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	<title>Madrilánea &#187; Hortaleza</title>
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	<description>Revista online del Máster ABC-UCM 2012</description>
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		<title>Ecos del rock</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Mar 2013 00:54:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
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		<description><![CDATA[La historia musical de Hortaleza está asociada al grupo que vio nacer: los Porretas. Pero hay mucho más detrás, garitos con historia, locales de ensayo y grabación, leyendas urbanas y hasta una radio]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_19365" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2013/03/08/ecos-del-rock/hangar_2/" rel="attachment wp-att-19365"><img class="size-medium wp-image-19365" title="Hangar 19" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/hangar_2-606x225.jpg" alt="Hangar 19" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">La puerta de los locales de ensayo, Hangar 19. Fotos: I.M.</p></div>
<p style="text-align: justify;">El rock se esconde en los bajos de Hortaleza, retumba entre sus muros. Las anécdotas pasan de boca en boca desde los años 90. Y el himno oficioso del barrio, la canción <em>Hortaleza</em>, aún suena en las casas.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">En el barrio de Hortaleza,</p>
<p style="text-align: justify;">en el barrio de la juerga</p>
<p style="text-align: justify;">Rock &amp; Roll a toda mecha, en el barrio.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">No podía haber sido compuesta por otros que <a href="http://porretas.com/" target="_blank">Porretas</a>, el grupo abanderado del barrio, que han llevado el nombre de Hortaleza hasta el otro lado del Atlántico. El periodista musical Ray Sánchez les conoce bien. Ha crecido de su mano, se ha desarrollado en Hortaleza. Ray se confiesa: «Hay pocas cosas que me gusten más que hablar del rock y del barrio». Y comienza la ruta del rock. El primer lugar figura como uno de los <a href="http://rollingstone.es/noticias/view/25-lugares-miticos-del-pop-rock-espanol-a-traves-de-google-earth" target="_blank">25 lugares de Rock and Roll</a> más míticos en España según la revista Rolling Stone: <strong>La Cobela</strong>, en la calle Tribaldos número 19.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que hasta 1999 fuera un <strong>punto de encuentro para rockeros</strong> de toda España, hoy es una floristería. «Este bar lo regentaba el que ahora es guitarrista de los Porretas, José Manuel Cobela, de ahí lo de La Cobela». La contraparte se la llevó el músico: acabó siendo conocido como<em> el Bode</em>, mote que venía de “el bodeguero”, por haber estado al frente del lugar.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Era un «cuchitril»</strong>, dice Ray, pero ahí se forjó la segunda generación del rock urbano madrileño. Lo visitaban <em>Robe</em>, el cantante de <a href="http://www.extremoduro.com/" target="_blank">Extremoduro</a>; Fernando Madina, del grupo sevillano <a href="http://www.reincidentes-sca.es/" target="_blank">Reincidentes</a>; Kike Suárez <em>el Babas</em> o Kike Turrón, además de todos los miembros de Porretas. «Me contaba el <em>Bode</em> que, por ejemplo, Pilar Rubio le dijo que con 17 años vino aquí aunque ella era del barrio del Pilar… Era un sitio mítico».</p>
<p style="text-align: justify;">Ray sólo estuvo una vez, con 15 años. «Entré simplemente para ver los marcos de entradas que tenían. Era un <em>teenager</em> y yo flipaba…tenían la última entrada del <strong>concierto de Nirvana</strong> y una guitarra cruzada».</p>
<p style="text-align: justify;">El<em> Bode</em> cerró el bar cuando los Porretas se profesionalizaron. Por aquel entonces, ya estaba abierto otro garito a escasos metros más abajo: <strong>La Prensa</strong>. Allí era donde los Porretas acaban sus conciertos en Madrid. En 2003 el grupo grabó su disco <em>El Directo</em>. Participaron desde Julián Hernández de <a href="http://siniestro.com/" target="_blank">Siniestro Total</a> hasta <em>el Drogas</em> de <a href="http://www.barricada.es/" target="_blank">Barricada</a>, que venía de Navarra, pasando por Fernando Madina de Reincidentes. «Acabaron en ese local como 60 personas en un sitio minúsculo. Se cuenta que ha sido <strong>una de las mayores fiestas</strong> privadas que ha habido en Hortaleza».</p>
<p style="text-align: justify;">Ray fue durante un tiempo un observador privilegiado de La Prensa: trabajó como camarero. «Los fines de semana, colaboraba por la mañana en la radio y por la tarde venía por aquí. Mis colegas siempre me hacían la coña de: por la mañana en la radio, por la noche en la Prensa». Un lunes en el que trabajaba por casualidad, a la 1 de la madrugada apareció <strong>el navarro Kutxi Romero</strong>, cantante de <a href="http://www.losmarea.com/" target="_blank">Marea</a>, con el <strong>Luter</strong>, otro músico rock. «Tú imagínate, es que <strong>es una marcianada</strong> completamente», recuerda Ray.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero en Hortaleza también hay espacio para otro tipo de grupos. Lo demuestran los locales de ensayo <a href="http://www.hangar19.com.es/" target="_blank">Hangar 19</a>, en la calle de Servator. «Es un sitio donde <strong>ha ensayado muchísima gente</strong>, sobre todo grupos del barrio», reconoce Ray. Lejos de ajustarse a la estética aséptica de los locales de nueva generación, estos continúan manteniendo otra más tradicional, más oscura.</p>
<p style="text-align: justify;">La imagen más llamativa se la lleva el ascensor y las escaleras: un monstruo, las vías de un tren o una chica negra acompañan el camino a los locales. <strong>El exterior de los locales está grafiteado</strong> por un amigo del antiguo dueño del local, Carl Zimmermann. «Se está haciendo famoso porque es DJ y algún día lo veremos en algún sitio porque es bastante bueno», asegura Fermín, el encargado de los locales. Lleva más de seis años trabajando allí. Los locales funcionan desde hace 19.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquí empezó desde <a href="http://www.myspace.com/hoymueroviernes" target="_blank">Hoy Muero Viernes</a> hasta La Quinta Estación. La mayoría de los grupos, si dan el salto, se van a otros locales. No ha sido el caso de <a href="http://www.envidiakotxina.com/" target="_blank">Envidia Kotxina</a>, que <strong>aún toca aquí</strong>. «El otro día, un chaval de 17 años, se quedó impresionado».</p>
<p style="text-align: justify;">— ¿Aquí ensaya Envidia Kotxina?</p>
<p style="text-align: justify;">— Pues si</p>
<p style="text-align: justify;">— ¡Pero si uno de sus conciertos se conocieron mis padres!</p>
<p style="text-align: justify;">Actualmente <strong>hay 30 grupos</strong> alquilando los locales. De vez en cuando, dan conciertos en la sala. Los dueños <strong>no cobran nada por tocar</strong>: «La base es que toquen nuestros chicos». Tampoco se promocionan los conciertos: «Funciona por el boca a boca, que es la mejor publicidad». Por eso, los conciertos tienen un ambiente de clandestinidad.</p>
<p style="text-align: justify;">La vida se reproduce entre las paredes de los locales de ensayo. Los grupos, aunque sean desconocidos, viven con intensidad sus experiencias: «Tiranteces, chorradas, que es la puta vida… pero <strong>elevado a esos 12 metros del escenario</strong>, con todos sus instrumentos», dice Fermín.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero para vivir el rock no es necesario un escenario. Lo demuestra Ray. En su opinión, el mejor garito de rock de Hortaleza es el <strong>Sáhara Bar</strong>, en la calle Calanda, número 21. «Es un garito acogedor, muy de parroquianos». Sin embargo, es el que pincha la mejor música. A diferencia del resto, más que ser un sitio de encuentro entre músicos —aunque también van— es de <strong>melómanos</strong>. Es su única peculiaridad.</p>
<div id="attachment_19383" class="wp-caption alignleft" style="width: 301px"><a href="http://madrilanea.com/2013/03/08/ecos-del-rock/img-20130304-wa0003/" rel="attachment wp-att-19383"><img class=" wp-image-19383  " title="Imagen del bar Palermo" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/IMG-20130304-WA0003-606x402.jpg" alt="Imagen del bar Palermo" width="291" height="193" /></a><p class="wp-caption-text">Imagen del bar Palermo. Foto: Daniel Román</p></div>
<p style="text-align: justify;">Otro de los lugares que destacan por el nivel de la música rockera que pinchan es el Palermo. «Creo que se llama el Palermo, porque está en la calle Palermo, pero <strong>tampoco tiene ningún rótulo identificativo</strong>». Camuflado como un chalet más entre el resto, se esconde un bar muy peculiar regentado por Fofo y Sandra. Tres puertas diferentes lo separan de la calle. «Es un sitio raro, por un lado viene mogollón de gente, y por otro lado como está muy escondido, nadie se mete con nadie… está todo Dios de puta madre», asegura Fofo.</p>
<p style="text-align: justify;">En el bar Palermo ha tocado <a href="http://www.antoniovega.org/" target="_blank">Antonio Vega</a>, <a href="http://www.coquemalla.es/web/" target="_blank">Coque Malla</a> y <a href="http://www.redhouse.es/red-house/html/home.htm" target="_blank">Red House</a>. <strong>Un habitual es Wyoming</strong>. «Son amigos de la casa, es algo que la vida nos ha regalado», asegura Sandra. Pero cuando toca él y su banda Los Insolventes, prácticamente no lo sabe nadie más que su círculo de amigos. Cualquier día puedes entrar y llevarte la sorpresa.</p>
<p style="text-align: justify;">Hace 20 años, el bar era una carpintería. «Aquí había un almacén de billares…era como un chabolo. Lo tiré entero», asegura Fofo. Fue él quien <strong>empezó a poner ladrillo por ladrillo</strong>. Cuando alcanzó el medio metro de altura, hizo la primera fiesta.</p>
<p style="text-align: justify;">—Estaba ya hasta los huevos de poner ladrillos, tío</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca ha puesto ningún cartel en la puerta. Al principio la gente no encontraba el sitio, aunque eso también le daba un aire clandestino. Pero «lo único que tengo de clandestino es que no tengo un cartel», cuenta Fofo. Al final, el boca a boca <strong>ha hecho famoso el lugar</strong> hasta el punto de que, en cierta ocasión, un amigo de los dueños descubrió al guitarrista estadounidense ganador de 17 premios Grammy <strong>Pat Metheny</strong> en los baños del bar.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero no todos los lugares emblemáticos del rock en Hortaleza se encierran entre cuatro paredes. <strong>El auditorio Pilar García Peña</strong>, en el parque Pinar del Rey, ha sido testigo de muchas anécdotas desde que en 1986 se inaugurara con un concierto de José Antonio Labordeta. «Por aquí ha pasado todo el mundo del rock y del pop español, sobretodo en las fiestas», cuenta Ray. «El <em>Bode</em>, de Porretas, dice que aquí han tocado los <a href="http://heroesdelsilencio.es/" target="_blank">Héroes del Silencio</a>, que me parece una barbaridad». También han pasado por el escenario hortalino Mano Negra, los Enemigos, Rosendo, los Suaves, Siniestro Total o Barón Rojo.</p>
<p style="text-align: justify;">A finales de los 90, el grupo de Manu Chao, Mano Negra, dio un concierto de pago en el auditorio. Taparon las vallas con lonas para que no pudiera verse desde fuera. «<strong>Pues la gente quemaba las lonas para ver el concierto</strong>», dice Ray.</p>
<p style="text-align: justify;">Los altercados a veces han estado presentes en el rock, al igual que las muertes prematuras. «En Hortaleza también <strong>tenemos nuestro propio mártir</strong>», recuerda Ray. Fue en la calle López de Hoyos. El local hoy es una escuela de ballet, pero en otro tiempo fue <em>El Ruso</em>, «era seguramente uno de los peores sitios que había en Hortaleza». A veces iban allí algunos componentes del grupo <em><strong>Huevos Canos</strong></em>, formado por al menos ocho músicos de los que luego surgieron los grupos <em>The Vientre</em> o <em>Ministers</em>. Ya había amanecido cuando se produjo la reyerta. El cantante y guitarrista del grupo, Juanito, murió víctima de <a href="http://www.todaslasnovedades.es/documentos/2003/mayo/articulos/Carretera.php" target="_blank">un homicidio involuntario</a>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Desde las ondas</strong></p>
<div id="attachment_19371" class="wp-caption alignleft" style="width: 301px"><a href="http://madrilanea.com/2013/03/08/ecos-del-rock/dsc_0688/" rel="attachment wp-att-19371"><img class=" wp-image-19371  " title="El periodista Ray Sánchez" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_0688-606x405.jpg" alt="El periodista Ray Sánchez" width="291" height="194" /></a><p class="wp-caption-text">El periodista Ray Sánchez, en Radio Enlace</p></div>
<p style="text-align: justify;">Cada semana Ray, junto con Raúl Carnicero, convierte en baluarte del rock español un pequeño estudio de <a href="http://www.radioenlace.org/" target="_blank">Radio Enlace</a>. Lo hacen a través de las ondas, con <strong>su programa La Fauna</strong>. Después de nueve años, aún recuerda la primera entrevista que hicieron: a <strong>Rosendo</strong>. Había ido a tocar al barrio y se acercaron con unos amigos: «Éramos 5 niñatos con Rosendo haciéndole preguntas aduladoras»</p>
<p style="text-align: justify;">— ¡Ay Rosendo!, —nos faltó decir— ¡qué guapo eres!</p>
<p style="text-align: justify;">«Y Rosendo se ponía colorado, que es lo gracioso. La vergüenza la tenía él, porque dijimos cosas así peloteras, aduladoras…». Desde entonces ha cambiado mucho. Es habitual que traigan a la radio a <strong>diferentes iconos del rock</strong> español así como a grupos maqueteros. Barón Rojo, los Porretas, Obús o incluso Despistaos.</p>
<p style="text-align: justify;">En la radio aún recuerdan cuando llegaba Mohamed, el violinista de Mago de Oz, sin previo aviso. Llamaba a la puerta de la radio, violín en mano, para decir si podía tocar en directo.</p>
<p style="text-align: justify;">Instrumentos tampoco faltan en el barrio. <em>Call and Play</em> se encarga de ello. Ubicada en los bajos del centro comercial Colombia, recibe la visita de Dover, de Porretas o de Raimundo Amador, quien dio un concierto en la tienda en 2012. «<strong>Muchos grupos acaban aquí de rebote</strong>», dice Gonzalo, el encargado de la tienda. «Lo normal es que manden a sus esbirros». En los doce años que lleva la tienda abierta, les ha dado tiempo a que los grupos lleguen a pedirles un yunque, cubos de plástico o «cosas que suenen como <em>esto</em>» pero que no existen.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero también hay maldiciones rockeras en el barrio: <strong>el Quinto Pino</strong>, luego el Rock Estatal Club, ahora el Breaking Bar. Tres nombres para un mismo sitio.</p>
<p style="text-align: justify;">En la calle Chiquinquirá número 60, comienza el periplo: «Hace dos años y medio lo cogen unos chavales del barrio y deciden hacer <strong>un garito muy del rock español</strong>, de rock cercano, empeñados en que haya conciertos». Durante un año y medio pasaron por el local multitud de grupos. «Era algo sin parangón en el barrio», dice Ray.</p>
<p style="text-align: justify;">«Los Porretas le dedicaron una canción llamada <em>El Quinto Pino</em>. Salió el disco y a los meses, el Quinto Pino cerró».</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces Juan Palacios, otro vecino del barrio y editor de la revista <strong>Rock Estatal</strong>, decidió hacerse cargo de él y asociarlo al nombre de la publicación. «Hasta hace 4 días, tenía el letrero puesto. Tenía conciertos buenísimos. Por ejemplo, el fin de semana pasado estuvo aquí Topo».</p>
<p style="text-align: justify;">Los Porretas <strong>han grabado el videoclip de su último disco</strong>,<em> La vamos a liar</em>, en el Rock Estatal Club. Pero el Rock Estatal Club ya no existe.</p>
<p style="text-align: justify;">«Ahora lo han cogido otros chavales del barrio, que han puesto de nombre el <a href="http://www.breakingbar.com/" target="_blank">Breaking Bar</a>, y que va a seguir en la misma línea». Ya tienen programadas las actuaciones de Lichis, de Kike Suárez <em>el Babas</em> o de Inlogic. La fiesta de presentación del disco de Porretas será el 14 de marzo en el bar. Ray ha bromeado con ellos: «A lo mejor sois los culpables de la maldición…». Pero saben que no.</p>
<blockquote><p>Y volvamos a vernos en el Quinto Pino</p>
<p>Que nos dejan pasar, nos dejan pasar</p>
<p>Y que nos quiten lo bailao</p>
<p>no sabes donde te has metido</p>
<p>para que aprendas a salir</p>
<p>y no te sientas aburrido.</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Guillermo y Carmen: un amor truncado por el cáncer</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Mar 2013 00:59:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
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		<category><![CDATA[cáncer]]></category>
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		<description><![CDATA[Se conocieron por internet. A las tres semanas de empezar a hablar, ella le contó que tenía leucemia]]></description>
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_18569" class="wp-caption aligncenter" style="width: 501px"><a href="http://madrilanea.com/2013/03/01/guillermo-y-carmen-un-amor-truncado-por-el-cancer/dsc_0668/" rel="attachment wp-att-18569"><img class=" wp-image-18569  " title="El anillo que Carmen le regaló a Guillermo" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_0668-606x405.jpg" alt="El anillo que Carmen le regaló a Guillermo" width="491" height="329" /></a><p class="wp-caption-text">El anillo que Carmen le regaló a Guillermo. Fotos: I. M.</p></div>
<p style="text-align: justify;">El momento de entrar en quirófano era inminente. Todo estaba listo para el trasplante de médula. Tras meses de <strong>quimioterapia</strong>, Carmen se veía demasiado delgada. Se sentía sin fuerzas. <strong>No creía que la operación fuese a salir bien</strong>. Hablaba con Guillermo por teléfono. Él intentaba animarla. La promesa de verse estaba en el aire: «Según termine la operación, hablo con tu sobrino. Que me dé los billetes de avión, me voy para allá y nos vemos donde te dejen, donde tengas que salir, y hablamos y ya… todo bien». Nunca se habían visto en persona. Se conocieron por internet. Pero a las tres semanas de empezar a hablar, ella lo tuvo claro: quería volver a luchar contra el cáncer. Tenía algo por lo que intentarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando se conocieron ella tenía 25 años, él 22. Era 2009. Guillermo acababa de trasladarse a Guadalajara, a casa de su hermana mayor. Llegaba desde San Juan (Alicante), tras una ruptura. Hizo las maletas y se fue a una ciudad donde no conocía a nadie. Por azar, empezó a <strong>jugar al parchís</strong> por internet y así encontró a Carmen. Se podía hablar con el oponente. «Tengo costumbre de escribir muy rápido, pero ella no», recuerda Guillermo. «La escribía en plan: ‘Hola, ¿qué tal? ¿de dónde eres? ¿qué te gusta?’. Y a ella no le daba tiempo a escribir. En el parchís tienes como 10 segundos para mover y tirar, si no las fichas se mueven solas, por eso <strong>ella perdía todas las partidas</strong>».</p>
<p style="text-align: justify;">A los tres días de estar jugando al parchís, ella le propuso que hablaran por otro canal. Eligieron Skype. Conectaban todos los días. Pero sólo se escribían. «No queríamos hablar por voz y, de coña, un día me dijo: “Pues llámame por teléfono”. Y la llamé por teléfono». Fueron cinco minutos. Ella <strong>estuvo bastante callada</strong>. No se lo esperaba. Pero al día siguiente fue Carmen quien decidió marcar los dígitos. Y así pasaron los días durante otras dos semanas. Tenían mucho en común. Guillermo quería que se conocieran en persona, aunque ella vivía en Nerja (Málaga). La respuesta fue tajante: no. <strong>Tenía que irse de viaje</strong> un tiempo. Quizá a la vuelta pudieran verse.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Cambiar de opinión</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El día en el que comenzaba su viaje, Carmen llamó a Guillermo desde el aeropuerto. Habían pasado tres semanas desde que se conocieron y pensó que era el momento de explicarle que <strong>tenía leucemia</strong>. No era un viaje de placer: se iba a Noruega a tratarse. Una decisión que había tomado repentinamente. «Me dijo que cuando yo la conocí ella simplemente estaba esperando a morirse». No quería medicarse, estaba cansada. Cinco años antes <strong>había superado un cáncer de útero. </strong>Tras meses de quimioterapia y de operaciones, se lo extirparon. «Tampoco tenía nada que le importase demasiado como para afrontar otra vez dos años de operaciones o de quimioterapia. Prefería estar dos o tres meses tranquila y luego ya…». Sin embargo, tras conocer a Guillermo, decidió tratarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Guillermo había encontrado a alguien con quien conectaba, con quien creía que podía tener algo. Pero se enfrentaba a un dilema. Lo consultó con algunos de sus allegados: algunos le dijeron que cortara la relación, otros que, si quería, siguiera adelante. Y decidió seguir adelante. «Ella era lo que yo espero encontrar en una persona», cuenta. Sin embargo, «es muy complicado estar hablando con una persona todos los días, estar encariñado, y saber que… <strong>no sabes si realmente mañana vas a volver a hablar con ella</strong>».</p>
<p style="text-align: justify;">Así pasaron los siguientes meses. A Carmen llegaron a decirle desde «te queda un mes» o «de esta noche no pasas», hasta «parece que todo va bien». Aún así, <strong>ella se mostraba alegre y cariñosa</strong>. «Era un poco difícil de entender cómo lo hacía». Salvo las horas en que estaba trabajando, Guillermo se pasaba el resto del día hablando con ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Entretanto, Guillermo planeaba volver a Alicante. Allí era probable que viese a su exnovia.</p>
<p style="text-align: justify;">—Es que la vas a ver…—dijo Carmen.</p>
<p style="text-align: justify;">—Ya, bueno, pero es que yo ya no siento nada. Además, le voy a decir que tengo pareja.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Cómo que le vas a decir que tienes pareja?</p>
<p style="text-align: justify;">—Claro, tú y yo somos pareja, ¿no?</p>
<p style="text-align: justify;">—Ah, bueno, es que no me has pedido salir.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y le pidió salir</strong>. «Estábamos juntos pero… cada uno estaba a mil kilómetros».</p>
<p style="text-align: justify;">Carmen pasó en Noruega cerca de tres meses. <strong>De allí viajó a Houston</strong>, a un hospital más reconocido y en el que tenía más posibilidades de recibir antes el trasplante de médula ósea que necesitaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras, <strong>iban haciendo planes de futuro</strong>. «Supongo que los que tiene cualquier persona con su pareja, nada descabellado», dice Guillermo. Para cuando ella volviera a Málaga. Alquilarían un piso y el padre de ella podría ponerle en contacto con gente para conseguir un trabajo.</p>
<div id="attachment_18583" class="wp-caption alignleft" style="width: 272px"><a href="http://madrilanea.com/2013/03/01/guillermo-y-carmen-un-amor-truncado-por-el-cancer/dsc_0663/" rel="attachment wp-att-18583"><img class=" wp-image-18583   " title="Guillermo escribe sobre el teclado de su ordenador" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_0663-606x405.jpg" alt="Guillermo escribe sobre el teclado de su ordenador" width="262" height="175" /></a><p class="wp-caption-text">Guillermo escribe sobre su ordenador</p></div>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, Carmen era muy consciente de su situación. <strong>Intentó que él rompiera con ella</strong>. En tres ocasiones hizo cosas sin sentido con el objetivo de decepcionarle o enfadarle. «Yo igual estaba un día enfadado porque no entendía por qué estaba haciendo ciertas cosas y al día siguiente venía y pedía perdón», cuenta Guillermo. A Carmen le alegraba hablar con él, más aún cuando estaba sola en Houston. Pero también sentía que le estaba quitando algo: la posibilidad de estar con otra chica, de hacer otras cosas. «Tú a mí me vienes muy bien, pero yo a ti no te vengo bien», le dijo.</p>
<p style="text-align: justify;">A veces Carmen le enviaba regalos. Se lo encargaba a su sobrino o sobrina, y ellos se lo hacían llegar a Guillermo. En una ocasión, ella se sorprendió de que Guillermo no hubiese probado el jamón de pata negra de Málaga, así que pidió que le cortaran un poco y se lo enviaran. También le regaló ropa, juguetes para sus sobrinas. Y <strong>un anillo de compromiso</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Convivieron con el cáncer <strong>un año y medio</strong>. El día de la operación, Guillermo se mantuvo en contacto constante con el sobrino de Carmen. Fue él quien le dio la noticia: Carmen había muerto durante la operación. Nunca se verían en persona.</p>
<p style="text-align: justify;">El siguiente año fue muy duro. Cuatro años después, su padre cree que aún no lo ha superado del todo, pero Guillermo dice que ahora lo recuerda con cariño. Aprendió de Carmen a apreciar las cosas de otra manera: esa que sólo te da el enfrentarte a una leucemia. A ser más cariñoso. A tomarse la vida de otra manera. Hoy <strong>sigue llevando colgado al cuello el anillo</strong> que ella le regaló, grabado en su interior: «Por siempre, Carmen 1/7/2009».</p>
<p><em><strong>Editado por Víctor Ruiz de Almirón</strong></em></p>
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		<title>Pan bendito para gargantas enfermas</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Feb 2013 02:36:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[canillas]]></category>
		<category><![CDATA[enfermedad garganta]]></category>
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		<description><![CDATA[San Blas, patrono del barrio de Canillas y protector de enfermedades, celebra su santoral al ritmo de dulzainas y tambores]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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						data-text="Pan bendito para gargantas enfermas" data-url="http://madrilanea.com/2013/02/08/pan-bendito-para-gargantas-enfermas/" 
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_17632" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2013/02/08/pan-bendito-para-gargantas-enfermas/portada-18/" rel="attachment wp-att-17632"><img class="size-medium wp-image-17632" title="Alfredo anima la subasta del puesto de las andas de San Blas" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/Portada4-606x225.jpg" alt="Alfredo anima la subasta del puesto de las andas de San Blas" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Alfredo anima la subasta del puesto de las andas de San Blas. Fotos: I. M.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Una vez al año, Canillas acoge una particular subasta. Para muchos supone una cuestión de honor.</p>
<blockquote><p>— ¡Se abre la puja por 10 euros!</p>
<p><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">— ¡Doy diez!</span></p>
<p>— ¡Diez euros da la señora!</p>
<p>— ¡Veinte!</p>
<p>— ¡Veinte al otro lado! ¡Venga!</p>
<p>— ¡Treinta!</p>
<p>— ¡Cuarenta!</p>
<p>— ¡Cuarenta da la señora! ¿Alguien da más? –el silencio recorre por primera vez el público-. ¡Que todavía se puede arrepentir! –hay una carcajada general-. ¡Entonces cuarenta por el brazo posterior derecho! ¡Viva San Blas!</p>
<p>— ¡¡Viva!!</p>
<p>— ¡Viva el patrón de Canillas!</p>
<p>— ¡¡Viva!!</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Los aplausos retumban en los muros de la ermita de San Blas. La figura del Santo preside la escena, mientras los ganadores de la subasta se preparan para el honor de<strong> cargar con las andas</strong>: devolverán la figura a su casa, la ermita.</p>
<p style="text-align: justify;">San Blas pasa el resto del año encerrado, pero el 3 de febrero, sale a la calle. Es la fecha que <a href="http://www.elalmanaque.com/santoral/febrero/3-2-blas.htm" target="_blank">el santoral marca</a> como su día. Su recorrido está lleno de música, de gente, de gritos. Es así desde, al menos, <strong>los años 60</strong>. Ahora cruza carreteras de asfalto, aunque antes cruzaba praderas. Ha visto crecer a vecinos y devotos: de niños a adolescentes, de adultos a ancianos. Pero hay algo que no ha cambiado, Canillas aún recuerda sus tradiciones.</p>
<p style="text-align: justify;">En vida, San Blas fue médico y obispo de la localidad de Sebaste, en Armenia (actual Turquía). Hoy es considerado el patrono de los <strong>enfermos de garganta</strong> por su don de curación milagrosa. En Canillas, no faltan los creyentes que se acercan a él con pañuelos y bufandas para que les proteja la garganta. Otros compran las roscas de pan bendito con anises. La leyenda cuenta que la persona que lo tome quedará libre de enfermedades de garganta y pecho durante todo el año.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Testimonio de fe</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Mercedes, de 57 años, acude a la ermita el día de la festividad desde que tenía 5. Recuerda que antes no se vendía el pan: se traían varios cestos repletos que se repartían frente a la capilla. Cada año, guarda un pan de San Blas en el congelador por si lo necesita. Aún así, sigue comprando para toda su familia. «<strong>Mi nuera, que padecía mucho de la garganta, está mucho mejor</strong>», cuenta. Mercedes le pide que se lo tome con fe, al igual que ella misma y su marido. «No hemos tenido ninguna enfermedad de garganta este año», asegura. Es sólo un testimonio entre muchos. A su alrededor se oyen voces débiles, roncas, metálicas, de creyentes que acuden al Santo en busca de ayuda.</p>
<p style="text-align: justify;">Los panes llegan a sus manos a través de Mari Carmen, quien se encarga de venderlos. Lleva 26 años haciendo lo mismo el 3 de febrero. Desde por la mañana, una cola desfila ante la ermita. Este año hay <strong>14.000 panes</strong> esperando y, normalmente, se venden todos, explica. Ella y Guillermo, otro voluntario, se quedan allí hasta que no queda nadie o se acaban las rosquillas. «La gente viene con mucha fe y contando testimonios».</p>
<div id="attachment_17639" class="wp-caption alignleft" style="width: 380px"><a href="http://madrilanea.com/2013/02/08/pan-bendito-para-gargantas-enfermas/dsc_0623/" rel="attachment wp-att-17639"><img class=" wp-image-17639     " title="Los vecinos bailan al son de las dulzainas en honor al Santo" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_0623-606x405.jpg" alt="Los vecinos bailan al son de las dulzainas en honor al Santo" width="370" height="246" /></a><p class="wp-caption-text">Los vecinos bailan al son de las dulzainas en honor al Santo</p></div>
<p style="text-align: justify;">Mientras, la música acompaña la imagen del Santo por las calles de Canillas. Los edificios de ladrillo rojo y el asfalto son testigos de la escena. <strong>Dos dulzainas, un tambor y un bombo</strong> ponen la banda sonora. La gente, el baile: una jota improvisada en medio del asfalto. Los viandantes miran desde la acera, hacen fotos, sonríen. No ha habido anuncios ni avisos, ninguno se lo esperaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Este año hay más gente que otras ocasiones. ¿La razón? La festividad ha caído en domingo. Carmen López, una vecina de Canillas, ha venido con una amiga y sus hijos. Esperan con emoción a que el Santo vuelva a su ermita. Su hija viene por primera vez a esta celebración. «Otros años no he podido venir porque la festividad cae entre semana», cuenta Carmen. Su hija dice orgullosa que <strong>ha ayudado a bajar la imagen</strong> de San Blas desde la ermita hasta la cercana parroquia de Santa Paula, mucho más grande, en donde se ha oficiado la misa presidida por el Santo patrón del barrio. Aún así, Eulalia, Blasa y María, otras vecinas, aseguran que la iglesia estaba a tope: «No nos podíamos mover».</p>
<p style="text-align: justify;">Frente a la ermita, los recuerdos de años pasados afloran en las conversaciones. «Antes aquí se hacía un romería, cuando todo esto era campo. La gente traía tortilla», dice Carmen. Conchita, por su parte, recuerda que en una ocasión hubo incluso toros.</p>
<div id="attachment_17689" class="wp-caption alignright" style="width: 349px"><a href="http://madrilanea.com/2013/02/08/pan-bendito-para-gargantas-enfermas/dsc_0644/" rel="attachment wp-att-17689"><img class=" wp-image-17689  " title="Carmen y una amiga, junto a sus hijos, con el pan de San Blas" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_0644-606x405.jpg" alt="Carmen y una amiga, junto a sus hijos, con el pan de San Blas" width="339" height="227" /></a><p class="wp-caption-text">Carmen y una amiga, junto a sus hijos, con el pan de San Blas</p></div>
<p style="text-align: justify;">Basilio, el párroco, lleva 15 años encargándose de la ermita. Contrata en Alcobendas la cantidad de pan que necesita al mismo <strong>obrador que provee a la Zarzuela</strong>. La mercancía llega la víspera de la festividad. Tras descargar las cajas y delante de todos los que han colaborado, bendice los panes. Ya están listos para el día siguiente. Basilio ha continuado las tradiciones que había antes de que él llegara: toca la misma orquesta en la procesión, y Alfredo y Carlos siguen encargándose de la subasta.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras recorrer las calles de Canillas, San Blas vuelve a las puertas de la ermita. Allí se produce la subasta de los puestos para sujetar las andas y los pasteles. El público se abarrota en semicírculo a su alrededor. Los bocaditos de nata llegan a ser pujados de 50 céntimos en 50 céntimos hasta que la ganadora se los lleva por 24 euros. A partir de ese momento, se hace el silencio. Cuatro devotos cargan el Santo a los hombros y allí, parado por unos segundos, <strong>se oye el himno nacional</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Escoltado por el párroco, vocales de liturgia y decenas de seguidores, San Blas echa el último vistazo a la calle. Al entrar, las voces de quienes piden su cuidado entonan a coro: <strong>«San Blas, querido patrón, de todo mal, protégenos»</strong>.</p>
<div id="attachment_17692" class="wp-caption aligncenter" style="width: 555px"><a href="http://madrilanea.com/2013/02/08/pan-bendito-para-gargantas-enfermas/dsc_0767/" rel="attachment wp-att-17692"><img class=" wp-image-17692 " title="San Blas, entrando en la ermita" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_0767-606x405.jpg" alt="San Blas, entrando en la ermita" width="545" height="365" /></a><p class="wp-caption-text">San Blas, entrando en la ermita</p></div>
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		<title>Un hogar en la UVA</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Feb 2013 01:00:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[unidad vecinal absorcion hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[UVA hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[vecinos hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[vida hortaleza]]></category>

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		<description><![CDATA[Enriqueta y Gregorio llevan 48 años viviendo en la Unidad Vecinal de Absorción de Hortaleza. Desde hace veinte saben que es temporal]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_17107" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2013/02/01/un-hogar-en-la-uva/uva_slider/" rel="attachment wp-att-17107"><img class="size-medium wp-image-17107" title="El patio interior de la casa de Gregorio y Enriqueta en la U.V.A." src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/UVA_slider-606x225.jpg" alt="El patio interior de la casa de Gregorio y Enriqueta en la U.V.A." width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">El patio interior de la casa de Gregorio y Enriqueta en la UVA Fotos: I.M.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Enriqueta lleva<strong> casi medio siglo</strong> habitando en la Unidad Vecinal de Absorción (UVA) de Hortaleza. A sus 74 años, es toda una vida. De ellos, lleva casi 20 esperando una noticia. No sabe cuándo llegará, pero sí que es inexorable: tendrá que <strong>preparar las maletas</strong>, empacar sus recuerdos y dar las llaves de una casa que será derribada con todo lo que quede dentro.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">Enriqueta llegó en 1965 desde el <strong>poblado de La Elipa</strong>, desalojado para construir la ampliación de la M-30. Vio cómo los vecinos de la barriada de Santa María decían que no entraban allí porque «había mucha gente mala», cuenta. Pero Enriqueta está contenta con el barrio. «Mi madre decía que “donde hay tejas, hay putas y pellejas”. Hemos vivido aquí y no hemos tenido problemas», explica.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">En 1994, la Comunidad de Madrid decidió <a href="http://www.20minutos.es/noticia/1666524/0/uva-hortaleza/reforma-barrio/vecinos-realojo/" target="_blank">demoler los bloques</a> y rehabilitar la zona ante la degradación urbanística. Desde entonces, el Instituto de Vivienda de Madrid ha entregado<strong> 598 casas</strong>. Otras 245 se están construyendo o están a punto de comenzarse. Los habitantes de la UVA están<strong> obligados a mudarse</strong> cuando les adjudiquen una de esas viviendas nuevas.</span></p>
<div id="attachment_17133" class="wp-caption alignleft" style="width: 279px"><a href="http://madrilanea.com/2013/02/01/un-hogar-en-la-uva/img_1125/" rel="attachment wp-att-17133"><img class=" wp-image-17133 " title="La sala de estar de la casa de Gregorio y Enriqueta" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/IMG_1125.jpg" alt="La sala de estar de la casa de Gregorio y Enriqueta" width="269" height="202" /></a><p class="wp-caption-text">La sala de estar de Gregorio y Enriqueta</p></div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">«Piensan que estamos viviendo como gitanos» asegura Enriqueta. Pero ella <strong>está orgullosa de su casa</strong>: «La tengo muy arregladita». Está pintada en ocre. La madera abunda. Tiene una pequeña terraza repleta de plantas, un espejo y un mueble salón comedor en el recibidor, con figuritas de todo tipo, y un salón con la típica mesa camilla al lado de un televisor de plasma. Hay fotos en todas las habitaciones y muñecas Barrig</span><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">uitas sobre la cama de la que era la habitación de su hija.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">La Comunidad concedió el piso a la madre de Enriqueta. Era <strong>asistenta</strong> y cargaba con cuatro hijos y una hermana con una discapacidad mental leve. El padre de Enriqueta era <strong>albañil</strong>, pero murió en un accidente laboral cuando Enriqueta apenas contaba con 5 años y el menor de los cuatro hermanos sólo tenía 40 días. Años más tarde la familia se trasladó al piso de <strong>45 metros cuadrados</strong>, un baño y tres dormitorios de la UVA. Actualmente Enriqueta vive con su marido, Gregorio, y cuida de su único nieto. «Y ahora que estamos sólo tres, ¿y no vamos a tener casa</span><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">?».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">Habla con el desparpajo que da la edad y <strong>mantiene las mismas costumbres</strong> desde hace años. Sigue comprando en el mercado de la UVA. No le gustan las grandes superficies porque los filetes de allí son «bonitos por arriba, cascajo por abajo». Viste una falda larga y negra y un abrigo marrón ancho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Una vivienda a 1,89 euros</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">El pretexto que les dieron para hacer las casas nuevas, afirma, era que estaban en mal estado: «Que si se caen, que si no&#8230; pero no están para caerse, ni mucho</span><span style="font-size: 13px; line-height: 19px; text-align: justify;"> menos». Eso, y que los techos son muy bajos. «Es el defecto que tienen, pero ¿cuántas casas se están vendiendo ahora con 30 metros? Hoy nos quejamos de vicio. </span><strong style="font-size: 13px; line-height: 19px; text-align: justify;">Aunque los techos sean bajitos, tenemos una vivienda</strong><span style="font-size: 13px; line-height: 19px; text-align: justify;">. Algo que otros no pueden decir, que con pisos los están echando a la calle».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">Cuando les adjudiquen la nueva vivienda pasarán de pagar <strong>1,89 euros</strong> por el alquiler a <strong>casi 100</strong>. Por eso, cuando le preguntan a Enriqueta que cuándo le va a tocar el piso, ella contesta que «cuanto más tarde, más ahorra». Se resignan a lo que viene: «A mi no me importa quedarme.<strong> Estoy muy a gusto aquí</strong>».</span></p>
<div id="attachment_17167" class="wp-caption alignright" style="width: 228px"><a href="http://madrilanea.com/2013/02/01/un-hogar-en-la-uva/img_1121/" rel="attachment wp-att-17167"><img class=" wp-image-17167  " title="Gregorio junto a su  obra, la cocina" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/IMG_1121-454x606.jpg" alt="Gregorio junto a su obra, la cocina" width="218" height="291" /></a><p class="wp-caption-text">Gregorio junto a su obra, la cocina</p></div>
<p style="text-align: justify;">Han hecho reformas a lo largo de sus 48 años en la casa. Ahora sólo son dos dormitorios, han hecho un cuarto de estar donde Enriqueta hace ganchillo y punto de cruz por las tardes y han ampliado la cocina. Lo hizo Gregorio con sus propias manos. Le quita importancia y dice que no tardó mucho. Fueron «dos domingos, pin-pan, pin-pan…».</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px; text-align: justify;">Por eso Gregorio se indigna al ver las casas de la UVA que salen en los medios de comunicación. «¡Si vieras todas las casas que han sacado!». Su esposa </span><strong style="font-size: 13px; line-height: 19px; text-align: justify;">cree que van buscando las peores</strong><span style="font-size: 13px; line-height: 19px; text-align: justify;">. Y Gregorio continúa: «Yo muchas veces pienso que qué poca vergüenza tienen, enseñar eso… yo lo veo así y lo primero que hago es decir que no. Se les estropea una tubería y le ponen ahí un cacho de goma… No se ha gastado un duro en arreglar la casa».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">Gregorio era el encargado del <a href="http://www.palaciodedeportes.com/" target="_blank">Palacio de Deportes de Madrid</a>. Allí era conocido como «el abuelo». <strong>Comenzó a trabajar cuando lo inauguraron</strong> en 1960 y, a los tres meses de jubilarse, en 2001, un <a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2001/06/28/madrid/993710705.html" target="_blank">gran incendio arrasó el recinto</a>. Un trofeo de kárate masculino preside la entrada a su casa. No lo ganó él, sino unos extranjeros. Pero antes de irse, se lo regalaron. «Para ti, para ti», recuerda Gregorio que le dijeron. También guarda otro de baloncesto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">En la medida que pueden, siguen haciendo reformas, pero <strong>no hacen más</strong> porque saben que en cualquier momento saldrán por la puerta y no volverán. Enriqueta se muestra tajante: «A mí me hubiera gustado poner la cocina, pero 600 mil pesetas se te van en amueblar la cocina».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">Enriqueta mira hacia su terraza, con los huecos que dan a la calle tapados con plástico transparente. «Lo único que vamos a echar de menos el día que nos den la casa es la terraza. No tienen terraza. Y nosotros aquí, ahora, que nos da el sol… que mira las plantas como están… <strong>allí nada, todo eso lo pierdes</strong>».</span></p>
<div id="attachment_17176" class="wp-caption aligncenter" style="width: 570px"><a href="http://madrilanea.com/2013/02/01/un-hogar-en-la-uva/img_1110-2/" rel="attachment wp-att-17176"><img class=" wp-image-17176" title="Gregorio, Enriqueta y su hermana Isabel vuelven de la compra en el mercado" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/IMG_11101.jpg" alt="Gregorio, Enriqueta y su hermana Isabel vuelven de la compra en el mercado" width="560" height="420" /></a><p class="wp-caption-text">Gregorio, Enriqueta y su hermana Isabel vuelven de la compra en el mercado</p></div>
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		<title>El euro de la felicidad motorizada</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jan 2013 00:11:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[atracciones ninos]]></category>
		<category><![CDATA[coches infantiles]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[recreativos hortaleza]]></category>

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		<description><![CDATA[La experiencia de montar en los coches infantiles de Hortaleza desde la óptica de una veinteañera que quiere ayudar a los padres]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_16175" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2013/01/18/el-euro-de-la-felicidad-motorizada/coche_fantastico_ok/" rel="attachment wp-att-16175"><img class="size-medium wp-image-16175" title="El Coche Fantástico del centro comercial de la Carretera de Canillas" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/coche_fantastico_ok-606x225.jpg" alt="El Coche Fantástico del centro comercial de la Carretera de Canillas" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">El Coche Fantástico del centro comercial de la Carretera de Canillas. Fotos: I. Miranda</p></div>
<p style="text-align: justify;">Debe de ser una de las diversiones infantiles más caras: un euro, un minuto. Pero, en Hortaleza, abundan. He visto máquinas infantiles con forma de coches, caballos, camiones de «Bombeiros»&#8230; He visto <strong>globos aerostáticos</strong>, <strong>camionetas de «Hot Dogs»</strong> —con un perro salchicha en el techo— y hasta hormigoneras. Descubro que Hortaleza es el paraíso del Euro Eternamente Reclamado. Niños versus Padres. Con el ánimo de ayudar a ambos, me dispongo a evaluar cuáles son las máquinas que ofrecen una Mayor Diversión. Que cuando alguna de las figuras paternas acceda a gastarse los cuartos sea para una experiencia realmente Reconfortante.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">Las máquinas más numerosas son las que tienen forma de coche. <strong>Llego a contar nueve</strong> en mi pequeño recorrido. Decido montarme en los automóviles (y no tiene nada que ver con mi infancia ni con años de ilusiones frustradas por esa eterna frase: «El Próximo Día») a pesar de las miradas sorprendidas, curiosas, indignadas, compasivas y maliciosas que suscita mi aventura. Sí, las diferencias físicas entre una chica que supera la veintena y un niño que ni se acerca a la pubertad son demasiado evidentes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">En la calle Ángel Luis de la Herrán, número 31, frente a la mercería Cañas y su escaparate de tijeras, hebillas e hilos, está <strong>el «auto de papá»</strong>. Yo nunca lo hubiera llamado así. Es un <strong>Smart amarillo con flores rosas</strong>, pero al acercarme detecta mi presencia y se presenta: «Hola amiguito, ven a jugar en el auto de papá». Su voz es algo aguda. No tiene pilotos parpadeantes y sus ruedas están pintadas sobre un relieve en la carrocería. En su interior, dos botones: uno azul y uno morado. Y la ranura que indica que por un euro te llevas dos viajes.</span></p>
<div id="attachment_16129" class="wp-caption alignleft" style="width: 264px"><a href="http://madrilanea.com/2013/01/18/el-euro-de-la-felicidad-motorizada/dsc_0512/" rel="attachment wp-att-16129"><img class=" wp-image-16129  " title="El «auto de papá» de la calle Ángel Luis de la Herrán" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_0512-606x405.jpg" alt="El «auto de papá» de la calle Ángel Luis de la Herrán" width="254" height="170" /></a><p class="wp-caption-text">El «auto de papá» de la calle Ángel Luis de la Herrán</p></div>
<p style="text-align: justify;">El tamaño del auto no es demasiado atractivo para mí. De largo mide<strong>*</strong> 124 centímetros desde la matrícula FKS 2341 delantera a la trasera. El <strong>tamaño para las piernas</strong> es aún menor: medio metro. No soy demasiado alta, por eso resulta gratificante averiguar que al menos mis piernas no caben en tan minúsculo espacio. La parte negativa: me quedo fuera, mirando a un lado y con mirada triste, cómo funciona la máquina. La banda sonora no podía ser otra que la del «auto de papá». Sus movimientos parecen suaves. Todo un caramelo para los pequeños (muy pequeños) que salgan del colegio público Pablo Picasso, a tan sólo cuatro números del Smart.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Un Hot Rod salvaje</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Hot_rod">Hot Rod</a> del centro comercial de Bucaramanga es un sueño. <strong>Motor al descubierto, ruedas de goma</strong> (y no de plástico duro pegado o pintado en la carrocería),<strong> llamas aerografiadas</strong> en los laterales, caja de cambios, acelerador y mucho más espacio para las piernas que el Smart. Incluso su localización en el centro comercial es perfecta: justo delante de una tienda de chucherías. Está todo pensado, tiene hasta dos volantes para evitar peleas fraternales. Al acercarme su motor ruge. «1 euro, 1 viaje», reza un cartelito. Solo me quedan monedas de 20 céntimos. Empiezo a atiborrar la ranura a moneditas pero la máquina no devuelve el reconfortante sonido del metal al caer correctamente en el depósito. Me quedo casi sin monedas y estoy luchando contra la máquina cuando una voz grave me pregunta por la espalda: «¿Puedo ayudarla?». Es el guardia de seguridad, Alex. Al menos 1,90 m de altura, tez morena, pelo negro, uniforme gris y chapa «ATENCIÓN AL CLIENTE». Temo que mi experiencia en Hot Rod haya terminado aquí y suponga <strong>la reencarnación de la privación paterna en versión moderna</strong>. Le explico que la máquina se ha tragado mi dinero y me acompaña hasta<strong> la sala de juegos</strong> de la que depende el coche. Se queda observando hasta que comprueba que hablo con la encargada.</p>
<div id="attachment_16145" class="wp-caption alignright" style="width: 410px"><a href="http://madrilanea.com/2013/01/18/el-euro-de-la-felicidad-motorizada/coche_hot_rod/" rel="attachment wp-att-16145"><img class=" wp-image-16145  " title="El Hot Rod del centro comercial Colombia" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/coche_hot_rod-606x405.jpg" alt="El Hot Rod del centro comercial Colombia" width="400" height="267" /></a><p class="wp-caption-text">El Hot Rod del centro comercial Colombia</p></div>
<p style="text-align: justify;">De vuelta a la máquina con la chica (Alex vigila desde su atalaya) rezo porque haya algún menor cerca con el que justificar mis acciones. Pero no hay suerte. La chica se queja de que los niños a veces meten papeles en la ranura y se atranca. Abre la máquina y me devuelve 40 céntimos. Juraría haber metido más. No le encuentro la gracia a las bromas infantiles.</p>
<p style="text-align: justify;">Me da cambio en una moneda de un euro y en cuanto me aseguro de estar fuera de su campo de visión, me siento por fin en el Hot Rod y meto el dinero. El automóvil empieza a temblar, a moverse hacia delante y hacia atrás, derecha e izquierda. El botón rojo es para música americana, el botón verde para conseguir el asesoramiento del copiloto, al que se oye como a través de la radio, y el azul no logro averiguarlo. <strong>Lo mejor de todo, el acelerador</strong>. Es pisarlo y el motor empieza a rugir y el movimiento del coche es cada vez más rápido. Se siente la velocidad, de verdad. Estoy disfrutando tanto del viaje que prefiero no levantar la vista y ver a la gente que está cruzando por delante. Para cuando más o menos he aprendido a manejar el coche, el minuto de gloria se acaba. Deberían poner instrucciones. Puedo concluir que la edad recomendada para el Hot Rod es mucho más elevada que la del Smart (y con esto no pretendo justificar que me haya gustado o que quiera más o que es posible que algún día vuelva).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Vuelta a los 80</strong></p>
<div id="attachment_16180" class="wp-caption alignleft" style="width: 374px"><a href="http://madrilanea.com/2013/01/18/el-euro-de-la-felicidad-motorizada/coche_fantastico/" rel="attachment wp-att-16180"><img class=" wp-image-16180 " title="El Coche Fantástico de Canillas con su matrícula: KYT" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/coche_fantastico-606x405.jpg" alt="El Coche Fantástico de Canillas con su matrícula: KYT" width="364" height="243" /></a><p class="wp-caption-text">El Coche Fantástico de Canillas con su matrícula: KYT</p></div>
<p style="text-align: justify;">Ahora bajo las escaleras del centro comercial de la carretera de Canillas y ahí está: un <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Pontiac_Firebird#Firebird_Trans_Am">Pontiac Firebird Trans Am</a> negro. El Coche Fantástico, el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Knight_Rider">Knight Rider</a>: ¡KITT! Uno de los pocos<strong> supervivientes a los 80</strong> junto con Madonna. Promete una experiencia a lo Michael Knight (o a lo David Hasselhoff con 30 años), aunque hay errores que cualquier padre aficionado jamás perdonaría (no sé si los niños de este siglo son capaces de apreciar el Coche Fantástico en su justa medida: como un icono generacional, una joya de la televisión). En su <strong>matrícula se lee KYT</strong>, ¡KYT! Hace tanto daño como ir a un mercadillo y ver zapatillas <em>Kike</em> en vez de Nike.</p>
<p style="text-align: justify;">Paso por alto ese detalle. La carrocería devuelve un brillo oscuro y el cuadro de mandos&#8230; está apagado. Sigo el rastro del cableado y rápidamente descubro que está desenchufado. Compruebo que no hay moros en la costa y lo enchufo a hurtadillas. La barra digital del cuadro de mandos se enciende en rojo, el contador de las revoluciones por minuto se pone a cero, comienza a oírse la banda sonora del Coche Fantástico y me acerco anhelando oír esa <strong>voz robótica pero sugerente</strong> diciéndome «hola Michael». No cae esa breva.</p>
<p style="text-align: justify;">Al intentar subir, descubro que es más difícil que en los anteriores. El asiento está cerrado por puertas que no se pueden abrir. Aquí, o los niños son aupados o no suben. Yo pongo en riesgo mi integridad física para montarme. Y, milagrosamente, quepo, aunque en condiciones extremas: las rodillas aprisionan mi pecho, casi no respiro (aunque podría ser por la emoción) y no llego a tocar el asiento, es mi cadera la que sustenta el peso de mi cuerpo al estar a presión contra las puertas. Pero no me preocupa que vaya a necesitar ayuda para salir. Sólo quiero meter mi euro, que promete tres viajes, y darle al <strong>botón «Radar», «Sirena»</strong> y, sobre todo, <strong>«Turbo»</strong>. Aún recuerdo con fascinación cuando Michael Knight lo accionaba y KITT salía volando.</p>
<p style="text-align: justify;">Voy a meter la moneda. Los segundos se cuentan por minutos. Un sudor frío me impregna la frente (sigo sin saber si por la emoción o por mi precaria condición física) y me llevo <strong>el peor varapalo</strong> de la mañana: la ranura está atascada. Los niños son unos profanadores.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando consigo bajar, pregunto en las tiendas de alrededor. En ninguna saben quién lleva la máquina pero me aclaran que<strong> suele funcionar</strong>. Y para rematar mi fiasco, una de las trabajadoras me comenta que es normal que la gente enchufe la máquina. He hecho el ridículo conectando a escondidas la máquina. Ya lo sabéis padres, no hay peligro.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Safari en la jungla comercial</strong></p>
<div id="attachment_16195" class="wp-caption alignright" style="width: 263px"><a href="http://madrilanea.com/2013/01/18/el-euro-de-la-felicidad-motorizada/imag0544/" rel="attachment wp-att-16195"><img class=" wp-image-16195 " title="El 4x4 safari del Carrefour de Gran Vía de Hortaleza" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/IMAG0544-362x606.jpg" alt="El 4x4 safari del Carrefour de Gran Vía de Hortaleza" width="253" height="424" /></a><p class="wp-caption-text">El 4&#215;4 safari del Carrefour de Gran Vía de Hortaleza</p></div>
<p style="text-align: justify;">El <a href="http://www.granviadehortaleza.com/tiendas/carrefour" target="_blank">Carrefour de la Gran Vía de Hortaleza</a> es el DisneyWorld de las máquinas infantiles de a pie (y digo la versión yanqui de la empresa porque casi todas las máquinas están en inglés con letreros como «U.S. Army», «Hot Dogs» o «Western Shot»: la colonización cultural empieza cada vez más pronto). Hay tres coches diferentes aquí, aunque tengo que hacer un esfuerzo por no salirme del tema: hay un caballo parecido a los de antes, pero mucho mejor. Ahora vienen con una <strong>pantalla (analógica)</strong> en la que van apareciendo siluetas para que los niños las <strong>disparen con el revólver</strong> que hay al lado del caballo. Tienen hasta un marcador para saber a cuántos indios han matado. Me quedo tanto tiempo fascinada y tomando notas que el guardia de seguridad se acerca para preguntarme qué estoy haciendo. Le sonrío y digo que un artículo. Se va riéndose&#8230; no sé por qué razón.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras hacer una ronda, me decanto por <strong>el 4&#215;4</strong> que hay frente a la tienda de Vodafone. Es rojo y azul, ruedas pintadas sobre la carrocería y faros reales que parpadean. Tiene el <strong>techo abierto y asientos traseros</strong> habilitados, algo poco habitual según mi ya extensa experiencia. Lo que más llama la atención es la pantalla que hay integrada en el salpicadero. Debe ser la única máquina que no está en inglés: está en japonés. Eso no ayuda.</p>
<p style="text-align: justify;">Me monto en un despiste del guardia de seguridad. El coche vibra ligeramente y el movimiento es muy suave. En la pantalla aparece un mono que sale de detrás de unos árboles. He de decirlo, <strong>la animación es de tecnología del siglo pasado.</strong> El mono se ríe y habla en japonés. Creo que también dice «bye, bye» al desaparecer el animal, pero con tanto lío de idiomas no estoy segura. Doy al botón amarillo del salpicadero: no funciona. Mientras, la pantalla vuelve a llenarse de árboles que se quitan por capas y aparece un león de gran melena castaña. También se ríe. Me parece algo siniestro. En este punto me pregunto si se verá la pantalla desde el asiento trasero, pero no soy capaz de colocarme detrás. Lo que está claro es que si no hay pantalla, el 4&#215;4 no ofrece gran cosa. El último en aparecer es un elefante rosa. Ahora comprendo que se trata de un safari. Uno muy poco realista. El león ya me habría devorado (he tenido que dejar las piernas por fuera del coche).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Fórmula 1</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La última parada es en el <a href="http://www.palaciodehielo.com/" target="_blank">centro comercial Palacio de Hielo</a>. Llego a la zona de las máquinas, <strong>frente a la bolera,</strong> y la estrella es sin duda el coche de Fórmula 1. Mi primer acercamiento no es muy afortunado. Le hago una foto, pero el guardia de seguridad me ve (nunca los había visto, pero resulta que los centros comerciales están llenos de guardias de seguridad) y me persigue. Aunque intento darle esquinazo, me caza y me cae una pequeña reprimenda. «No se pueden hacer fotos» (para quien no lo sepa).</p>
<p style="text-align: justify;">Me espero un rato y merodeo por el centro comercial. Descubro que el recurso de los padres es montar a los niños, <strong>pero sin meter ningún euro</strong>. Es algo más de lo que me dejaban a mí y, en algunas de las máquinas, tampoco hay casi diferencia. Cuando vuelvo al coche de F1 hay un grupo de cinco mujeres de mediana edad hablando. No tiene pinta de que vayan a moverse. Me dedico a apuntar cada detalle a la espera de que se vayan, no quiero que me vean disfrutando de la velocidad.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La carrocería a tramos azules, blancos y rojos</strong> (quizá porque es un barrio donde abundan los franceses) tiene pegatinas de todo tipo. Falsas como «Repsul» o «Wodafonel» y otras reales como «Pirelli» o «Magneti Marelli». Hay <strong>cuatro tubos de escape</strong>. Esto promete. Y las mujeres no se van. Tengo que pasar por el bochorno de intentar entrar&#8230; y no conseguirlo. Malditos deportivos, siempre tan bajos. Mis rodillas chocan con el salpicadero. No puedo quedarme dentro, pero lo enciendo. El coche tiene tres botones, dos amarillos y uno verde. Son un timo. No hacen nada. No tiene música, ni siquiera el esperado rugido del motor. No lo digo por resentimiento, pero el coche promete más de lo que da.</p>
<p style="text-align: justify;">Y tras todo un día de excursión, un minuto realmente Reconfortante y con cinco euros menos en el bolsillo, me vuelvo a casa andando&#8230; y melancólica.</p>
<p style="text-align: justify;"><div class="woo-sc-box normal   "><strong>*</strong>Nota al pie: Varios días después de mi experiencia, volví al Smart de la calle Ángel Luis de la Herrán metro en mano. La tienda estaba cerrada y el auto guardado en su interior. Como solución, las medidas están tomadas con un programa informático a partir de una foto y la referencia del pomo de la puerta al suelo.</div></p>
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		<title>De los vecinos, con amor no solo en Reyes</title>
		<link>http://madrilanea.com/2013/01/10/de-los-vecinos-con-amor/</link>
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		<pubDate>Thu, 10 Jan 2013 17:45:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[amejhor]]></category>
		<category><![CDATA[asociaciones vecinales madrid]]></category>
		<category><![CDATA[cabalgata alternativa]]></category>
		<category><![CDATA[cabalgata participativa hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[cabalgata reyes]]></category>

