Marea humana en la puerta de Medicina

Crónica por Laura Casado y Loreto Sánchez

Moncloa se ha despertado tranquila. Según fuentes policiales, en el intercambiador no se ha producido ningún incidente durante la noche. En la hora punta del transporte público, los servicios mínimos se estaban cumpliendo. Pese a la tranquilidad, siete furgones policiales vigilaban el recinto y sus inmediaciones. El personal de seguridad del metro afirmaba que su funcionamiento se encontraba al 30 por ciento en las horas punta y al 20 por ciento el resto del día. No existían aglomeraciones y la realidad es que el 14-N se ha presentado como una jornada más en la que los trenes en lugar de pasar cada 3 minutos lo han hecho cada 12.

Intercambiador de Moncloa a las 7:00 a.m.
Intercambiador de Moncloa a las 7:00 a.m.

El personal de la EMT declaraba exactamente lo mismo, «estamos respetando los servicios mínimos» afirma el conductor de la línea 22, satisfecho con el resultado. Normalmente esta línea sale cada media hora de Moncloa con 4 conductores por día; sin embargo, el 14-N se ha conformado con uno cada dos horas.

La línea 3 en Moncloa dejaba sin servicio un andén
La línea 3 en Moncloa dejaba sin servicio un andén

Un gran despliegue de agentes de las fuerzas de seguridad controlaba el acceso de los manifestantes a la Universidad Complutense en la rotonda que se utiliza como principal entrada al recinto. La Avenida Complutense, que atraviesa el campus, era el escenario de las protestas estudiantiles. Universitarios y sindicalistas, con gritos en contra de la subida de tasas, bloqueaban el acceso en coche a las diferentes facultades. «Ha sido un día tranquilo, ni piquetes, ni actos violentos» comentaba uno de los vigilantes de seguridad como si le hubiera sabido a poco.

Manifestantes cortan la Avenida Complutense
Manifestantes cortan la Avenida Complutense

La Facultad de Medicina ha servido de cobijo para el encierro nocturno que ha protagonizado la Asamblea de Medicina, plataforma independiente creada por los alumnos a partir del 15-M. Una de las participantes, Marina, comenta: «No me parecen ni democráticos ni adecuados los recortes. Por eso hemos decidido quedarnos esta noche para comenzar la huelga temprano. La revolución debe comenzar desde la juventud». Esta asamblea ha enviado al periódico EL PAÍS un comunicado de prensa con sus ideas e intenciones a primera hora de la mañana. El interior de la Facultad era un hervidero de pancartas, caricaturas y panfletos que reflejaban sus preocupaciones y en muchos casos eran el foco de sátiras hacia el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y la ex presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.

Con caras cansadas pero espíritus satisfechos, convencidos de su actuación estaban los estudiantes deambulando por los pasillos, intentando abordar a las personas que se iban encontrando. Los futuros médicos se habían organizado en piquetes de 3 personas, con la intención de informar a todo aquel que cruzase su camino.

Uno de los funcionarios de la Universidad, que ha preferido quedar en el anonimato, afirmaba esta mañana que los servicios mínimos serían de 2 personas de un total 135 durante la primera mitad del día.

Entrada a la Facultad de Medicina controlada por los estudiantes
Entrada a la Facultad de Medicina controlada por los estudiantes

Abordamos a dos profesores de la Complutense. Uno de ellos calificaba la situación educativa de alarmante. «No sabemos qué va a ser de nosotros. Los estudiantes están sufriendo una subida de tasas que va hacer que desaparezca la educación pública», y añade: «Solo van a poder estudiar los ricos». En cambio, el otro tildaba de poco exitosa la convocatoria. Decía que no había más de 200 personas. Diversidad de opiniones.

Una de las manifestantes muestra su camiseta en defensa de la enseñanza pública
Una de las manifestantes muestra su camiseta en defensa de la enseñanza pública

 

En los hospitales, ambiente normal. En la Fundación Jiménez Díaz, el personal tenía órdenes estrictas de no hablar con la prensa, aunque se respiraba normalidad en el ambiente y las salas de espera no estaban abarrotadas.

En la Agencia de Cooperación Internacional nos han facilitado la información enviada a sus trabajadores en la que se disponía el sistema de servicios mínimos establecido. En palabras de los responsables de información, estos se han cumplido a la perfección y dos empleadas han afirmado que no han hecho huelga porque eso significaría perder 80euros de su salario «No ganamos 80 euros al día pero la empresa justifica este descuento en nuestro sueldo».

