadas con amigos o visitas inesperadas de los jefes son las formas de pasar el tiempo una vez que terminan de atender o reponer. Cuando el reloj de Sol marca la media noche las farmacias comienzan a estar «muertas», pero si tienes suerte, como Guillermo hoy, podrás presenciar la pelea de una pareja que no consigue ponerse de acuerdo entre comprar una caja de 12 o 24 preservativos. Son casi las cuatro de la mañana y, por ahora, no hay urgencias a la vista.

*Algunos nombres han sido modificados para proteger la identidad de los trabajadores

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Texto por: Gregoria Caro

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