Un helicóptero en el cielo, panfletos en el suelo y «La Virgen de los Recortes»

Sede UGT Avenida América. Imagen de archivo.

A las siete de la mañana lo único que había por Avenida de América era el sonido lejano de un helicóptero y el reguero de panfletos desparramados por el suelo tras una noche de huelga loca. Había eso y un nutrido caudal de trabajadores que se dirigía a ser aspirado por la tierra en el intercambiador de autobuses. Allí no había nada de particular, y, según la Policía Nacional, no lo hubo en toda la madrugada.

Recorrí las calles del barrio con la esperanza de ser informado por un piquete informativo. ¿Qué está pasando aquí? ¿Pero dónde os habéis metido?, tenía pensado decirles. A esa hora (7:15) todavía se jugaba el partido de la huelga, el de los transportes, que suele durar de seis a ocho de la mañana. El resto del día es una continua prórroga. En la calle Cartagena, de pronto, me topé con varias personas que estudiaban la cerradura de la persiana de un bar. La encargada, una joven china, parecía bloqueada. Le habían metido silicona o algún otro componente en el cierre y no podía abrir el local.

Indignado, me presento en la sede de UGT en Avenida de América para ver dónde se encuentra el piquete que debería estar ahí y que no se ve por ninguna parte. «Ha habido un error. Los de aquí se han ido a Atocha», me dice Rosa Palomar, la responsable de transportes por carretera de UGT. Lo tiene todo bien organizado desde hace meses; ya tiene un buen número de asambleas a sus espaldas. «El piquete está diseñado exclusivamente para informar», dice a modo de titular, «aunque también tiene el fin de que el día de la huelga al trabajador le dé vergüenza ir a trabajar».

 “El 15-M no tiene un fin”

Le pregunto cómo se vive una huelga con el 15-M. «El 15-M no tiene un fin específico, no es un movimiento laboral, y a veces se equivoca. Lo laboral es nuestro. En la huelga participa mucha gente de movimientos ingobernables que no forma parte de los sindicatos. A veces se acusa a los sindicatos de cosas que no son verdad. La huelga es impredecible». Por último, me habla de un parón exitoso y sin incidentes. Con la excepción de Carabanchel. Y de Atocha…

Me marcho a probar el tráfico. Antes de salir, veo que en una puerta hay pegado lo que me parece un cuadro de Murillo, el de la Virgen María con el Niño. Me acerco para comprobar que no es una ilusión óptica. Entonces observo que la Virgen es Soraya Sáenz de Santamaría, y que el Niño lleva el rostro de Mariano Rajoy. «La Virgen de los Recortes», reza la obra.

El monumental atasco de Madrid en día de huelga tampoco lo entiendo.

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