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		<description><![CDATA[Paso a paso, y de la mano de la Asociación Amejhor, hacemos un recorrido audiovisual por la elaboración, montaje y celebración de la cabalgata participativa de Hortaleza]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><p><iframe src="http://www.youtube.com/embed/JoQg6KNd7wo" frameborder="0" width="606" height="341"></iframe></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-align: justify;">La calle Mar Amarillo tiene una casa amarilla. En el número 21. Amarillas eran también muchas de las bolsas y el papel brillante que guardaba en su planta baja el 28 de diciembre, en el local donde los voluntarios de la<strong> asociación Amejhor</strong> trabajaban para construir su carroza. El día 5 se acercaba y había mucho que hacer antes de la </span><a style="text-align: justify;" href="http://www.cabalgatadehortaleza.org/" target="_blank">cabalgata participativa de Hortaleza</a><span style="text-align: justify;">.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-align: justify;">Su carroza era sólo una de las <strong>seis que han desfilado</strong> este año, cada una a cargo de una asociación del barrio. </span>Cinco años después del conflicto con la Junta por el que se rompieron 25 años de colaboración, las asociaciones vecinales continúan con su labor. Se rebelan ante la <strong>«privatización»</strong> de la concejal del PP, Elena Sánchez Gallar, que cambió el recorrido tradicional y adjudicó la organización de la fiesta a una empresa privada. Debido a la crisis, la cabalgata «oficial» ya no existe.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras, en el local donde trabajan los voluntarios de Amejhor dos chicas ríen. Intentan averiguar cómo hacerle las alas a una avispa hecha con papel, bolsas de plástico y cinta americana. Acabarán siendo cuatro platos de plástico blanco. Pocos días después, otra voluntaria, Yolanda, derrama un bote entero de pintura roja en el suelo del local, dejando así la huella de 2012. Quizá las conversaciones de los colaboradores han cambiado desde que se iniciara esta cabalgata en <strong>1979</strong>. O quizá no. Sonia, en el vídeo reportaje, lo deja claro: «Participar no es sólo aparecer el día cinco y saludar y sonreír: es construir».</p>
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		<title>Curling: el deporte que un día existió</title>
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		<comments>http://madrilanea.com/2012/12/21/curling-el-deporte-que-un-dia-existio/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 20 Dec 2012 23:14:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[curling]]></category>
		<category><![CDATA[curling madrid]]></category>
		<category><![CDATA[deporte hielo]]></category>
		<category><![CDATA[pista hielo]]></category>

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		<description><![CDATA[El Palacio de Hielo llegó a albergar más de una decena de equipos, pero problemas como el alquiler de la pista han acabado con él]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/curling1.jpg" width="240" />
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_15147" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/12/21/curling-el-deporte-que-un-dia-existio/curling1/" rel="attachment wp-att-15147"><img class="size-medium wp-image-15147" title="El equipo suizo durante el Campeonato de curling de 2012" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/curling1-606x225.jpg" alt="El equipo suizo durante el Campeonato de curling de 2012" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">El equipo suizo durante el Campeonato de curling de 2012. Foto: Reuters</p></div>
<p style="text-align: justify;">Etérea y silenciosa. Al igual que se desliza por el hielo una piedra de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Curling">curling</a>. Así ha sido la trayectoria de este <strong>juego olímpico</strong> en el Dreams Palacio de Hielo, desde hace varios años desaparecido. Llegaron a entrenar aquí más de una decena de equipos. Hoy su horario ha sido sustituido por el del ballet sobre hielo. ¿Las razones? La Federación Madrileña de Deportes de Invierno dividió los grupos para llevárselos a la pista municipal de Valdemoro y «otros motivos que no te voy a decir», según Francisco, el dueño del espacio. El resultado, sin embargo, parece claro: «<strong>Ya no hay curling en Madrid</strong>».</p>
<p style="text-align: justify;">En España, ver a dos personas barrer frenéticamente el hielo delante de una piedra de 20 kilos no es reclamo suficiente. El seguimiento de esta práctica formada por <strong>equipos de cuatro personas</strong> es escaso, pero tiene muchos elementos que lo hacen, cuanto menos, curioso: hielo, dianas, piedras de 20 kilos, sólo dos tiros por persona —ocho por grupo—, escobas —para modificar la trayectoria y velocidad de la piedra— y <strong>mucha estrategia</strong>. Con un último rebote, el conjunto contrario puede echar fuera las piedras cuidadosamente colocadas por su contrincante y darle la vuelta a la partida en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=CM5mFH3_Qhs">la jugada final</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">En Madrid no hay ninguna pista exclusiva para este ejercicio, que además requiere de unas condiciones de hielo muy específicas: una <strong>nivelación perfecta</strong> de la pista, una temperatura más baja y mucha calidad. En el Dreams, Francisco vio la oportunidad de ofrecer, junto al patinaje, sesiones de curling. Uno de los campeones de España de este deporte empezó a dar clases y pronto se formaron algunos grupos. «Estuvimos 3 años organizando equipos y <strong>perdiendo dinero</strong>», asegura Francisco. Hasta 16, dice.</p>
<p style="text-align: justify;">El propietario mira hacia la vitrina frente a la pista, donde exhibían los galardones conseguidos. Pero ya no hay ninguno. Los han sustituido por los de patinaje. Nada parece recordar que <strong>los campeones del mundo</strong>, los canadienses, estuvieron aquí. Ni los cinco torneos internacionales que acogieron. Tan sólo un elemento delata su pasado: hay <strong>cuatro dianas pintadas</strong> bajo el hielo, las correspondientes a dos pistas. Pero sólo lo han puesto por decoración, confiesa Francisco. Y vuelve a las cifras: desde hace dos años <strong>no se celebra el campeonato</strong> de curling de Madrid.</p>
<p style="text-align: justify;">Ana Lucila López jugó en uno de los equipos en 2007. Sabía de la existencia del curling porque le apasiona ver las Olimpiadas. Un día, observó las dianas en la pista y no dudó en lanzarse a este escenario. «Todo el mundo era bienvenido porque como era un deporte en inicios que nadie conocía&#8230;». Es una de las cosas que más le gustaban, junto con las posibilidades de <strong>representar a España</strong>. Le parecía muy entretenido porque se utiliza mucho la Física. En función de cuánto barras, tienes más o menos posibilidades de que llegue a la diana por la fuerza de rozamiento. «Aah&#8230; ¡Eso no es tan fácil como tirar a una diana!».</p>
<p style="text-align: justify;">Tuvo que dejarlo pronto. A sus 17 años, su madre no permitía que su hija pasara los lunes —en los entrenamientos— y los martes —en los torneos— por la noche, fuera de casa. Pero ahora le gustaría volver a «barrer».</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Intentos para volver</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ángel, capitán de uno de los equipos de curling que jugaban en el Palacio de Hielo, tiene una lista de entre <strong>60 y 70 personas</strong> esperando para jugar. Pero el horario que les ofrece Francisco es inviable: de las tres a las cinco de la tarde de los miércoles. Y tampoco está dispuesto a pagar <strong>600 euros</strong>, afirma. Ése es el precio al que Francisco <strong>alquila la pista por dos horas</strong> y ese fue uno de los problemas de la desaparición del curling por las consecuencias que desencadenó.</p>
<p style="text-align: justify;">Al ser un espacio muy grande y al tener también sesiones de patinaje, la superficie se desnivela. Por eso Francisco tenía que revestirlo. «Resultado: al final de año nos decía que subía 2 o 3 centímetros más la capa de hielo y esos 2 centímetros suponen un montón de dinero en electricidad para mantenerlo», cuenta Ángel.</p>
<p style="text-align: justify;">«Aquí hubo un problema, éste [Francisco] se puso muy serrín con el dinero…y cuando alguien se pone serrín, sabes que hay una parte que se rebela y otra parte que sabemos que no tenemos más remedio [que aguantar]», explica Ángel. En <strong>Valdemoro</strong> existía una pista de hielo municipal que quería abrirse al curling y que la Federación Madrileña de Deportes de Invierno <strong>presionaba para que se llenara</strong>. Era hasta tres veces más barata. Por eso, el 60 por ciento de los equipos se trasladaron a Valdemoro. Pero allí se encontraron con otro problema: el hielo. <strong>No era el adecuado</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Los grupos que quedaron no podían pagar los 600 euros del alquiler. Los que se fueron tampoco querían volver después de dejar las cosas a malas con los dueños de la pista. Al final, las formaciones que se trasladaron a Valdemoro han decidido ir a León, donde la Diputación favorece el juego, asegura Ángel.</p>
<p style="text-align: justify;">El equipo de Ángel es uno de los dos supervivientes del Palacio de Hielo, aunque para entrenar se tienen que <strong>ir a Suiza</strong>, en donde les sale mucho más rentable. Es un apasionado de este deporte. «Todo el mundo dice que es como la petanca, pero es un juego en el que todo es estratégico». Contiene muchas curiosidades, como la que se refiere a las piedras que se utilizan: vienen de una reserva escocesa y sólo se saca el granito —con propiedades especiales— una vez al año. Por eso, la Federación Mundial las controla y provee. Todas llevan una matrícula, de tal forma que sabe en todo momento <strong>donde está cada juego</strong> de piedras.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, los juegos de piedras que se compraron para Madrid están abandonados, algunos incluso <strong>han sido revendidos</strong> por la Federación Madrileña. «¿Por qué hemos desaparecido? Porque se ha juntado todo. El resumen es: problemas a la hora de alquilar la pista, los <strong>malos entendidos</strong> generados por el costo y por la falta de subvención», critica Ángel.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Minoría en la Asamblea</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No han podido detener la venta de las piedras por parte de la Federación, que incluye deportes de nieve y de hielo. Son minoría, aunque no siempre fue así. «Montamos diez clubs, ¡éramos mayoritarios! Cada club tiene un voto en la Asamblea. Si los de esquí son 20, pero nosotros somos 10; más los de hockey, 12; más patinaje, 4; <strong>podríamos habernos escindido</strong> y haber creado una federación de hielo», dice Ángel, quien sigue siendo representante de su club en la Asamblea. Pero «cuando estás jugando, estás jugando. Cuando las cosas van bien… no te acuerdas de nada».</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora han perdido peso en Madrid, lo contrario que en otras comunidades en donde el curling sólo crece, ayudado por las diputaciones y ayuntamientos. Ángel enumera sus puntos fuertes: «No hace falta tener una forma física especial, ni un entrenamiento para divertirte», además de que «hay muy buen rollo. Es un <strong>deporte muy social</strong>». Por eso, está intentando que Francisco les deje la pista para poder volver a enseñar en el Palacio de Hielo.</p>
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		<title>La arquitectura como caligrafía de la historia</title>
		<link>http://madrilanea.com/2012/12/14/un-teatro-nazi-en-hortaleza/</link>
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		<pubDate>Thu, 13 Dec 2012 23:42:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[arquitectura hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[edificios hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[turismo]]></category>
		<category><![CDATA[visita cultural]]></category>

