Madrilánea

«Los críticos de cine no somos directores frustrados»

//

Asier Aranzubia Cob, crítico e historiador de cine, compagina su consumo voraz de películas, con la enseñanza en la Universidad Carlos III de Madrid. Nos explica, con sus lentes de crítico, cómo se acerca a las películas y qué tipo de placeres obtiene.

Asier Aranzubia Cob, en su despacho de la Universidad Carlos III de Madrid (Foto: Beatriz Lozano)

 

Asier Aranzubia Cob se presenta diciendo que nació en Bilbao «hace algunos años, aunque no demasiados». Es miembro de la Asociación Española de Historiadores del Cine desde 1999. Además, formó parte del Consejo de Redacción de Cahiers du Cinema España durante 10 años. La revista sagrada del purismo cinematográfico. Ha publicado varios títulos especializados como Carlos Serrano de Osma: Historia de una obsesión (2007), El mapa de la India. Conversaciones con Manolo Matji (2013) o una retrospectiva sobre el cineasta escocés Alexander Mackendrick, publicada en 2006. Es profesor de análisis cinematográfico en la Universidad Carlos III y en el año 2015 fue uno de los responsables del área audiovisual del programa de Podemos para las generales. Le proponemos hablar de cine y enseñanza.

Nos recibe en su despacho entre los pósters de sus series favoritas y los VHS’s que se resistió a tirar en su última mudanza. Todavía existen. Ex-tímido, confiesa que hasta hace no mucho apuntaba en una libreta toda película que veía. Omnívoro cinematográfico y muy hablador, gesticula con las manos y —alguna vez— cuando no encuentra las palabras  para expresar una idea, encorva su cuerpo como funcionando en forma de palanca hasta que, por fin, extrae lo quiere decir. Aparentemente manso, sentencia y se muestra tajante cuando lo considera oportuno, pero sin perder ese aire de friki del cine que terminó por traspasar las puertas de la academia

¿Puede ver usted alguna película tranquilo, o de lo contrario el defecto profesional le lleva a analizar cada uno de los planos de un filme de manera casi autómata?

No, en absoluto. Puedo extraer de las películas dos tipos de placeres. En primer lugar, el placer que obtendría cualquier espectador que visiona una película por primera vez: me dejo llevar, me emociono, me aburro (a veces). Después de esta primera fase, en los sucesivos visionados de la película descubro el porqué de las decisiones que el director tomó para que yo me emocionase como un enano o me enfadase, un análisis que también me provoca una gran satisfacción.

Admiro que sea capaz de ordenar a su mente cuándo emocionarse y cuándo analizar…

 Inevitablemente, mi manera de mirar es diferente a la del resto del público. Yo sí estoy pendiente de si al final del plano aparece una ducha o no, pero la primera vez que veo una película, lo hago de una manera más relajada que cuando me pongo manos a la obra y realizo un análisis quirúrgico, desmenuzo el film y entonces las emociones quedan relegadas a un segundo plano.

¿No tuvo el talento o las ganas suficientes para dedicarse a la dirección?

No todos los críticos de cine somos directores frustrados. Aunque es habitual, no es mi caso. Soy bastante singular en ese sentido: empecé a estudiar la carrera de periodismo y me di cuenta de que lo que realmente me interesaba era el séptimo arte. Entonces pensé en la crítica como una manera de aunar ambas disciplinas.

¿Cuál es la función de un filme?

Sé que el cine además de un arte es un negocio, y que no son muchas las películas que se entienden a sí mismas como algo que va más allá de un mero entretenimiento. Pero si me refiero a la minoría que me interesa, que es el cine entendido desde una perspectiva artística, definiría el arte como aquello que no sirve para nada. El ser humano espera extraer una rentabilidad de todo lo que hace, pero las obras de arte no tienen una función específica: son un alimento del espíritu y ahí reside precisamente su verdadera vocación.

Existe un debate en el mundo de la crítica cinematográfica que se refiere a la realización por parte de algunos cineastas actuales de homenajes a otros directores en sus películas. Una «Estética del reciclaje» que directores como Tarantino llevan a cabo en todos sus trabajos. 

No debemos olvidar que cada época tiene sus limitaciones y sus características. En mi opinión, una película posmoderna como Kill Bill, que nace del corta y pega, no es peor que una película de Griffith que inventó el lenguaje cinematográfico. Es una manera diferente de hacer cine: hija de su tiempo. Tarantino me encanta, a pesar de ser  un saqueador, saquea en lugares imprevisibles y aunque por la época en la que ha nacido no puede ser original en bruto, no deja de ser un cineasta excelente.

