Cruce de caminos, encuentro de culturas

Glorieta de Cuatro Caminos. Por PakPiculo

Dicen que todos los caminos conducen a Roma. Sin embargo, aquí hay cuatro que conducen a sitios muy distintos. Desde un campo de golf urbano hasta un estadio permanentemente en obras que alguien olvidó construir, pasando por ríos rosas que llevan a un canal verde o una torre de más de cien metros levantada sobre el humo del que fuera el particular «coloso en llamas» de Madrid. Las tiendas del imperio de Amancio Ortega conviven con pequeños comercios donde lo habitual es comprar a ritmo de bachata, y las pequeñas callejuelas oscuras que inspiraron la «miserable horda» de Blasco Ibáñez comparten mapa con una calle tan larga que es capaz de atravesar dos distritos.

A medio camino entre Tetuán y Chamberí, Cuatro Caminos se erige como el centro neurálgico de la ciudad de los gatos. Si Sol es el corazón de la capital, Cuatro Caminos es su sistema nervioso, donde una luenga Bravo Murillo ejerce de firme columna vertebral. No en vano, la primera línea del Metro de Madrid, que Alfonso XIII inauguró en 1919, comunicaba la puerta del Sol con Cuatro Caminos. Además, sus entrañas atesoran el depósito de agua que abastece a todos los madrileños.

La Babel de Madrid

Maricela da los buenos días al menos una vez cada diez segundos. Con su acordeón colgado del cuello, esta dominicana permanece estática, quieta, en la esquina entre Reina Victoria y la calle de Los Vascos, haciendo sonar en su acordeón la misma sucesión de notas una y otra vez. «La gente no oye el acordeón, pasa por mi lado y ni me mira. Por eso les doy los buenos días. Entonces me miran, incluso me sonríen». Maricela lleva ya seis años en la misma esquina. Los vecinos la consideran parte del paisaje. Muestra, orgullosa, la recaudación de la mañana, a la que han contribuido los cinco euros que, a diario, pone en su vaso de plástico el mismo vecino, un señor que siempre le devuelve así sus buenos días. «Me gano la vida aquí. Es la mejor esquina que he encontrado».

Tan solo unos metros calle arriba, muchos otros paisanos de Maricela se dan cita en la glorieta de Cuatro Caminos en el horario laboral, pues esta glorieta es, precisamente, su lugar de trabajo. En el barrio conviven más de 34.000 dominicanos, ecuatorianos, marroquíes, bolivianos, filipinos, peruanos, colombianos, rumanos, paraguayos y chinos, según datos del Padrón Municipal de enero de 2011. Y en la glorieta se convierten en auténticos relaciones públicas que reparten folletos a diestro y siniestro, vendedores de flores, castañas, e incluso muñecos cantarines que funcionan a pilas, o carteles humanos en los que se lee siempre la misma frase: «compro oro». Muchos se refieren al barrio de Cuatro Caminos como «el pequeño Caribe», pues en él se agrupa la mayor comunidad dominicana de la capital, concretamente, 3.372 dominicanos. La huella caribeña está tan presente en sus calles que es imposible pasear por Topete o Almansa sin oír una samba o una bachata.

Cuanto más lejos de Cuatro Caminos, en dirección a plaza de Castilla, el paisaje suramericano se va transformando. El ritmo latino se difumina poco a poco ante la aparición masiva de bazares y restaurantes regentados por chinos.

Palabras como multiculturalidad cobran especial relevancia en un barrio como Cuatro Caminos-Tetuán, una babel donde se entremezclan lenguas y razas. Diferentes maneras de vivir conviven en sus calles, donde la tónica general es una tranquilidad sólo alterada «de manera excepcional por algunos grupos de jóvenes», según apunta Rodrigo, un estudiante burgalés que vive en el barrio. «Es un barrio tranquilo, realmente son más los prejuicios por saber que aquí viven muchos inmigrantes los que han creado esa opinión generalizada de que es inseguro». Sin embargo, aún permanece grabado en el recuerdo de muchos el caso de «Luisito» —un muchacho dominicano al que un español asestó dos tiros en 2009—, cuya muerte sembró dudas sobre si la aparente armonía interracial en el barrio no era más que una ficción. «Yo vivía aquí cuando lo de Luisito. Realmente fue un hecho puntual. Locos hay en todos los barrios. No se trató de un conflicto interracial ni mucho menos».

