Madrilánea

Agorafobia y fobia social, una epidemia psicológica

//

Las enfermedades de la mente exigen de nosotros una mirada atenta sobre lo que nos rodea y que a veces permanece invisible, especialmente porque la pandemia ha convertido en norma el distanciamiento social y eso hace que nos cuestionemos las implicaciones de esas dos palabras

Agorafobia y fobia social

Agorafobia y fobia social

¿Y si el infierno son los otros?, ¿si un centímetro de más en la proximidad con el otro causa un sudor frío, y otro centímetro más pavor? El perfecto escapista se atrinchera en su hogar y reclama la república independiente de su casa, durante meses o años y por qué no toda una existencia. No es un asunto banal, querer, pero no poder. El que sobrevive se queda en el domicilio, el que vive se va. Pero el recluso con fobia social o agorafobia discrimina entre lugares seguros y no seguros, calcula los escenarios de exposición, de decepción o  potencial ridículo y comprende que no entiende a los otros porque conoce demasiado bien su propia fragilidad.

Una geografía humana reducida por el miedo al miedo y estancado en modo stand by. El error es creer que el otro es el odiado por estos pacientes, cuando en realidad lo que temen es a la implacable desaprobación de una sociedad que lo que en verdad exige de nosotros es aspirar a la perfección y desechar al que duda, como decía Píndaro no es fácil convertirse en uno mismo.

El día a día en ese caso puede ser un martirio

Diario de Laine Lois

“Tengo un problema físico que me impide hacer las cosas de la casa, tampoco trabajo por mis problemas psicológicos, así que prácticamente iba y voy de la cama al sofá y del sofá a la cama, cuando por ejemplo mi marido pone noticias huyo, no soporto escuchar noticias del virus. En la habitación  me pongo música relajante y trato de relajarme sin tomarme ningún ansiolítico. Mi ansiedad de base es alta. En el sofá veo la televisión y estoy con el móvil haciendo cosas aquí y allá,  leyendo,  escribiendo. Por eso me voy a la cama temprano, a las 8 que es cuando suena el despertador que me recuerda tomar las pastillas de la noche, no soporto el día más,  quiero que acabe  la ansiedad,  el miedo, todo se vuelve insufrible y solo quiero descansar y me duermo porque tomo pastillas para dormir recetadas”.

Entrar en materia exige aclarar términos que se confunden, la etimología de la agorafobia es equívoca, más allá del temor a los espacios abiertos, es el miedo a no poder recibir ayuda o a no poder escapar hacia un lugar seguro si la persona se encuentra en una situación tan crucial para ella como puede ser un ataque de pánico, en el que le acompaña la sensación de que algo catastrófico como la muerte o la locura va a sobrevenir, la idea es evitar esa situación a cualquier costa. Esa primera vez queda marcada a fuego generando una evitación constante que da lugar a un estilo de vida. Mientras que la fobia social es el miedo a contactar con los otros por el propio miedo al rechazo que uno pueda generar, la autoexigencia de interacciones sociales resulta tan estresante que tiende a rehuir el contacto social. Por tanto, no es necesario, pero sí posible que personas con agorafobia puedan padecer a su vez fobia social.

Laine Lois sentencia:

Prefiero quedarme en casa

Esta catalana, que usa un pseudónimo y se comunica por email, padece fobia social y agorafobia desde que tiene uso de razón. Pero los episodios se agudizaron durante su época universitaria, desembocando en la anorexia. “Sobre todo en mi época de universidad lo pasé fatal, ahí me di cuenta que no podía afrontar mi vida de forma normal, que todo era un mundo para mí y que ya no era una niña para que la mamá me solucionara las cosas”. Y confiesa: “He llegado a tener mucha ansiedad con todo tipo de síntomas: mareos, pérdida de sentidos, hormigueos, falta de respiración,  ahogos ,  corazón latiendo… Pero siempre los he sabido distinguir como síntomas de ansiedad y podía controlar los ataques, en eso he tenido suerte”.

Todo este cuadro de síntomas sumado al entorno complica comprender lo que no es una ciencia exacta, el dolor psicológico gana sobre el físico. Y el diagnóstico del experto se encuentra con que ha de abordar un problema que tiene numerosas patologías asociadas (anorexia, bulimia nerviosa, depresión, trastorno de personalidad, trastorno obsesivo compulsivo…).

Nos habla de esta complejidad el director y psicólogo de AMADAG:

 

La comorbilidad significa que se pueden dar dos o más enfermedades en una persona, lo que es a priori o a posteriori es difícil decirlo. Según los estudios de Lecrubier hay un 70-80% de pacientes que, unido a la ansiedad social, presenta otro trastorno psicopatológico diagnosticado, siendo los más frecuentes los trastornos de ansiedad en un 56,9%, los afectivos con un 41,4% y los referentes al abuso de sustancias tóxicas con un porcentaje del 39,6%. En ese sentido el orden de los factores sí altera el resultado, la cuestión por ejemplo es los que son víctimas de bullying pueden terminar padeciendo fobia social o sufren bullying porque tienen fobia social.

