Madrilánea

Death Cafe: Un café negro como la muerte

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En tiempos como los que vivimos hay proyectos, en su versión física u online, que permiten entender la vida hablando de la muerte, sin tapujos ni protocolos

Dibujo de una mujer apoyada en una calavera (Archivo ABC)

La muerte no juega al ajedrez, juega a los dados, y es precisamente ese azar convertido en golpe certero el mayor disimulo de la cultura occidental. La costumbre de morir que tendemos a olvidar, porque eso supone recordar que todos los hombres son mortales, y por lo tanto que ninguno es inmune. La pedagogía de esa verdad es incontestable, y por la misma razón enterrada bajo un silencio sepulcral como una anomalía de la que solo es mejor hablar de camino al cementerio. Y uno puede llegar a esa conclusión sentado una tarde en una sala llena de gente dispuesta a conversar sobre la muerte en un Death Cafe (Café de la muerte). La vida no va de cavar, sino de desenterrar tabúes, y puede hacerse mediante la palabra.

Ochocientos grados es la temperatura necesaria para que los huesos se conviertan en ceniza, pero no es esto lo que atemoriza a las personas ni tampoco los dos metros de tierra horadada para enterrar un cuerpo que huele a escatol y cadaverina, no es ni el polvo ni la tumba lo que causa inquietud, sino el Memento mori durante la vida y que en la sociedad actual puede incluso generar la tanatofobia.  Por lo tanto, etiquetamos y postergamos- (las cifras del  INE del 2020 han revelado que España es el país de la Unión Europea en el que más se han incrementado los fallecimientos). La diferencia fundamental reside en que una cosa es vivir y otra aprender de la vida, y en ese caso como afirmaba Shakespeare <<si no es ahora es que al final vendrá, hay que estar preparados…>>

Imagen de Death Cafe

Las reglas de juego son claras, no se cobra, no se vende nada, no hay un orden del día que seguir, la charla está sujeta a lo que quiera compartir cada asistente, y uno puede recoger el guante para ampliar lo que otros digan o iniciar otra temática. Sólo está la figura del facilitador, cuya función es manejar los tiempos. Se aplican las reglas de las Vegas, todo lo que ocurre en un Death Cafe se queda en el Death Cafe. No hay censuras ni moralismos aplicados a los otros en forma de sermones, sólo se trata de hablar con todo aquel que quiera escuchar, incluido menores acompañados. La idea no es la de escandalizarse o la de recrearse en el morbo, sino la de reflexionar, porque eso lleva a entenderse a uno mismo y al otro.

 

Hay quien  creería que asistir a un Death Cafe es un acto lúgubre y lleno de un protocolo similar al que se da en un velatorio, o al menos eso pensaba antes de asistir al primer Gran Death Café online de España,– celebrado en el contexto del Festival Dando vida a la muerte, porque la muerte importa sin embargo nada más lejos, cientos de participantes conectados de forma online, distribuidos en salas de quince personas y con una cuenta atrás de dos horas que pasan volando. El humor, las conversaciones mundanas y enriquecedoras son la tónica reinante, ya que como comentaba uno de los presentes vivir entre un cementerio y una iglesia supone tener el camino preparado, de modo que para el adulto hablar aligera el tránsito entre los dos extremos que van de la infancia a la vejez.

Lo que para muchos puede ser una peculiaridad se remonta a 2010 cuando Jon Underwood y su madre, la psicóloga Sue Barsky, leyeron la obra del sociólogo suizo Bernard Crettaz, así nacieron los Death Café en Inglaterra. Hoy se practican en 74 países y se han llevado a cabo más de once mil reuniones. Y lo curioso es que llevan haciéndose desde 2019 en los barrios de Vista Alegre, Buena Vista y San Isidro. Una actividad impulsada por el proyecto Salud comunitaria al final de la vida de Comunidades Compasivas de Madrid en Carabanchel. Este distrito, aparte de ser el más poblado de Madrid, es el lugar donde hay 9.811 hogares donde vive una mujer sola, y con 2.643 hombres de más de 65 años que están solos según Madrid Salud. Carabanchel ha sido uno de los distritos más golpeados por el covid-19, y por tanto se hace necesario analizar una realidad que circunda a todos.

Los Death Cafe han sido el catalizador de iniciativas tan ambiciosas como el  Festival Dando vida a la muerte, porque la muerte importa organizado por doce mujeres capitaneadas por Glynis German,  que se ha celebrado del 1 al 7 de noviembre, y que como una de sus organizadoras afirma-Noelia Correa Landaluce- aspira a ser un punto de referencia en el calendario. También en relación directa con la temática de la muerte se han desarrollado llamativas actividades como el Mapa de la memoria de Carabanchel o el movimiento mundial Before I die I want to…  creado por la artista Candy Chang de Nueva Orleans, y que en España se conoce como Muro antes de morir. La frase que hay que completar es Antes de morir quiero…

Before I Die (ARCHIVE OF SELECTED BEFORE I DIE WALLS FROM 2011-2017)

La idea es que mediante los Death Cafe, y otras actividades transversales organizadas por el Grupo Motor de Carabanchel -formado por más de diez entidades sociales- se consiga implementar una pedagogía de la muerte dirigida a todas las edades. Antes y ahora, esa realidad no resulta banal, sino necesaria para llevar a cabo el duelo o simplemente para entender que comprender la muerte puede ser muy liberador, ya que como decía Montaigne el que enseña a los hombres a morir, les enseñará a vivir.

(La próxima cita a un Death Cafe en Carabanchel será el 19 de noviembre, a las 18 horas con inscripción previa)

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