Un barrio con historia

Lo que fuera el extramuros de Madrid aún conserva en algunos de sus rincones ese carácter desordenado del barrio que fue creciendo fuera de cualquier norma urbanística. Casas bajas, con aspecto antiguo y más rural, con patios y portones.

Y descendiendo por Bravo Murillo, calle a la que dio nombre quien diseñó el proyecto que trae el agua a Madrid, bajando hasta Canal continúan los contrastes. Famoso por sus Teatros, en él se encuentra el Canal de Isabel II, es decir, la reserva de aguas de Madrid. Se dice que el día de la inauguración del Canal, en 1858, la fuente que por entonces albergaba la calle de San Bernardo elevó el agua a 31 metros de altura. Ante tal espectáculo, el entonces ministro de la Gobernación, José Posada, dijo a su majestad Isabel II: «Señora, hemos tenido la suerte de ver un río ponerse en pie». Esa misma fuente ocuparía la glorieta de Cuatro Caminos durante algunos años para mudarse definitivamente a la Casa de Campo, donde reside hoy. Y de albergar una fuente a ser «invadida» por un gran «scalextric», desmontado en 2004, que atravesaba la glorieta y medía 385 metros.

«Yo vi la última película que proyectó el cine Novedades. Ya no hay cines como los de antes». Gustavo recuerda así el que fuera uno de los cinematógrafos más antiguos de Madrid, levantado en los años 70 y que presidía la plaza de Carlos Trías Beltrán. En 2008 se convirtió en una nueva discoteca, y hoy se levantan en sus dependencias tres restaurantes de una conocida cadena. Los carteles de la película «Cuando éramos soldados» siguieron colgados en el cine, hasta que se tornaron amarillentos. «Los vecinos nos levantamos en protesta cuando supimos que el cine iba a convertirse en una discoteca. Recogimos muchas firmas. Esto es el meadero oficial del barrio».

De golf y otros deportes

Ya en Vallehermoso, barrio que lleva el mismo nombre que el complejo deportivo que un día fue su epicentro, unos paneles con fotografías de atletas corriendo una maratón rodean lo que hoy en día no es más que obras y escombros. Es el proyecto de un nuevo complejo deportivo para los Juegos Olímpicos de Madrid 2016. Y al igual que éstos últimos, nunca llegó a convertirse en realidad.

A pocos metros, el parque de Santander alberga un campo de golf en plena ciudad. El «Green Canal». Una vez allí, es difícil creer que a menos de un kilómetro sigue estando Cuatro Caminos. Haciendo gala de su nombre, el verde es el color predominante. A todas horas del día hay gente corriendo en la pista de atletismo que rodea el parque, abuelos que pasean a sus nietos por la zona ajardinada, haciendo parada obligada en los columpios y toboganes, e incluso, llegado el calor, jóvenes tumbados en el suelo junto a la fuente, ropa remangada y mirando al sol.

Ríos Rosas es la zona residencial colindante con Vallehermoso. De ella a Nuevos Ministerios, Madrid se vuelve más Madrid que nunca, mostrando la modernidad de sus edificios, lo majestuoso de sus calles. A todos estos rincones se llega desde el mismo sitio, la glorieta de los Cuatro Caminos, la arteria Bravo Murillo. Y es que, aunque estos Cuatro Caminos acaben llevando a Roma, primero han de pasar por el rico contraste de unos barrios vecinos que estando tan cerca son realmente distintos.


Miriam Ruiz Castro

«Ser marinero del mundo, con ruta hacia todos los puertos» (El club de los poetas muertos)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *