Una noche en la «capital del juego»

«Una maquina tragaperras». Por Andrés Rueda

Tres bandidos mancos acechan en la subida a los servicios. Otros tres observan desde el final de la sala. Cuatro más están frente a la ventanilla de caja. Mientras, en el centro de la sala, cinco jugadores siguen con la mirada el recorrido circular de una pelota metálica. Tres asiáticos, un africano y un latino. Detrás de él está la única chica que hay en el local. Ella saca un fajo de unos 1000 € en billetes de cincuenta y reparte unos cuantos a su compañero. Poco después, abandona la sala con paso firme.

«One armed bandit», o bandido manco, es la forma que tienen los estadounidenses de llamar a nuestras máquinas «tragaperras».  Al igual que las ruletas son juegos de respuesta inmediata (pasa poco tiempo entre que se apuesta y se obtiene el resultado), por lo que son mucho más adictivos que otros y, por  tanto, más susceptibles de generar una de las patologías mas desconocidas: la ludopatía.

Cristina se dirige con la cabeza baja hacia el metro de Sol. Hace frío, tiene hambre, lestá cansada y lleva tres días sin ducharse. Salió de trabajar a las siete y desde entonces ha estado siguiendo a Alexander. Lleva ya tres días rebotando como una pelota de pinball: de maquina en maquina, de sala en sala, de apuesta en apuesta. «Hoy ya hemos estado en tres salas. Y eso que ayer me tuvo hasta las cuatro y media de la mañana en la que hay en Montera. Hoy ya son las once de la noche, estoy sin cenar y sinceramente no puedo más. Le he dicho que me voy. Si quiere venir, que venga».

Tiene 24 años y lleva 5 meses con Alexander, un chico cubano de 27. Hace ya tres meses que comenzó su historia con las máquinas de juego. Necesitaban dinero para pagarse el piso y apostaron. Ganaron tres mil euros jugando a la ruleta. Los metieron bajo el colchón con la idea de guardarlos y no volver a apostar si no necesitaban más.

Poco después Alexander se quedó en el paro y Cristina comenzó a trabajar. Ahora gana setecientos a jornada parcial y paga a duras penas su manutención y un estudio compartido con Alexander. «Yo me paso el día trabajando y no sé qué hace por las mañanas. Pero con los tres días que me ha dado me parece que ya se dónde estaban él y el dinero que me decía que le prestara para enviárselo a su madre. Siempre está igual, ‘déjame 50 euros’.Y luego otros más… y otros más».

Hoy parecía que Alexander estaba de suerte. Había ganado 2.200 euros en la ruleta que hay por la calle Mayor. Pero no tenía bastante: debía seguir jugando. Ha recogido a Cristina y han ido al apartamento con la idea de dejar allí el dinero. Pero en lugar de eso ha cogido más. Desde que entraron en la sala Piccadilly ya han perdido 1900 euros. «Si es que el tío no quiere ver que la ruleta está negativa y no da nada. Hoy está crecido, ha dicho hasta que nos fuéramos al Casino. Y mira que él no es nada de Casino porque dice que no conoce la ruleta. ¿Ellos son así, sabes? Dicen que hay ruletas donde la bola rebota y otras donde va hacia atrás, y están convencidos de que si no conocen la ruleta no les da suerte».

Cristina está pensando en dejar a Alexander.  La semana que viene se tiene que ir a Badajoz a visitar a su familia y no confía en dejar el dinero en casa. «Voy a decirle que lo he perdido, me lo han robado o lo he tirado. Es que sé que éste se lo gasta. Se le ha ido de las manos y yo no quiero estar con una persona que tenga una dependencia así. Eso es un peso para ti. Además que a mí no me gusta estar encerrada allí. Si has ganado 2000 euros, vete al cine o a cenar ¡Disfrútalos! No sigas jugando».

Alexander ha salido de la sala hace un rato y está detrás de Cristina. Sin embargo, ella no se corta y sigue aportando datos. Alexander parece normal. Es un chico guapo, moreno, de estatura media.

Ese es justo el problema para que las autoridades no tomen en cuenta la ludopatía como adicción, según Máximo Enríquez Gutiérrez, presidente de FEJAR (Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados). «Los ludópatas no parecen enfermos como el resto de adictos. Por eso la sociedad y las autoridades no los toman en cuenta.»

Gutiérrez está muy preocupado. Si el nuevo Casino Las Vegas Sands se construye finalmente en España, podría generar más de 120.000 puestos de trabajo, pero también una legión de nuevos ludópatas. «El problema es que las autoridades en lugar de aportar dinero para prevenir la ludopatía, quieren seguir fomentándola. Según el informe del juego del 2010 se gastaron 27000 millones de euros en toda España en juego. Por impuestos directos el Estado se llevó 1500 millones, ¿y sabes cuánto se han gastado en prevención de la ludopatía? 0».

No es la única cifra alarmante que aporta el presidente de FEJAR. España es, por detrás de Filipinas, el segundo país del mundo con más adictos al juego por habitante. Aunque no existen estudios oficiales sobre ludopatía, se estima que un 2 % de la población española es adicta al juego y un  tres por ciento es «jugadora problemática», que suele acabar cayendo en las redes de la ludopatía.

Quizás por eso el magnate Shelton Adelson sueña con un Madrid cubierto de luces de neón, donde se concentren no solo los amantes de juego de España, sino de toda Europa. Pero hay que recordar que si el lejano Oeste se traslada a nuestra Meseta Central, lo hace a la vez con lo bueno y lo malo: mucho oro, si. Pero también una legión de bandidos mancos.

Eva Pastrana

Estudiante del MasterABC2012.

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