Madrilánea

Discotecas en tiempos de covid: «cambiad de oficio»

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El ocio nocturno ha sido uno de los sectores más afectados por la pandemia ya que ha hecho que muchos locales tengan que cerrar por la inviabilidad de las medidas con esta forma de vida. Hablamos con un exsocio de las discotecas de los bajos de Orense, que afirma que «se debe cambiar de oficio y avanzar». No cree que la situación de estos negocios vaya a mejorar a corto plazo

 

Entrada de la discoteca Rococo (Foto: Nerea Chicote)

 

La crisis del covid-19 ha afectado de manera contundente a todos los sectores de España, aunque el principal damnificado ha sido, sin lugar a dudas, el negocio de la hostelería. Tanto bares como restaurantes han sufrido pérdidas incalculables pero, ¿qué pasa con los locales de ocio nocturno?

Desde el comienzo de la pandemia se vieron obligados a echar el cierre por la incompatibilidad entre la vida social y el virus, siendo misión imposible crear un entorno seguro libre de transmisión. Cuando terminó el confinamiento domiciliario los propietarios de las discotecas se enfrentaron al problema de la normativa de locales anti-covid: distancia de seguridad, nuevos horarios y mascarilla obligatoria. El Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid les dio la posibilidad de reinventarse, pudiendo cambiar su carácter de bar de copas por el de restaurante para poder aprovechar el horario y adelantar su apertura a la tarde. Esta opción, a pesar de ser una solución para aplacar la crisis económica del sector, no fue muy resolutiva para algunos de los propietarios.

Tras ocho meses de pandemia, hablamos con José Luis Sánchez Alarcón- exsocio de las discotecas ubicadas en los bajos de Orense– sobre su experiencia como propietario de este tipo de locales. Lo primero a lo que hace mención es a la necesidad de reinventarse, «debemos avanzar». No cree que vengan tiempos mejores a corto plazo para el sector del ocio nocturno por lo que apuesta por abrirse a nuevas experiencias profesionales. «Esto no es solo que salga la vacuna, debe funcionar e inyectarla a toda la población. Esto no es un mes» explica el expropietario.

En julio, y tras levantarse el estado de alarma, José Luis decidió «malvender» su parte correspondiente del negocio, a pesar de que en ese momento se permitió abrir estos locales cumpliendo la normativa vigente. Después de dedicar treinta y nueve años al ocio nocturno tuvo claro que la mejor opción era desprenderse de él: «lo vendí porque tenía la seguridad de que esto lo iban a cerrar otra vez, sino no lo vendo» y así fue. José Luis nos afirma que los que no vendieron, «lo están pasando canutas» pese a haber instaurado las nuevas medidas. «Ya no pueden poner los precios que tenían antes», además de tener que lidiar con las inspecciones de la policía, «se quita el gusto de la discoteca», aclara. 

 

Indicaciones en el suelo de una de las discotecas (Foto: Nerea Chicote)

 

En cuanto a la posibilidad de ofrecer alimentos, Sánchez es contundente: «dar comidas no tiene sentido porque para poder tener cocina se necesita una salida de humos». También explica que como discoteca es muy difícil competir contra un restaurante, ya que el cliente siempre va a preferir cenar en un local ambientado para ello, no en un local con las características y el sistema propio de una discoteca.

Ante este panorama, José Luis se trasladó a Las Rozas y junto con su hermano centraron su ilusión en el restaurante La Tamprosa. «Cuando cerraron los restaurantes, mi hermano hacía tanta venta o más que cuando estaban abiertos porque la gente seguía pidiendo». Afirma que, a día de hoy, le va bien porque decidió cambiar de oficio. Sabía que llorar no servía de nada, solo debía avanzar.

Además, también confiesa que le resulta mucho más fácil lidiar con sus nuevos clientes: gente adulta, responsable y que usa de forma correcta la mascarilla.«La gente se sienta en su mesa y está tranquila. En un restaurante no hay peleas». Esto es un factor muy importante para él ya que su principal queja en el ocio nocturno era la irresponsabilidad de los clientes, un perfil de  gente joven que «pasa de todo» y se quita la mascarilla hasta para ir al baño. «No podemos controlarlos», aclara. 

 

La Tramposa

José Luis hace especial mención a la ubicación de su nuevo proyecto en Las Rozas. Cree que es una buena localización para conseguir beneficio porque «es un lugar que no está muy saturado» en cuanto a restaurantes se refiere. 

«No soy la tortilla de mamá, ni tampoco la paella de papá, pero como soy una tramposa, tengo lo mejor de cada casa», así presenta el protagonista de esta historia el tipo de vianda que puedes encontrar en su restaurante.

Ubicado en Las Rozas – en la calle Wisteria– ofrece tanto comida para llevar como platos para degustar en el propio establecimiento. 

 

Restaurante “La Tramposa” (Foto: Nerea Chicote)

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