Cómo debería ser el tiempo

Velero bergantín
Velero bergantín

 A la vuelta de la esquina, otra Navidad. No pasa el tiempo sino vuela un velero bergantín. Bergantín. No supe nunca qué significaba este término aunque siempre supe que era un velero. Tonto no era. Y memoria no me faltaba. Pero era el pasado. En el presente todo lo contrario, tanto me falta, que no sé ni lo que les iba a contar. Pero era sobre el tiempo, seguro. De cómo vuela, de cómo pasa sin darnos cuenta. Otra Navidad se acerca. En estos momentos, con tristeza. Se han muerto cuatro niñas en una macrofiesta y su memoria no se respeta en su totalidad. Se hablan de las muchas causas del incidente y a la inmensa pena de sus ausencias se une la pena de la sin razón de algunos. Pero no vamos a entrar en ese juego. Porque siempre hay que poner un punto. Un punto y final. Que con la muerte no se juega. La vida sigue y los días pasan. Con pena o sin ella hay que continuar y, de pronto, casi sin darnos cuenta, llegará la época primaveral. ¿Qué tiempo hará? Mejor que el presente, seguro, que se ha vuelto loco. Tanto que en otoño luce el sol y en primavera nieva. Pero eso, como lo otro, ya casi es pasado. No se debe insistir. Insistir, sí, al hombre del tiempo, o a la mujer, que ya casi hay paridad, para que nos lo cuenten de otra manera. ¿La propuesta? Que antepongan la previsión del mañana a lo que ya aconteció hoy. Se lo pido, se lo ruego. La paciencia tiene un límite y no quiero que ningún espectador la pierda. Y el tema les enerva a muchos. ¿A quién le importa si el sol ha salido hoy o no en Andalucía cuando ya es mañana? ¿Por qué contar lo que llovió en Galicia cuando lo que quieres saber es si lloverá? Esta vez, sí que es un absurdo. Lo que importa es el mañana, el ayer pasado está. Pero que no nos hagan perder el tiempo, el nuestro, que ya sabemos que vale oro.

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