Daltonismo emocional

En la misma habitación, éramos un brebaje difícil de beber,
pues me miraba como si el amor nos fuese a destrozar.
Hundió su lengua en mi corazón, como diría Whitman,
y yo no le daba más que aquello que su corazón y sus huesos podían soportar.
Descubrió mis Américas. Yo las suyas. Y las nuestras.
Pero su daltonismo emocional
le impedía pensar con mis ojos y hablar con mis oídos.
Hasta que un día, sin darse cuenta, volvió a enamorarse de mí,
una y otra vez, todos los días, una y otra vez.

Noemí López Trujillo

Tasadora de sueños y aspiradora de nubes

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