Madrilánea

Cómo afrontan los frentes de seguridad los vigilantes y el personal de Metro Madrid

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Domingo Gómez, representante del área de seguridad, y Alejandro López, jefe de línea, cuentan las situaciones y contratiempos a los que se enfrentan durante su jornada laboral en el metro de Madrid

Un viaje a las profundidades de la Tierra debe asemejarse a la sensación que experimentas cuando bajas al andén de la línea 6 en Cuatro Caminos. Escaleras y más escaleras. Al llegar, la pantalla marca que quedan tres minutos para que el metro pase. La gente espera, unos miran sus teléfonos mientras alguien lee sentado al fondo en uno de los bancos. El temblor y un ligero zumbido al fondo del túnel avisa a los viajeros: el tren se acerca. En menos de un minuto la gente baja y sube; y al entrar, en el interior del vagón, resalta el naranja fluorescente de los uniformes del personal de seguridad.

Más de 2.500 vigilantes de seguridad se reparten por toda la red de Metro Madrid. Trasiegan por sus estaciones y viajan en sus trenes, salvaguardando el orden dentro de esta casi ciudad paralela subterránea en Madrid. No están solos ahí abajo, cuentan con unos fieles aliados que vigilan hasta el más mínimo punto al que ellos no pueden llegar: aproximadamente unas 8.500 cámaras de vigilancia que proporcionan una cobertura total en tiempo real.

Personal de seguridad de Metro Madrid (Foto: Archivo ABC)

El área de seguridad de Metro Madrid se estructura principalmente en tres ejes: un puesto central, en el que se gestionan las incidencias en tiempo real, una sección dedicada enteramente a gestionar la operativa y acción de los vigilantes; y los sistemas físicos de seguridad, como son las cámaras de videovigilancia y las alarmas.

«Los vigilantes tienen que acatar y acometer lo que dice la ley de Seguridad Privada», explica Domingo Gómez, representante del área de seguridad de Metro Madrid. Ante un robo o una agresión siempre siguen el mismo protocolo: el vigilante se comunica con el puesto central y desde allí se activan los recursos externos. «Metro Madrid cuenta con una brigada móvil permanente de unos 150 funcionarios operativos de paisano. Dependiendo de las necesidades, contactamos con la Policía Nacional o Municipal, Guardia Civil, SAMUR, Bomberos…», explica el responsable.

Altercados, robos, hurtos, agresiones, daños materiales o grafitis son cuestiones que competen a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Asimismo, realizan intervenciones a causa de incumplimientos normativos como identificaciones, investigan la comisión de delitos penales y civiles, e incidencias sanitarias como fallecimientos o arrollamientos. En el año 2019, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado realizaron 9.794 intervenciones, una media de 674 al mes, en Metro Madrid; 8.121 fueron intervenciones de la Policía Nacional. «Nosotros no acusamos ni detenemos, siempre actuamos en presunto acto de», explica Domingo Gómez.

Últimamente, las agresiones de carácter racista en el interior del metro de Madrid están a la orden del día. «Ante estas situaciones lo que se intenta es suavizar y templar el ambiente, relajarlo, y si es excesivo automáticamente activamos a la policía y los recursos externos», explica Domingo Gómez. Cómo último recurso, los vigilantes recurren a la inmovilización, solo si es estrictamente necesario porque en ciertas ocasiones incluso ha llegado a malinterpretarse hasta donde llega su papel. «No buscar la confrontación, ese es el lema. Hay vigilantes que no lo llevan a gala y al final pues siempre acaban en los medios. Por suerte son pocos los casos», declara el representante de seguridad.

Los suicidios también forman parte del día a día del personal de seguridad de Metro Madrid. «Normalmente, cuando alguien tiene intención de tirarse es muy difícil pararle ni el propio maquinista es capaz de parar el tren. En el momento que ocurre se comunica al puesto central, se paraliza la circulación en ambos sentidos y se movilizan los recursos externos necesarios. Ahí nuestra función es apoyar», expone Gómez.

Otras veces, deben lidiar con usuarios que hacen un uso indebido de las instalaciones como por ejemplo cruzar las vías. Ahora bien, Domingo Gómez advierte que no es habitual. «Sobre todo pasa en las apertura de los sábados, consecuencia del ocio nocturno. Muchos después de tomar alcohol o drogas se bajan a la vía. En este aspecto estamos algo más tranquilos, se nota muchísimo que ha mermado el ocio nocturno», cuenta.

A todas estas cuestiones se suma la llegada de la pandemia. Aunque los madrileños parecen haber integrado de forma completa en sus rutinas el uso de la mascarilla, el gel hidroalcohólico o la distancia de seguridad, durante las primeras semanas no fue habitual. «Al principio fue muy complicado, mucha gente se negaba a seguir las medidas. Ahora parece que se han mentalizado y acostumbrado, hacen más caso», relata Domingo Gómez. No obstante, señala que siempre encuentran «algún rebelde» que no cumple las medidas sanitarias.

Temporal Filomena

Habitualmente, Alejandro López, jefe de línea de Metro Madrid, se encarga de controlar el funcionamiento de la línea 2 y el Ramal desde la estación de Ópera. «Nuestra función es vigilar que todo vaya bien, solucionar cualquier tipo de avería o cuestión que dificulte el trasiego de los viajeros, como inundaciones o filtraciones», explica. El día que los primeros copos de nieve comenzaron a caer sobre Madrid, él estaba en casa librando. «Sabía que se iba a liar, en el metro o la cosa está muy tranquila o se complica», cuenta.

El primer paso para organizar el operativo para abrir durante 24 horas el metro de Madrid fue buscar personal. «Había que gestionar el personal en las estaciones y prolongar los turnos hasta las seis de la mañana. Hubo muy buena respuesta», explica el jefe de línea. Asimismo, Alejandro López relata cómo cuestiones que al usuario de metro pueden parecer tan simples como el funcionamiento de las escaleras mecánicas, el alumbrado en las estaciones o la apertura de las cancelas automáticas hubo que reprogramarlas por completo.

«Al principio pensamos que duraría de dos a tres días, pero al final fueron ocho días las 24 horas. Todo se fue apañando sobre la marcha la verdad, pero bueno había que facilitar un servicio ante cualquier urgencia como ir al hospital o volver a casa», manifiesta López.

Sobre las polémicas aglomeraciones los primeros días laborables durante la nevada, Alejandro López cree que fueron momentos puntuales a lo largo del servicio y explica que los efectivos, durante aquellos días, estuvieron al completo. «Metro hizo todo lo que pudo, no había otro medio de transporte», declara.

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