Blanca del Amo: el espejo del barrio de Malasaña

Blanca del Amo. Por Javier Villuendas

«En realidad yo comencé fotografiando a la gente que tenía cariño. Empecé retratando a la gente que quiero, que admiro, que respeto. Nunca pensé que esto llegase a formar parte de un proyecto y al final ha conseguido un gran interés. En el horario que el Tupperware estaba cerrado, en la planta de arriba, montaba un plató con unas sabanas blancas, me llevaba unos flashes de estudio, mis rollos de medio formato blanco/negro y retrataba».

En junio de 2011 publicó «Malasaña volumen 1», donde retrata a distintos personajes de la fauna malasañera de los noventa. En esta entrevista habla de su libro, de su Tupperware y del barrio en general.

¿Cómo surge el proyecto?

El proyecto sale un poco de Mauro Entrialgo, que es el editor. Hay que decir que algunas personas no vieron su foto hasta después de muchos años en el libro. Pero sí, sí había personas que veían las fotos y me decían que las tenía que sacar. Y Mauro inicia la editorial, sin ánimo de lucro, que con lo que ganas de un libro sacas otro. Me comenta que lo de mis fotos lo tengo que sacar. Y yo encantada. Pero desde que se dice hasta que se saca pasan cinco años o más. Yo no sé como no me mandó a tomar por saco.

¿Qué le interesaba enfocar?

Mi interés es reflejar lo que es esa persona, no el lado oscuro ni el lado dramático. Sólo bondades. Su sentido del humor, si esta chica es inteligente… Y son todo de gente de los noventa. También quería representar un poco los locales y relacionarlos con la gente. Quiero que salga gente del Tupper, del Agapo, de la Vía Láctea o la Iguana (que ya está cerrada). Hay promotores, músicos, pero también hay porteros, o sea, trabajadores de la noche.

Según los textos de Gerardo Cartón, da la impresión de que se conocían todos.

Gerardo conocía a todos los personajes. En realidad, la gente que aparece en este volumen estamos todos relacionados, nos conocemos bastante. La primera idea con los textos era que cada uno de los personajes hablara de otro. Lo que pasa es que iba a ser un follón para recopilar los textos de todos y unificarlos, que fueran parecidos. En este libro están todos ellos interrelacionados de alguna manera.

¿Por qué retratos del mundo nocturno?

Estos retratos se inician a finales de los 90, cuando yo empiezo a estudiar fotografía en la Escuela de Oficios. Son de noche porque mi vida de entonces era super-nocturna. Ahora es distinto, pero entonces trabajaba en el Tupperware todos los días de la semana. Es que nos hemos conocido de noche. Lo que quería reflejar es que en la noche madrileña, en la noche de Malasaña, uno no sale sólo a consumir. Hay mucha gente que se junta, nacen proyectos, surgen ideas, gente que escribe. Es decir, yo quería reflejar la actividad cultural. En los textos yo le decía a Gerardo: «que se refleje que esa persona montó un sello discográfico, y esta persona arriesgó todo para montar un bar, y este tío se pilla la furgoneta con otros cuatro y se van a tocar porque es una pasión y sacan el dinero de donde sea». Pero que también nos lo pasamos muy bien, que una cosa no quita la otra.

Este libro se llama «Malasaña volumen 1», ¿habrá más volúmenes?

En realidad se llama volumen 1 porque teníamos un presupuesto que supone un número de páginas. Si tuviésemos todo el dinero igual se llamaría: «Malasaña: años 90». Hay negativos para hacer un volumen 2 ya. Y además es un proyecto que yo continúo haciendo, de personajes del barrio que yo conozco por la noche.

¿Y los siguientes volúmenes serían los últimos años?

Malasaña se está reinventando siempre. Es que además me parece maravilloso que ocurran estas cosas en el barrio y yo doy testimonio de ello. Un barrio que tenía tan mala fama, que era de perdidos. Un barrio de perdidos que, mira, tenía muchas inquietudes.

Pero ahora no da esa impresión de «barrio de perdidos».

Ahora Malasaña es normal, en comparación con la Malasaña de principios de los 90 cuando empecé a moverme yo por aquí. Esa Malasaña era bastante más underground, un poquito más deprimida, pero por otro lado era bastante auténtico. Había más prostitución en las calles, algo más de violencia, pero todo moderado. Lo que pasa es que ahora (aunque la adoro) es algo como el Soho, un poco más pijo, más cool, más de moda. Hay mil tiendas, galerías de arte, etc. Antes galerías no había. Antes era un barrio para mí único en España, en Europa o el mundo donde poder escuchar buena música. De hecho, lo que reúne a todos estos personajes que he retratado es la música. El nexo es ése. Todos acabamos en este barrio porque queríamos escuchar buena música y aprender. Antes estábamos todo el día preguntando al Dj lo que pinchaba. Luego venía Kike Túrmix y te traía a un grupo de Brooklyn a tocar en el Agapo, que estábamos sólo 100 personas. Luego ya te juntas, nosotras abrimos el bar…

No pudo retratar a Kike Túrmix

Kike era el alma de Malasaña. Para lo bueno y para lo malo, con sus luces y sombras. Era el cantante de los Pleasure Fuckers, promotor de conciertos y disk jockey. Y bueno, falleció. Quedamos a hacer la sesión de fotos, estaba ya acordada y enfermó. Así que no la hicimos obviamente, porque no tenía sentido.

