Barberías-salones de tatuaje: un innovador negocio «2 en 1»


A diferencia de otros países europeos, los establecimientos que ofrecen ambas cosas son residuales en España
Fachada de The Salon, la primera barbería-salón de tatuajes de Ciudad Lineal

Fachada de The Salon, la primera barbería-salón de tatuajes de Ciudad Lineal. Foto: G. Toribio

Grandes, pequeños, vistosos y coloridos, discretos y monocromáticos… En los últimos diez años, el furor por los tatuajes ha transformado la apariencia de una gran parte de la juventud española. Con el tiempo, el «estigma» al que tradicionalmente han estado asociados ha dado paso a una pujante moda que, a día de hoy, ornamenta los cuerpos de miles de jóvenes tanto en nuestro país como en el extranjero. Nadie puede afirmar con certeza si han llegado o no para quedarse, pero lo cierto es que, cada vez, más raro es encontrar un millennial que no tenga algunos mililitros de tinta inyectados en alguna parte de su organismo.

En paralelo, la última década ha sido también testigo de la eclosión de múltiples y variadas barberías modernas, importadas de Estados Unidos en su concepto. Su éxito, generalmente a base de tarifas más elevadas que en otros establecimientos y de un trato diferencial al cliente, ha sido considerable. Todo esto ha llevado a algunos empresarios a hacerse una pregunta: ¿Por qué no converger ambos negocios en uno solo?

«Es algo que en España aún no ha arrancado, pero que en otros países europeos, sobre todo los nórdicos, lleva ya al menos diez años en funcionamiento», explica Conrado Esteban, tatuador de The Salon, la primera barbería-salón de tatuajes de Ciudad Lineal y una de las pocas de todo Madrid. El establecimiento abrió sus puertas el pasado noviembre, aunque aún sigue en obras para terminar de habilitar el espacio.

Representación a ordenador de cómo quedarán las cabinas una vez concluyan las obras. En el lado opuesto se ubica la parte de peluquería. Foto: The Salon

Representación a ordenador de cómo quedarán las cabinas una vez concluyan las obras. En el lado opuesto se encuentra la parte de barbería. Foto: The Salon

El local, de unos 30 metros cuadrados, se compone de un par de butacas con espejos para la parte de peluquería, un sofá de espera acompañado de una mesa con revistas especializadas en tatuajes, un mostrador y tres pequeñas cabinas acondicionadas para las tareas de grabado, de las que solo una ya está en marcha. «Esa de ahí es la mía, es donde tatúo yo, pero estamos adecuando las otras dos para cuando crezcamos y podamos contratar a más tatuadores», apunta Esteban.

Su propietario, Gershon Toribio, vislumbra prosperidad en el negocio y cree que, de aquí a un tiempo, podrán notarse los resultados. «Hace diez años un sitio así hubiese estado condenado al fracaso en España, pero cada vez es más la gente que se anima a tatuarse y a cortarse el pelo en barberías», apunta tras bajarse de la escalera de obra desde la que trata de atornillar la puerta de una de las cabinas.

Letrero de la cabina utilizada por Esteban. Foto: M. Ruiz de Arcaute

Letrero de la cabina utilizada por Esteban. Foto: M. Ruiz de Arcaute

Peruanos ambos de origen, Toribio (33 años) y Esteban (28 años) se conocieron a través de un familiar del primero, también tatuador. Esteban había trabajado con él en Noruega, Suecia y Finlandia, países en los que los negocios «duales» de este tipo son «bastante comunes» gracias al extendido cuidado del aspecto físico que suele haber. Tras proponerle abrir uno en España, Esteban aceptó sin dudar.

Sin embargo, el interés del familiar de Toribio no duró mucho, y, al poco de inaugurar el local, dio marcha atrás y decidió retirarse del proyecto para volver a Finlandia, donde trabajaba hasta ese momento. «Allí un tatuaje te puede costar entre 800 y 1000 euros, mientras que aquí rara vez superan los 500. Esto le acabó dando vértigo. Pensó que no sería rentable», relata el tatuador. En consecuencia, Toribio se quedó solo y al cargo de todo.

Cortarse o tatuarse, ¿qué desea hoy?

La historia de los establecimientos de este tipo resulta, cuanto menos, curiosa. «El concepto procede de Estados Unidos», cuenta Esteban. «Allí, si no recuerdo mal en el barrio del Bronx, en Nueva York, los cortes de pelo con diseños y dibujos que se hacían los raperos en los años 90 se empezaron a asociar a los tatuajes, algo también muy en boga entre ellos, y algunas barberías decidieron aunar ambas cosas para satisfacer la demanda de sus clientes más asiduos».

Las banderas española, venezolana y peruana cuelgan de la pared del local en alusión a la nacionalidad de los tres socios. Foto: M. Ruiz de Arcaute

Las banderas venezolana y peruana (nacionalidades de los tres socios) cuelgan de la pared del local junto a la española. Foto: M. Ruiz de Arcaute

Pero The Salon no está en el Bronx, sino en Ciudad Lineal, razón por la que su clientela no se reduce a un único perfil. «Tenemos gente de todo tipo, desde chicos jóvenes que vienen con sus padres hasta personas mayores. El otro día, sin ir más lejos, tatué a un señor de 68 años que acababa de tener un infarto de miocardio y quería cubrirse la cicatriz que le había quedado», detalla Esteban.

Pero la clave, dice, reside en explicar el funcionamiento del negocio. «Aunque no tenga clientes ese día, yo intento estar siempre por si acaso, ya que mientras Julio, el peluquero, les va cortando el pelo, yo les puedo hablar de lo mío y mostrarles diseños y ejemplos. Y ya ha habido alguno que se ha acabado animando», asegura.

Además de The Salon, en Madrid hay al menos otras dos barberías-salones de tatuajes con el mismo modelo de negocio. Al cierre de esta edición, Madrilánea ha intentado ponerse en contacto con ellas sin haber obtenido respuesta. Mientras tanto, solo queda por ver si, con el tiempo, la novedad deja de serlo y se convierte en algo más que una mera curiosidad.

 

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Texto por: Miguel Ruiz de Arcaute

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