Madrilánea

Voces de un pasado olvidado

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La Tercera Edad, uno de los estratos de la sociedad más desacomplejados y abandonados, comparten sus experiencias de cara a las elecciones del 10-N y la situación política actual.

Dos mujeres mayores durante el Día de la Tercera Edad (EFE)

La gente mayor, para el ojo inexperto o despreocupado, aparenta vivir aislada del mundo que la rodea. La entrada a una residencia parece la puerta a un mundo paralelo, que rinde cuentas a unas leyes físicas diferentes a las del día a día. Todo lo contrario. Olvidados por la mayoría, nuestros mayores atesoran un incontable número de experiencias y conocimiento que ansían de ser escuchadas y compartidas. La política, “que es algo maravilloso”, no escapa a esta ecuación.

En el Centro de Día El Enebral, situado a escasos metros de la glorieta de Quevedo, la tercera edad pasa el día entre actividades antes de volver a su casa al anochecer, pero siempre encuentra un hueco para formar una improvisada mesa de sabios y mojarse con la actualidad. «A mí me gusta Rivera, se preocupa por los españoles», comienza Pilar. Como en cualquier otro círculo, una afirmación política de tal calibre desencadena una serie de opiniones y réplicas. «Pedro Sánchez me parece un cínico», asegura Aitor. «A mí el que me gustaba era Felipe (González)», se escucha de fondo, seguido de un rotundo «a mí no» desde el otro lado de la mesa.

Sin embargo, el punto de unión ideológica es que la situación de bloqueo se ha prolongado demasiado. «Tengo ganas de que se acabe esto, un gobierno fijo, cualquiera me vale, menos el de Vox», afirma María, de 88 años, con una ligera sonrisa. «La política tenía que ser como las monjas o los curas, por vocación» que dice el refrán improvisado. También se sondea la idea de una gran coalición entre el PP y el PSOE entre los presentes, aunque con cierto escepticismo.

Sobre la crisis catalana han corrido ríos de tinta en los últimos meses y ha monopolizado la campaña electoral, pero según los presentes, esto viene de lejos. «Siempre hubo tensión, no tanta como ahora obviamente, pero es que ni siquiera ellos conocen su pasado. Históricamente han sido el ojito derecho de España» . Los líderes catalanes no se salvan de la criba. «Puigdemont es un cobarde. Gracias a él y a Torra, que es un extremista, están pagando justos por pecadores», sentencian.

Una de las cuidadoras del Centro de Día El Enebral atiende a una mujer

La charla fluye de manera ágil mientras se suceden los diferentes temas. Desde la «tradicional» corrupción del país a la falta de conocimiento en las opiniones actuales. También hay tiempo para el pasado. «Siempre hay heridas tras una guerra civil. Yo tengo cicatrices pero en la gente joven aún parecen abiertas» .

Juan ejemplifica lo que significó la contienda en la sociedad. «Recuerdo que había dos personas que querían casarse, pero eran primos. Las familias, como no lo aprobaban, acusaron a uno de ellos al otro bando, y se lo llevaron», narra mientras baja la mirada.

Como era de esperar, pronto sale la exhumación de Franco a modo de pequeño bloque en la discusión. A la clásica división de opiniones manifestadas con uno «ya era hora» o «dictador de qué» , la mesa concuerda en que la ostentación y el circo mediático fueron algo innecesario.

Este reducido pero lúcido grupo muestra con gestos más que con palabras el consenso y la convivencia. Cada uno de los cuatro costados de la mesa representa una ideología muy diferenciada, opuesta incluso al de enfrente. Sin embargo, y pese a que alguna afirmación es más subida de tono que otra, no se encuentra una mala respuesta. En cada frase se pueden apreciar los ecos de la última generación española que vivió una guerra. «A nosotros nos han quitado la niñez y la vejez, que ahora estamos más solos que la una, pero queremos que salga todo bien, que la gente tenga una vida tranquila» . En cualquier caso, la mayoría de ellos pondrán su granito de arena en forma de voto el domingo.

Cien años de experiencias

A tan solo cuatrocientos metros de allí, la residencia Dos de Mayo encierra la misma sabiduría. Pilar no se considera política, le interesa lo justo según sus palabras, pese a que una elevada torre de periódicos a su costado la delata. Esta cansada, agobiada y harta, «como todo el mundo» . No votará pero tiene opinión para todo. «Los políticos antes estaban más preparados», comenta. Recalca el carácter español poco extremista, augura un fracaso a la larga de Podemos y Vox, dando la llave del futuro del país a los partidos tradicionales.

Poco después entra Javier, de León y minero del carbón durante muchos años. Apuesta por la internacionalización de los sentimientos que vemos en España. «Si miras las noticias, en todos los sitios es igual. Mira el polvorín que hay en Bolivia o en Sudamérica en general por ejemplo» , comenta.

Carlos escucha atentamente la conversación, sentado en un sillón a escasos metros. Tiene 101 años y solo ha hecho dos cosas en su vida: trabajar de cerrajero y ser combatiente en el bando republicano durante la Guerra Civil. «Estaba en la UGT y los sindicatos nos llamaron a filas, no nos quedó otra», asegura. Combatió en Madrid y en Carabanchel, construyendo trincheras y parapetos en el frente. Ahora, pese a que no sigue la actualidad política en exceso, está muy seguro de que la «podredumbre» en nuestro país es evidente.

«Se están reviviendo cosas que ya pensaba haber olvidado, y mira que es fácil con los años que tengo puntualiza» . Reconoce que ahora es más feliz «regando las plantas del patio y viendo el fútbol» . «Todos quieren su tajada” generaliza de forma agridulce antes de despedirse y subir, con una facilidad pasmosa, las escaleras de la residencia. «Juega el Barça a las siete, pero no te equivoques, que soy del Real Madrid» dice mientras sonríe.

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