El crítico, que no el analista, se encarga de determinar qué es relevante y qué es desechable ¿condiciona la crítica en exceso la predisposición del individuo ante el filme?

En un tiempo pasado lo hizo. En los años 60 en nuestro país la sección cinematográfica de los periódicos ocupaba el tercer puesto en cuanto a popularidad entre los lectores. Sin embargo, en el siglo XXI no me extrañaría que ocupase el puesto número 35. De un tiempo a esta parte el cine ha dejado de ocupar el puesto de honor a la hora de influir en el imaginario colectivo, ya no es ese altavoz privilegiado para contar historias o difundir ideologías. Tras los años 60, la televisión comienza a ganar terreno al cine como lo haría y lo hace internet en el momento actual.

 ¿Descarga películas ilegalmente?

Todos los días. Y lo seguiré haciendo hasta que pueda. Llevo una vida muy estresante y tengo un sueldo de mierda. Bromeo, pero si me comprara las películas que descargo de manera ilegal, no llegaría a fin de mes.  

¿Cómo termina un crítico dando clases en la Universidad Carlos III? 

Fui un alumno pésimo en la universidad, no me interesaba el periodismo y me costó mucho aprobar. Me pasaba el día yendo a la biblioteca a leer libros sobre cine y viendo películas de manera casi obsesiva. Era un tío bastante tímido y no me gustaba intervenir en clase, no iba. Acabé la carrera y descubrí que existía un Doctorado sobre cine español, hice una Tesis y terminé en el edificio 14 de la Carlos III sin tener ni idea de cómo enseñar. Aunque yo no lo sabía, era eso lo que quería hacer. Si soy justo diría que existe una causa sentimental por la que terminé siendo profesor, pero eso… lo cuento con unas cañas.

Existe en el cine de autor una tendencia a innovar en la forma cinematográfica. El cine de Hollywood repite un mismo esquema narrativo. ¿No se cansa el espectador?

Creo que pasa un poco como con los niños. Nos gusta que nos cuenten siempre la misma historia. Tenemos esa especie de pulsión inconsciente a buscar siempre lo mismo. Disfrutamos. Es reconfortante para el público no tener que hacer un gran esfuerzo. El espectador no quiere toparse con una elipsis compleja que le obligue a llenar huecos, a intuir cosas.

Ya no desde su posición de crítico e historiador, sino como profesor universitario: ¿Cuáles son los aspectos que mejor pueden enseñarse a través del cine?

El cine puede servir como material de apoyo para ilustrar otras ciencias, cierto. Sin embargo, me cabrea enormemente que se considere al cine como un lenguaje de segundas. Se debería estudiar como una materia más, al igual que en el colegio nos enseñan a analizar la composición metafórica de un soneto. Y con más motivo  en un mundo en el que somos constantemente bombardeados por impulsos audiovisuales.

¿Tiene algún ídolo profesional al que le gustaría parecerse?

Mi maestro, Santos Zunzunegui, una verdadera enciclopedia con patas y el mejor comunicador que he visto en mi vida.

La lista de sus 10 películas preferidas…

El mundo de Apu (Satyajit Ray), Qué verde era mi valle (John Ford), Ordette (Carl Theodor Dreyer), Un ladrón en mi alcoba (Ernst Lubitsch), Master and Commander (Peter Weir), Kill Bill (Quentin Tarantino), Amanecer (F. W Murnau), El espíritu de la Colmena (Víctor Erice), El hombre del traje blanco (MacKendrick) y Psicosis (Hitchcock).

 La película más importante de su vida…

Vi El Silencio de los Corderos en el cine y me di cuenta de que (¡joder!) las películas había que tomárselas en serio. Además, en su día me influyó mucho El Club de los poetas muertos, que vi en VHS durante mi adolescencia.

Entonces…¿las películas o las clases?

El cine es la fuerza que ha provocado los cambios más grandes en mi vida. Soy un fanático del cine y como consecuencia, profesor. No puedo ocultar con cual de las artes me quedo…aunque las satisfacciones que me provoca el ser profesor son igualmente gratas…sin embargo esto, ya es otra historia.

0 comments Show discussion Hide discussion

Add a comment

More in Cine

More in Cultura

More in Entrevista

More in Getafe

Most popular

Most popular

Most popular

Most popular