Madrilánea

San Cemento: el mayor macrobotellón universitario de Madrid

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Miles de jóvenes y toneladas de residuos han vuelto a ser los protagonistas de la ya tradicional fiesta celebrada en Ciudad Universitaria

Restos de basura del «macrobotellón» celebrado en Ciudad Universitaria por la fiesta de san Cemento. Foto: Maya Balanya ARCHDC

Basura del «macrobotellón» celebrado en Ciudad Universitaria. Foto: Maya Balanya

Autores: Cristina Romero y Rodrigo Díez

Como cada último jueves de abril, miles de jóvenes de todo Madrid han acudido a la ya tradicional fiesta de San Cemento. Este evento es, hablando en plata, un «macrobotellón» que se celebra en Ciudad Universitaria en la recta final del curso.

Este festejo se celebrababa originalmente en la Universidad Politécnica de Madrid, coincidiendo con el patrón de la Escuela de Arquitectura. No obstante, en los últimos años se ha trasladado a las dependencias de la Universidad Complutense debido a que éstas tienen una mayor capacidad para acoger a tal multitud de universitarios –y no universitarios–.

Pero esta celebración al igual que aporta diversión también levanta numerosas críticas. Los jardines de la Universidad Complutense de Madrid se llenan de personas que, cubata en mano, no suelen respetar las normas cívicas básicas. Desde la universidad, el todavía rector Carlos Andradas ha denunciado que el pasado año se recogieron 300 metros cúbicos de residuos, cientos de horas de limpieza y miles de euros para cubrir los costes. Por ello, pide que para evitar esta situación todos los que acudan tienen que poner de su parte y no colaborar en destruir el campus.

Al caer la noche se percibe la gran cantidad de basura que genera este botellón. Es entonces cuando los servicios de limpieza del centro inician su actividad con el objetivo de conseguir que a la mañana siguiente el campus de Ciudad Universitaria no arroje una imagen de suciedad y destrozo. «Es casi imposible acudir a clase ese día porque se llena de gente y el ruido es horroroso», comenta una estudiante que se posiciona en contra del evento. «Además, con tal magnitud de personas todos los años las líneas telefónicas se colapsan y es imposible utilizar el móvil», remata.

Los servicios de limpieza recogiendo los residuos del botellón. Autor: Maya Balanya

Los servicios de limpieza recogiendo los residuos del botellón. Autor: Maya Balanya

Esta fiesta también genera grandes descontentos entre el rectorado de la Universidad Complutense de Madrid. Manifiestan con un «no» rotundo que la entidad aporte su consentimiento para celebrar en sus instalaciones el evento: «San Cemento no es una fiesta Complutense, no tiene autorización del Rectorado y no es vista con simpatía por la comunidad complutense», expone Esteban Sánchez, delegado del rector para Diversidad y Medio Ambiente.

En cuanto a los jardines, desde el centro educativo se ha tratado de evitar este encuentro optando por abonarlos los días previos. A pesar de sus intentos, no consiguen frenar a esa multitud de estudiantes sedientos de alcohol que, al retirarse, dejan una imagen desalentadora. El césped no sólo se llena de envases de plástico y vidrios, sino también de residuos biológicos, comida y un largo etcétera.

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Miles de estudiantes celebrando el día de San Cemento

La mayoría de estudiantes que se encontraban en el recinto se mostraban conformes con la celebración y defendían que es la excusa perfecta para reunirse con sus compañeros de clase y evadirse del estrés previo a los exámenes. No obstante, Esteban Sánchez manifiesta que la gran parte de las personas que acuden a emborracharse a San Cemento no son estudiantes de la Complutense. «Un porcentaje muy alto de la comunidad UCM no sólo no participa sino que rechaza activamente la celebración de este macrobotellón», sentencia Sánchez. Por su parte, las clases se ven afectadas, pero no por las faltas de los alumnos complutenses, sino porque «genera ruido y un entorno incompatible con la reflexión, la docencia y el aprendizaje».

A pesar de que el centro hace todo lo posible por que el desarrollo de las clases sea como el habitual, las facultades afectadas se ven obligadas a cerrar antes de su horario y a extremar la precauciones para que las personas, muchas de ellas ebrias, no utilicen de manera indebida sus instalaciones.

El mal tiempo no ha impedido que, un año más, el complejo universitario sea escenario de esta festividad que ya se ha convertido en una tradición de la vida juvenil madrileña.

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