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		<description><![CDATA[La arquitectura del barrio guarda muchos secretos que reflejan una historia llena de contrastes. Hacemos un recorrido por algunos de sus edificios]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_14591" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/12/14/un-teatro-nazi-en-hortaleza/teatro/" rel="attachment wp-att-14591"><img class="size-medium wp-image-14591" title="Teatro en Hortaleza" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/teatro-606x225.jpg" alt="Teatro en Hortaleza" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">La sede de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, en un teatro de estilo neoclásico propio del Tercer Reich. Fotos: I. Miranda</p></div>
<p style="text-align: justify;">En el corazón de Hortaleza, un cuarteto de cuerda inunda con sus arpegios un edificio que pudo haber sido diseñado por el arquitecto y ministro nazi de Armamento y Guerra <a href="http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/speer.htm">Albert Speer</a>. Son especulaciones extendidas pese a que <strong>no existe documentación</strong> que lo acredite (ni desmienta) y solo queda como pista el estilo neoclasicista propio de la arquitectura del Tercer Reich. El guión oficial, sin embargo, dice que la actual sede de <a href="http://www.orcam.org/">la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid</a> es obra de Antonio Navarro Sanjurjo. Allí, entre paredes <strong>revestidas de estuco y grandes ventanales</strong>, ensayan sus 140 integrantes.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta es sólo una de las historias que esconden los edificios del barrio, pero que el arquitecto <strong>Ursicino Endaman Nsé</strong> sabe leer en sus muros. Desde la Iglesia de San Matías y el recinto de Clara Eugenia, hasta el edificio Mirador o las casas anónimas del barrio.</p>
<p style="text-align: justify;">El terreno donde se erige el teatro forma parte de la antigua <strong>finca de recreo del Duque de Frías</strong> que visitaba Fernando VII. Pero tras dividirse en varias partes y pasar a manos privadas, las presiones vecinales en los años 80 consiguieron que se transformase en parque público. También lo lograron con el espacio de recreo que alberga el peristilo (galería de columnas que rodea un edificio o parte de él), hoy lleno de grafitis.</p>
<p><strong style="text-align: justify;">Iglesia de San Matías</strong></p>
<div id="attachment_14596" class="wp-caption alignleft" style="width: 156px"><a href="http://madrilanea.com/2012/12/14/un-teatro-nazi-en-hortaleza/dsc_0377/" rel="attachment wp-att-14596"><img class="wp-image-14596  " title="Iglesia de San Matías en Hortaleza" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_0377-405x606.jpg" alt="Iglesia de San Matías en Hortaleza" width="146" height="218" /></a><p class="wp-caption-text">Iglesia de San Matías</p></div>
<p style="text-align: justify;">A la derecha de su entrada hay una calle peatonal: una evocación del antiguo pueblo de Hortaleza. A su izquierda está el asfalto: un reflejo del crecimiento posterior. Este espacio quizá es el que mejor sintetice la evolución del lugar. La <strong>iglesia parroquial de San Matías es de estilo neomudéjar</strong> pero sin serlo del todo. Era uno de los edificios más antiguos del barrio, pero se derrumbó hacia 1850 y lo que hoy se observa es fruto de varios proyectos. La evolución del propio barrio modificó su arquitectura: la que iba a ser una iglesia de tres naves, acabó siendo de una. Su fachada hoy está parcheada por ladrillos más claros, la cimentación nueva aflora con una cubierta de granito y una rampa para minusválidos recuerda también los cambios en la legislación.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-align: justify;">La plaza de la Iglesia sigue manteniendo cierta esencia antigua. Es distinta a las plazas duras de ahora, que son explanadas enormes. Según Nsé, el recinto debió <strong>plantearse como una extensión</strong> de la iglesia, pero ahora está cerrada por bancos enfrentados y pilones de hormigón «hechos de forma chapucera».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Los edificios paralelos del Mar Caspio</strong></p>
<div id="attachment_14601" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/12/14/un-teatro-nazi-en-hortaleza/dsc_0388/" rel="attachment wp-att-14601"><img class="size-medium wp-image-14601" title="Edificios paralelos que van simplificando su fachada" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_0388-606x405.jpg" alt="Edificios paralelos que van simplificando su fachada" width="606" height="405" /></a><p class="wp-caption-text">Edificios paralelos que van simplificando su fachada según se alejan de la vía principal</p></div>
<p style="text-align: justify;">Cerca de allí, en la calle Mar Caspio, frente a la oficina de Correos, tres bloques de viviendas se expanden en paralelo a la vía. Tienen la misma estructura y construcción, pero <strong>su fachada va simplificándose según se alejan</strong>. Mientras el primero muestra balcones y ladrillos, el segundo sólo mantiene los rectángulos de cerámica en el lateral y la fachada pintada de amarillo. En el tercero, el burdeos desaparece por completo y tan sólo queda el amarillo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La Huerta de la Salud</strong></p>
<div id="attachment_14602" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/12/14/un-teatro-nazi-en-hortaleza/dsc_0410/" rel="attachment wp-att-14602"><img class="size-medium wp-image-14602" title="Puerta de la Huerta de la Salud" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_0410-606x405.jpg" alt="Puerta de la Huerta de la Salud" width="606" height="405" /></a><p class="wp-caption-text">Puerta de la Huerta de la Salud</p></div>
<div id="attachment_14610" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a href="http://madrilanea.com/2012/12/14/un-teatro-nazi-en-hortaleza/dsc_0408/" rel="attachment wp-att-14610"><img class="size-thumbnail wp-image-14610" title="El silo de la Huerta de la Salud" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_0408-150x150.jpg" alt="El silo de la Huerta de la Salud" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">El silo de la Huerta de la Salud</p></div>
<p style="text-align: justify;">De huerta hoy no tiene nada, salvo un silo reciclado para exposiciones. Se conserva la <strong>puerta adintelada y de granito</strong>, de 1749, en el centro. Tras su reconstrucción en el siglo XIX, llegó a ser una pequeña industria agropecuaria, un espacio en donde se reunían las viviendas de los trabajadores y los almacenes. Sin embargo, a Nsé le llaman más la atención las edificaciones externas, de ladrillo con un corredor alrededor. Cada uno es diferente entre sí, se nota la anexión a la ciudad en 1949. El problema, recalca el arquitecto, es que en los planes de crecimiento de los barrios es <strong>difícil decidir cuál es la referencia</strong>, o qué tipo de edificio hacer. «Los planes dan una especie de normativa para que sean uniformes, pero cuando hay cosas tan distintas, es muy difícil», aclara.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La UVA de Hortaleza</strong></p>
<div id="attachment_14604" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/12/14/un-teatro-nazi-en-hortaleza/dsc_0207-2/" rel="attachment wp-att-14604"><img class="size-medium wp-image-14604" title="Viviendas de la U.V.A. de Hortaleza" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_02071-606x405.jpg" alt="Viviendas de la U.V.A. de Hortaleza" width="606" height="405" /></a><p class="wp-caption-text">Viviendas de la UVA de Hortaleza</p></div>
<p style="text-align: justify;">Estas casas iban a ser algo provisional, pero han pasado a formar parte de las enseñas del barrio. En los años 60, eran la solución a las <strong>300.000 chabolas</strong> de la capital, hasta que estuvieran listas las viviendas del realojo. No existía entonces la tecnología de las casas prefabricadas, de ahí la estructura que <strong>permitiera su sencilla demolición</strong> y la claridad de la estructura, de vigas metálicas fácilmente desmontables. Los muros también fueron condicionados por la técnica dominada en España: aunque en principio iban a utilizarse paneles, acabaron siendo de ladrillo. «Es una estructura muy simple, pero interesante», asegura Nsé.</p>
<p style="text-align: justify;">Siguen apreciándose los bloques lineales, separados por un patio interior. Las galerías exteriores, no obstante, han acabado siendo una extensión de las casas. El proyecto incluía escuelas, un centro médico, una casa de baños y una iglesia. Esta última de ladrillo parcialmente volado sobre viguetas de hormigón. Conserva el estilo de la UVA (Unidad Vecinal de Absorción) aunque con un espíritu de permanencia.<strong> La torre,</strong> en su parte más alta, <strong>reproduce en miniatura el modelo</strong> aplicado a las casas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Edificio Celosía</strong></p>
<div id="attachment_14605" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/12/14/un-teatro-nazi-en-hortaleza/dsc_0440-2/" rel="attachment wp-att-14605"><img class="size-medium wp-image-14605" title="Edificio Celosía" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_04401-606x405.jpg" alt="Edificio Celosía" width="606" height="405" /></a><p class="wp-caption-text">Edificio Celosía</p></div>
<p style="text-align: justify;">El equipo holandés Mvrdv es el que puso el toque diferenciador a Sanchinarro. Tanto el edificio Celosía como el Mirador son obra suya. Rompe con la tipología del barrio porque es mucho más cerrada: un bloque perimetral y <strong>en el interior un patio de manzanas</strong> con equipamientos. Sin embargo, la concepción holandesa y la española han chocado. Los espacios comunes no terminan de funcionar: «Nadie se viene aquí para relacionarse directamente. Todos esos espacios que iban a ser comunes, al final se quedan en nada» dice Nsé.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Edificio Mirador</strong></p>
<div id="attachment_14606" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/12/14/un-teatro-nazi-en-hortaleza/dsc_0212-2/" rel="attachment wp-att-14606"><img class="size-medium wp-image-14606" title="Edificio Mirador" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_02121-606x405.jpg" alt="Edificio Mirador" width="606" height="405" /></a><p class="wp-caption-text">Edificio Mirador</p></div>
<p style="text-align: justify;">Este bloque que evoca a una pieza de Lego ha sufrido las mismas consecuencias que el Celosía. Los arquitectos quisieron trasladar el espacio público, el patio común, a <strong>65 metros de altura</strong>. Pero nadie va. Estaba preparado para conectarlo a la avenida y que <strong>pudiera subir cualquiera</strong>, en un intento de cederlo al público. «Esa cosa de mística que tenemos los arquitectos», afirma Nsé. Pero al final se descartó. El primer dibujo, incluso, incluía una escalera mecánica gigante desde el suelo que llegara hasta el mirador. Hoy destaca su gran tamaño y los distintos tipos de revestimiento que hace que parezca que el edificio está hecho a partir de bloques diferentes, aunque no es así.</p>
<p style="text-align: justify;">Este edificio, que alberga <strong>156 viviendas</strong>, contrasta con las casas que se mantienen del antiguo pueblo de Hortaleza. Fueron hechas a partir de muros de carga con cubierta directamente sobre las <strong>vigas de madera</strong>. En vez de ser una gran avenida con tres carriles en cada sentido como ocurre en Sanchinarro, la calle Palermo es estrecha. En ella, aún quedan algunas de casas antiguas entre el cableado eléctrico sostenido por postes de madera.</p>
<div id="attachment_14608" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/12/14/un-teatro-nazi-en-hortaleza/dsc_0447/" rel="attachment wp-att-14608"><img class="size-medium wp-image-14608" title="Una casa original de Hortaleza" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/DSC_0447-606x405.jpg" alt="Una casa original de Hortaleza" width="606" height="405" /></a><p class="wp-caption-text">Una casa original de Hortaleza</p></div>
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		<title>Un oasis medieval en un castillo de harina y levadura</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Dec 2012 22:26:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[panaderia medieval]]></category>
		<category><![CDATA[recreacion historica]]></category>

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		<description><![CDATA[Varios grupos de recreación histórica viajan a Canillas para inaugurar una panadería ambientada en el medievo ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/casco.jpg" width="240" />
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						data-text="Un oasis medieval en un castillo de harina y levadura" data-url="http://madrilanea.com/2012/12/05/un-oasis-medieval-en-un-castillo-de-harina-y-levadura/" 
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_14007" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/12/05/un-oasis-medieval-en-un-castillo-de-harina-y-levadura/casco/" rel="attachment wp-att-14007"><img class="size-medium wp-image-14007" title="Un joven se prueba un casco medieval" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/casco-606x225.jpg" alt="Un joven se prueba un casco medieval" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Un joven se prueba el casco de un soldado frente a la panadería. Foto: I. Miranda</p></div>
<p style="text-align: justify;">En otra vida fue <a title="Biografía de Alfonso VIII" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alfonso_VIII_de_Castilla" target="_blank">Alfonso VIII</a>. Hoy es un pollero de Hortaleza reconvertido en <strong>panadero de finales del siglo XII</strong>. La que encarnó a su mujer y reina consorte de Castilla, Leonor de Plantagenet, ha dejado atrás su corona para convertirse en la mujer de este panadero que inaugura establecimiento. Arqueros, soldados, mendigos e incluso nobles se han acercado al lugar. Es un encuentro fugaz. Un paréntesis en el siglo XXI. Un oasis que se desvanece rápido porque, ante todo, los <strong>grupos de recreación histórica</strong> son nómadas en busca de lugares a los que llevar la cultura.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Fernando de Magerit es «carne de cañón»</strong>. Un campesino mandado a la guerra por su señor. Lleva lo justo: un casco, un almófar (un pasamontañas de cota de maya) y un gambesón (sacos acolchados que llegan hasta mitad de la pierna). También lleva dos cinturones de los que cuelga cuero sobrante. «Lleva más longitud de la normal porque el cuero es muy caro de hacer, sobre todo el curtido. Si engordo, adelgazo, me pongo más cosas o menos&#8230; solo tengo que hacer agujeros». En el segundo cinturón porta el bolso: «Llevo aquí lo importante porque lo que se ha quedado en el campamento, si perdemos la batalla, es saqueado automáticamente por los mismos cocineros».</p>
<p style="text-align: justify;">Pero Fernando no se llama Fernando. Solo cuando se mete en el papel del campesino. Forma parte de una asociación de recreación histórica española. En su caso, <a href="http://www.magerit-historica.com/" target="_blank">Magerit</a>. <em>Honor et gloria</em> reza su lema bajo un blasón que incorpora un oso. «Todos somos pequeños artesanos», explica. <strong>Elaboran todo lo que visten</strong> menos el casco y la espada. Estudian la Historia y reproducen cada detalle. Trabajan el cuero y cosen. Montan campamentos y entrenan en combate. No es cosa de un día, sino un estilo de vida: son capaces de hacerse ocho horas en coche de ida y otras tantas de vuelta cada fin de semana para reunirse. Fernando tiene hasta una <strong>pequeña fragua en su casa</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, estos grupos aún son desconocidos por los españoles. «No se conoce demasiado, la gente nos dice: &#8220;¡Ah sí! Lo de los mercadillos”. No. Nosotros no vendemos nada, ni compramos nada, aunque parezca mentira, solemos ir gratis o pidiendo por favor que nos dejen ir a los sitios», cuenta Fernando. Son pequeñas asociaciones, aunque hay cierta unión entre ellas. «Gracias a internet, últimamente estamos haciendo cosas más grandes».</p>
<p style="text-align: justify;">Pero todavía no llegan a los niveles del Reino Unido o Francia, donde existe una gran tradición. Así lo explica otro soldado, pero este del siglo XIV. <em>Trancos</em> es su nombre de guerra. <strong>Carga 30 kilos de peso</strong> encima por la armadura a pesar de que no lleva una coraza metálica. En su tiempo no tenían la tecnología necesaria para desarrollar chapa larga. Por eso viste una brigantina —una coraza en forma de jubón con láminas metálicas cosidas por dentro—, al igual que sus compañeros de este siglo. Y la espada, sin filo.</p>
<p style="text-align: justify;">«Se puede llevar, pero en las rodillas sí que se nota un poco el peso», dice Trancos. Roger de Outremer, un noble del siglo XIII —aunque un noble no demasiado acaudaladado— escucha la conversación e introduce un <em>flashforward </em>[gran salto adelante]: «Una cosa que <strong>recrean en las películas muy mal</strong> es un combate entre guerreros, sobre todo acorazados, que van corriendo como locos y gritando “¡aaaaahhh!” y luego llegan al lugar y hacen con la espada “¡uuuuuggggg!” [hace gesto de levantarla con dolor]. ¡Y era al revés! La espada no pesaba tanto, lo que pesaba era la armadura».</p>
<p style="text-align: justify;">
<div class="ngg-imagebrowser" id="ngg-imagebrowser-25-13927">

	<h3> </h3>

	<div class="pic">
<a href="http://madrilanea.com/wp-content/gallery/recreacionistas-historicos/dsc_0244.jpg" title="Un soldado del siglo XIV y un mendigo" class="shutterset_recreacionistas-historicos">
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		<div class="counter">Picture 1 of 8</div>
		<div class="ngg-imagebrowser-desc"><p>Un soldado del siglo XIV y un mendigo</p></div>
	</div>	