Como se puede apreciar, el ambiente no estaba muy caldeado. Moncloa ha sobrevivido sin pena ni gloria al 14-N. Este clásico barrio plagado de pequeño comercio no ha pestañeado ante la convocatoria, y tan solo los comerciantes chinos han decidido acogerse a esta posibilidad. El kioskero, los bares de toda la vida, la señora del estanco y Carmen, la gitana que vende flores, no quieren perder ni un segundo, y todos coinciden en que una huelga más no les sacará de esta. Prefieren seguir vendiendo tabaco, flores y algunos periódicos o sirviendo alguna caña detrás de su barra, a ver si así por lo menos daban un toque de normalidad a esta especial jornada.

Guadalajara vacía, Alcalá a medio rendimiento

Crónica por: Patricia Biosca

La Universidad de Alcalá, que tiene varios campus distribuidos por la propia ciudad y Guadalajara, ha seguido de forma desigual la jornada de huelga. Los dos centros que hay en la capital alcarreña (el Edificio Multidepartamental, donde se imparten los grados de Turismo, Económicas, Enfermería e Ingeniería de la Edificación y la Escuela de Magisterio) están desérticos. Apenas unos cuantos jóvenes se sentaban en los bancos exteriores del Edificio Multidepartamental, y los pasillos de la universidad se encontraban vacíos. En secretaría solo un trabajador (de los cinco que hay habitualmente) se encuentra en su puesto. «Estamos en servicios mínimos. De 150 profesores solo han venido tres o cuatro, y los alumnos son muy pocos», confirma. De 20 aulas que hay en el edificio, las cuales suelen estar ocupadas un miércoles a media mañana, solo tres se encuentran abiertas. «Yo ni siquiera he ido», comenta Paula, estudiante de Turismo. «Me han dicho que hay cuatro gatos y que están viendo una película en inglés. Los demás están haciendo trabajos en las mesas de fuera, porque la biblioteca está cerrada», explica.

El mismo panorama se repite en la Escuela de Magisterio, salvo una excepción, la biblioteca. Jesús se prepara una oposición, y aprovecha todas las mañanas para estudiar allí. «Seguro que hoy hay más gente que otros días, cuando normalmente somos seis o siete», dice mientras sube la calle. Efectivamente, al entrar en la sala ve que la mayoría de las mesas están ocupadas porque muchos aprovechan el día de huelga para repasar apuntes o hacer trabajos. José Luis Marcos Lorenzo, director de la Escuela de Magisterio y que también imparte clases, lo confirma: «He ido al aula y solo había una alumna. Pero la mañana está muy tranquila». En secretaría confirman que solo se han abierto dos aulas de 20, «porque los servicios no lo han requerido».

La biblioteca de Magisterio en Guadalajara, esta mañana            Foto: J.L

En la ciudad Alcalá por el contrario los aparcamientos colindantes a los edificios de la facultad Politécnica estaban abarrotados. “Se nota el parón, pero aún así hay gente”, comentaba Laura, estudiante de Ingeniería Electrónica, quien aprovecha, en una de las mesas de la entrada, para estudiar en la hora en que el profesor anunció que no se presentaría. «Nos lo avisó, pero tenemos que hacer muchas cosas. La siguiente clase sí que la vamos a dar», dice un compañero suyo. Unas mesas más allá otros grupo de chicas hacen un trabajo colectivo: «Muchas trabajamos, y hemos aprovechado la huelga para venir a hacer tarea pendiente. Pero justo hoy no teníamos clase». Ellas estudian en la Escuela de Magisterio de Guadalajara, aunque les cae más a mano el campus de Alcalá. Ninguno de los grupos sabía que los estudiantes también estaban invitados a participar en la marcha que salía desde el Hospital Universitario Príncipe de Asturias, y que comenzaba su marcha en ese justo momento metros más abajo. «He visto policía ahí abajo, pero no sabía nada de la manifestación. ¿Pero la rotonda está cortada?», pregunta una de las chicas, mientras mira el reloj agobiada. A las dos de la tarde entra a trabajar en un bar de Alcalá.

Los pasillos de la Facultad Politécnica en la jornada de huelga                Foto: P.B

Este ambiente, parecido al de época de exámenes, contrasta con lo que poco más abajo está sucediendo. La mayoría de estudiantes de Ambientales, Magisterio y Medicina han secundado la huelga y se han unido a los trabajadores del hospital, que llevan varias jornadas protagonizando protestas y encierros. En la marcha se iban vitoreando las nuevas incorporaciones. «¡Mira, ahí están los de Ambientales!», gritaban sus compañeros cuando los reconocían al paso. Los profesores y estudiantes de Magisterio llevan las camisetas verdes ya tan características. Incluso los perros van vestidos para la ocasión, poniendo el color entre la marea de batas blancas de los sanitarios.

Un perro ataviado con la camiseta a favor de la escuela pública y contra los recortes                 Foto: P.B

 

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