La portada es para «El Pele»

Cuando ya teníamos el libro muy avanzado falleció. Un poco homenaje. Es otro tío que también era el alma del barrio. Él trabajó mil años en la Vía Láctea, literalmente nos ha visto crecer desde que llegamos al barrio. Solía hacer su ruta de bares y te contaba sus chascarrillos. Además «El Pele» presumía de no salir del barrio. Me da mucha pena, le llamaban «El Sheriff», hacía su ruta y nos ponía a caldo a todos. Le queríamos mucho.

En calidad de fotógrafa, ¿cuáles son sus referentes?

Muchísimos, aunque tampoco hablaría de referentes. Me gustan los clásicos: Dorothea Lange, Weston, Sebastião Salgado, Anton Corbijn… Me encanta la pintura, el realismo. Me alucina Velazquez y El Greco.

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Pasando a otro tema, regenta un bar

Sí, el Tupperware, es un negocio familiar. Lo abrí con mis hermanas y mi hermano Carlos, por el tema de la música y porque nos encantaba la noche. De hecho, cuando yo trabajaba como reportera gráfica para «Europa Press» (después de haber trabajado en el Tupper) por el día flipé. Mucho más desleal que la noche, todo mucho más cínico. Abrimos el Tupperware porque teníamos la necesidad de montar un negocio. Antes Malasaña era punk-rock a muerte y el Tupper abrió las puertas a los sonidos indies. Recibimos muchas críticas. Cuando pasamos de pinchar con Kike Túrmix a poner Oasis… Fue muy aperturista. Una evolución personal nuestra también. ¿Sabes qué no se pinchaban los Beatles? Era una época de los Dictators, los Supersuckers… También había mucha tendencia de música mod. Y así, el Tupper acabo siendo un poco el centro del indie, del pop-rock.

¿Y sigue allí?

Ahora pincho los martes.

¿Y qué pincha?

Fundamentalmente música inglesa. Lo mismo te pongo a los Clash que a Grizzly Bear. Los Shins, que son de ahora, me encantan. La consigna del Tupper es cuidar mucho la cabina de la música. Y mucha variedad. Tú ahí puedes escuchar desde música de los años 50 hasta la última novedad de Brooklyn, desde soul hasta pop-rock. Lo que ahora se pincha un poco más, pero no era tradición, era pinchar música nacional.

¿Y por qué?

Porque en mi opinión es bastante mala. Me gustan algunos grupos de surf instrumental y tengo cariño a los Sex Museum, aunque no son de ahora. Actuales, por ejemplo, me gusta Lüger. Y seguro que alguno más, pero ahora no me salen.

¿Trabajó en algún otro local?

Sí, trabajé en la Vía, en el Agapo y en el Ya´sta. Mis hermanas y yo llevábamos años trabajando en los bares del barrio.

¿Cómo vivió la época de botellón masificado en el barrio?

Esa época yo la recuerdo como una desgracia. No sabes cómo se quedaba el barrio. El nivel de desastre era tremendo, desastre ecológico. Yo estaba como una vieja: «Pero tío, ¿qué haces?, ¿por qué no te vas a tu barrio y lo haces en la puerta de tu casa?». Evidentemente no todo el mundo, pero la sensación que daba era una pena. Y yo recuerdo que decían: «¿Y por qué no bajas el precio de las copas?. Así entraremos». Y yo pensaba: «Es que yo no quiero que entres».

¿Por qué Malasaña es único?

Por la decencia de la música absolutamente, desde la cabina de los bares. Por la independencia, es un barrio que va por libre. Tiene las puertas abiertas para todos, como muy campechano. Simplemente como: «ven, pasa un buen rato, no molestes, sé educado y disfruta». Es un barrio en el que siempre me he sentido segura. Genera iniciativa y cultura, gente que lucha por sus vocaciones. Y muy libre.

Website de Blanca del Amo: http://www.blancadelamo.com/

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Javier Villuendas

Periodista, aunque debería administrar y dirigir empresas. Ex-líbero de los que pone el corazón en un puño y músico precario.

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