</div>	

</p>
<p style="text-align: justify;">Se nota que la recreación es su pasión. De Outremer es un caballero, algo que transmite <strong>el color del tejido</strong>: el granate. «El estatus no solo se medía en función de las capas de ropa, sino en la calidad del teñido», bromea. Dentro lleva una túnica, que no se quita nunca, la calza y el calzón. El acabado de sus zapatos es mucho más elaborado. La espada se la ha hecho un artesano recreacionista y lleva una daga de juego: «Tú ves las cantigas de Alfonso X y hay cantidad de miniaturas con este tipo de dagas».</p>
<p style="text-align: justify;">Bezudo, un soldado destacado de <a href="http://turismo.cuenca.es/portal/lang__es-ES/tabid__9381/default.aspx" target="_blank">la conquista de Cuenca de 1177,</a> porta su arco de madera de tejo y merodea por el lugar. No lleva almófar, ni espada, ni cota de malla. Pero cuando sale de su personaje es el presidente de <a href="http://concamedieval.blogspot.com.es/" target="_blank">Conca</a>. «Nos llaman de diferentes lugares porque no solamente es en Cuenca o en Madrid, sino que vamos a cualquier provincia. <strong>Nos llaman para sus fiestas medievales</strong>, para sus eventos, porque nosotros aportamos lo que ellos no pueden normalmente, calidad», destaca. Recrean un personaje concreto y muchos se documentan para uno con nombre y apellidos, como en su caso.</p>
<p style="text-align: justify;">En esta ocasión han acudido a Hortaleza para apoyar a uno de sus compañeros de Conca: Alfonso VIII durante la fiesta de la conquista de Cuenca, Joaquín como nombre de pila. Ha decidido aunar pasión y trabajo. Hoy lleva la ropa propia del pueblo en el siglo XII. Desde el primer día de diciembre, el barrio no cuenta con un nuevo rey, sino con <strong>un oasis de historia hecho de harina y levadura</strong>.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>De la porra al acordeón</title>
		<link>http://madrilanea.com/2012/11/29/de-la-porra-al-acordeon/</link>
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		<pubDate>Thu, 29 Nov 2012 22:15:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[acordeon]]></category>
		<category><![CDATA[centro mayores bucaramanga]]></category>
		<category><![CDATA[historias hortaleza]]></category>
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		<description><![CDATA[«Lo triste es que aquí las personas mayores están como olvidadas y son ellos mismos los que tienen que costear esto» dice el acordeonista de Bucaramanga]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_13477" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/11/29/de-la-porra-al-acordeon/bucaramanga/" rel="attachment wp-att-13477"><img class="size-medium wp-image-13477" title="Centro de mayores Bucaramanga" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/bucaramanga-606x225.jpg" alt="Señores mayores bailando en el centro de Bucaramanga" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Mayores bailan en el centro Bucaramanga al son de la música de Marco. Foto: I. M.</p></div>
<p style="text-align: justify;">Es viernes, ha anochecido y la música se oye desde la calle. <strong>Los juerguistas son añejos</strong> <strong>pero muy activos</strong>. Bailan boleros, merengues, pasodobles. <em>Un-dos-tres, un-dos</em>. Marco pone la música en directo. Opositó para policía, pero desde hace tres semanas es acordeonista.</p>
<p style="text-align: justify;">El ritmo invade el reinado de <strong>Justo Rey</strong>, presidente del <a href="http://www.hortalezaenred.org/spip.php?article731" target="_blank">centro de mayores de Bucaramanga</a>. Doce años en el poder, ahora nuevamente reelegido. «Ven, tómate algo», dice. Me dirige a una barra, en un lateral desde donde se domina toda la pista. Marco sigue tocando y los cuerpos maduros por los años se deslizan por el suelo de piedra. Sortean las tres columnas grises que se interponen en el camino.</p>
<p style="text-align: justify;">Pido un café con la leche caliente. «Tu di que <strong>aquí hay gente muy buena</strong>», explica Justo. «Di que Antonio y Pilar [de la cafetería] son muy buenos». «Pero tómate el café». La bebida sigue ardiendo, pero Rey manda y me abraso la lengua.</p>
<p style="text-align: justify;">La gente sigue bailando. Otros se sientan alrededor de la pista. Hay miradas curiosas pero nadie me saca a bailar. Marco me salva, decide hacer un descanso. <strong>Lleva desde las cinco de la tarde tocando</strong>. Pone dos sevillanas para que se reproduzcan automáticamente. Pero como si del juego de las sillas se tratara, todos los mayores corren a coger una. Tan sólo una pareja se queda en pie preparada para las sevillanas.</p>
<p style="text-align: justify;">Marco pide una fanta de naranja. Su padre era acordeonista y, desde los doce años, le ayudaba en las fiestas del pueblo. <strong>Él se encargaba del teclado</strong>. Ahora tiene 27. «Aquí soy el más joven», bromea. Lleva dos años tocando el teclado en Bucaramanga. «He aprendido lo poco que me enseñó mi padre y de oído. Y llevo tres semanas aprendiendo a tocar el acordeón». Aclara que se ha decidido por este instrumento porque su familia paterna lo ha tocado siempre.</p>
<p style="text-align: justify;">Tres semanas, pero en el centro están muy contentos. Una señora vestida de rojo me asegura después que «toca de maravilla. Es amable, cariñoso, lo que le pidas&#8230; puedes ponerle por las nubes. Y no tengo nada con él». Marco explica que<strong> lleva la base rítmica grabada con el teclado</strong>: «Pongo el <em>punch-punch-puch</em> y voy haciendo el acompañamiento con el acordeón».</p>
<p style="text-align: justify;">Se han acabado las sevillanas y se oye de fondo «¡O-tra!, ¡O-tra!».</p>
<p style="text-align: justify;">—Parece que te reclaman</p>
<p style="text-align: justify;">—Es que pongo dos de descanso, sino se tiran&#8230;.</p>
<p style="text-align: justify;">Antes de volver, Marco habla un poco más. «Lo triste es que aquí <strong>las personas mayores están como olvidadas</strong> y son ellos mismos los que tienen que costear esto».</p>
<p><iframe src="http://www.youtube.com/embed/2A5WNCrJtjA" frameborder="0" width="606" height="455"></iframe></p>
<p style="text-align: justify;">Recuerda cómo empezó hace dos años. Tras hacer una FP en mecánica, no podía trabajar 10 horas diarias en el taller y, a la vez, estudiar e ir al gimnasio para prepararse las pruebas de la Policía. <strong>Dejó el taller y comenzó a tocar en el centro</strong> de mayores porque eso sí podía compaginarlo. Vive con su madre en Vallecas. Saca 30 euros cada vez que toca. «Si le gusta con mi música bailar, no se olvide de colaborar», rezan dos carteles en la esquina donde toca.</p>
<p style="text-align: justify;">«La gente de aquí es lo mejor. Hay gente que, la pobre, ves que <strong>no tiene medios económicos para ayudarte, pero te aporta lo que puede</strong>. Pero también ves a gente que puede y le sobra pero no quiere, quiere venir aquí a costa de los demás. Pero ves que la gente se anima y eso esta muy bien».</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Alguna vez ha pasado algo raro?</p>
<p style="text-align: justify;">—No… la gente es bastante civilizada. Nunca he tenido problemas de que se quieran pegar –Me río. Quizá no se refería a ellos, pero no me imagino a los viejitos pegándose.</p>
<p style="text-align: justify;">No hay música, los mayores no saben qué hacer. Una señora se acerca a Marco.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Sabes la canción <em>Simoney</em>?</p>
<p style="text-align: justify;">—No&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">— Es muy bonita, a ver si la puedes aprender.</p>
<p style="text-align: justify;">—Luego la buscaré en internet. ¿<em>Simoney</em>? Pero, ¿qué es?</p>
<p style="text-align: justify;">— Como un bolero… «Simoneeeyy…tiro-rirooo». Es antigua…</p>
<p style="text-align: justify;">— No pasa nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Marco vuelve a su sitio. <strong>Detrás de un pequeño cesto y con el acordeón encima</strong>. La música vuelve a sonar.</p>
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		<title>Silencio en Valdebebas</title>
		<link>http://madrilanea.com/2012/11/22/silencio-en-valdebebas/</link>
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		<pubDate>Thu, 22 Nov 2012 22:48:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[crisis]]></category>
		<category><![CDATA[desahucios]]></category>
		<category><![CDATA[efecto llamada]]></category>
		<category><![CDATA[espiral del silencio]]></category>
		<category><![CDATA[sociologia suicidio]]></category>
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		<category><![CDATA[suicidio]]></category>
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		<description><![CDATA[Un desempleado se suicidó en un parque infantil del barrio. Pocos vecinos lo saben y los medios de comunicación, callan. ¿Miedo al efecto llamada o espiral de silencio?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_13172" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/11/22/silencio-en-valdebebas/parque_valdebebas/" rel="attachment wp-att-13172"><img class="size-medium wp-image-13172" title="El parque infantil de Valdebebas" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/parque_valdebebas-606x225.jpg" alt="El parque infantil con columpios de Valdebebas" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">El parque infantil de Valdebebas donde ocurrió el suceso. Foto: I. Miranda</p></div>
<p style="text-align: justify;">Poca gente paseaba el domingo día 11 en Valdebebas. Hacía frío y mucho viento. Por eso, fueron pocos los vecinos que presenciaron el suceso. Hacia el mediodía <strong>un hombre de 48 años</strong> se ahorcaba, utilizando para ello uno de los columpios de un parque infantil de la zona. Fue en una avenida dominada por parcelas de tierra vacías y carteles anunciando futuras casas. En <strong>una calle sin nombre</strong> de este barrio recién nacido. Pero es una calle conocida por los vecinos: la que une la Avenida de Francisco Pi y Margall, cruzando el puente de la M-40, hasta Las Cárcavas.</p>
<p style="text-align: justify;">A día de hoy, siguen siendo pocos los que conocen el suceso. El boca a boca ha extendido algo la noticia, pero no así los medios de comunicación. El único comentario en la prensa apareció el martes 13. «G. M. R., un desempleado de 48 años de edad, fue hallado muerto el pasado domingo», comenzaba la información de 167 palabras en la sección local de <em>El Mundo</em>. Añadía que, dentro de uno de los bolsillos, <strong>el hombre guardaba una nota manuscrita</strong> en la que había intentado dejar claro el motivo de su elección: «Llevaba mucho tiempo desesperado por no tener trabajo. Es muy complicado vivir cada día en esta situación». Pedía que no se buscara otra explicación a su decisión y concluía: «No puedo aguantar más».</p>
<p style="text-align: justify;">Nuria, una vecina del barrio, pasó por la zona a las 15.30 horas. Vio al hombre «con una sábana, tapado del todo», pero aún colgado, junto a varios coches de policía y el Samur. <strong>Iba con sus hijas de 4 y 8 años</strong>, así que pasó rápido. «Me quedé totalmente impresionada», afirma. Sin poder creérselo, una hora después y ya sola, aprovechó el paseo del perro para acercarse de nuevo. «Cuando subí se había ido el Samur, había cuatro coches de policía y un montón de policías a pie. Pasé y ya le vi, de la barra del columpio, todo tapado con la sábana, pero le asomaban los vaqueros con los zapatos. Le pregunté a la Policía: ”¿Pero es de verdad?”. No me contestaron, me dijeron: “circule, circule”».</p>
<p style="text-align: justify;">Francisco, otro vecino, también salió a pasear ese domingo, a eso de las cuatro de la tarde. Vio a los bomberos, dos ambulancias y entre cinco y seis coches de Policía. Cuenta que, enfrente del parque,<strong> había aparcada una Scooter roja</strong>. Por la tarde seguía allí, pero a la mañana siguiente ya no estaba. «Se la debieron llevar», comenta. Sospecha que era del hombre, que no era del barrio y que fue hasta allí en su moto. Él y su mujer han preguntado a todos sus conocidos en Valdebebas y nadie sabe quién era el hombre. Otros vecinos que han oído el tema, están de acuerdo. <strong>No era del barrio</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">El secretismo envuelve el caso. Desde la Jefatura Superior de Policía la política a seguir es simple: <strong>«No informamos de los suicidios»</strong>. Los policías de la comisaría más cercana conocen bien el suceso, pero tampoco hablan: «No podemos contar nada porque nos expedientan». Sólo un miembro del Sindicato Unificado de Policía comenta que el hombre se enfrentaba a un caso de <strong>«desahucio por separación y denuncia de la mujer»</strong>. Pero no dice más. No queda claro si el desahucio era anterior o posterior a la denuncia. Si era porque no se iba de la casa, o por otras razones. Y mientras, los medios de comunicación guardan silencio. Quizá por miedo al «efecto llamada», a que informar sobre un suicidio pueda incitar a otros a cometerlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero todos los vecinos que han conocido el suceso, más aún los que lo presenciaron, no salen de su asombro ante el mutismo general. «Hemos buscado la noticia en los medios y<strong> no lo hemos visto en ninguna parte</strong>», asegura Francisco. Nuria estuvo atenta: «No salía nada en la televisión, me metí en internet&#8230; noticias, telediarios, Telemadrid&#8230; nada. Yo decía: “¿Lo habré soñado? ¿Será una broma? ¿Será alguien que ha colgado todo eso para hacer alguna grabación de una película o anuncio?”». Y concluye: «Nadie se ha enterado, esto no interesa que salga».</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Sin consenso</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Entre los expertos en Sociología y Comunicación no hay acuerdo sobre la conveniencia o inconveniencia de informar sobre los suicidios. De lo que no duda Manuel Castells, catedrático de Sociología, es de la fuerza de su mensaje. «<strong>Los suicidios son una forma de protesta ancestral</strong> que siempre han tenido en la historia un gran impacto social porque es el sacrificio supremo, el de la propia vida, cuando la dignidad de una persona no puede soportar más humillación ni más impotencia para actuar contra imposiciones injustas. Y como suelen ser sentimientos individuales pero que reflejan problemas colectivos, muchas personas se sienten identificadas y tratan de protestar antes de que ellos mismos puedan llegar a estos extremos».</p>
<p style="text-align: justify;">Castells explica que «en España, estos suicidios [los provocados por la situación económica] han impactado tanto a la opinión pública que <strong>han obligado al Gobierno a reaccionar</strong> con medidas provisionales y cosméticas. De los suicidios a un movimiento social de gran amplitud hay un trecho muy corto. De hecho, son proto-mártires de una revolución subterránea que se está formando a partir de la indignación social».</p>
<div id="attachment_13176" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/11/22/silencio-en-valdebebas/calle-sin-nombre/" rel="attachment wp-att-13176"><img class="size-medium wp-image-13176" title="calle sin nombre en Valdebebas" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/calle-sin-nombre-606x346.jpg" alt="calle sin nombre en Valdebebas" width="606" height="346" /></a><p class="wp-caption-text">La calle, aún sin nombre, donde ocurrió el suceso. Foto: I.M.</p></div>
<p style="text-align: justify;">¿Pero los medios de comunicación pueden fomentar los suicidios? Hildegart González Luis, doctora en Comunicación y profesora de Sociología en la Universidad de Navarra, cree que sí. Según explica, existe un <strong>«efecto mimético», copiamos los comportamientos</strong> que vemos en la sociedad y, en especial, los de la gente famosa. Sin embargo, entiende que, ante una causa mayor como en el caso de los suicidios por desahucio, se informe. Con cuidado. Los detalles «dan pistas» sobre cómo cometer un suicidio. Por eso, reclama la creación de un «<strong>código periodístico</strong> que regule cómo debe ser una buena cobertura en los medios»: no dar protagonismo, no ensalzar al sujeto en aras de una causa mayor o no mitificar al suicida. González Luis reclama que, asimismo, se utilice la cobertura para informar sobre los recursos de que disponen las personas con problemas.</p>
<p style="text-align: justify;">En este mismo sentido, Aina López, Profesora Titular de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, aclara que «puede darse contagio o puede no darse, depende del contexto y del tipo de acción. La visibilización y “heroicización” que puedan hacer los medios del suicida puede influir, pues <strong>pueden proporcionar una identidad aceptable</strong> a los que están mal».</p>
<p style="text-align: justify;">Blanca Muñoz López, profesora titular de Sociología de la Universidad Carlos III, afirma que «<strong>se puede informar </strong>pero sin dar excesiva publicidad» por el contagio social que se pueda producir. Pero también apunta a la desaparición de estas noticias por <strong>«la espiral del silencio» que promueve el Gobierno</strong>. Los suicidios suponen «una contrapropaganda al partido, quedan vulnerables en las campañas políticas», aunque de la misma manera se busca evitar que la gente se suicide. Porque en la actualidad «hay mucha gente desesperada y puede haber un verdadero problema de contagio», afirma.</p>
<p style="text-align: justify;">El autor del libro <em>La mirada del suicida</em> y doctor en Ciencias de la Información Juan Carlos Pérez Jiménez recalca que los suicidios «requieren atención, pero hay que <strong>tratarlo con mucha prudencia</strong>». Esto «no quiere decir que se silencie, como se ha venido haciendo en los medios de comunicación». Pérez afirma que la sensación que se transmite es que estas muertes han empezado ahora, cuando no es así. Y defiende que «se abra el foco» para informar también sobre las salidas y los profesionales que pueden ayudar a las personas en una situación extrema como el <a href="http://www.telefonodelaesperanza.org/">teléfono de la Esperanza</a> o el <a href="http://www.suicidioprevencion.com/">Plan de Prevención del Suicidio</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">En Valdebebas, continúa el silencio. <strong>Los vecinos siguen con su rutina</strong>. Pocos recuerdan ya un suceso que tuvo lugar hace casi dos semanas.</p>
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		<title>Días que no existen</title>
		<link>http://madrilanea.com/2012/11/14/dias-que-no-existen/</link>
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		<pubDate>Wed, 14 Nov 2012 16:30:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un pasacalles vecinal ha cruzado hoy la Gran Vía... de Hortaleza. Un día importante para algunos, un tiempo que restar de la nómina para otros. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_12318" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/11/14/dias-que-no-existen/cabecera/" rel="attachment wp-att-12318"><img class="size-medium wp-image-12318" title="cabecera del pasacalles vecinal de Hortaleza" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/cabecera-606x225.jpg" alt="cabecera del pasacalles vecinal de Hortaleza" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Los vecinos de Manoteras y Hortaleza, protestan juntos contra las reformas. Foto: I. Miranda</p></div>
<p style="text-align: justify;">La calle <strong>Valdetorres de Jarama parecía la de siempre</strong> pasadas las 12.10 de la mañana: los coches pasaban en ambos sentidos, los árboles se mantenían en pie insertados en las aceras, algunos señores mayores paseaban y el Carrefour se veía al fondo. Sin embargo, el destello azul de los coches de policía indicaba lo contrario. Antes de llegar a la plaza de los Santos de la Humosa giraban a toda prisa en la calle Ángel Luis de la Herrán. Allí, señores con boina, niños de primaria, madres jubiladas y grupitos de adolescentes gritaban contra las reformas y a favor de la huelga: «Hoy no se trabaja, hoy no se consume».</p>
<p style="text-align: justify;">A su paso, las tiendas del barrio van cerrando. Como un ciempiés con nombre en la cabeza –«Nos dejan sin futuro. Huelga general»–, la columna avanza hasta López de Hoyos. Cortan la calle y una señora mayor se queja: «¿Y tengo que esperar para cruzar?», mientras otro compra un boleto de la ONCE.<strong> Seis coches de policía paran el tráfico</strong> y se disponen para la misma función un poco más abajo, en la Gran Vía de Hortaleza.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras el recorrido continúa, las patas del insecto se dan a conocer. <strong>«Hay 17 días que no existen en mi vida»</strong>, explica un hombre, en referencia a su vida laboral. No quiere dar su nombre, prefiere mantenerse como «un vecino de Manoteras y miembro de la asamblea del 15M». Es alto y tiene canas. Recuerda algunos de esos piquetes a los que acudió en la época del franquismo: «Esto es una fiesta, entonces nos esperaban con pistolas». Y sigue su recorrido, aunque sabe que le costará 93 euros de su sueldo en la empresa de ingeniería en la que trabaja.</p>
<p style="text-align: justify;">Cookie, por su parte,<strong> anda desorientada a pesar de que una correa la sostiene</strong>. Su pelo es blanco y su andar, coqueto. Su dueño, en paro desde hace 4 años, ha aprovechado su participación en el pasacalles vecinal para sacar a pasear a esta pequeña perrita. Ambos tienen el pelo largo y mirada bonachona. El dueño, otro vecino de Hortaleza, es barrendero: «Empecé a trabajar con 12 años. No se podía seguir estudiando y claro…». Vive con su madre, que está enferma, pero al menos tienen la casa pagada. Eso sí, sentencia: «<strong>Este año, a pasar frío</strong>. Menos mal que moverse es gratis». Durante estos 4 años, han ido comiéndose los ahorros que tenían: «Ya no nos queda para mucho más».</p>
<p style="text-align: justify;">Camino al centro de Salud Benito de Ávila, un padre y un hijo caminan juntos. El niño juega con su silbato con forma de balón de fútbol y el padre habla con él mientras el resto del engranaje sigue gritando: «¡La fuerza del obrero, su solidaridad!»; «¡no es una crisis, esto es una estafa!». Al llegar, los médicos del centro salen, algunos todavía con sus batas blancas. Alguien le deja un megáfono a uno de ellos. La gente se congrega en torno al centro de salud. Mientras, una vecina jubilada de Hortaleza, con gafas de sol y pelo corto rojo, comenta las razones por las que está allí: por<strong> los centros culturales de mayores</strong>. «No nos lo han quitado, pero nos han reducido las clases. Queremos que se llenen las clases», dice. Y, resignada, asegura: «ya no pedimos más, sino que no nos quiten lo que tenemos». A su alrededor la gente aplaude al médico del megáfono. La comitiva se pone otra vez en marcha.</p>
<p style="text-align: justify;">La carretera de Canillas es el siguiente destino. Un Daewoo azul intenta adelantar al grupo antes de que corten totalmente la calle. Invade el carril contrario. La gente se expande y <strong>se oyen gritos de «¡idiota!»</strong>. Una mujer de edad media y pelo rizado se asoma por la terraza cacerola en mano. Se oyen aplausos. Otros vecinos bajan y se unen. Otros bajan y observan.</p>
<p style="text-align: justify;">Frente al instituto Luis Cernuda, Teófilo Vidal es uno de los vecinos que salen a la puerta de su casa a mirar. Una de esas antiguas, de barrio, bajas y con un patio delantero. Camisa de cuadros, tirantes y 77 años. <strong>Su mirada delata disconformidad</strong>: «Hay que trabajar más y ser menos gandul», afirma. A su espalda quedan 58 años de trabajo en un taller de maderas y muchas ganas de contar su historia. A él nunca le despidieron. Iba a su trabajo andando hasta que pudo comprar una bicicleta. Aguantaba el día con un trozo de pan y medio racimo de uvas pintas. Y el agua. El agua iba a buscarla cada día a un pozo cercano. Teófilo sigue hablando. Se lamenta por los niños a los que han involucrado en el pasacalles vecinal y vuelve a musitar que, hoy en día, los jóvenes son unos gandules. Las pancartas y la gente se han perdido hace rato calle abajo. Imposible encontrarlos ya.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Una fábrica de ilusión en una plaza muerta</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Nov 2012 21:18:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Miranda Pinillos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[carrusel]]></category>
		<category><![CDATA[feria]]></category>
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		<category><![CDATA[tiovivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Gira, chirría y entretiene. Puede ser un ciervo, una lancha o una moto. Es el carrusel de Canillas]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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						data-text="Una fábrica de ilusión en una plaza muerta" data-url="http://madrilanea.com/2012/11/08/una-fabrica-de-ilusion-en-una-plaza-muerta/" 
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_11707" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/11/08/una-fabrica-de-ilusion-en-una-plaza-muerta/tiovivo/" rel="attachment wp-att-11707"><img class="size-medium wp-image-11707" title="El carrusel de Silvano, solitario en una mañana de sábado" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/tiovivo-606x225.jpg" alt="Un tiovivo vacío en el distrito de Hortaleza" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">El carrusel de Silvano, solitario en una mañana de sábado. Foto: Isabel Miranda</p></div>
<p style="text-align: justify;">Una niña y un niño se montan en un tren. La plataforma está vacía. Suena la sirena y el vehículo avanza. No es un tren normal, es el carrusel de Canillas. El que<strong> lleva desde 2003</strong> dando movimiento a la parcela vacía de la calle Silvano, a la «plaza muerta», como la llaman los feriantes.</p>
<p style="text-align: justify;">Jorge, el hombre de detrás de la cabina, el vecino sin casa en el barrio, <strong>ha visto abandonar Silvano a su hermano</strong>, que antes llevaba un <em>aerobaby</em>, y a otro compañero, que ponía los coches de choque. Sólo queda él defendiendo la plaza. Poco queda de épocas pasadas en las que los tiovivos eran instalados en los jardines privados de la realeza, sí, pero también de los tiempos prósperos de estas atracciones. Los niños del barrio suben casi de uno en uno al carrusel. «No esperamos a que se llene porque, si no, se tiraría toda la tarde aquí el pobre», afirma el feriante, y con una declaración desafiante, añade: «Yo sigo aquí por deporte».</p>
<p style="text-align: justify;">Sabina suena de fondo y enmascara los chirridos de unas máquinas mal engrasadas, pero también entretiene a Jorge, nieto de feriantes, hijo de feriantes, hermano de feriantes, durante las horas muertas. Son muchas. Tiene el permiso del Ayuntamiento del 1 de septiembre al 31 de diciembre, aunque suele conseguir una prórroga en abril. En verano recorre España. «Estos terrenos los llamamos plazas muertas porque no hay festejos ni actividades&#8230; estamos aquí a lo que caiga». Cuenta que <strong>su mujer le regaña</strong>, <strong>por seguir defendiendo la plaza</strong> a solas, porque no es rentable, porque tras pagar la licencia al Ayuntamiento -mil euros-, el gasoil del generador y la gasolina del coche para ir y venir de Usera, gana lo justo para la semana o incluso pierde. «Siempre esperamos a que mejore&#8230; a veces hacemos cambios de sitio, pero el que tiene un sitio así [una plaza muerta], no lo puede dejar, no sabes cuando vas a encontrar otro».</p>
<p style="text-align: justify;">Intenta adaptarse a los nuevos tiempos. A eso que llaman marketing. Esta temporada ha imprimido <strong>invitaciones para repartir</strong> en los colegios. Un viaje en ciervo, en tren, en lancha o incluso en la olla en la que los negritos van a cocinar -saliendo indemne de la aventura- por la mitad de precio: un euro. Pero el día anterior, comenta, abrió el carrusel e hizo «cero euros».</p>
<p style="text-align: justify;">Habla en plural aunque está solo. Recuerda la época de su padre, en la que sacaba para comer todo el año con lo del verano. Jorge lo ha intentado: ahorrar todo lo posible para aguantar el invierno. «Pero eso ya no se puede», asegura. Otros años <strong>probó a trabajar cargando cajas navideñas o turrón</strong>. Este año está a solas con su tiovivo. Los feriantes «somos aprendices de todo pero oficiales de nada», lamenta, porque eso ya no les vale a los contratistas.</p>
<p style="text-align: justify;">Un padre se acerca a la cabina y compra tres tickets por cinco euros. Sólo usa un viaje. El resto los guarda para otro día. «Antes este sitio aguantaba. Lo de ahora tiene que ser o por la crisis o porque <strong>se ha hecho un barrio viejo</strong>», pero tras pensarlo un segundo lo descarta. A veinte metros del carrusel hay una escuela infantil.</p>
<p style="text-align: justify;">«Aparte de esto, tengo una asociación de feriantes con mi padre, mi suegro, la familia&#8230;y organizamos fiestas en Usera, en Villaverde, en Vallecas. Las organizamos nosotros con el Ayuntamiento. Pero ellos <strong>ahora no pueden hacer fiestas</strong> porque no tienen dinero y nosotros no podemos pagar todo los festejos, nosotros sólo hacemos una aportación».</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Y no se plantea colgar el hábito?</p>
<p style="text-align: justify;">- No, ¿cómo voy a dejarlo?</p>
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		<title>La verdadera crisis de los mercados</title>
		<link>http://madrilanea.com/2012/03/22/verdadera-crisis-mercados/</link>
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		<pubDate>Thu, 22 Mar 2012 21:10:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Aragón</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[comercio tradicional]]></category>
		<category><![CDATA[crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Mar Negro]]></category>
		<category><![CDATA[mercados]]></category>

