Huele a huelga

Reina Victoria. Por Ricardo Ricote

Por el barrio de Vallehermoso huele a huelga. Aunque no consigo localizar de dónde viene ese olor. Por sus calles, cada pareja o grupo de viandantes con los que me cruzo habla sobre la huelga general: algunos en términos despectivos, otros con simpatía.

El Colegio Jesús Maestro, en la calle del mismo nombre, suena igual que siempre: el griterío de los niños jugando en el recreo, los timbres. Los pájaros tampoco hacen huelga: también ellos suenan como siempre. En Reina Victoria todos los comercios están abiertos. Como cualquier mañana de jueves. Pero no está la gente de siempre: la mayoría de tiendas de barrio están inusualmente vacías.

«En este barrio no hay huelga. La huelga está en Sol, en Gran Vía, en el centro. Aquí en el barrio ni siquiera hay carteles ni riesgo de piquetes. Si cierro mi tienda nadie va a entender que es por la huelga». Jaime regenta una panadería en Reina Victoria. Para él, desde aquí la huelga no se huele. «Es cierto que hay menos gente por la calle, y la conversación con las vecinas es la misma: ‘Jaime ¿no haces huelga?’, y yo les contesto que no, que no está la cosa como para perder dinero».

En Guzmán el Bueno, una tienda de alimentación regentada por un matrimonio chino —y su bebé de año y medio, Pablito, al que he visto crecer entre las chucherías, el alcohol y las chocolatinas de la tienda de alimentación— está abierta. Como todos los días del año, a casi todas las horas del día. Les pregunto por qué no hacen huelga. «¿Huelga? —se ríe— Yo no hago huelga. Nosotros siempre abiertos». Y vuelve a poner esa sonrisa con la que tantas noches me ha dado el cambio. Le pregunto por la reforma laboral y sigue riendo. «Yo no entiendo de nada de eso. Nosotros siempre abiertos».

La zona deportiva de GreenCanal, en el Parque de Santander, funciona como cualquier otro día. Los abuelos sentados en los bancos, los jóvenes corriendo por la pista, los padres paseando con sus hijos… Y los profesores de pádel dando sus clases, los del servicio de mantenimiento haciendo sus labores, y los futuros tenistas aprendiendo nuevas lecciones. Ni rastro de huelga.

Subiendo hacia Cuatro Caminos, todos los comercios están tan abiertos como siempre. Los vendedores ambulantes siguen anclados en sus lugares habituales, con sus carteles de «compro oro» colgados al cuello, sus flores «a tres euros» y «La Farola, niña, la Farola». Lo más sorprendente es que aquí no hay ningún cartel reivindicativo, nada de «¡Ven a la Huelga!», «¡Por tus derechos!» o «¡No a la reforma laboral!». Solo la tienda de la compañía telefónica de Vodafone está cerrada. En ella reza un cartel en el que informa de que sigue la huelga. Es el único cartel.

En Vallehermoso y Cuatro Caminos huele a huelga, pero no termino de encontrar de dónde viene ese olor.

Miriam Ruiz Castro

«Ser marinero del mundo, con ruta hacia todos los puertos» (El club de los poetas muertos)

Un comentario en «Huele a huelga»

  • el 29 marzo, 2012 a las 23:13
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    En cada lugar se ha vivido de una forma distinta y por lo que he leído,ahí mas que oler da la sensación de que solo era un tufillo.

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