Madrilánea

Cansados

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Un incidente callejero puede ser más simbólico que una infografía. La ciudadanía está harta de la campaña permanente y los partidos políticos no han obviado este detalle a la hora de confeccionar las estrategias electorales para el próximo 10-N.

Autores: Roberta Sebastiani Tofano y Beatriz Lozano López de Echazarreta

5/11/2019. Madrid. Foto: Beatriz Lozano.

 

Madrid es la suma de sus barrios: una ciudad en la que el vecino del quinto en Puente de Vallecas sabe lo que vota el camarero de la tasca y la prostituta de la esquina la ideología de su cliente. Votar es ejercer un derecho, pero también un acto social. Y, ¿qué precede al domingo de papeleta y pincho? La campaña electoral. Un festival de globos ideológicos y piruletas de eslóganes. 

El sentir de una nación es complejo y, a menudo, contradictorio: intención de voto, CIS, debates, trackings, portadas de periódicos en mala hora y articulistas esmerados en poner en ridículo a Y con la secreta intención de enaltecer los logros de X o, de refilón, reírse de los eufemismos de Z.  

Entre tanta maraña y tanto colorín partidista un incidente callejero puede ser más clarificador que una infografía estéril. Uno tiene la insana costumbre de coleccionar propaganda electoral y, de pronto, se topa con una comedia de situación en plena calle Hortaleza. Son las 19:00 horas y quedan cinco días para el fiestón de la democracia. Es un fiestón agridulce. España sigue de resaca y ya la están obligando a volver a emborracharse de votos. No quiere beber, aunque está en su derecho a hacerlo y examina el alcohol político.  No le queda otra. 

Veo un goloso cartel con la inmensa cara de Pablo Casado en la esquina con Augusto Figueroa. Me detengo en el texto impreso sobre la barba del político: «por todo lo que nos une». Comienzo a despegarlo disimuladamente para engordar mi colección de cartelería del centro-derecha cuando una voz de señora me detiene en el intento:

– ¿¡Pero no te da vergüenza!?

Balbuceo que no tengo nada en contra del líder del Partido Popular. Le comento que lo que me gusta es el póster, pero la mujer me sigue mirando fijamente como queriéndome decir que vuelva a pegar inmediatamente la esquina de la mitad inferior izquierda.  Nos encontramos en un tira y afloja visual cuando, por sorpresa, aparece el tercer protagonista del altercado: un chico con ropa de deporte de Decathlon que arrastra una bicicleta municipal. 

– Deberías quemarlo. 

La expresión de la señora muta súbitamente. Está desencajada. 

– Menudo hijo de puta. 

Casado, cansado, nos mira a los tres desde la pared. 

Esta infografía urbana arroja un único dato: hartazgo. Los partidos nacionales lo saben y han entendido que pegar un cartel de Iglesias en el Barrio Salamanca puede provocar cólera en el vecino del quinto, así como sarampión un stand con bolígrafos de Vox en el Puente de Vallecas. 

No es ganar votos, sino no perderlos 

Según fuentes del Partido Popular de Madrid, la campaña para el 10-N ha seguido una estrategia «conservadora». Esto es, los actos de los azules en la capital se han orientado –de forma mayoritaria- a afianzar el voto en los barrios en los que los populares han ganado tradicionalmente, entre los que se encuentran: el barrio de Salamanca, Chamartín o Aravaca, entre otros.

Similar plan electoral ha adoptado el partido que se perfila como ganador de las elecciones según las últimas encuestas realizadas. Desde Ferraz confirman que el objetivo de la campaña del PSOE en Madrid es «llegar al mayor número de barrios posible», pero reconocen que su presencia no faltará en las «zonas de corazón socialista», como Usera, Carabanchel o Vallecas. 

Las dos formaciones del bipartidismo han optado en su campaña en la capital por  una estrategia que no busca ganar votos sino, más bien, no perderlos. Sin embargo, a nadie se le escapa el siguiente hecho: la campaña ha durado 8 días en lugar de los 15 habituales.  Esto ha podido influir en la confección de una táctica electoral moderada y continuista, cuyos actos se pueden consultar en las páginas web del Partido Popular y del PSOE.

A esto se suma el concepto de campaña permanente, definido como «un fenómeno en el que es posible apreciar una continuidad real de las actividades de comunicación política propias de la campaña electoral, posteriormente ejercidas desde un gobierno o la oposición» por el jurista y politólogo, Ismael Sánchez Cañavate, en camaracivica

El verso suelto de las campañas

Mención aparte merece la campaña electoral del partido de Íñigo Errejón, Más País. La financiación colectiva se ha ido popularizando cada día más. El famoso crowfunding, muy normalizado en los Estados Unidos como forma de financiación de las campañas políticas, ha llego a España. Podemos, Vox y UpyD son algunos de los partidos que han recurrido a este método para ampliar sus fondos.

Más País ha puesto en marcha un nuevo método, el crowlending, similar al crowfunding. Con la intención de ser independiente económicamente, el partido ha recurrido a este nuevo recurso -que consiste en recibir «micropréstamos» por parte de los ciudadanos que desean colaborar-. Los de Errejón, que se comprometen a devolver la suma prestada cuando reciban la subvención electoral, han acumulado hasta el momento 188.800€ de los 300.000€ que se habían propuesto como meta. 

La campaña que no cesa

España es una nación de ritos, un país que detesta o ama las costumbres en grupo. La farándula electoral alimenta millones de conversaciones de barra y barrio cada día, los debates son una fuente inagotable de memes y los bandos, casi una forma de entretenimiento. Sin embargo, vivimos en el contexto político de la campaña eterna y estamos cansados, como el Casado de Hortaleza: por mucho eslogan que nos metan por los ojos, parece que nuestros líderes no logran encontrar algo que les una.

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