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		<description><![CDATA[Mientras otros mercados de la capital han lavado su imagen, la falta de relevo generacional amenaza a las galerías comerciales de Hortaleza]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_9795" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/03/22/verdadera-crisis-mercados/mercadoa/" rel="attachment wp-att-9795"><img class="size-medium wp-image-9795" title="mercadoa" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/mercadoa-606x225.jpg" alt="" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Imagen de uno de los pasillos del Mercado de San Lorenzo. Por A. Aragón</p></div>
<p style="text-align: justify;"><strong>«En cuanto nos retiremos los de la vieja ola, esto se habrá acabado».</strong> Es un pensamiento que se repite en boca de muchos tenderos en Hortaleza. La apertura de dos supermercados en los últimos dos años ha sido devastadora para los mercados del barrio. En el de la calle Mar Negro, cerca de una veintena de sus locales comerciales están cerrados. En San Lorenzo, sólo cuatro permanecen abiertos. Lo que queda es un <strong>reto para emprendedores</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">El pasado domingo Emilio abrió su local en el mercado de Mar Negro. No está loco ni vive en una burbuja. Regenta una tienda de quesos en Madrid y pretende darle un giro a este sistema tradicional. Aprovecha que se acerca una señora para desenfundar el cuchillo, cortar un trozo de queso y ofrecerle una pieza. Cliente llama a cliente.</p>
<p style="text-align: justify;">«Si fuera sólo un comercio ni me hubiera planteado abrir porque no me interesa. Tengo otro negocio más grande y esto lo utilizo como una intermediación para acercarme al cliente y de paso recomendarle que vaya a la otra tienda para que vea todo lo que tenemos», afirma. El propósito es distinto al habitual, pero parte de la misma base. <strong>«Me interesa este tipo de comercio porque me ofrece la posibilidad de especialización, me permite acercarme a los clientes, darles a probar y conocer», explica.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Desde 150 euros se puede alquilar un local en esta galería de alimentación y, asegura, no es el único que se plantea hacer este uso del mercado tradicional. «Estoy hablando con unos amigos para ver si conseguimos otro local y damos un poco más de vida. Mejor si es en la parte trasera, porque lograríamos <strong>reactivar una parte del mercado que ahora mismo está muerta</strong>», expone.</p>
<p style="text-align: justify;">Los nueve puestos de la zona trasera están cerrados y hay que agotar el pasillo para encontrar el primero abierto. No todos han podido capear el temporal del Mar Negro. «Ahora mismo la tienda es como todo en la vida: agárrate a ello, lucha y defiéndela como puedas».</p>
<h3 style="text-align: justify;">«ESTO NO ES PARA LOS JÓVENES»</h3>
<div id="attachment_9801" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/03/22/verdadera-crisis-mercados/mercadob/" rel="attachment wp-att-9801"><img class="size-medium wp-image-9801" title="mercadob" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/mercadob-606x372.jpg" alt="" width="606" height="372" /></a><p class="wp-caption-text">En el mercado ya no hay fruta que comprar. Por A. Aragón</p></div>
<p style="text-align: justify;">Al menos en Mar Negro hay batalla. San Lorenzo la perdió hace tiempo. Su planta principal sólo tiene cuatro comercios y la planta baja es un supermercado. Juegan con el enemigo en casa, aunque aceptan con resignación la derrota. «Los mercados están de capa caída. Esperaré a jubilarme dentro de tres años y ya me olvidaré de esto», afirma el pescadero.</p>
<p style="text-align: justify;">Para llegar hasta él hay que atravesar toda la estancia. El trayecto incluye pilas de cajas vacías y un pasillo totalmente abandonado. En el puesto de la esquina sobresale una pequeña virgen a través del cierre roto. Una vitrina desolada anuncia «ofertones». Publicidad engañosa. «Queso manchego, 999 pesetas el kilo». Una escalera de los tiempos de la peseta con las patas abiertas. Una pescadería inundada de tablones de madera. Una frutería sin paredes y dos cristales que reflejan la miseria.</p>
<p style="text-align: justify;">«Todo esto pertenece a un particular y ya no se preocupa por mantenerlo. <strong>Lo que quiere es que nos vayamos cuanto antes para alquilárselo a alguna gran superficie</strong>. Hace unos tres años alquiló la planta baja y ésta la ha intentado alquilar a unos chinos, pero querían escombrarlo todo y no pudo ser», relata. Habla con la cabeza agachada, paseando los ojos entre sus zapatos y cualquiera de los puestos cerrados que «ya no se abren porque este oficio no es para los jóvenes».</p>
<p style="text-align: justify;">Su historia, para la que prefiere no dar nombre, guarda similitudes con las que se han podido escuchar en el otro mercado. «Los jóvenes ya no quieren esto. Mis hijos se han sacado una carrera, se han colocado y no quieren saber nada de esto. Antes venían a ayudarme los fines de semana, pero ahora tienen familia y ya ni siquiera eso», se lamenta.</p>
<p style="text-align: justify;">Dicen que aquí vienen «los clientes que saben lo que quieren y les gusta recibir una atención cercana», pero <strong>en media hora sólo han entrado dos mujeres</strong>. Esta galería de alimentación no empezó a morir por la crisis ni por la competencia. Lo hizo antes y por causas naturales. «El problema es que cuando la gente se jubila no hay ningún joven que quiera meterse aquí. Es incómodo, se pasa frío y es un trabajo muy esclavo. Aguantamos nosotros, pero esto se acaba», augura Castillejo, el carnicero.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Otros mercados de la capital</strong>, como <a href="http://www.mercadodesanmiguel.es/">San Miguel</a> (reabierto en 2009 tras 19 meses de reforma), <a href="http://www.mercadosananton.com/">San Antón</a> (2011) o <a href="http://madrilanea.com/2012/02/23/mercado-de-chamartin/">Chamartín</a> <strong>se han lavado la cara</strong> y ahora combinan productos cotidianos y exclusivos. Incluso opciones de ocio muy lejos de las que puede ofrecer un barrio residencial y trabajador.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando se habla de futuro, los mercados de Hortaleza se encogen de hombros y resoplan, como quien se da por vencido y ya no tiene qué esperar.</p>
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		<title>El barrio que rechazó a Norman Foster</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Mar 2012 22:31:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Aragón</dc:creator>
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		<category><![CDATA[cortázar]]></category>
		<category><![CDATA[Norman Foster]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[Repsol]]></category>