Enrique es un cordobés, que al igual que Laine tiene un blog con el que pretende dar visibilidad al problema y ayudar proporcionando información. Afirma que ya desde niño sabía que algo no encajaba. “Fui un niño con timidez extrema que después condujo al Trastorno de ansiedad social o fobia social…Al principio pensaba que se trataba simplemente de timidez y que iría avanzando en mis habilidades sociales y que poco a poco iría solucionando mis problemas de relaciones sociales. Poco a poco fui comprendiendo que no era así… Ya en la adolescencia intentaba pasar desapercibido, pero también recibía lo mío: insultos, risas mal intencionadas, gestos obscenos, etc. Nunca entraba al trapo, creo que por eso me salvé de algo peor…”.

La fobia social se da más en hombres, en cambio la agorafobia es el doble de frecuente en mujeres que en varones, sin embargo en este último caso las cifras pueden ser engañosas, ya que por cuestiones culturales se le exige al hombre una estoicidad que coarta la expresión de todo sentimiento, de modo que esto hace que eviten o retrasen en ocasiones el pedir ayuda. Esto significa que puede que haya también un porcentaje alto de hombres con esta enfermedad, pero que las cifras no lo reflejen, ya que como afirma Rubén Casado psicólogo de AMADAG “uno puede especular con lo que te llega a la consulta, pero no con lo que no te llega”.

 

Pandemia

El coronavirus ha traído voces de alerta sobre sus efectos, en especial en adolescentes y ancianos solos, así el psiquiatra Jesús de la Gándara baraja que un 30% de la población española está expuesta a sufrir hipocondría o ansiedad ante la enfermedad. Se están produciendo casos de personas que tienen miedo a salir a la calle, es lo que se conoce como el ‘Síndrome de la Cabaña’ “, la psicóloga, Andrea Vega Seoáñez explica que no se trata de una enfermedad mental. «Se habla de síndrome cuando una persona experimenta un conjunto de síntomas y reacciones tanto emocionales, como cognitivas y motoras tras determinada experiencia vital y a la que están íntimamente ligados.

A este escenario se suman los pacientes que padecían, antes del Covid-19, agorafobia y fobia social, para ellos las restricciones supusieron una recaída y un punto de inflexión especialmente si tu kriptonita es el anverso del lema de moda, si los demás quieren salir y recuperar la normalidad, la regla de oro es quédate en casa. La sátira de la pandemia es que ha materializado los temores de los agorafóbicos y los que padecen fobia social, pero como viene a matizar el psicólogo Rubén Casado de AMADAG todos somos vulnerables, otra cosa es cómo nos llevamos con esa vulnerabilidad. Es entonces cuando cabe preguntarse si hay una epidemia desde antes del Coronavirus, una epidemia que afecta a 6 de cada 100 españoles y las cifras desde 2006 siguen aumentando.

 

Durante el confinamiento por el Covid-19 Laine reconoce que durante el mismo no pasó nada especial y que no fue el confinamiento, sino a la hora de salir de él cuando tuvo una recaída, pero mientras “estaba la mar de bien”. En el caso de Enrique al principio todo iba bien porque no variaba mucho su rutina diaria salvo las horas de trabajo que las tenía que hacer en casa teletrabajando. Se ahorraba las relaciones sociales en el trabajo, así que se sentía con menos ansiedad diaria.

Sin embargo, las excursiones, rutinarias para los demás, son un territorio minado sujeto a la obligación de recorrer lo que va del punto A al punto B, y en ese transcurso el metro puede convertirse en el tren de la bruja.

Para Laine las salidas son traumáticas, “El primer día que salí fue cuando dejaron salir a hacer deporte a los adultos. Veía gente por todas partes porque habían abierto la veda,  corriendo, en bici, estos dos últimos me dan especialmente miedo porque dicen que son los que expulsan más y a más distancia el virus, y la mayoría no llevaba mascarilla Salí de nuevo a la calle otro día a un parque tranquilo sin gente por evitar o por cumplir el aislamiento social y ahí sí estuve a punto de tener un ataque de ansiedad. Mi marido decía:

—Ya está bien con la tontería,  si acabamos de llegar.

Finalmente le dije que tenía un ataque de pánico y me llevó a casa, ya no quise salir más».

Laine Lois

Apoyo, prevención y entendimiento

En este caso las redes sociales se convierten en un aliado poderoso, asimismo asociaciones como AMTAES (Ayuda Mutua para los Trastornos de Ansiedad) o AMADAG (Asociación Madrileña de Agorafobia) organizan talleres, GAM (grupos de ayuda mutua), filman documentales como “Ítaca”, que motivan a mejorar, y programan sesiones online que pueden ser para Enrique toda una tabla de salvación porque podía explicar lo que le pasaba por primera vez.  Pero le llamó la atención el caso de un socio con fobia social que en las reuniones presenciales de un GAM  no podía prácticamente hablar con nadie, solo respondía con monosílabos en el caso de que se le preguntara algo. Estaba con tratamiento de psicoterapia de forma privada y la propia psicóloga le recomendó la asistencia a un GAM.  Esto le hizo pensar que dentro de la fobia social hay muchos grados de afección  y en este caso era casi un mutismo.

Y en plena pandemia reconoce que las noticias que le han llegado es  que se han agravado los casos que ya padecían agorafobia o fobia social, multiplicándose casi por tres las peticiones de ayuda para resolver el problema.

La amarga ironía está en que el miedo a interactuar con otros de por sí dificulta la petición de ayuda, un círculo vicioso que fagocita todo lo demás. Así Casado habla de casos de personas que han conseguido no estar solas en su casa durante 30 años o pacientes que han establecido una vida llena de secretos en la que han trabajado más para su fobia que para sí mismos. Si somos hijos de nuestra época, para bien o para mal, entonces el caso de Enrique es sintomático de toda una generación.

Enrique comenta:“En mi caso no ha habido un diagnóstico, como ocurre con otros muchos casos. Sobre todo los que somos mayores de 50 años, ya que entonces cuando éramos jóvenes no existía ese diagnóstico y menos un tratamiento. Como mucho te recetaban un ansiolítico y nada más. Más adelante cundo te das cuenta de lo que te pasa, ya has adaptado tu vida a tu trastorno”

La formación en la prevención es para psicólogos como Casado la clave, en general para una sociedad que frivoliza con las enfermedades psicológicas, y en particular para el profesional que debe desplegar toda una batería de medidas para la recuperación del paciente. Para ello es importante deshacerse de etiquetas altamente estigmatizantes que convierten, a ojos de los demás y de los propios familiares, al enfermo en una persona débil, vaga, antisocial o incluso violenta. Ese tic se extiende también a los medios Laine y Enrique piesan que se frivoliza demasiado con el tema y se ignoran las limitaciones sentimentales y laborales, así la agorafobia ha sido desde hace mucho tiempo, como es el caso de los hikikomori en Japón, pero la prensa sintetiza en lugar de profundizar.

 

Todavía hay muchos interrogantes que resolver en torno a enfermedades como la agorafobia y la fobia social, cuestiones que tienen que ver con una mayor presencia de ellas en pacientes con hiperlaxitud articular, según los estudios de Antoni Bulbena, o con un elevado coeficiente intelectual. Así como su base genética, hasta ahora se han aislado siete genes relacionados con la predisposición a los trastornos de ansiedad. No obstante, el punto de partida sigue siendo contar con el personal cualificado destinado a reforzar la atención de los pacientes.

Salud mental pública

La OMS en España afirma «hay unos seis psicólogos por 100.000 habitantes en la sanidad pública española». «La media europea es cuatro veces superior». En ese sentido AMTAES ha promovido a través de Change.org una campaña por la mejora de los servicios de salud mental públicos en España. Experiencias como la de Laine o la de Enrique  vienen a confirmar la necesidad de esa petición.

Laine Lois: “ voy como vaca al matadero y me dejo llevar ,¿qué voy hacer? Al principio sí que iba con confianza y expectativas solo a fuerza de ir a uno y a otro sin ver ningún  cambio en mí, eso lo que me dio esta desconfianza”. Para Enrique la atención en salud mental en la sanidad pública está prácticamente desaparecida. No hay suficiente número de psicólogos o psiquiatras especializados en la los trastornos de ansiedad, como para saber separar los diferentes casos y situaciones y disponer de tiempo para hacer la terapia adecuada. Y en este momento del Coronavirus los tratamiento se han distanciado notablemente en el tiempo o incluso desaparecido.

Esta situación es especialmente preocupante en épocas navideñas, aunque también es verdad que la otra cara de estas fiestas en circunstancias tan excepcionales es que suponen una tregua al estrés por las reuniones familiares que antes resultaban ineludibles. Pese a todo, Laine tiene claro lo que haría si un día llegase a dejar de sufrir fobia social, “vivir con más libertad sin depender de nadie sobre todo eso,  yo no haría ningún viaje ni cosas así. Seguiría con mi vida, pero más feliz, la disfrutaría más,  no negaría actividades o quedar con amigos de mi marido, por ejemplo viviría con más normalidad”.

El paciente

La aspiración de Laine es aparentemente modesta, pero supone todo un mundo y delata una realidad inherente, porque como decía José Ortega y Gasset “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

 

6 comments Show discussion Hide discussion
  • Hola lo primero gracias por dar visibilidad a estos trastornos que se conocen tan poco y que son tan estigmatizantes y lo segundo ¿Me podría pasar por aquí la dirección de los blog de las dos personas que participaron ?, usted decía que tenían un blog , Me interesaría mucho leerlos, Gracias

  • Gracias

  • Dar visibilidad a estos trastornos ayudan a su comprensión por parte de la sociedad.

  • Con la pandemia, para muchos, llueve sobre mojado con el tema de la ansiedad… Muy buen artículo y muy completo, refleja muy bien lo que muchos sentimos.

  • Muchos de los «invisibles» estamos intentando mateializarnos para que la sociedad entienda que exisitmos y que tenems el derecho de ser comprendidos y atendidos. Gracias por el artículo.

Add a comment

More in Actualidad

More in Coronavirus

More in Hiperlocal

More in Madrid Centro

Most popular

Most popular

Most popular

Most popular