Madrilánea

«El lenguaje de los gitanos en España es el flamenco»

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La bailarina Dolores Giménez, profesora de una escuela de flamenco en Lavapiés, habla sobre la fusión y la reivindicación de la danza española

Dolores Giménez, gitana y profesora de flamenco en el estudio Amor de Dios en Lavapiés, acentúa los pasos a sus alumnas para preservar los movimientos clásicos del género andaluz. «El lenguaje de los gitanos en España es el flamenco», sentencia Giménez, que en 1987 decidió trasladarse de Barcelona a Madrid. 

Dolores Giménez en el estudio en Amor de Dios. Imagen: Teresa Garza

Tras 30 años de experiencia y una vida paseándose por los escenarios como solista,  Giménez sostiene que el flamenco, hoy en día, está fusionado. «Es una mezcla de muchas culturas. Tiene mucha influencia árabe, judía, india y gitana. Lo que más sorprendente del flamenco es que tiene toda esta fusión y los colores de tantas razas». 

Para la instructora, «bailar flamenco es como respirar» y su arte radica en entender el lenguaje. Asegura que no hace falta ser andaluz, ni gitano, ni español para bailar flamenco.  Lo que se necesita es, además de la práctica, la intuición y el ritmo. La gitana asegura que el flamenco «no se puede forzar», pero garantiza que hay personas que nacen con esa intuición o que lo ven de forma muy natural. «Tengo alumnas de Venezuela, México, Canadá y Japón que entienden el lenguaje perfectamente», comenta Giménez. Actualmente,  la barcelonesa imparte clases en el espacio Amor de Dios, que se encuentra en el Mercado Antón Martín en Lavapiés.

Alumnas de la clase de Giménez en Amor de Dios. Imagen: Teresa Garza

Dentro de esas fusiones, también coinciden y se combinan los sentimientos. Giménez expresa que al bailar esta danza se pueden encontrar tanto los matices melancólicos como los jubilosos. «El concepto que tienen las personas es que el flamenco es triste y temperamental, y sí que es así, pero también tiene su lado alegre y sensual. Lo bonito del flamenco es el abanico tan amplio de pasar de la pena al gozo».

El aprendizaje de Giménez surgió en las fiestas flamencas de su familia y, a la edad de 9 años, ganó el primer premio de baile flamenco en un festival de ámbito catalán, que la volvió una profesional. Afirma que para los gitanos la música y la danza está presente desde la juventud. «En nuestros eventos lo que se hace es bailar. Cuando un niño nace se le enseña a dar palmas por tangos o por bulerías». 

La influencia de artistas del mundo del flamenco como Carmen Amaya, Paco de Lucía o Camarón de la Isla provocó que Giménez, con su marido, inaugurara la la Asociación Cultural Flamenca Carmen Amaya en 1995. La bailaora explica que el paso del tiempo y su etapa como docente han hecho que viva el flamenco de manera muy distinta a como lo hacía en su niñez.

«En mi época expresábamos más con el cuerpo que con los pies, a mi parecer había un lenguaje más sentimental, más de transmisión y ahora es más de percusión. Los jóvenes de ahora lo sienten más con los pies que con los brazos, se hacen muchos saltos. En mi época era un poquito más sensual, más femenino y más tranquilo».

Zapatos y falda para bailar flamenco. Imagen: Teresa Garza

Durante sus clases, la gitana insiste en los movimientos dulces al bailar e invita a sus alumnas a mover con delicadeza los brazos y las piernas para recorrer el estudio con las coreografías para entender el lenguaje del género que data del siglo XVIII. «Yo lo que reivindico es la feminidad de la mujer».

De esta forma, reitera en sus lecciones que más allá del zapateo, sus alumnas puedan descubrir el uso de otras partes del cuerpo y el manejo de la falda, ya que aunque ella prefiere bailar como solista, permite que estos elementos sean los acompañantes de la danza.

«El movimiento de las faldas es muy variopinto, puedes cogerla delicadamente o un poco más salvaje. Hay movimientos a los lados, centrales, tiene muchos juegos. Pero también hay otros instrumentos como las castañuelas o el abanico.Yo lo que procuro con mis clases es potenciar el movimiento de los brazos y las caderas, tocarse el cuerpo y el cabello, eso no lo quiero perder».

Alumnas de la clase. Imagen: Teresa Garza

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