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		<description><![CDATA[El mismo año que el arquitecto británico recibió el premio Príncipe de Asturias de las Artes, Hortaleza se negó a acoger un edificio suyo]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_6580" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/03/01/hortaleza-norman-foster/h1/" rel="attachment wp-att-6580"><img class="size-medium wp-image-6580" title="h1" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/h1-606x225.jpg" alt="" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Imagen aérea de una actuación de los vecinos. Por AA VV La Unión de Hortaleza</p></div>
<p style="text-align: justify;">Amanece en Hortaleza. Es domingo y el mercadillo empieza a desperezarse. Lo que dentro de unas horas será un hormiguero de compradores es todavía un tímido crujir de metales. Los puestos estiran sus patas de hierro y los mercaderes afinan las gargantas por las que luego saldrá una lluvia incesante de ofertas y requiebros. Es domingo y como cada último día de la semana de los últimos treinta años, el rastro del barrio se prepara para recibir a sus vecinos.</p>
<p style="text-align: justify;">«Llevo vendiendo aquí desde hace más de veinte años. Aquí la gente es más o menos la misma de siempre. Se nota que en los últimos años hay más inmigrantes, pero es algo normal. Soy yo el que se adapta para mantener vivo el negocio», comenta uno de los tenderos. Un negocio que pudo haberse venido abajo en 2009.</p>
<p style="text-align: justify;">Al otro lado de la calle está el Polideportivo de Hortaleza. Como cada mañana de domingo, toca comulgar con el credo de lo que Juan Villoro llamó «Dios redondo». <strong>Jóvenes y grupos de amigos aprovechan para hacer parroquia en torno a un balón</strong>. «Hace tres o cuatro años un grupo de compañeros de trabajo montamos un equipillo para jugar los fines de semana. Ahora nos sirve para mantener el contacto», hilvana Sergio mientras busca resuello.</p>
<p style="text-align: justify;">También el polideportivo, como el pinar que lo rodea y la extensa zona verde del monte del Canto del Águila, pudieron perder su aspecto si los vecinos no hubieran luchado por conservarlo intacto.</p>
<p style="text-align: justify;">La historia se remonta a 2006, cuando Repsol, la multinacional petrolífera, ganó un concurso público para hacerse con dos terrenos por los que pagó (según la información publicada en los medios) <strong>más de 6 millones de euros a cambio de los derechos de superficie durante 75 años</strong>. La intención era construir allí una nueva gasolinera y un centro de formación, un planteamiento en el que participarían los arquitectos <a href="http://www.rafaeldelahoz.com/">Rafael de la Hoz</a> y <a href="http://www.fosterandpartners.com/Practice/Default.aspx">Norman Foster</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">La base era un Plan de Ordenación Urbana de 1997 en el que ambas parcelas fueron calificadas como «servicio público para estaciones de servicio de combustible». La reclamación por parte de las asociaciones de vecinos y comerciantes fue simple: el Ayuntamiento de Madrid cometió el error de tomar la decisión «después de casi 10 años, sin tener en cuenta que las necesidades y prioridades del barrio han podido cambiar».</p>
<p style="text-align: justify;">Para entonces, el barrio ya contaba con cuatro estaciones de servicio en apenas dos kilómetros cuadrados, por lo que no había razón para perder suelo verde y deportivo a su favor. Cuando los vecinos tuvieron conocimiento de que el plan se iba a ejecutar, comenzó una campaña que, además de una manifestación y un pasacalles de disfraces aristocráticos, incluyó la <strong>recogida de <a href="http://www.nodo50.org/avvuniondehortaleza/spip.php?article19">8.000 firmas</a> contra el proyecto</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, en la primavera de 2009, la Dirección General de Evaluación Ambiental de la Comunidad de Madrid emitió un informe negativo sobre el estudio de impacto remitido por la empresa petrolífera, lo que invalidó el proyecto. «La actuación se pretendía ubicar en un área sensible, por la presencia de dos colegios en un radio de unos 200 metros, así como la existencia de amplias zonas verdes, piscinas públicas, bloques de viviendas, un polideportivo o un carril bici», subrayan desde la <a href="http://www.madrid.org/cs/Satellite?idConsejeria=1109266187260&amp;idListConsj=1109265444710&amp;c=CM_Agrupador_FP&amp;pagename=ComunidadMadrid%2FEstructura&amp;language=es&amp;cid=1109266187260">Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">Las Declaraciones de Impacto Ambiental son vinculantes, por lo que Repsol deberá plantear un proyecto diferente o situarlo en otra ubicación. Y así Hortaleza mantiene hoy en día su rastro, su polideportivo y su pinar. Los domingos siguen siendo domingos y sus vecinos viven, como escribió Cortázar, «con la satisfacción perruna de que todo está en su sitio».</p>
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		<title>Un ateneo para despertar el barrio</title>
		<link>http://madrilanea.com/2012/02/10/ateneo-libertario-hortaleza/</link>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 23:12:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Aragón</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Kropotkin]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Hernández]]></category>

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		<description><![CDATA[Un grupo de vecinos de Hortaleza abre el Ateneo Libertario para combatir la «desmovilización» del barrio]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_4825" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/02/10/ateneo-libertario-hortaleza/ateneo/" rel="attachment wp-att-4825"><img class="size-medium wp-image-4825" title="ateneo" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/ateneo-606x225.jpg" alt="" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Entrada del local. Por Ateneo Libertario de Hortaleza</p></div>
<p style="text-align: justify;">María baja las escaleras y se encuentra medio centenar de personas en su salón. Las hay de todas las edades y tienen algo en común: son vecinos del barrio. No se trata de una alevosa invasión de la intimidad, sino de la representación de una obra de teatro que se hizo este domingo 5 de febrero para inaugurar el <strong><a href="http://ateneolibertariodehortaleza.org/">Ateneo Libertario de Hortaleza</a></strong>. Un lugar para la discusión política con el que «recuperar el tejido social tan necesario en los barrios».</p>
<p style="text-align: justify;">María viste bata de seda y se mueve por una «casa» que es el salón contiguo de la asociación de vecinos. Previo al espectáculo, los asistentes se arremolinan en grupos y charlan. En el recibidor hay panfletos anarquistas y a continuación una estantería en la que se ofrecen libros que van desde <strong>Chéjov o Miguel Hernández</strong> hasta teoría de claro signo político. Uno de ellos sirve de pie para una encendida conversación.</p>
<p style="text-align: justify;">«Si miramos a Darwin, el grande se come al pequeño, el fuerte al más débil&#8230; pero aquí te explica que la cooperación mutua es el factor más importante de la evolución. Fíjate en las abejas o en las hormigas, trabajan en grupo, no compiten de forma egoísta, y les va bien», comenta uno de ellos. «Aquí» es un ejemplar de <em><a href="www.cgt.es/descargas/SalaLectura/kropotkin-apoyo-mutuo.pdf ">El apoyo mutuo</a></em>, de Piotr Kropotkin, un libro que se contrapone al darwinismo social y entronca con los ideales del nuevo ateneo. Mejor colaborar que competir.</p>
<p style="text-align: justify;">Nace y se confiesa como un espacio con «<strong>afinidad por el pensamiento anarquista</strong>», un sitio en el que poder sentir que «las ideas libertarias» gozan aún de un empaque suficiente como para tener «una presencia activa» en el barrio. «A veces me tengo que llamar a mí misma señor para animarme», continúa en el salón María, protagonista de <em><a href="http://grupos.emagister.com/documento/la_mujer_sola_dario_fo_/1447-440123">La mujer sola</a></em> de Darío Fo. Un alegato por la mujer, elemento clave para un movimiento que simpatiza con el feminismo.</p>
<p style="text-align: justify;">María plancha en su casa de dos paredes y habla con una vecina invisible con la que comparte sus frustraciones. En el ateneo se citan personas que comparte «una crítica más o menos similar al actual sistema político, económico y social» preocupadas por la «desmovilización» que sufre el barrio. Podría decirse que en ambos casos se dirigen a alguien que existe pero no se deja ver. En ambos casos, parece, el exceso de paz se hace «asfixiante».</p>
<p style="text-align: justify;">Un joven que busca asiento impide ver el escenario. «La pasión por destruir es una pasión constructiva», dice Bakunin en su camiseta. Cuando por fin deja ver a María, la mujer está desesperada por el excesivo control al que le somete un marido maltratador. Para colmo, tiene que soportar las obscenidades de un vecino mirón. «¡Aparta la vista! ¡Que, que, que como suba no sé lo que te corto!», grita empuñando una sierra. Al final de la obra la actriz acabará ovacionada por su actuación.</p>
<p style="text-align: justify;">Y en el ateneo <strong>discutirán temas como el maltrato</strong> o eternos debates del anarquismo como «las continuas agresiones del capital y del Estado». Será el tiempo quien diga si esta iniciativa sirve para entablar un debate político abierto o si se cierra en un solo bando como anticipa la homogeneidad de sus estanterías. El Ateneo Libertario de Hortaleza, anuncian, quiere «sembrar la semilla de la rebeldía». Pensarán, como dijo María, que «una siempre tiene que estar a punto, como el café».</p>
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		<title>Un barrio de Reyes y rebeldes</title>
		<link>http://madrilanea.com/2012/01/26/barrio-reyes-rebeldes/</link>
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		<pubDate>Thu, 26 Jan 2012 21:27:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Aragón</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[Cabalgata]]></category>
		<category><![CDATA[gallardon]]></category>
		<category><![CDATA[Parquímetros]]></category>
		<category><![CDATA[Reyes Magos]]></category>

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		<description><![CDATA[Hortaleza ha hecho de la acción vecinal una de sus mayores señas de identidad]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_2965" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/01/26/barrio-reyes-rebeldes/hortalezaparquimetro/" rel="attachment wp-att-2965"><img class="size-medium wp-image-2965" title="hortalezaparquimetro" src="http://madrilanea.com/wp-content/uploads/2012/01/hortalezaparquimetro-606x225.jpg" alt="" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Imagen de un parquímetro junto a plazas vacías. Por A. Aragón</p></div>
<p style="text-align: justify;">La baronesa Thyssen se ha encadenado. Quiere defender sus derechos. Clama por una injusticia ante las miradas de la gente. Pero no está atada a un árbol del Paseo del Prado, sino a un parquímetro de Hortaleza. Y no se llama Carmen Cervera sino que es una mujer del barrio disfrazada. Es sólo una de las muchas imágenes que han dejado las acciones vecinales de un barrio dispuesto a defenderse.</p>
<p style="text-align: justify;">«Fueron un par de años con <strong>manifestaciones casi semanales</strong>, y nunca con menos de 500 o 600 personas», precisa Emilia, una de las principales encargadas en la organización de aquellas protestas. Normalmente se encarga de los servicios de asistencia a personas mayores, pero en aquella ocasión también sintió la necesidad de involucrarse. «Nos levantamos un día y nos encontramos con los parquímetros. Nos reunimos una vez con Gallardón y tres con Pedro Calvo. Dijeron que fue por petición de los vecinos, pero aún hoy no han sabido decirnos quién», lamenta.</p>
<p style="text-align: justify;">Calvo, entonces concejal de Seguridad de la Comunidad, amplió en 2006 el Servicio de Establecimiento Regulado más allá de la M-30 a barrios periféricos de Madrid. Los vecinos coinciden en que la zona no tenía problemas de aparcamiento y que las medidas eran injustificadas. Algunas incluso mal tomadas, como los parquímetros que obligaban a pagar por estacionar el coche al ir al ambulatorio. Muchos <strong>amanecían empaquetados y envueltos con un lazo «para regalárselos a Gallardón</strong>». «Algunas señoras mayores salían de noche para pintar de blanco las rayas verdes», relata un vecino. Y al final, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid les dio la razón.</p>
<p style="text-align: justify;">«Llegamos a tener 38 y hoy sólo quedan nueve. Quitaron todos los de las rayas azules, que además dejan de funcionar a las siete de la tarde. Ni sirven ni son necesarios aquí», sentencia Emilia.</p>
<h3 style="text-align: justify;">La visita de Sus Majestades</h3>
<p style="text-align: justify;">Como en buena parte de la capital, Hortaleza vio crecer el movimiento vecinal en la década de los sesenta. Esta presión forzó la legalización de las asociaciones, aunque tuvo que luchar para asentarse. De ese esfuerzo nació una de las tradiciones del barrio que aún hoy se mantiene: la cabalgata de los Reyes Magos.</p>
<p style="text-align: justify;">«Empezó en 1979 como una forma de dar visibilidad a las asociaciones de vecinos. Había agrupaciones de amas de casa o de padres de familia, pero ahora querían que los vecinos se dieran cuenta de que había gente que luchaba por sus derechos, recuerda Borja, hoy miembro de la asociación La Unión de Hortaleza. «Se pedía que pusieran institutos o que asfaltaran las calles, porque esto todavía era un barrizal», precisa.</p>
<p style="text-align: justify;">El barrio seguía pareciendo un pueblo. Sirva de ejemplo la cabalgata, donde quienes todavía conservaban ganado prestaban sus burros para que montaran Sus Majestades. Casi tres décadas más tarde, en 2008, era el cristalero quien prestaba su camión. ¿Qué había pasado?</p>
<p style="text-align: justify;">Desde que se creara en 1982, la Junta Municipal colaboraba con los vecinos en la organización del evento, sobre todo en cuestiones de seguridad y movilidad. Los jóvenes del barrio elegían la temática y ayudaban en la construcción de las carrozas. «Se repartían vales de dinero con los que comprar los materiales en las tiendas de la zona, con lo que incluso revertía en el comercio del distrito», explica Borja.</p>
<p style="text-align: justify;">Así fue hasta que <strong>en 2008 la Junta privatizó la cabalgata</strong>. El recorrido dejaría de pasar por las zonas más humildes para hacerlo alrededor del centro comercial. La temática vendría impuesta y los más pequeños no colaborarían en los preparativos. «Las asociaciones nos rebelamos. No nos dio tiempo a organizar nada espectacular porque nos enteramos poco antes. Nos tuvimos que montar en el camión que nos prestó el cristalero del barrio, pero era una manera de recuperar la cabalgata, que no era de la Junto sino nuestra».</p>
<p style="text-align: justify;">Durante cuatro años, Hortaleza ha visto a los Reyes Magos por partida doble, hasta que el pasado mes de diciembre el Ayuntamiento eliminó el presupuesto para cabalgatas vecinales. El 5 de enero Sus Majestades visitaron el barrio. Iban en la cabalgata alternativa, la de toda la vida, y montados en un vehículo prestado. Porque si Hortaleza conserva su esencia es gracias a sus vecinos.</p>
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		<title>Un pueblo debajo del asfalto</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 23:15:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Aragón</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hortaleza]]></category>
		<category><![CDATA[lópez de hoyos]]></category>
		<category><![CDATA[manoteras]]></category>
		<category><![CDATA[pinar de chamartín]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>

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		<description><![CDATA[Anexionado a Madrid hace 60 años, el barrio de Hortaleza sigue guardando el mismo espíritu que tenía antes de formar parte de la capital]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		<div style="clear:both;"></div><div id="attachment_1872" class="wp-caption aligncenter" style="width: 616px"><a href="http://madrilanea.com/2012/01/13/pueblo-bajo-asfalto/hortaleza/" rel="attachment wp-att-1872"><img class="size-medium wp-image-1872" title="hortaleza" src="http://madrilanea.com/madrilanea/wp-content/uploads/2012/01/hortaleza-606x225.jpg" alt="" width="606" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Imagen de la Gran Vía de Hortaleza. Por Andrés Aragón</p></div>
<p style="text-align: justify;">Madrid es un animal salvaje. Se mueve por instintos primarios y devora en caso de necesidad. Nunca pasó tanta hambre como en la Guerra Civil, y a su término la Junta de Reconstrucción le sirvió un banquete que se había cocinado durante medio siglo: la anexión de 13 municipios. <strong>Uno fue Hortaleza, que 60 años después sigue latiendo debajo de la ciudad</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Hortaleza sigue existiendo para el visitante que camine con los ojos abiertos, que en la ciudad ya no son muchos. Conserva la frontera que siempre tuvo, aunque con otro nombre. Durante siglos su cordón umbilical fue la carretera que le unía con la capital. Hoy se llama López de Hoyos, desemboca en la Gran Vía de Hortaleza y a su alrededor respira el barrio.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta arteria hace las veces de metrónomo y marca el ritmo al que se mueve la vida. Cuanto más lejos de ella, más cadencioso es el paso, hasta que al llegar a la Calle del Mar Negro, revive la antigua Hortaleza. Casas bajas, calles estrechas y negocios anunciados con pintura en las paredes. Un cuadro ajeno al tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">«Esto no ha cambiado nada. Algunas cosas se han remodelado, no muchas, pero más o menos es la misma gente. Se conserva como pueblo hasta en las costumbres. Todos los vecinos se conocen mucho y en verano hasta sacan las sillas a la calle para hablar», comenta José. Él es zapatero y regenta desde hace más de cuatro décadas «El Sanatorio del Calzado». Sólo el nombre dice mucho del trato que se puede recibir.</p>
<p style="text-align: justify;">Comparte fachada con la «Joyería Hermanos Garzón», otra de las constantes del paisaje de Hortaleza. «<strong>Esto sigue siendo un pueblo. Aquí continúan los vecinos de toda la vida y se conocen igual que siempre.</strong> Éste es el lechero, el de más allá el carnicero&#8230; Lo que sí se nota es el paso de tiempo, que no perdona», dice Francisco. A diferencia de la zona de construcción más reciente, el interior no ha tenido relevo generacional. «La pena es que se está quedando aislado. La gente nueva que viene desprecia todo esto, y al final quedan los cuatro señores mayores de siempre», resume.</p>
<p style="text-align: justify;">La gente joven prefiere estar cerca de la Gran Vía de Hortaleza. En realidad, siempre fue así. «Bajar allí es como si se viajara a la ciudad. Donde ahora está el Carrefour, antes había unas eras en las que los chavales se juntaban a jugar», señala Luis. Él apenas cuenta la treintena, pero su apego al barrio les ha convertido en un gran conocedor de su historia.</p>
<h3 style="text-align: justify;">El Camino de las Manoteras</h3>
<p style="text-align: justify;">Cerca de lo que hoy es un centro comercial pasaba el Arroyo del Quinto, que cruzaba la vecina Mar de Cristal y la sede del Comité Olímpico Español en dirección al Parque Juan Carlos I. Quien quisiera visitar Madrid debía tomar el sentido contrario y avanzar hacia el sur. No muy lejos quedaba el cruce de caminos con Canillas. Allí tiene su peluquería «El mudo», conocido así de manera irónica por su facilidad para intercambiar párrafos. «Llevo 42 años aquí y esto ha cambiado bien poco. <strong>Ahora es un barrio viejo, un barrio que ya no aspira a más. La juventud no aparece</strong>», sentencia después de presumir de haber pasado por la tijera a todo el barrio.</p>
<p style="text-align: justify;">A un lado de esta encrucijada quedaba Pinar del Rey. Al otro lado, el Camino de las Manoteras, transformado desde 1958 en un barrio más de Madrid. 15 años y tres planes de urbanismo le dieron el aspecto que hoy conocen sus vecinos. «Cuando llegamos aquí lo único que había era un Caja Madrid. Todo era un monte. Había un camino viejo por el que teníamos que subir para ir a comprar las cosas». Habla Ángel, que llegó desde Lavapiés hace 40 años. Lejos quedan los tiempos en los que un consultorio médico, una bodeguilla y el conocido como «mercado azul» monopolizaban la vida del barrio.</p>
<p style="text-align: justify;">La iglesia de madera, uno de sus pequeños atractivos, se perdió en un incendio. Su lugar en la Avenida de San Luis lo ocupa un parque de bomberos, según cuenta Ángel. «Cuando queríamos ir al centro subíamos por allí para coger el 49, que llevaba hasta el Barrio del Pilar.Ya más tarde Tierno Galván inauguró la carretera de acceso y todo esto cogió más vida.</p>
<p style="text-align: justify;">En su ruta nace Valdebebas, una nueva población que hace sólo medio siglo era otro arroyo de Hortaleza.</p>
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